REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
21 | 05 | 2019
   

Confabulario

Memorias insondables


Yurazzy

Vienen hacia mí múltiples imágenes que confunden mis charlas con todo. Inoportunas se instauran en los mejores espacios de la casa, maculando así el resto del recuerdo.
Pese al caos que conlleva este desciframiento, entre los nublos distingo una serie de manifestaciones parecidas a ese estado de ánimo que aún no he podido conocer.
Puedo ver que estas imágenes crecen en forma de espiral dejando entre sí perfectas alteraciones de todo el pasado; una rosa amarilla se aproxima revelando su existencia y me deja mirar todos los detalles del jardín. Sin embargo, para poder hundirme entre sus pétalos debo desdibujar la belleza del azul de aquel mar, la cercanía de aquellos astros nocturnos, tu apacible mirar sembrado en el vaivén de la sal, el temblor del fuego naciendo en mi pecho de niña, la fragancia de otras flores que empalagan y entorpecen -secretos revelados en el botón de un girasol- y la debilidad de una memoria que envejece bajo los rayos del sol.
Ante mí desfilan espectros de alguna vivencia indescifrable. Existe pues, una precisión que no me fue dada para recordar los detalles de toda mi vida. Entre un sueño ya soñado soy el recuerdo preciso de esa proyección en el pasado cuando te miro sin la memoria, soy la invención de algo que no ha sucedido del todo o una variación so exagerada de alguien que irrumpe en todos los laberintos.
Entre las puertas del pasado vislumbran el movimiento de un árbol nacido frente a mi ventana, un viento cálido y tímido, vehemente y traidor. Entreveo también un abuso de oscuridad todos los días, hilos de café hidratándome los ojos, lesiones infinitas sobre un libro que regala soledades y estas líneas que fantasean mientras las embarco en otros futuros.
Entre tantas lejanías, en mi memoria resuena una lluvia mezzo forte, un respiro que me golpea el cuello al confesar temores, unas manos tibias enloqueciendo mi torso con su roce, ahí, las lunas aguardando bajo la piel bermeja de esa mujer sin nombre. Un lunar en el pecho (peculiar forma de exaltar mis deseos y atraer el cielo sobre su cuerpo), la búsqueda de mi yo entre sus piernas y un aroma desconocido que hace el bien. La angustia tan recurrente de caer entre las llamas del infierno, el mismo deseo de hoy y de ayer -mirarte sin permiso de Dios y beber de ti para detener el hambre-, la insolencia de los cuerpos que se buscan con premura, unos labios susurrando por encima del hombro, otros mismos que se esconden entre sí soltando palabras que poco a poco construyen promesas que no tienen fin.
Creo recordarte a ti cuando ante mí flotan fotografías de una mirada transgresora que destruye la culpa del beso entre alma y alma, entre los propios sexos. Vivo del encanto del ensueño, en el espacio que le sobra a tu espalda, ésa que hoy no puedo recorrer porque me es imposible conocer la hermosura de todo tu mar.