REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
15 | 09 | 2019
   

Arca de Noé

Los trancos


Carlos Bracho

Tranco I
Pasó el mes de mayo como una saeta celestial, se deslizó por el calendario como un cometa, y como todo pueblo antiguo lo sabía, como todo la comunidad lo sentía, dejó una cauda de problemas, robos, asesinatos, y claro el mayor de los flagelos que arrojó sobre nuestras inermes cabezas fue la impunidad. Pero para qué me asombro, y ustedes amigas insumisas, también, para qué se asombran ante las tormentas negras que mayo dejó –no nada más sobre nuestras cabezas, no- sobre esta golpeada república, que antes era más mexicana que las tunas, y hoy todo está entregado a los consorcios extranjeros; lo dicho no se asombren. Le pasaré un tip, le diré algo que las puede salvar de la hoguera, le propongo que mejor no digan nada, no protesten, no clamen justicia, no, no vayan a hacer semejante barbaridad revolucionaria, no. Pensándolo bien ¡cálmense!, digan que todo está a pedir de boca, que todo lo que el peñismo rampante hace está de primera magnitud, que la diaria venta del país es la solución perfecta para todos los problemas que nos agobian.¡Aplauda!, ría con ganas, muestre toda la dentadura blanca a los cuatro vientos en signo aceptable de la bonanza bienhechora que “inunda” al país, de costa a costa, de frontera a frontera. Si no lo hace así, huy, huy, sufrirá cárcel, represión, acusaciones de terrorista, de atentar contra el maravilloso estado mexicano, los policías, los soldados, le meterán la bayoneta o desaparecen a su merced de este globo terráqueo, le harán lo que a los 43 inermes jóvenes, cuyo delito mayor era ser eso; jóvenes, estudiantes y con deseos de seguir los caminos de la paz y de la democracia y de los consejos de Morelos. Sí, no se le ocurra gritar nada en contra de las privatizaciones, no alce su voz pidiendo que cesen las traiciones a la Revolución Mexicana, no, no vaya a cometer semejante barbaridad. No. Lo repito. Vaya al zócalo capitalino, envuélvase en el lábaro patrio y grite a los cuatro vientos que este es el México que todos queremos, que aquí los políticos todos son grandes bienhechores de la patria, que todos los gobernantes luchan por tener un México mejor, grite con toda la fuerza de su pulmón que aquí no se practican las desapariciones forzadas, que aquí reina la paz absoluta, que aquí en este México volcánico hay apoyo total a los campesinos y que el campo está mejor que nunca antes lo había estado, que las amas de casa viven contentas y felices pues el sueldo de su marido les alcanza para comer, bailar, ir a los teatros, a los museos, comprar los chuchulucos que deseen, que el sueldo alcanza para irse a las playas y a los mares del mundo, que hay parné de sobra para que los chilpayates tengan vestidos, ropa, y puedan viajar en vacaciones a cualquier lado de la república y que no serán asaltados, ni robados y mucho menos desaparecidos e incinerados. No eso no puede suceder en este Mexicalpan de las Ingratas. Grite fuerte para su voz de mexicana conforme sea escuchada en todos los lares lejanos o cercanos. Haga esto, no sea que los honorables jueces mexicas la vayan a refundir en prisión acusada de todo lo malo que la todavía más honorable justicia pueda hacerlo. Yo, por lo pronto, amiga no pripanista, me voy a trepar a lo alto del Popocatépetl, y desde allí gritaré para ser escuchado en todo este Valle de México, que el Goebbels, perdón, que el tal señor que destituye, corre, castiga a maestros y que les aplica el chicote cotidiano, lo hace, y lo hace bien, que sí, que ya basta que digan cosas contrarias a la maravillosa y casi perfecta y que ronda lo extraordinario de la reforma educativa. Gritaré que no atenta contra los trabajadores, no, que es un logro que nos llevará a los cuernos de la luna. Sí, lo haré, no vaya a ser que a mi también el tal señor me corra de mi trabajo y me quite mi sueldo por exigir mis derechos que han sido conculcados. Sí, más vale que digan aquí corrió que aquí murió. Bueno, amigos zapatistas, yo antes de irme al Popo a expresar mi gratitud, antes de llenar mil pulmones de rabia, me iré a Mi Oficina, le diré a María que me ponga una ringlera de mi tequila blanco, del que raspa, y que me de unas tortillas de máiz morado, para hacerme una democráticos taquitos del guacamole que me hace ojitos en el molcajete y que el queso Cotija dice ¡tómame! ¡Cómeme! Y yo, que no rehuyo los retos culinarios pondré una tiritas en mi taco al que le agregaré un chilito toreado y unos granitos de sal. Y a lo que te traje Chencha, a jambarme todo. A comer, a tomar el tequilín, a saborear luego las verdolagas y los quelites y a llenar la barriga con unos frijolitos bien refritos. Y allí, viendo a María, viendo sus piernas, viendo sus ojos de capulín, viendo como empitona su camisa –López Velarde dixit- imaginarme acostado con ella, viendo las estrellas, viendo como la luna se desplaza con lentitud milenaria por ese cielo que a veces nos deja ver la Vía Láctea y que al contemplar aquellas magnitudes estelares, y besando a María, y acariciando a María, soñar con un mundo mejor… Se puede hacer eso, de verdad. Vale, agur.
CARLOS BRACHO
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