REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
25 | 01 | 2020
   

Confabulario

Poemas


Edwin Lugo

El lamento del ciego
Era dulce. Era bello. Era inmenso y sencillo,
con Sus ojos profundos y Sus pies polvorientos,
con Su túnica blanca y Sus largos cabellos.

Eran miel sus palabras. Sus miradas consuelos,
Sus amigos los pobres, cortesanas y el pueblo.
Su virtud la esperanza y la fe Su Evangelio.

Iba el bien predicando, el amor y el cielo.
Los enfermos curando; y la paz extendiendo,
con su Sola presencia reviviendo los muertos.

Y había un ciego andrajoso de miserias cubierto,
con los ojos cerrados, los oídos abiertos
que oyó de los milagros del Rabí del desierto.

Se acercó presuroso, se abrió paso a lamentos
e imploro: ¡Haz que vea! Y Ella dijo: Ve luego,
y sus ojos se abrieron, y lloraron y vieron.

¡Cuántos hay que cargados de egoísmo,
ciegos de ambición, de ira, de envidia,
nadamos entre un mar de escepticismo
entre una oscuridad que nos suicida!
Cuántos hay que engolfados en la ciencia,
nos negamos a aceptar, soberbia humana
que el hombre es limo, y sin conciencia, ni alma,
son estériles su saber y sus poderes,
y sin el soplo de Dios ¡Su lucha vana!

Cuántos hay que vamos ciegos por la vida,
con el espíritu inmerso entre la sombra,
y añadimos a la obsesiva sordera, la miopía

y no escuchamos al Cristo que nos nombra
¡Quién con una sola palabra quitaría
a nuestros ojos la venda que le estorba!


Cuando ya no te espere
Cuando ya no te espere y recuerdes
aquellas tardes que llegaste hasta mi puerta,
porque ya no esté allí, no más te apenes,
muerte es la única democracia cierta.

No te afanes por vetusto cementerio,
donde mis huesos calcinados queden,
mas piensa adorada en el misterio
que afirma sabio que las almas vuelven.

Búscame en un pájaro obstinado,
con un canto de pasión que siempre elige,
el que aprendieron los que sí han llorado
y que trovador, heraldo apasionado,
sea cual eco mensajero del pasado
¡Con la estrofa de amor que no te dije!


Unidos

Estamos separados, pero unidos,
estamos distantes, pero cerca,
y somos para el mundo dos amigos,
más eres mi pasión sincera y cierta.

Traspasa la distancia el pensamiento,
mas en ti se posa como pasa el ave,
y con fuerza virtual el sentimiento
dulce te llama entre los ecos suave.

Mañana que la muerte nos separe,
mi espíritu y el tuyo irán unidos,
como una antorcha que infinita arde
más allá de la muerte y los sentidos.


Día lluvioso
El día amaneció triste. La lluvia escucho...
Imposible salir. Cumplir deberes,
Excepto uno; ¡Qué te quiero mucho!

¿Qué cosa harás tú? ¡El tiempo es largo!
¿Y que cosa haré yo?... pues adorarte.
Tatuarme en la memoria tu retrato.

Y en silencio, mientras llueve recordarte.

Llueve. Todo es gris esta mañana desabrida.
Mas al pensarte, una suave languidez
Se apodera de mi alma estremecida.

Y por la vehemencia que lleva mi querer.
Siento que llega hasta mi tierna amiga
¡y quisiera que no dejara de llover!


La aparición

Cual una aparición hecha de nubes,
tu dulce rostro se asomó sonriente
y se disiparon en tropel mis penas
cuando mis labios acerqué a tu frente.
Llegaste rubia y tu cabello de oro,
caía en tu cuello, inmaculado armiño,
y tu cuerpo grácil, celestial tesoro,
era más blanco que inviolado lirio.

Pasaste cauta tu ligera planta,
me pareció que flotabas luminosa,
eras un ángel con figura humana
o del Olimpo prestigiada diosa
que en un cielo de tul se recortara,
yo quise detenerte mientras pasas,
y corrí jadeante a entregarte el alma
cuando empezaste a desplegar las alas..