REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
23 | 07 | 2019
   

Arca de Noé

De infartos y mujeres


Martha Chapa

Acabo de leer una noticia que me dejó asombrada: los infartos, que antaño eran padecimientos casi exclusivamente masculinos, ahora son tan frecuentes entre las mujeres como entre los hombres. Lo más preocupante es que, cuando por desgracia ocurre un infarto, la mortalidad entre las mujeres en la etapa del climaterio y que padecen una enfermedad cardiovascular se ha incrementado en 50%. Eso nos ha llevado a una cifra tan inaudita como alarmante: la mortalidad por infarto en mujeres durante el climaterio va casi en una proporción de dos por cada hombre de la misma edad.
La explicación a este fenómeno se sustenta en muy diversos factores: hormonales, alimentarios, culturales e incluso raciales y étnicos, que favorecen la elevada mortalidad de cierto tipo de mujeres. Uno de esos factores se refiere al grueso de las arterias, que en nuestro caso son más delgadas que las del sexo masculino y, por ende, conducen una cantidad menor de fluido sanguíneo, lo que puede dificultar el funcionamiento del corazón. A esto se agrega que durante el climaterio se presenta inflamación vascular generalizada, que potencia los factores de riesgo para desarrollar enfermedad coronaria. También se dice que otra causa de que haya una mayor mortalidad femenina es que resulta más difícil diagnosticar el infarto en las mujeres, pues en ellas no siempre se presenta el dolor agudo en el pecho, y que otros de los signos de este mal pueden confundirse con síntomas de la menopausia, como el aumento en la sudoración, las náuseas y el mareo.
Sin embargo, creo que quedarnos con una mera explicación fisiológica es insuficiente pues de seguro ese incremento en las fallas cardiacas y en la gravedad de éstas entre las mujeres obedece también a causas de orden económico y social.
En efecto, la venturosa participación de la mujer en todos los órdenes de la vida social, económica, política y cultural conlleva un trabajo excesivo, que se suma al estrés, las prisas y las tensiones tan propias de la vida moderna, y puede llevar al agotamiento extremo.
La mujer –es un hecho incontrovertible– rebasó las fronteras del hogar, dentro de las cuales en algunos casos podía disponer de ciertas horas de mayor tranquilidad o menor estrés. Restringir a las mujeres al ámbito doméstico implicaba limitar su derecho a desarrollar su vocación, a trabajar y aspirar a una realización plena, independientemente del cuidado de los hijos y del hogar. Pero la legítima y justa igualdad de oportunidades ha llevado aparejadas consecuencias sobre la salud de las mujeres.
Además, diversos estudios han confirmado que en general las mujeres trabajamos más horas o jornadas más largas que los hombres, y eso sin considerar el tiempo destinado a atender el hogar y la familia.
Es evidente, entonces, que ante este problema de salud pública se debe evaluar a fondo la situación particular de las mujeres para emprender una serie de acciones que desde luego tienen que ver con la información y la educación dirigida a ellas, sin menoscabo de la población en general. Y será preciso considerar estas diferencias como riesgos del trabajo, por lo que se requiere de acciones jurídicas en el ámbito laboral.
Sería muy conveniente emprender también una vasta campaña de comunicación para alertar a la población femenina acerca de esta nueva realidad, en particular con un sentido preventivo.
Queda el asunto como una prioridad, lo mismo para los tres órdenes de gobierno que para los medios de comunicación.
Por nuestra parte, las mujeres tenemos la gran responsabilidad de informarnos, cuidar de nuestra salud, tomar medidas preventivas y dar un seguimiento exigente del proceder de personas e instituciones que atienden la salud pública.

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