REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
20 | 07 | 2019
   

De nuestra portada

¿De qué violencia estamos hablando?


Hugo Enrique Sáez A.

1. Somos animales que hablan
Aristóteles ya lo escribió, aunque lo tradujeran mal (“animal racional”), somos animales que hablan. Y la palabra en sí misma ya es una violencia porque genera un doble de la experiencia referida en el discurso, una especie de robot a disposición de la lengua. En su manipulación, más peligroso que la charla cotidiana es el lenguaje especializado, que genera un universo autónomo con miras a modificar el espacio y el tiempo. En general, las ciencias se han constituido en uno de los instrumentos de adaptación de la especie humana a la naturaleza; sin embargo, la tendencia a convertir sus contenidos en tecnología –al servicio de fines militares y de acumulación de capital- provoca daños enormes al medio ambiente. Así, merced a los conocimientos de la física teórica aplicados a la construcción de aparatos no sólo se produjo la bomba atómica sino que se están incubando nuevas especies “no naturales” por empresas como Monsanto. Quizá ya deambule por ahí un producto de la clonación humana.
Otra dimensión contrastante del lenguaje es el diálogo que nos pone en el mismo plano con el interlocutor. No obstante, en política se llama diálogo a un encuentro desigual entre quienes tienen el poder para aplicar la fuerza represiva de la ley y quienes peticionan con el único recurso de la movilización de sus comunidades de apoyo, como en el caso de “diálogo” entre las autoridades de Gobernación y los miembros de la CNTE. Decía Lacan, precisamente, que la comunicación humana no implica en sí misma un espacio de intersubjetividad igualitaria, un terreno plano en que dos o más personas se expresan mutuo reconocimiento. De hecho, hay una imposición vertical entre quien manda y quien obedece, entre quien sabe y quien ignora. Y la asimetría se detecta entre varón y mujer, entre docente y alumno, entre médico y paciente, entre patrón y empleado, entre autoridades y sociedad civil. Por ende, lo que se observa es una lucha en que ambas partes desarrollan estrategias para imponerse al adversario. En términos de Bourdieu, la desigualdad se manifiesta en cuanto a capital cultural (un abogado frente a su cliente), capital social (una red de relaciones como el compadrazgo se emplea con fines de corrupción), capital simbólico (signos de poder como camionetas de delincuentes o de “influyentes”), capital económico (obvio es que un pobre no le ganará un juicio a un rico). Por consiguiente, el discurso es un campo de tensión en el que se ocupa una determinada posición en lucha con otras posiciones.
2. Tipos de violencia
La violencia en sí misma es inextirpable de las comunidades humanas. Se halla presente en la educación de un bebé al controlar sus esfínteres o al aprender un determinado léxico. En definitiva, el problema es cómo acotarla a niveles “razonables” que posibiliten la convivencia con el menor número de víctimas, tanto en lo físico como en lo mental. Aristóteles practica una distinción en la Política (1253a) entre el animal social por naturaleza (quienes vivimos en la polis, en un suelo que sentimos como nuestro) y el sociópata (aunque utiliza el término 'menos hombre'), que es un elemento destructivo por excelencia. A este último se lo define con un verso de la Ilíada (IX, 63): 'sin tribu, sin ley, sin hogar'. Sin tribu, es decir, sin lazos comunitarios que le hagan sentir y respetar al otro; sin ley significa que impone su voluntad mediante la fuerza porque los humanos son pura carne amorfa a su disposición (nuda vida, en los términos de Giorgio Agamben); y sin hogar, ya que sus acciones no están impulsadas por el amor hacia sus congéneres sino por el odio ciego. Los ejemplos de este enemigo de todos son obvios; por eso los obvio.
En principio, cabe distinguir entre dos tipos de violencia: primaria y sistémica. Se entiende por violencia primaria la que se ejerce cara a cara, en presencia de un yo y un otro. La violencia sistémica suele permanecer invisible a los ojos del sujeto, y es la violencia que requiere la imposición de un sistema económico y político. Veamos un par de ejemplos para ilustrar esta distinción.
Paga sus impuestos, educa a sus hijos, es fiel a su esposa, trata bien al personal de servicio, regala sus pertenencias usadas a los pobres, lee los periódicos, se baña dos veces al día, bebe con moderación en las fiestas y no fuma, respeta las señales de tránsito y maneja con precaución, dona dinero a la Cruz Roja, es atento con los vecinos, cuida su salud visitando el gimnasio, respeta a sus empleados, asiste a la iglesia los domingos, concurre al teatro y a exposiciones de pintura, lee buenos libros. Una ética individual irreprochable. Sin embargo, le disgustan los muchachos rebeldes -porque no entiende de qué se quejan- y exhorta al diálogo de las partes en lugar de hacer manifestaciones en contra de las autoridades. El único defecto radica en que no comprende cuál es el problema fundamental: la violencia invisible del sistema que a él lo ha colocado en un espacio donde tiene resueltas todas sus necesidades y 'se porta bien', algo que ocurre gracias a que la dictadura financiera reparte sus beneficios sólo entre el 10% de la población mundial, y él está incluido en esa elite, aunque tenga la conciencia de que es un buen ciudadano y sostiene que la solución de la violencia y la pobreza consistiría en la clonación universal de su persona. Su solución es que “todos” actuemos con la probidad que él ha demostrado. Y la palabra “todos” es inaplicable en una sociedad desigual.
No obstante, la paz es un equilibrio inestable y de pronto se interrumpe por un hecho imprevisible para el sujeto imaginado en el párrafo anterior. Un misil financiero percutido desde las bolsas mundiales o la Reserva Federal de Estados Unidos –tan sencillo como la crisis de las hipotecas- provoca millones de bajas entre los campesinos sin tierra, las etnias sometidas, las familias sin trabajo y los empleados con salarios de vergüenza, las clases medias bajas a punto de derrumbarse en la pobreza y los pequeños empresarios como el de la tiendita de la esquina, los niños pobres y hambrientos, los enfermos sin acceso a hospitales, los que viven en la calle de lo que caiga del cielo, las mujeres explotadas en el hogar o en la calle y en cualquier parte, los que no tienen un centavo en el bolsillo, los vendedores ambulantes y los mendigos, los estudiantes que abandonan la escuela, los que no pudieron pagar la hipoteca, los que viven al día sin futuro, los migrantes sin documentos y una larga lista de personas ahiladas en las clases subalternas. Identifiquemos, entonces, también la violencia invisible que provoca víctimas muy tangibles: el sistema económico con un mando centralizado en el terreno del manejo financiero. Para nuestro sujeto el drama es que se declara en quiebra la fábrica donde se desempeñaba como gerente, y por el estrés y la desesperación que han invadido su persona, se entrega a la meditación con algún gurú de moda. Y la violencia económica suele venir acompañada de misiles militares, de drones que asesinan opositores, del destierro de multitudes en barcazas que se hunden en el Mediterráneo.
3. La violencia nuestra de todos los días
En cuanto a la violencia primaria, que se ejerce cara a cara, en presencia, los casos abundan, y su común denominador es la desigualdad de poder y de fuerza. Quiero ilustrarla con un diálogo “amable”, sin frases altisonantes, una imposición con anestesia, que a menudo es de las peores.
-Tú eres un hombre de valía, ¿verdad Schmidt?
-Este… no sé lo que quiere usted decir.
-Sí sabes. Lo que quiero saber es si eres un hombre de valía o no.
-Este… No sé lo que quiere usted decir.
-¡Oh!… Vamos, contesta mis preguntas. Lo que quiero saber es si tú eres un hombre de valía o uno de esos tipos barateros como los que están ahí. Lo que quiero saber es si quieres ganar 1.85 dólares diarios o si estás satisfecho con 1.15, igual que lo que esos tipos barateros están recibiendo.
-¿Que si quiero 1.85 diarios? ¿Eso es lo que hace a un hombre de valía? Entonces, “soy un hombre de valía'. (Frederick W. Taylor citado en Harry Braverman, 1981: 129).
Cabe advertir que Schmidt emerge como individuo, adquiere identidad, se convierte en un “yo”, a partir de la masa informe y anónima (para el propietario) de sus empleados (“tipos barateros”, en su jerga despectiva). El patrón lo trata por su nombre y lo reconoce como una persona que toma decisiones al ser propietario de su cuerpo; el poder lo incita a inventar un “alguien”, y no es por desinteresada generosidad del propietario de la fábrica, sino porque ha demostrado una alta productividad que servirá de parámetro exigible al obrero deseable.
Por consiguiente, la vida en los microcosmos sociales no se pinta aquí como idílica, ya que la relación de dominación y dirección supone siempre un ejercicio de violencia, a veces disimulada, que exige el cumplimiento de la finalidad de quienes mandan en una agrupación humana. En rigor, la mención de la mujer subordinada no a las reglas de convivencia sino a la voluntad del varón ejemplifica un tipo de violencia considerada natural por el machismo. Por lo contrario, en apariencia la relación empleado/empleador se establece mediante un contrato, que si el patrón no cumple deriva en conflicto jurídico. Es muy sabido que Marx ya demostró que el contrato no pone en igualdad de condiciones al trabajador con los dueños de los medios de producción; las ganancias de los propietarios crecen a mayor velocidad que el producto interno bruto, lo que, siguiendo a Piketty (2014), profundiza la brecha de la desigualdad.
4. ¿Hay soluciones para mermar la violencia?
¿De qué violencia estamos hablando? Se trata de un fenómeno multiforme presente en las más diversas situaciones sociales, políticas, económicas y culturales. Si no empezamos a desbrozar su significado será muy difícil modificar sus efectos dañinos. El lenguaje de los actores sociales es un producto sobredeterminado por quienes ejercen el poder en una sociedad, y el invento de una comunicación 'políticamente correcta' prendió en personajes corruptos y miserables que se cuidaban de decir 'chiquillos y chiquillas' mientras hundían a México en un caos de violencia. En cambio, una puteada de vez en cuando hace bien a la salud como una copa de vino tinto al corazón. La rebeldía frente al poder es una cuestión de estrategia no de dar la apariencia de bien portado siguiendo el Manual de los representantes del orden lingüístico. Los policías del lenguaje con su búsqueda de víctimas inhiben el pensamiento y pretenden controlar la mente de los sujetos a quienes amonestan. Se parecen al antiguo “comisario del pueblo” estalinista. En generaciones apegadas al Manual de Carreño se reprimían las 'malas palabras' y los niños eran obligados a tratar de usted a sus padres, familiares mayores y demás adultos. ¿Por qué hay 'militantes' de varias causas muy respetables que se dedican a transformar el léxico en lugar de las relaciones sociales? Lo que hace un personaje en su práctica tiene mayor relevancia que el enunciado de sus frases. Con clases de feminismo ni con leyes progresistas se extirpa el machismo, que tiene una larga historia en que se apoya para legitimarse. No es una batalla de los sexos sino una tarea de ambos géneros.
Ya lo decía Spinoza: el individuo convierte el poder de facto en regla del derecho, y los machos se sienten sujetos de ese derecho. En otras palabras, las leyes no regulan de forma imparcial las relaciones sociales sino que a mayor poder (económico y político), mayor capacidad de imponer las reglas del juego como si fueran universales y legítimas. Otro ejemplo, la reforma educativa. Su estructura y su esencia no se dirigen a ampliar ni a mejorar las oportunidades educativas sino a adecuar la escuela a las necesidades empresariales.
Por último, en un intento por hacer una genealogía de la violencia animal y humana, el gran investigador Konrad Lorenz escribió: “Pero, por encima de todo, es más que probable que la manifestación dañina de ese instinto de agresión que los hombres llevamos, aún hoy, en la médula de los huesos, fue producto de un proceso de selección intra específica que actuó sobre nuestros ascendientes a lo largo de varios milenios; concretamente a lo largo de todo el Paleolítico. Cuando los hombres, merced a sus armas, a sus ropas y a su organización social, consiguieron, al fin, mantener a raya los peligros exteriores del hambre, el frío y la voracidad de los grandes animales de presa, y, en consecuencia, estos dejaron de ser factores básicos del proceso selectivo, debió de entrar en acción una selección dañina, intra específica. Ahora, el factor que promovía la selección era la guerra que hordas humanas vecinas y rivales mantenían entre sí. Y este factor debió de provocar el culto y cultivo de todas esas ´virtudes guerreras´ que, por desgracia, aún hoy siguen siendo para muchas personas ideal digno de nuestros mejores esfuerzos.” (En línea, http://www.alcoberro.info/pdf/lorenz1.pdf)