REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
18 | 11 | 2019
   

Arca de Noé

Naderías


Mario Náder Pineda

El Pan Nuestro de Cada Día

No tuve la fortuna de conocerlo, porque murió cuando mi madre era una niña de siete años, pero ella me cuenta que mi abuelo era un consumado artista panadero.
Se levantaba a las dos de la mañana e impecablemente vestido de traje, corbata y sombrero, caminaba hasta la panificadora donde laboraba; después de colgar cuidadosamente su saco, camisa y corbata, se quedaba sólo en pantalones y con una playera de tiras que pendían de sus hombros, así comenzaba su madrugadora labor.
Lo recreo en mi imaginario vaciando un saco de harina blanca sobre un tablón enorme para conformar una suerte de volcán en cuyo centro vertía la levadura apenas avivada con agua tibia, para activarla y generar el milagro que es el pan.
Con espátulas propias para ese trabajo, seguramente conformaba la masa y después le daba forma doblándola y estirándola con sus manos durante mucho tiempo para lograr la elasticidad que requiere el noble producto.
Luego, seguramente la dejaba leudar durante un par de horas, arropada con un trapo apenas húmedo para que duplicara su volumen.
Tras ese tiempo, descubrirla, golpearla con los puños para eliminar el aire producto de ese primer leudado, amasar y amasar sin parar, para llevarla a un segundo leudado, nuevamente cubriéndola con el mismo trapo refrescado con más agua.
Así, después, darle forma a los bolillos, las teleras, cuernitos, ojos de pancha, conchas, trenzas, orejas, polvorones, volcanes, piedras, cocoles, panques, ojos de buey… y muchos otros panes más.
El insigne poeta Ramón López Velarde escribió: “Suave patria te amo no cual mito, sino por tu verdad de pan bendito; como a niña que asoma por la reja, con blusa corrida hasta la oreja y la falda vejada hasta el huesito”.
El nuestro es uno de los países con más variedad de lo que yo llamo uno de los comienzos de la civilización: el siempre agradecible pan; producto de las harinas, fundamentalmente de trigo, pero también de centeno, cebada, arroz, maíz y tantas más, y su mixtura con tantas semillas, aceites y especias que le hacen una exquisitez sumamente disfrutable. Atribuyo a mi genética, mi gusto natural por crear pan, por amasar cariñosamente la harina con sus diversas mezclas que son la vida misma.
UN ÚLTIMO CHAPUZÓN: amo el bendito pan, y gozo de un buen bolillo apenas salido del cálido horno, que es un regalo para el alma y hay que morderlo, así crocante con esmero, antes de que se enfríe, con todo y su migajón.

El Fracaso

Los que tenemos hoy en promedio entre 40 y 50 años de edad, pertenecemos a la generación de la eterna crisis económica y política.
Hasta el sexenio de Adolfo López Mateos se vivió durante 16 años de la post segunda guerra mundial, lo que se conoció como “el milagro mexicano” durante el que se tuvo un crecimiento del Producto Interno Bruto de hasta 7.3 por ciento… inédito y como vemos las cosas, tal vez pareciera que nunca se volverá a repetir.
Después vino la debacle por tandas de 6 años: Gustavo Díaz Ordaz y sus matanzas aceptadas y justificadas por él mismo.
Luis Echeverría Álvarez también con sus asesinatos y torturas, pero aderezadas con populismo folclórico y derroche de recursos.
José López Portillo y su fallida administración de la riqueza petrolera y su defensa del peso como un cánido, llorando en la máxima tribuna del país, pidiendo perdón a los pobres.
Miguel de la Madrid con su grisáceo desempeño y su pasmosa inmovilidad ante el más terrible terremoto vivido en el país.
Carlos Salinas de Gortari con el estallido de una guerrilla con rifles de palo que no disparaban ni un chícharo y la emancipación de un subcomandante de cartón y populares comunicados a través de un diario.
Ernesto Zedillo Ponce de León con su célebre error de diciembre, quién, entregó la banda presidencial a la oposición de derecha: el panismo.
Así Vicente Fox Quezada arribó al poder no por votos a su favor, sino claramente por votos en contra de un PRI que durante 72 años se abrogó el poder organizando a los sectores y “maiceándolos”, (Fidel Velázquez dixit), con ríos de dinero, controlando sindicatos, comprando elecciones y haciéndose del célebre conocido como “carro completo” en todo el territorio nacional.
Fox arrojado para adelante como candidato, pero que, en un afán para no perder popularidad, ya como presidente de la república, realmente tomó tímidamente las riendas del país.
Hay que reconocerle que se hizo acompañar de un gabinete capaz, que no permitió que la nación se despeñara como pudo haber ocurrido.
El país le brindó una segunda oportunidad al panismo al darle un voto de confianza al alumno del brillante Carlos Castillo Peraza: Felipe Calderón Hinojosa, quien emprendió una “guerra” contra el crimen organizado incomprendida y vilipendiada y denostada por el priato de segundo orden que ya tenía en su mira el regreso al férreo control de la nación.
Las urnas se “atestaron” con un… 38.21 por ciento del electorado en el 2002 en pro de un priismo en el que muchas mujeres coreaban “Enrique Peña, bombón te quiero en mí colchón”.
UN ÚLTIMO CHAPUZÓN: más o menos cien años de desperdicio en una nación que lo tiene todo para ser próspera, pujante y sin la mitad de la población en una pobreza que ofende; únicamente porque los políticos piensan sólo para su beneficio. Me duele mi país.