REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
17 | 11 | 2019
   

Confabulario

El último camino


Cornelia Păun Heinzel

¿Murió por culpa mía? No puede ser, no. ¡Balalau no está muerto! –dijo desesperada Flores, secándose una lágrima enorme, como la de un cocodrilo que brotaba lentamente desde el rabillo del ojo. Solamente los cocodrilos lloran cuando comen a sus presas y esta vez Balalau había sido su presa.
Balalau conducía su coche color púrpura, a toda velocidad, como si estuviera sincronizado con su tumultuosa vida cotidiana.
-Tengo que aguantar y llegar a casa –se decía Balalau.
De camino hacia su casa flotaba como en un sueño. Un sueño negro, una pesadilla… entre una amalgama terrible con trocitos de imágenes horribles, como realizadas por una mente dañada, que seleccionaba raramente lo que le estaba modelando espiritualmente el montaje final… lo más chocante fue el comportamiento, la forma de proceder de Flores. Podía ser que ella no entendiese todo lo que él había hecho por ella. ¡Qué sin él no existiría! Pero él si lo sabía, que Flores era una muchacha campesina, no demasiado inteligente, pero eso era precisamente lo que más le gustó de ella. El único motivo por el cual la había elegido para ser su Directora adjunta. Era la única manera de hacer todo lo que quisiera. No necesitaba a alguien demasiado inteligente a su lado. Y ahora… ¡cuánto le dolía su sonrisa irónica! Con ese aire superior que trataba de copiarle a él, convencida que así debía comportarse la Directora. ¡Él era el único Director! Y era el único modelo de Director que había conocido en su vida de profesora y ahora, ella le imitaba exactamente… pero las circunstancias; las situaciones eran completamente distintas y lo que ella hacía no era adecuado. Era como el cuento de cómo un tonto había sido enseñado por su padre para traer atada de una cuerda a la vaca hacia la casa y cuando lo mandó a la carnicería para comprar carne de vaca, le había traído la cuerda arrastrándola por todo el camino hasta llegar a casa –pensó Balalau, sintiendo que la sangre empezaba a latirle intensamente y se notaba mareado, tenía la visión borrosa, todo lo malo de los últimos tiempos se desarrollaba de una forma confusa, difusa. Quería detener ese mecanismo de movimiento, pero este funcionamiento testarudo y diabólico funcionaba sin descanso. Se encontraba en un estado de semi-conciencia. Por suerte había cruzado con tanta frecuencia el camino, que Balalau pensaba que podía hacerlo con los ojos cerrados.
Empezó a sentirse mal durante el Consejo de Profesores, pero era demasiado orgulloso para decírselo a alguien. No quería darle la satisfacción a nadie. ¡Debía recuperarse y resistir! Se sintió enfermo inmediatamente después que su exnovia fuera elegida como nueva directora del colegio, cuando al tomar posesión de su cargo, hablaba acerca de él. Su figura de campesina ambiciosa, era irónico, que aprendió de él y no la podía sacar de su mente.
Ella había sido nombrada gracias a él y precisamente ella había sido tan ingrata. Aunque una vez que el dimitió como director fue él mismo que arregló el nombramiento de Flores.
¿Era posible que ella no se hubiera dado cuenta de ello? ¿No se había dado cuenta que sin él esto no habría ocurrido? ¿No se había dado cuenta de todo lo que hizo por ella? Porque… ella era como una serpiente. Sólo en ese momento se dio cuenta de lo mucho que se había equivocado con su elección. De nuevo Balalau sintió mareos, todo se volvió oscuro a su alrededor y pensó que se iba a desmayar, luego empezó a sentirse un poco mejor.
Miró a través de un manto de niebla, los manzanos jóvenes se iban sucediendo en el borde de la carretera sin cesar. Los miró como si en ese momento los viera por primera vez, aunque pasara cerca de ellos cada día. Con su vista borrosa, vio los frutos casi esféricos de las manzanas pequeñas, de color verde, manchados con pequeños rastros oscuros de su paso por su interior de otras criaturas que habitaban libremente en aquellos delicados árboles.
Parecían cojines verdes de diferentes tonos, desde el verde oscuro de las hojas de los árboles a un tono más claro de las frutas que cubrían los vastos campos a lo largo de la carretera. Las briznas finas de hierba susurraban en armonía bajo los suaves pasos de baile del viento nervioso en una noche tranquila.
-Debo tener fuerzas para llegar a casa –se repitió mentalmente Balalau.
Los sonidos armoniosos, agradables y suaves de la música de Chris Rheea le acompañaron como siempre. Su mejor amigo Mihail, le había regalado el CD y desde entonces nunca lo había dejado.
Siempre lo escuchaba cuando estaba en la carretera en su coche. Mihail le dijo que esta música que combinaba tan armoniosamente lo acompañaba siempre en las autopistas alemanas en sus viajes. Y a Balalau parecía que esas canciones eran fantásticas par la carretera que él atravesaba diariamente en su recorrido, con el ruido del motor de su vehículo, con el tortuoso camino con subidas, bajadas y curvas variando incluso con los otros conductores del tráfico que había. Juntos formaban un todo perfectamente armonioso en su conjunto.
Por primera vez en su vida, Balalau dominaba con dificultad el volante. Recordó de nuevo lo sucedido hacía unas horas, las humillaciones que había sufrido últimamente eran insoportables, además no estaba acostumbrado a algo así. En los últimos años, había sido siempre como un Dios, sabiendo que era un alto directivo de la escuela actual, él podía hacer absolutamente lo que quería sin ningún tipo de restricción.
Él recibió en abundancia dinero del Estado, llegó a no saber qué hacer con tanto dinero, especialmente desde que había empezado la crisis, en su casa puso un aislamiento caro, azulejos de lujo, cuadros, candelabros y lámparas carísimas, equipos electrónicos y cámaras de grabación en todos los rincones de la habitación y en los baños, incluso construyó una sala llena de espejos donde pudiese grabar a sus amantes mientras hacían el amor.
-¡Uff, qué difícil es caer desde lo más alto! ¡Después de quince años como director del colegio, teniendo un poder inmenso y pudiendo hacer lo que quisiera! Que difícil sería a partir de ahora siendo solamente profesor… debería ser más sencillo.
Pero ya había bebido de la poción mágica del poder. ¡Qué dulce y atractivo era el poder, incluso adictivo! Se une para siempre, como si fuera un pacto con el diablo, además generaba un estado eufórico. Hacía creer que podía hacer cualquier cosa, queriendo hacer cada vez más… parecía todo posible. Una vez que se había probado la poción, estabas unido a ella para siempre ¡estabas perdido!, no podías sacártelo nunca de la cabeza.
Balalau al menos era profesor de matemáticas antes de la revolución cuando solo el 2% de los graduados llegaban a la universidad. Él lo hizo, tras superar todos los contras, aunque sabía que sus males eran obra de Canuto y Boicu, sus anteriores subordinados que le odiaban a muerte. Balalau pensaba cuánto se conmovió por primera vez en la vida, cuando sus dos enemigos se lo habían demostrado denunciándolo por tener una relación con una estudiante. Balalau estaba molesto, porque en realidad, no había hecho nada con ella, sabía que a muchos directores de centros escolares no se les silenciaban los escándalos sexuales que tenían. Él conocía a una mujer fea y vieja que dormía con sus estudiantes. Pero después del incidente, sin embargo, los directivos fueron más apreciados y promovidos. Balalau recordó su hábito de pasar el brazo por el cuello a sus profesores preferidos, especialmente a Flores y también a algunos de sus estudiantes, pero eso siempre lo había hecho, y nunca había sido un problema.
¡Oh, ahora no podía demostrar su inocencia! Eso le dolió mucho. Cuando la adolescente se enamoró locamente de él, Canuto utilizó la debilidad de la chica y comenzó a manipularla para vengarse de él, la animó a publicar todas las declaraciones de amor que le había escrito al Director en Internet, declaraciones que nunca había visto antes. Todas las cartas de amor eran sólo fruto de la imaginación de la adolescente. Pero la estudiante hizo del Director del colegio, el objeto de su pasión. Se enamoró de él del mismo modo que ella veía diariamente en las telenovelas. ¡Pero él no era culpable de nada!
Balalau generalmente era consciente de que las representantes del bello sexo femenino se enamoraban de él con locura, a pesar de que él no trataba de conquistarlas. Eso es lo que ocurrió con Flores y con las otras profesoras que había hecho jefas de departamento, y de todo el Consejo de Administración del Colegio, y después de quince años, todo era cierto, incluso ninguna de ellas se casó. Todas permanecieron solteras.
Balalau no sabía cómo había ofendido a Canuto y a Boicu, ellos sabrían lo que había en su mente. Pero sólo tras lo ocurrido con Flores, la había asociado con ellos desde el comienzo y los apoyó. Flores había trabajado junto a ellos en esto. Este hecho era el que más dolía actualmente a Balalau, y tenía la mente perdida entre películas que se creaba mentalmente. ¡Qué cruel era ella, colaborando a sus espaldas con sus peores enemigos, sin escrúpulos! ¡Ella había sido su amante y la amaba! Él la amaba a su manera, así como amaba a su esposa y a sus amantes, pero la amaba, así era él. Nadie podría cambiarlo y quien lo amaba lo sabía. -Supongo que pensé equivocadamente, cuando creí que siendo la más débil de todos –se dijo Balalau- podría dirigir el colegio y hacer lo que quisiera.
¡Qué bello había sido todo, con Flores como directora y las jefas del departamento como novias! Votando unánimemente en el Consejo de Administración para aprobar cualquier cosa que proponía –pensó Balalau –con el dinero del Estado, no entraba nadie en el Consejo de Administración porque yo era como Dios. Nadie podía controlar lo que hacía, sin tener que rendir cuentas a nadie, incluso a cualquier estúpido, pero Balalau dijo que era el único director favorecido por este trabajo, además no estaba solo. Así pensaban muchos directores, que era estúpido el que no lo hacía, no podía quejarse de nada, además no era ese el motivo por el que había sido destituido. Encontró tan insignificante la razón de su destitución: la falta de quórum en las decisiones de los consejos de profesores.
Balalau era un hombre de estatura media, ni gordo ni flaco, pero con unos ojos tan azules, que le imprimían algo magnético, fosforescente, cuando miraba a una mujer las hechizaba con su mirada relampagueante, parecía que la mayoría no se resistía a él. Además de su fragancia, cara y sensual, tan masculina, era un hechizo seguro para las mujeres que caían ocasionalmente entre sus brazos vigorosos.
A algunas de ellas les parecía un hombre fascinante, que casi enloquecían por él y no fueron pocas sus víctimas.
Otras se sentían atraídas por su estilo sarcástico y su aguda ironía. Les gustaba tanto que cuando eran las mujeres objetivo de sus ironías, en lugar de sentirse molestas u ofendidas, reaccionaban como si les hubiera declarado románticamente su amor. Las personas de su alrededor se sorprendían por su reacción, pero ellas ni siquiera veían esto, estaban tan enamoradas, que les otorgase su atención, eso les halagaba, ¡Cuánta emoción sentían por la atención recibida por parte de Balalau!
A pesar de ser tema de burla por parte de su entorno.
Yo no soy culpable de que muchas profesoras y estudiantes estén locamente enamoradas de mí –pensó Balalau –ésta es mi forma de ser, únicamente, es el modo de comportarme, yo siempre seduzco a las mujeres sin ningún esfuerzo, Flores, sin embargo fue la mujer que más fácil resultó seducir, y precisamente por ello, ella se aprovechó de todo.
Ohhh, Manuela –pensó Balalau. ¡Cómo me gustaba Manuela! Una chica de una aldea pobre, olvidada del mundo, pero también era poeta y pintora, creyente con fervor, ella pintaba solo ángeles, pero en su boca hablaban solo los demonios, en la escena de la vida todos son actores de éxito –pensaba Balalau- qué pornográfico era hablar de esa chica, sus palabras habrían excitado a cualquier hombre, incluso a él, lo excitaba tanto lo que ella le dijera que no necesitaba más de ella.
De repente, a Balalau se le nublaron los ojos y todo a su alrededor comenzó a girar, la sangre le latía con fuerza y sintió cómo le fluía, sintiendo un terrible dolor en la parte superior de su cabeza. ¡Dios! Si de nuevo tenía una conmoción cerebral, podría ser fatal. Era necesario vivir para luchar, no podía pensar en nada para no sentir molestias. Se resolvería todo, como siempre –se dijo- siempre he sido un hombre fuerte, todavía era joven, apenas superaba los cincuenta años, parecía como si tuviera treinta. ¡Quiero vivir!, sí quiero vivir más tiempo.
Balalau descendió del coche, pero se sentía mal, respiraba con dificultad y apenas podía caminar. Sintió una ola de frío que limpiaba la noche, lo que todavía le daba menos fuerza, tenía la visión borrosa. Bueno, a ver si consigo llegar vivo a casa, allí podré descansar –pensó Balallau. El camino le pareció un calvario.
De pronto el volante del automóvil se le escapó de la mano, todo empezó a girar rápido, estaba mareado y todo el paisaje empezó a moverse como una película de cine, el camino de entrada al patio, los pequeños arbustos verdes salpicados de rosas que emanaban un perfume misterioso, el nogal imponente con su enorme tronco con hojas, como un inicio y un fin de la vida; y los grupos ordenados de varias verduras, las berenjenas púrpuras, los tomates apasionados y los pimientos multicolores –de un amarillo claro como el sol, a un anaranjado de arena, rojos como la sangre o los diferentes tonos verdes y al instante siguiente estaba ante la puerta de la casa.


* El cartero nunca más llama dos veces o Sueños... sueños... sueños