REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
11 | 12 | 2019
   

Confabulario

El último camino


Cornelia Păun Heinzel

Sonó el timbre de la puerta del apartamento, eran dos policías vestidos con sus uniformes azules, uno era alto, moreno con el pelo rizado y la piel más oscura; el otro más pequeño, rechoncho, con cabello rubio y escaso.
Ly abrió la puerta y los agentes de la ley quedaron impresionados por la presencia de ese enorme hombre negro que tenían delante con los ojos inyectados en sangre y una mirada salvaje.
Somos los suboficiales Ilie Ghidovet y Vasile Tocana de la policía local de la ciudad. Venimos porque hemos recibido una llamada desde esta casa –dijeron los hombres, mientras se identificaban como policías que estaban de servicio.
-Pasen, por favor –dijo Ly– yo les llamé.
Los policías entraron y quedaron sorprendidos con lo que veían, era un apartamento caracterizado por un lujo ostentoso, que nunca habían visto. No habían advertido a nadie en la casa, había muebles de madera tallados, pinturas y esculturas valiosas, muchos espejos y candelabros además de plantas exóticas que habían crecido como en una selva. El cuerpo blanco y perfecto de yeso atrajo su atención sobre la diosa Venus; y la cabeza de Hefesto cubierta abundantemente por rizos que se encontraba sobre el escritorio. Se veían pedazos de carne y sangre esparcida por toda la habitación, sus ojos se dirigieron instintivamente hacia una foto de una hermosa rubia con cara de muñeca de ojos azules y piel de porcelana que los observaba con una sonrisa franca desde un marco situado encima de la mesita.
¿Es su esposa, Violeta? –preguntó uno de ellos para su aclaración.
-Si –respondió Ly.
-Y ahora… ¿dónde está? –preguntó entonces el otro.
Ly no dijo ninguna palabra durante un tiempo. Luego hizo un gesto con el dedo señalándose el estómago.
La cara del policía más alto se puso blanca. Entendieron el mutismo del hombre, que acababa de confirmar lo que había anunciado en su llamada telefónica. Ahora estaba claro que no era ninguna broma y que el hombre había contado lo que allí había ocurrido en realidad. El más bajito comenzó a vomitar y se apresuró a ir al baño.
Ly, sin saber cómo, pensó en el día en que conoció a Violeta.
La primera sensación que tuvo, fue que iba a comérsela entera, que la estaría disfrutando como si fuera un delicioso pastel, como una aromática naranja, como un delicioso plátano africano, como una delicia aromática, colocada encima de la mesa de un rico rey…
El policía más alto se acerco al teléfono y le preguntó:
-¿Me permite? ¿Puedo llamar? Tengo que avisar al Comandante.
-Por supuesto –respondió Ly cortésmente.
-Camarada Ciolan, soy Ghidovet, confirmo la llamada, es decir, el relato que se hizo en la llamada telefónica.
-Hagan el informe urgente y vengan rápidamente a la sede –les dijo el comandante. Los superiores ya están avisados.
Yo solo no puedo tomar decisiones de esta magnitud, mas si se trata de la hija del Ministro y el muchacho es un líder africano.
¡Es increíble! –Se escuchó una voz gruesa. No sé cómo manejar este asunto.
El policía más alto comenzó a escribir el informe. Su mano temblaba y apenas la podía dominar, pero se daba prisa, no podía permanecer más tiempo en ese lugar, tenía la sensación que debía correr lo más rápido que sus pies le permitiesen.
-¿Te queda mucho para escribir? –le preguntó su compañero.
¡Vamos, Elías es más rápido!
-¡Inmediatamente, Vasile, ya falta poco! ¡Termino ya! ¡Ten un poco de paciencia!
Los hombres salieron del apartamento asustados.
-¡Que hermosa era la chica! ¿Qué encontró en él? ¡Tenía dinero, lo tenía todo! –exclamó Ghidovet. Se que él es hijo de un gran líder tribal en África. Pero ella no necesitaba dinero, quizás necesitaba otra cosa. A veces, por ser demasiado bueno se cometen errores ¡increíble! Creo que fue una niña muy mimada, vivió toda su vida entre algodones, la única hija del ministro además no era para nada tonta. Fue a la universidad.
-¡Estudiantes! –dijo Tocana. ¡No todo el mundo puede estudiar, en esta época! ¡Tenía que ser inteligente, tener una mente de verdad! Los niños tontos de la Securitate no ponen un pie en la universidad, solo lo hacen si tienen ahí conocidos. La selección es muy estricta y justa, Sin embargo, creo que podríamos encontrar a uno de nosotros –dijo Ghidovet.
-¿Qué eres chovinista? –reprendió Tocana a su colega. ¿No sabes que los negros son más brillantes y viriles que los blancos?
-¡Pero nosotros, los rumanos también somos muy buenos!
¡No se pueden excluir! –exclamó Ghidovet.
-Sí, pero quizás la chica quería algo diferente, algo extraordinario. ¡Piénsalo! Durante toda su vida se habían cumplido todos sus deseos, ¡como una princesa mimada! –dijo Vasile- yo, por ejemplo, me conformo con cualquier cosa, ni con la comida ni con las mujeres soy demasiado exigente, ¡sea lo que sea!
-¡A mí me gustan las rubias hermosas como ésta! Mi prometida es linda, pero creo que le voy a decir que se tinte el pelo, ¡le sentaría bien el rubio platino! –dijo Elías pensativo.
Tampoco está mal de castaña, como es ella –confirma Vasile. ¿Rubia? ¡Cuidado que no la pierdas! ¡Si otro te la roba! Ya sabes que como vendedora tiene muchos clientes, ¡nunca se sabe! La mía tiene la piel más oscura, no se puede tintar de rubia ¡parecería el diablo! Pero me gusta, tiene el pelo rizado, así no se tiene que hacer la permanente, me sale más barato ya que no tengo que gastar en peluquería.
Ly puso su cabeza entre las manos, ahora no se podía enfrentar con su suegro, no resistiría las tensiones. A su padre se lo contó todo y se quedó, por supuesto, sorprendido. Sin embargo, algo en su interior, en su corazón sabía que su padre querido lo entendía. Como siempre, cuando su hijo hacía alguna tontería. Era hijo de un príncipe guerrero y siempre se le permitió cualquier cosa. Así eran las leyes de la selva. Ahora, sin embargo, Ly estaba solo, él y su conciencia.
¿Cómo voy a dormir solo esta noche, sin sentir su cuerpo entre mis brazos, presionado contra mí, sintiendo su aliento?
–Pensó el hombre –desde que nos casamos, siempre dormíamos juntos. Un sueño sin Violeta parece impensable. Cada noche dormíamos abrazados después de horas de un amor salvaje. La teoría de que los polos opuestos se atraen, quedaba plenamente demostrado en nuestro caso.
La atracción entre nosotros era explosiva, como una tormenta en el desierto, había hecho el amor con ella sin interrupción, cuando nos mirábamos a los ojos el uno al otro nada podía pararnos. Me sentí atraído hacia ella desde el primer momento que la vi. Su piel blanca delicada, su olor a bebé, su pelo largo rubio, que me atraía con locura. Cada sílaba que pronunciaba Violeta parecía una poción mágica, dulce, que penetraba en mi alma y mi corazón se derritió salvaje, quería escucharla todo el tiempo. El timbre de su voz tan melodioso, me conmovió hasta lo más profundo de mi ser guerrero bantú.
Ly se tumbó en la cama y pensó: “En este momento, lo major que podría pasarme sería oír su voz cristalina y tranquilizadora, todas mis ansiedades, mis temores desaparecerían, como por arte de magia. Violeta era tan delicada, esa sensación de impotencia que debo protegerla de forma permanente, para defenderla de todos los peligros. Por ella, me enfrentaría a cualquiera, en cualquier momento… incluso arriesgaría mi vida. ¡Cuánto me gustaba abrazarla… toda la noche… parecía que la estaba protegiendo de algún espíritu de la noche encantado por su belleza! La amaba con locura… nunca he amado alguna vez a una vez como a ella… y la amo todavía… aunque tal vez nadie lo entienda. ¿Qué voy a hacer sin ella? Desde que nos conocimos nunca nos habíamos separado. Desde que nos casamos, todas las noches las pasamos juntos, sólo con Violeta me sentía entero. Para mí era mi alma gemela destinada a estar siempre con ella. ¡No va a haber una como ella jamás en mi vida! ¡Todavía menos en vidas futuras!
La atracción que sintió fue irresistible cuando la vio por primera vez en el baile de la “Academia de Estudios Económicos”, todavía estaba viva en su corazón, en su alma, en cada parte de su cuerpo.
Donde yo estudio, en el Politécnico, no hay chicas y las pocas que estaban huían de mí como del diablo… ¡qué tontas! ¿Cómo si fuera a comérmelas? –Pensaba Ly. En la “A.E.E.” sin embargo estaba lleno de chicas estudiando, ¡cada una más bella que la otra! Y menos creídas, que las estudiantes del Politécnico.
Entonces, apareció sobre el escenario de la sala de celebraciones Violeta declarada “Miss Academia de Estudios Económicos”, Ly consideró que veía un ángel del cielo bajado entre los mortales, nunca había visto una criatura tan dulce y atractiva.
“¿Se podrá fijar en mí algún día esta diosa?” –se preguntó Ly, soñador.
Cuando Violeta se deslizo en la pista de baile, Ly con una actitud orgullosa como si atacara a una gacela en la selva y a la chica amada le gustaba este ataque inusual. Generalmente, todo el mundo sabía quién era, la hija del ministro, un cervatillo que tenía a su alrededor a cachorros asustados para que pudieran satisfacer todos sus deseos.
Sin embargo, este hombre era diferente a todos los que había conocido, era seguro, valiente, con un brillo en sus ojos salvajes, como un tigre oliendo la sangre, había algo fascinante en ellos, algo especial…
La chica no lamentó para nada esta opción, el joven negro bailaba de una forma increíble. Su movimiento casi felino, tenía elasticidad en sus arqueos y saltos de pantera además de ágil, pero también sus extensiones delicadas, con la finura del felino cazando antílopes por la selva africana como cualquier depredador. Ly tenía las manos calientes, como las arenas africanas quemadas bajo el sol caliente y se introducía en su delicada piel, blanca y fría, como ella la tenía.
Tenía la impresión que el corazón del hombre africano quemaba todo lo que había a su alrededor, como los rayos del sol en el desierto. “¿Cómo podría amar a este hombre tan apasionado?” –se preguntó ella.
“¡El mejor estudiante del año!” –le explicó a Violeta, un amigo y compatriota de ése, que había llegado a Rumanía y por lo general lo acompañaba dondequiera que éste fuese… menos a las clases.
Pero Ba era hijo de gente pobre. El Partido Socialista lo había enviado a estudiar a expensas del Estado y tuvo que regresar a su país una vez graduado en la universidad y realizado las prácticas, para trabajar. Era de baja estatura y delicado, como los africanos extremadamente débiles, desnutridos que se veían en los distintos programas de televisión, cuando se ofrecían las noticias o documentales, tenía muy pocos conocimientos de la lengua rumana y tampoco era bueno en la escuela. No le atrajo en absoluto, por suerte, Ly siempre le ayudaba. Por lo general a Ba le gustaba saltarse las clases.
En la universidad, cuando se estaba en clase y el maestro nombraba a Ly, éste siempre respondía “¡Sí!”. Entonces el profesor mencionaba el nombre de Ba, que generalmente no estaba presente, y los compañeros de clase decían en grupo “¡Ba!” confirmando su ausencia además de bromear como si fuera un juego de palabras que formaban a través de una respuesta.
Ly medía casi dos metros, con una estructura deportiva, algunos tatuajes que representaban su posición dentro de la comunidad que dirigía, hecho de acuerdo con su tradición ancestral, manteniéndose desde la antigüedad a la que los descendientes no habían renunciado todavía. También hubo algo que le hizo pensar. Él era un hombre especial, un líder, un capitán en su forma de comportarse, la postura, la forma de abordarla…
Cuando Ly se fue a comprar una rosa roja, como la sangre y se la ofreció a Violeta, a ella todo le parecía muy romántico… y único… el gesto contrastaba enormemente con su figura dura, salvaje.
Ambos estaban impresionados el uno con el otro, ese sentimiento era mutuo, amor a primera vista.
Ly estaba feliz porque finalmente era querido por su verdadero valor, de una persona y ¡no por cualquiera! ¡La más maravillosa criatura femenina que había visto en su vida! Una verdadera Marilyn Monroe de Rumania, en carne y hueso, la cual, podía ver su rostro en la realidad, no en una película o una imagen, además parecía mucho más dulce y apetecible que las imágenes y películas… estaba para comérsela de la cabeza a los pies.
El hombre pensó que debía tratar a Violeta de la forma más delicada posible. Estaba acostumbrado a que los estudiantes incluso los más jóvenes entre sus compañeros de clase en el Politécnico, durante el curso, lo habían rechazado de inmediato… siempre se asustaban de su aspecto salvaje. Se cambiaban inmediatamente de sitio si él se acercaba y se sentaba cerca de ellos incluso en otras ocasiones si quería charlar un poco ni siquiera respondían a sus preguntas.
Disimulaban, como si no entendieran lo que les decía.
La actitud y la reacción de Violeta le encantó a Ly, ella no tenía ningún complejo de hablar con un negro. Algunas persona tenían muchos prejuicios acerca de esto, incluso había dos mitos sobre este tema; si una mujer tenía relaciones con los negros, era considerada de inmediato como frívola además de ser etiquetada como “mujer fácil”. Además se decía que después de tener una relación con un hombre negro, que es por todos conocidos, que está mejor equipado físicamente, la mujer ya no podía tener nunca más relaciones con un blanco, porque éste no podría satisfacerla. Nadie sabe quién lanzó estas conclusiones. Pero tal vez, precisamente, las que han experimentado esta situación, expresó estas escusas, porque alguien ajeno no podía saber estas cosas tan íntimas.
El padre de Ly enviaba permanentemente cajas de frutas exóticas desde África, ya que en Rumanía no solían encontrarse en los comercios, solo de forma muy esporádica. Incluso a Violeta, como hija de un ministro, también le era bastante difícil conseguir estas delicias. Así Ly consideró que sería muy romántico, si llevaba algunos plátanos de su patria natal, un enorme coco o unas naranjas dulces y sabrosas.
Sus encuentros eran lo más románticos posibles. Los dos vivían un sueño de hadas con los ojos abiertos, una historia de amor única. Se habían convertido en adictos el uno del otro… no podían vivir el uno sin el otro.
El padre de Violeta, a pesar de que en un principio se había opuesto vehementemente al comienzo de la relación entre los jóvenes, amaba demasiado a su hija, y por ello había organizado una boda de acuerdo a su rango, ministro, el más alto perfil posible bajo el régimen socialista.
Tampoco la familia de Ly estaba muy alegre con la noticia, pero no podían desafiar el juicio de su hijo. La decisión ya estaba tomada y los hechos consumados. Se vio delante de un hecho cumplido. Nadie podía oponerse a su matrimonio y a un amor tan grande. Debía llegar el equipo de criminalística para recoger muestras. No podía tocar ni arreglar nada en el apartamento.
Debía mantenerse la escena intacta. Así se lo comunicaron.
Ly se sentía muy cansado. Se hundió en los sillones suaves de felpa y se quedó rápidamente dormido. Viajó junto a Violeta a su patria, a su reino en África, ¡eran tan felices juntos! Nada podía eclipsar sus vidas por ahí. El sol ardía con pasión en el suelo, en la vegetación y la fauna silvestre, intensificando su amor único.
Violeta estaba fascinada por el paisaje, la naturaleza y sobre todo por los animales africanos que la asustaban. Miraba los peligros con inocencia, como algo imposible. Llegó sin miedo con él y con otros para cazar, no estaba en absoluto asustada por el fiero león que se le acercaba, atraído irresistiblemente por la fragancia de su piel delicada. Si Ly no hubiera disparado rápidamente, la mujer hubiera sido una víctima de la mandíbula de uno de los animales más fieros, y la impresionante serpiente que se enroscaba alrededor del árbol, a Violeta le gustó tanto que se acercó inconscientemente a ella para admirarla, parecía un ser de aspecto fantástico, de un cuento que había leído en su infancia.
-Ten cuidado Violeta, una pitón no es un juguete, serías una presa fácil. Ve con cuidado si te gusta, ¡admírala desde la distancia! –le dijo Ly atrayendo su atención.
-¡Pero, qué bonita es! ¡No me canso de mirarla! –dijo la mujer, fascinada por el reptil.
Allí en la selva africana, parecía una diosa del bosque, que entendía y amaba el milagro de la naturaleza, como si siempre hubiera vivido en medio de ella. Era la princesa de los árboles seculares, la princesa de antílopes y cebras, la princesa más bella de los feroces leones y la reina de la gigantesca jirafa.
Desde alguno de los arbustos llegó un extraño lloriqueo y Violeta instintivamente se dirigió en esa dirección. Descubrió sorprendida, enredado entre las ramas y las hojas de bordes adherentes un pequeño león. “La que atacó era la leona, defendía a su bebe” –pensó. Y tomó al pequeño león en sus brazos. A partir de ese momento se convirtió en su mejor amigo, el más cercano del continente africano.
Para Violeta las noches africanas parecían mágicas, verdaderas de la naturaleza. Vivió la experiencia como en un cuento… todo parecía tan romántico… En brazos de Ly admiraba la inmensidad del azul grisáceo con reflejos rojos en el cielo y escuchando el sonido único de la misteriosa selva africana, traspasada ocasionalmente por un aullido que lejos de parecer espeluznante, al contrario armonizaba a la perfección con el continente salvaje.
De repente Ly sintió el calor de las enormes llamas, que barrían la vegetación circundante. Los animales huían asustados, el fuego les rodeó. ¡Cuidado! Se apresuró a apagar las llamas que se extendieron por la ropa y el pelo de Violeta.
Ly despertó asustado. ¡Todo había parecido tan real! Las llamas, el humo, el fuego y el miedo… un miedo increíble. -“No estoy en África, pero hubiera sido mejor si nos hubiéramos quedado allí” –pensó el hombre.
-“¡Las mujeres rumanas son hermosas! –Pensó Ly. ¡Pero Violeta es la más maravillosa de todas ellas… o mejor dicho, lo era! Ella era la única que le gustaba y además me admiraba, sin ningún interés, sin sentirse atraída por mi dinero, mi posición. Porque ella tenía suficiente dinero. Su padre, el ministro, podría comprarle lo que ella quisiera… Por supuesto dentro del límite que proporcionaba el régimen socialista que no permitía ni por la seguridad la ostentación de un lujo indecente”. “Lo más hermoso, la víspera de Año Nuevo la pasé con Violeta y su grupo de amigos” –recordaba Ly.
El complejo era precioso tanto en invierno como en verano. Tenía bosques dibujados de cuentos fascinantes, de cuentos de hadas de Andersen, tenía la impresión de que en los árboles podía aparecer en cualquier momento un hada mágica, un alegre elfo del bosque o incluso una bruja feroz Baba.
“Estábamos instalados en el hotel más lujoso de la ciudad, pero también había otros lugares excelentes. La fiesta de Año Nuevo fue fantástica. El menú me gustó, aunque era imposible servirse de todo lo que había en la mesa: aperitivos, carne de cerdo a la barbacoa y pavo asado, comí truchas al horno con sellos con sabor adecuado y por supuesto pastel de chocolate con crema, profiteroles, ensalada de frutas y creps con mermelada exótica”.
Con el grupo de Violeta, gracias a su juventud se divirtió y bailó locamente toda la noche.
La segunda noche en el local se organizó un carnaval para la ocasión. “Debido a que no habíamos preparado ropa para una ocasión como ésta, Violeta y yo intercambiamos la ropa. Era la única manera en que podíamos participar. Ensanché las costuras de su vestido de gala, casi las rompí, creo que no se lo puso más desde ese momento. Era mucho más delgada que yo” –recordaba Ly.
-“Pero, ¡cuánto me gustó el concurso de baile! Teníamos que bailar, sosteniendo una cuchara en la boca mientras aguantábamos un huevo. ¡Qué divertido! El huevo no debía caer durante el baile, que consistía en una mezcla de canciones de ritmos diferentes, desde el delicado vals al tango romántico, pasando por la samba salvaje, la salsa, el zorro… me levanté finalmente”.
Los días que estuvieron en esa localidad, dormían pocas horas en la noche, después de la cena en el restaurante, que cerraba a las once en punto, según lo permitido por el régimen socialista, se iban a una de las habitaciones del hotel y jugaban a las cartas toda la noche. Todo el grupo fumaba excepto Violeta. Probó también para cumplir con los demás, pero solo fumaba cigarrillos. De vez en cuando Ly y Violeta desaparecían en su habitación.
-¿Qué hacían allí? –preguntaron sus amigos cuando regresaron.
Mientras, todos guardaban lo que habían utilizado durante las actividades que hacía el grupo; de vez en cuando, las parejas de enamorados desaparecían a menudo y nadie preguntaba por ellos, ni siquiera en broma.
En los siguientes días visitando los bosques y los manantiales en su mayoría sulfúricos. El hielo transparente que envolvía las hojas y ramas de árboles de diferentes configuraciones que ofrecían a los espectadores un espectáculo increíble, irreal. Los ríos, con formaciones de estalactitas y estalagmitas, resultado del hielo alrededor del agua era encantador. El hecho de que no estaban solos, era beneficioso.
Caminar por el bosque tranquilo en invierno, no se puede hacer a no ser que se vaya en grupo, a no ser que surja un imprevisto ante algún acontecimiento desagradable.
Un día se organizó un paseo por el lago cerca de la estación.
El paseo por el bosque era agradable, aunque hacía mucho frío, además el lago congelado tenía su propio encanto, aunque no se parecía a los que conocía en África, ni la apariencia ni la vegetación que lo rodeaban.
Ly y Violeta se casaron a finales de abril, el Ministro, el padre de la chica fue el encargado de que su boda fuese hermosa y lujosa, dentro de los límites permitidos por el régimen.
Entonces, los jóvenes se dirigieron inmediatamente al mar, pero no estaban solos, el grupo de Violeta también llegó, fue algo agradable con los amigos. Los estudiantes no les molestaban y no se aburrían en absoluto, podían divertirse todo el tiempo.
Entonces Ly, vio un mar diferente al de su patria. En mayo, no podía bañarse en él, la temperatura era demasiado baja, pero el paisaje marino se podía admirar durante el descanso.
La extensión del agua ejercía su atracción de una manera irresistible dondequiera que estuviera. Cada mar tenía sus encantos, en cada momento existía un encanto único.
El mar durante el primero de mayo se convirtió en un recurso para estudiantes, la tierra de la eterna juventud, muchos de los que estaban entre los primeros de la clase recibieron entradas gratis de la Unión de la Juventud Comunista. Desde la entrada a la ciudad se podían escuchar los últimos compases musicales, las famosas canciones.
Los jóvenes moviendo sus cuerpos rítmicamente, donde quiera que estuvieran, en la calle, la playa, la estación o cualquier lugar.
Ly durante el primer año en la Universidad Politécnica, no solicitó la entrada gratis. “Habrá más facilidades para los pobres” –pensó él. Compró las entradas para Violeta y para él, en la misma fila que el grupo de amigos, solo para complacerla. Los amigos de la chica no lo admiraban mucho, incluso lo echaban y se burlaban de él cuando no estaban a su lado. Pero Ly nunca los sorprendió haciéndolo. Los toleró por Violeta, además quería que fuera totalmente feliz, que no le faltase nada, como siempre, en su infancia y adolescencia cuando su padre cumplía todos sus deseos. No quería que Violeta se arrepintiese nunca de haberse casado con él.
Había transcurrido un año desde su matrimonio, un año maravilloso, sin problemas.
En Pascua fueron invitados a la fiesta, pero sin embargo, trajo una desgracia a la familia. A pesar de que todo el mundo iba a la iglesia, todas las discotecas estaban abiertas, había una función permanente esa noche.
El segundo día de Pascua, Ly recordaba que estaba con el grupo de amigos de Violeta. Ella era el alma de la fiesta.
Todos los hombres se sentían atraídos por la delicadeza y la alegría de ella.
Todos los ojos estaban fijos en ella, cuando bailaba, cuando contaba algo, cuando sonreía… todos pensaban que podía ser suya. Eso le preocupaba a Ly, aunque sabía que Violeta no buscaría a otro hombre que no fuera él. Sólo lo amaba a él. Tenía plena confianza en ella. Sin embargo, aquellas miradas con ojos nerviosos, lo tenían loco… como si todo el mundo quisiera a su esposa. En África, no habría sucedido esto… pero aquí en Europa…
El cansancio del baile en la discoteca, continuó toda la noche de Pascua, la música atronadora que dejaba a todo el mundo sordo y la fiesta final había sido fatal… de repente sintió que no era él, Ly el actual, era completamente otro, en otra vida anterior, en la misteriosa selva africana, donde era un guerrero salvaje sin miedo a su tribu, sus costumbres y rituales heredados de sus antepasados…
Era como beber una poción que traía la locura. Y todas sus frustraciones, a continuación, otorgados a la pobre Violeta, cuando llegaron a su apartamento en la Plaza Romana.
La tomó en sus brazos con fuerza, la besó con pasión en los labios, alcanzaron sus pechos, fragantes, redondos como naranjas. Y entonces los mordió fuerte, con sus dientes fuertes y extremadamente blancos. La mujer gritó de dolor. Instintivamente, para calmarla le mordió en el cuello, en la vena yugular. Esto fue solo el comienzo. La fiesta donde estuvo presente despertó en él su parte salvaje, imposible de parar. No se podía controlar. Como si no fuera él. Parecía que estaba en otra vida, desde otro tiempo, una época en la cual lo que estaba haciendo ahora, parecía totalmente normal. Sentía que lo había hecho otras veces, aunque no había engullido carne tan blanca y dulce… era la primera vez que disfrutaba. La fragancia y el sabor de la carne y la sangre lo hicieron actuar como un león hambriento, que es duro con su presa… como un animal sanguinario, no había nada de humano en él. Se dio cuenta de lo que había hecho, sólo cuando era demasiado tarde. Como si despertara de una pesadilla. “No he sido yo quien lo ha hecho”-pensó Ly. “Violeta lo era todo para mí, era la mujer de mi vida, no podría jamás hacerle daño. Y, sin embargo, ¿qué es lo que sucedió? Él la amaba y ella estaba locamente enamorada de él. Lucharon con todo por él. Con su severo padre, el ministro, con su madre, con los organismos de seguridad, que no habían visto con buenos ojos esta unión… la iniquidad de sus colegas, amigos celosos, las bromas de sus amigos. Y él, como premio, la castigó por la decisión tomada. Ella, Violeta pagó el amor por él con su sangre.
El primero que supo qué hizo Ly, era su padre, a quien llamó inmediatamente.
-Te dije que no iba a salir bien, te dije que te casases con una de nuestras mujeres, una mujer negra, como se ha hecho siempre en nuestra familia. Déjame que lo arregle, te voy a sacar de esta desgracia, te espero en breve en el país, sal de ahí lo más rápido posible. El padre de Violeta la amaba mucho y es capaz de cometer un asesinato por ella. ¡Como yo haría si a ti te sucediera algo malo! –dijo el hombre.
Estoy esperando la decisión de las autoridades y simplemente no puedo irme ahora –dijo Ly. He llamado a la policía para anunciarles lo que ha pasado.
En un primer momento la policía escuchó la conversación, no podían dar crédito a lo que escuchaban. Pensaron que era una broma. A causa de la Seguridad, que lo controlaba todo, los crímenes ocurrían muy raramente y además eran castigados severamente por la ley.
Sonó el timbre de la puerta y luego golpearon la puerta.
Ly abrió la puerta y había dos hombres vestidos elegantemente y serios.
Somos de Seguridad, el Sr. Facalet y Codeata. Por favor, haga el equipaje urgentemente, tenemos la orden de acompañarle al aeropuerto, aquí tiene el billete de avión, el pasaporte y el visado. Una vez en el avión rumbo a África haya salido de aquí no podrá volver nunca más –dijo uno de ellos. Y así no tendrá problemas.
Ly tenía el equipaje preparado, “así que ésta es la decisión” –pensó– “no voy a estar encerrado”.
Probablemente porque quieren mantener las relaciones diplomáticas sin problemas. Debido a esto fue puesto en libertad sin dar publicidad al caso… “Ly pensaba continuamente en ello, pero a Violeta la amaba como a nadie, y como tal, no podría amar a ninguna otra mujer en la vida.
“Además mantendría un profundo dolor en el alma pensando en ella. Tal vez milagrosamente, la tierra de África, su gente, le darían la fuerza necesaria para seguir adelante, me ayudarán a superar este amargo sufrimiento…”.

* Tomado del libro El cartero nunca más llama dos veces o Sueños... sueños... sueños.
Traducción de Jero Crespi y Ionuţ Trifon