REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
23 | 07 | 2019
   

Letras, libros y revistas

Comentarios sobre René Avilés Fabila


Roberto López Moreno

René: el sentido del tumor
Lígero (favor de no meterse con el acento, gracias). Lígero de mente y cuerpo, acomodado a la libre sobre un sofá puesto para el caso en el escenario de la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, René Avilés Fabila explica al público reunido que aquel señor Vicente Fox (su recuerdo nos debería dar risa, mucha risa para no dejar que nos gane la rabia, la mucha rabia), mandó a hacer una biblioteca, la José Vasconcelos, en cuyas inmediaciones calcinaban días soleados mientras en el interior del bibliario llovía.
La gente ríe; es tan ridículo lo que está diciendo el que ora desde el sofá, que la gente ríe (ahora sí, a rabiar). Pero ¿qué tal si llegara algún extranjero y se le explicara que lo que está diciendo el escritor Avilés Fabila, es la puritita verdad?, de tan ridículo el asunto el iniciado en el asunto no lo creería; pensaría que se le estaba queriendo “tomar el pelo”.
Y resulta que tan ridículo y tan verdadero es, que en una mente sana el hecho provoca llanto, unión y lucha de contrarios, y produce llanto de la tanta risa. Pero hablando en categóricos acentos, ésa es una risa cargada de ira al mismo tiempo, dicotomio que no se puede evitar maunque se quiera.
Escucho a René y pienso: “¿en eso se basa su sentido del humor tan mentado?, ¿en ponernos de pronto frente a nuestra ridícula realidad mientras seguramente él está pensando: “y háganle como quieran, chillen o rían, yo les doy el dato y el dato es cierto, lo demás es asunto del receptor ”.
Entonces, si así es, René Avilés Fabila lleva la ventaja, ya que su tan llevado y traído sentido del humor, es más bien “sentido del tumor”, porque una vez puesto en frases sobre los holanes atmosféricos no queda más que reírse (que viene siendo lo más sano) o terminar mentando madres, por los que nos han construido esta realidad o/y por los que lo hemos permitido. Cualquier renglón, cualquier tópico de los asuntos nacionales, desde la política hasta las altas esferas de los “cultos”, sufre de tan perversos tumores que René presiona con maestría frente a su público para que éste se desternille de risa cuando el pus invada los párpados del primer despistado durante el malvado acto quirúrgico.
Y rio, y yo también río, porque me reconozco en muchas de las cosas que René relata. A mí también me dijo esa desagradable perpetradora de agravios y deshonestidades, Consuelo Sáizar (prometo que será la única vez que vuelva a citar el nombre de esa cosa en mi vida): “yo a usted lo conozco muy bien, sé que lo conozco”, el día en que fue nombrada directora del Fondo de Cultura Económica y que por esa razón le organizó una comida la SOGEM. A mí también me desmontaron un libro de cuentos en el Fondo, “Yo se lo dije al presidente”, que llevaba ya varias reimpresiones y reediciones y que sin embargo fueron a refundir hasta el último sótano de la pomposa editora diciéndome que ya no se podía hacer una edición más porque todavía sufrían 300 ejemplares en existencia, pero esos ejemplares no aparecían en ninguno de sus estantes. Ya lo dije, estaban bien refundidos.
Cuando en un país un presidente de la República dice haber leído a José Luis Borgues o hace el lamentable recuento de los libros que alguna vez solapeó y cuando en ese país un escritor señala el caso, no nos está diciendo que lloremos… o sí… pero con un irónico y bien entonado “riamos, riamos todos, riamos a todo lo que demos, riamos porque si no, nos mereceremos el llanto que de verdad nos merecemos”.
Hace unos cuantos días un periodista preguntó por televisión a un político: “y usted, ¿cuáles son los libros que ha leído del venezolano?” el otro sonrió nervioso y dijo entre dientes “no me vaya a pasar como al otro…” y luego, ya dueño de sí mismo respondió: “El sabor de la guayaba”.
Estuve el pasado miércoles en el Palacio de Bellas Artes, escuché muerto de risa lo que con tanto ingenio René Avilés Fabila decía. Me percaté una vez más de su muy bien desarrollado “sentido del tumor”. Me tuve que retirar por compromisos ineludibles antes de que concluyera el escritor. ¡Cómo me reí! Salí de la sala. Empecé a bajar lentamente los escalones. Algo de mí, en mi interior, en mi yosísimo yo, lloraba, lentamente, lentamente ¿de dolor? ¿de coraje? ¿de risa? Lentamente. Lentamente bajé los escalones y me perdí en el oleaje de la calle… lentamente… muerto... de risa…

A Marianina

La niña fonofílica
que oyó a Avilés Fabila,
al hombro corno lúcido
y cítara tranquila,
añora estereofónica
consuelos de consola
de la filarmonía,
y armónica y anímica
las orejas afila
la niña fonofílica
que oyó a Avilés Fabila,
al hombro corno lúcido
y cítara tranquila.

www.robertolopezmoreno.com