REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
16 | 10 | 2019
   

Confabulario

Los Highlands


Roberto Bravo

GLASGOW

La mañana abriga a las personas rumbo a su trabajo. Limpia la ciudad es un espectáculo de gabardinas, chamarras y trajes que iluminan Buchanan Street, el centro de la urbe.
Las tiendas ofrecen ofertas de verano.
Escucho las noticias, y ahora a Barry Manilow.
La colmena se mueve sin descanso.
Un Late, el más grande, circula en mis venas.
Partimos.
Un lunch de Greegs, el más económico, va en mi bolso.
Charlie ha puesto una gaita. Profunda, suave, verde y húmeda hace que piense en ella. Es una danza escocesa.
Gris y fresco es el día.
El inglés de Charlie es difícil; la melodía del gaitero, dulce y lejana.


DROVERS INN

Verde agua, gris niebla. Un camino negro abre la montaña. Un pequeño valle, un desfiladero, una cañada de agua serena entre casas, hoteles, botes, turistas, cobijan historias de Roberto El Rojo, el legendario Raibeart Ruadh.
Frente a la antigua casa, hoy un hotel para recién casados, la cascada alimenta Loch Lomond.
Desayunan las golondrinas volando a ras del pasto. Miles de mosquitos hacen lo mismo con mi sangre.
Big Lomond, embozado por nubes y llovizna, vigila en las alturas.

GLENCOE

Un día -tiempo atrás- en este lugar ocurrió una masacre. En medio del invierno, un Campb ell, al frente de soldados del rey, comprometió su honor al pedir hospitalidad a los MacDonalds para descansar.
Su plan era contrario a su palabra.
Después de brindarles lo que el asilo establece. Mientras descansaban quienes les prodigaron seguridad y cobijo. El jefe y sus militares asesinaron a sus anfitriones.
El fuego con el que los arrasaron daba calor a las rocas y a la tierra. La nieve brillaba como los ojos de una bestia acorralada. El viento, al lamentar lo que ocurría, avivó el ánimo de los traidores que no descansaron hasta que cesaron los gritos.
Desde que cayeron esas aguas, canciones, crónicas, leyendas, cuentos y relatos, han sido una corriente azul sobre la que descansa una cruz blanca.

FORT WILLIAM

Harry Potter, ocupa el relato de Charlie. Intuyo que en uno de los lugares por donde pasamos se filmó una de las películas de este personaje.
Pagué doce libras por un paseo en Loch Ness, y visitar un castillo en ruinas.
Éste es un pueblo pequeño, pero tiene una tienda grande de souvenirs. El sonido de la sala me recuerda que el antiguo nombre de Escocia es Caledonia.
Comí mi sándwich de huevo con una coca cola, y vi el principio del canal más grande del mundo según Charlie. Su cauce es azul profundo verdoso. Lo habita un musgo que los yates y los botes modernos no pueden ocultar.
Ojalá encuentre a Nessie para tomarme una foto con ella.
El panorama es mejor que los cromos de los almanaques,
Teniendo dinero es sencilla y natural la vida en esta belleza.

LOCH NESS

El acero del lago abriga al aire del norte que lo recorre, recordándole que antes que los bosques dieran lugar a los campos de cultivo, el verde de las colinas era oscuro, un pensamiento, una pregunta sin palabras, una flecha lanzada a los astros, a la glacial corriente que lo sustenta.

INVERNESS

La canción que habla de ella es triste, austera. Tiene la seriedad de un rito gastado, de un metal inflexible, el aliento frío de los vientos septentrionales, la belleza del Thistle.
La luz es blanca, muerde sus calles con la dentadura de un pez, cobija los tejados, los envuelve. Es una nube de mar que alberga la tormenta.

PERTH

El periódico local informa sobre la nueva plaza que levantarán en el centro de la ciudad, del programa del ayuntamiento para los techos de las viviendas. De los clubes locales de deportes, sus dirigentes y jugadores destacados, aparecen con una botella de licor en sus manos. Propaganda oficial de proyectos con presuntos buenos resultados. Nuevas campañas de salud. Fiestas de sociedad, etc.
La empleada de la dulcería está cansada y atiende de mala gana.
En el estacionamiento, junto al bote de basura, una mujer joven fuma.
Las vacas en el potrero, pacen tranquilas.
Las colinas verdes suben suavemente inclinadas. Atrás, los cerros, y tras ellos, las montañas.
El sol está perdido.
Entre el azul escocés, las nubes.
Todo huele a doméstico, común; a gente seria, trabajadores cumpliendo sus horarios, volviendo a sus hogares un poco cansados, no tanto, quizá aburridos.