REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
21 | 11 | 2019
   

Confabulario

Leyendo perdí mi persona


Aram Lora

Y era así mi vida, una vida llena de aventuras y mil travesías, si yo te platicara estoy seguro que no me creerías ninguna de ellas, cada martes por la tarde era conseguir un boleto nuevo y subirme a un tren que me llevaría a ser el espectador de cosas maravillosas. Tengo que confesar que durante mi infancia me enamoré mil veces, maté más de quinientas ocasiones a mil monstruos y enemigos, viajé años luz y brinqué de punto a punto para conocer el futuro de mundos que jamás hubiera imaginado que existieran, para mi fortuna habría de encontrar la vida postrada en mi frente misma.
Tengo que contarte algo de mi mala fortuna, no me malentiendas pues he vivido como nadie, pero siempre en mi vida había alguna piedra que detendría mi prisa, recuerdo cuando a mis ocho años estaba sentado en la mesa de un gran comedor y me encontré con alguien bastante familiar, me parecía tan conocido, igualmente su atuendo, así como esa energía que desprendía al mover las manos con su bebida, por algún motivo el encuentro que esperaba sería maravilloso, aunque me faltaron las páginas para que esa historia terminara como un recuerdo añorado de una sonrisa, quizá lo que intento decirte es que esas aventuras eran mías, pero nunca me perteneció el libreto que dirigía mis regocijos al leer semejantes situaciones.
Pienso que comencé a sospechar que no era el dueño de mis alegrías cuando disfrutaba de presenciar revoluciones en países de climas extremos y especies extrañas que a los ojos de algún egoísta necesitaban cambiar de doctrinas y creencias, cuando fui el antagonista de las mismas historias comencé a entender la ternura de la mirada humana y cómo podía ser apagada por la crueldad de unas manos que no piensan, en esos párrafos comprendí que las desilusiones de la vida siempre van ligadas con la ansiedad por poseer de nuestra especie. También supongo que aceptar mi derrota fue tan difícil y me costaba tanto por rodearme de hombres que estaban seguros que o todos tomaban de la misma copa o ninguno disfrutaría del sabor de la gloria por derrocar imperios y aún más quise adentrarme en hoyos con fondos de un metro cuando entendí que ambos hombres eran tan amigos como el tiempo y el cese de la vida.
Siempre he odiado estar haciendo hipótesis y suponer la vida entera, pero nunca me salió de otra manera, siempre fue el azar lo que determinó mi siguiente misión, aventura y recorrido, por años me construí de esa manera y era la mejor que conocía, inclusive saber que la envidia popular y las coplas que mencionaban mi nombre no eran reales me dio la identidad más sólida jamás encontrada por ningún ser humano a sus cincuenta años de vida. Siempre creí que estaba más y más completo, página a página, soneto a soneto y sobre todo palabra a palabra que le daba sentido a todas mis perversiones no entendidas por ninguna institución, si a usted mi interlocutora no le parece tan triste mi historia entonces yo estoy alegre por saber que el entendimiento suyo sea mejor un aprendizaje cómico, pero al final de cuentas aprendizaje, de no ser así odiaría que mis palabras cruzaran siquiera el oído de sus susurros.
Crecí en una pequeña comunidad al norte de una península transitada de hombres de negocios, desamores y planes de conquistas territoriales, una península que hasta su pueblo más pequeño tenía más encanto que el ajetreado y mucho sentimiento de cualquier cúmulo de urbe y metrópoli, mis tardes las pasaba recorriendo y paseando en las maravillas de los recuerdos de mi infancia, pero nadie era tan especial como yo pues todos los martes tenía una cita obligada con el edificio que albergaba las letras y los pensamientos expuestos de todos los grandes narradores existentes. Todos los martes me sumergía en la plática irreverente de conejos apresurados y payasos que repartían propaganda para convertir mentiras en verdades, me veía inmerso en universos donde el ser humano era solidario comparado con la soberbia de entidades más inteligentes y que la mente más brillante conocida por nuestra necedad de entendimiento humano. Ya pronto en mi adolescencia brilló mi mirada cuando supe que el colegio sería el medio para conocer a semejantes narradores de mis aventuras, para conocer a los músicos de mis párrafos dictadores de camino entre obscuridades de lo que un niño de trece años puede entender.
Tu tan hermosa y tan de mirada interesante vas a tener que perdonar en lo que se convertirá esta historia, pues si para mí este fragmento de vida ha sido la mayor desilusión no me sería raro que el escucharme y enterarte de porqué me rompí te parezca igual o de mayor decepción que mi experiencia propia.
Comenzaría un corto (o al menos eso parecía) camino por los años venideros de mis sonrisas y tristezas, despedidas de mi madre que parecían eternas y al transcurso de los años volvería a escuchar su voz de consuelo amoroso como respuesta a todas las aventuras que después de romperme en mil pedazos consideraba ahora reales. Estoy seguro que las razones por las que estás aquí escuchando la voz de todas estas almas en este salón es porque entiendes en carne propia lo que es desilusionarse de todo y sentir aún peor, que la felicidad no es para nadie, simplemente creo que entiendes lo que te estamos contando pues has vivido de una manera tan plena que los años y meses donde todo marchaba bien en tu vida siempre les faltó algo, algo que no podías pedir, aunque se te regalara pues nunca supiste qué era.
No creo importante platicarte lo que sucedió en mi segunda década de vida pues al final de todo este viaje tuyo ni siquiera se trata de ti o de mí, pero puedo contarte de una persona que conocí cuando tenía ya treinta y más años.
A Tomás lo conocí en un pueblo de lo más peculiar y pequeño, la cantidad de habitantes era tan ridícula que si le ponías detenimiento y pensabas un poco en ello, era escalofriante siquiera estar ahí, tenían un alto sentido de pertenencia y organización; me sorprendió muchísimo saber que Tomás era muy aceptado a formar parte de esta comunidad cuando tenía solo unos meses de haber llegado ahí, es muy extraño que todas las personas que habitaban en el pueblo poseían una mirada tan triste que la sonrisa de buenos días pudiese ser tan honesta y reconfortante para un hombre como yo, un hombre triste. Al paso de los días me resultaba difícil hacer amistad con los amables habitantes y mi única compañía real era sentarme a observar el mar y esperar a que este tipo pasara todas las tardes moviéndome la cabeza en señal de saludo y detenerse en una banca al lado mío para nunca conversar conmigo. Pasaron así tres semanas y justo cuando empezaba a sentirme un virus de la pequeña comunidad me dirigió la palabra ese hombre. Nunca había visto tanta desilusión en los ojos de nadie, pensé por un momento que era la persona más miserable que hubiese visto en años, ni siquiera la mirada de mi padre atacado por la pobreza y las malas decisiones de su vida se le igualaba, al final era un poco de contacto humano lo que necesitaba desde hacía ya mucho, al final me habló:
-Llevas aquí ya un tiempo, ¿Qué piensas de esto?
-Me preguntaba desde hace días por qué no me habías hablado, está claro que somos los únicos ajenos a la isla, pensé que eso quizá nos pondría en un escalón de camaradería hacia una historia de amistad.
-No te conozco, pero hace un tiempo seguro que te hubiera hecho hablar hasta por los codos, supongo que hay cosas que nunca cambian -sonriendo un poco dirigió el cuerpo hacia mí y de piernas cruzadas comenzó a analizarme– anda pues, cuéntame porqué estás aquí, contrario de lo que sientes, los locales piensan que eres agradable, solo creen que tienes que tomarte tu tiempo para que los hagas tus amigos.
-Cómo dices eso, si bien no han sido más que amables y educados conmigo, siento que son muy fríos y distantes con los que llegan a perturbar su calma y rutina.
-El pueblo tiene un hotel, si no esperaran visitas no habría una persona en ese mostrador entregando las llaves de las habitaciones. ¿Alguna vez has perdido la estación donde tenías que bajarte por haber tomado unas copas de más?
Me pareció una de las formas más graciosas para darle hilo a una conversación, pero no tenía nada que perder pues este personaje de ojos tristes era lo más cercano a un amigo que tenía en aquel entonces.
-Sí que he perdido un tren o cualquier transporte más de una vez, pero no estoy seguro que haya sido por la razón que menciona usted -dije sonriendo. ¿Ya puedo escuchar la historia de cómo llegaste aquí?
-Sí, no veo por qué no– alcancé a notar una mueca y cómo fruncía el ceño -claro que tengo una historia de amor, casi como cualquier afortunado en este mundo y te puedo garantizar que es bastante intensa y digna de contarse a cualquiera que sufra tanto como tú, podríamos pensar que ayudaría a el alma de cualquier desdichado alimentarse de ella.
-¿Por qué piensas que estoy sin dicha y en sufrimiento?
-Vamos amigo, estás hablando con un tipo que apenas conoces y se te nota en los labios como cada palabra está a punto de romperse, además qué demonios harías en un lugar como éste si no estuvieras mal de alguna manera. En fin, después de sufrir como nunca había previsto, nos alejamos ella y yo, nunca había pensado en sentir tanto por alguien, obviamente jamás imagine que el dolor que le siguiera a tanta felicidad pudiese ser tan grande, si bien sufría y mis días eran bastante difíciles, existió en mí siempre una rara fuerza para moverme. Seria hasta el día en que me enterara que había un fantasma que acosaba a mi familia, cuando me preocupaba, no había mucho que hacer pues simplemente las cosas son como son, fue primero con mi hermano, comenzó a afectarle a él más que a todos nosotros. Continúo después con mi madre y así presencié de poco en poco cómo el fantasma que acechaba a mi familia se la fue comiendo por completo, si bien nunca terminó con todos ellos. Creo que la pérdida de mi madre y mi hermano fue suficiente para romper en demasiados pedazos mi pequeño sentido de pertenencia a algún lugar.
-Suena a que has sufrido más de una gran desilusión en tu vida y que eso te trajo hasta esta banca.
-A eso suena, sí, aunque está conformada siempre la vida de ese mismo sentimiento, ¿no crees? -dijo retándome con la mirada. Después de sentir que ya no pertenecía a ese lugar donde crecí, decidí perseguir una vez más a lo único que me había hecho feliz antes de perder a mi familia, mi grupo, y aquí estoy porque escuché que venir a este lugar me daría la siguiente pista para volver a encontrarla.
-Se está haciendo tarde, vamos a cenar algo, tomemos una copa y es entonces mi turno para platicarte de mí.
En el restaurante del hotel vendían una excelente merienda para dos personas que no tienen ansia alguna por conocerse de prisa y que tienen el tiempo necesario para escucharse uno al otro, cuando entramos me sorprendí al ver que les resultaba más familiar mi propia persona que Tomás, y era raro pues él llevaba ya meses ahí, deduje que no estaba de huésped ahí como yo y que estaba durmiendo en otro lugar, nunca averigüe dónde. Me apresuré a pedir nuestra cena y bebidas, después de comer por media hora en silencio decidí romper el silencio y seguir con la plática.
-¿Quieres escuchar mis motivos?
-Estoy para escuchar supongo, cuéntame la razón por la cual nos conocimos.
-Mi historia está repleta de altibajos, pero fue cuando pequeño que me atacarían las tristezas de mil personas, siempre viviendo en aventuras de otros y siempre viajando con el boleto de alguien más, esto último resultó ser la mejor opción para tener la vida envidiable que cualquier hombre inconforme anhelaría. Fue a mis trece años cuando cambié, un viaje escolar que prometía cumplir mi más grande deseo de conocer a los protagonistas de mis aventuras, de conocer la historia de cada uno de ellos, la historia detrás de mí mismo tendría por fin un orden que daría sentido a lo inexplicable en mi persona, conocería a los autores de todas mis aventuras, al fin podría darle trasfondo a todo lo que me formaba y todas las aventuras que me tenían orgulloso, orgulloso de poder cantarlas para quien estuviera dispuesto a maravillarse de lo que no conocen, y como no sería maravilla digerir algo que no podemos explicar su sabor, pero que jamás queremos dejar de tener en la boca.
Pero lo que más me interesaba era ir a este viaje escolar que representaba conocer a los autores de mis tardes cada semana, podría agradecerles por haberme creado y ellos podrían ver otra obra suya indirecta de sus ideas parada frente a ellos diciendo; "Gracias por dejarme conocer tantos lugares, tantas personas peligrosas e increíbles, tantos príncipes y monarcas con bondad suficiente en el corazón para alimentar un pueblo y gracias por haberme dado una existencia" -tuve que pausar pues el simple hecho de recordar mi infancia siempre resultaba complicado para mi habla.
-¿Qué sucedió después de saber que enfrentarías un episodio importante?
-Nuestra pequeña excursión continuó con el protocolo planeado del instituto, pero a mí solo me importaba nuestra parada final, esa muestra de autores y colección museográfica de mis autores, de los dueños de mis aventuras, no podría describirte la sensación de alegría, había ya vivido en esas páginas muchísimos años y en diferente época que de alguna forma me sentía cansado y ansioso por ponerle cara a mis letras.
-Es un tanto cautivador y perturbador como un infante puede sufrir de semejantes males.
-Jamás lo pensé de esa manera, solo era como era, al término del día llegamos a un edificio enorme donde estarían albergados mis tan esperados por ser conocidos locutores, a la entrada una sala enorme con tres grandes pasillos iluminados, hermosos, tenía el corazón por explotar y eché a correr entre los pasillos y las salas que conducían, solo encontraba el nombre de mis autores en los dinteles de entrada a cada sala, dentro veía una serie interminable de retratos de señores y mujeres saludándose, posando para una fotografía, otros tantos quedándose quietos para ser pintados, encontré también muchísimos papeles con letras ahí grabadas que daban fe a otros trabajos de mis autores favoritos, había por igual algunos muebles y artículos con leyendas como; "Aquí se escribió tal..", "Este escritorio perteneció a tal…", "Vestido de gala que utilizó tal…". En este punto mi acompañante estaba con la mirada fija en mí esperando que terminara de contar mi desilusión. Hubo un momento en el que no aguanté más y pregunté a una de las personas ahí presentes por qué no estaban los hombres y mujeres que habían escrito mis aventuras, mi vida misma y la única respuesta que obtuve fue una carcajada sin mala intención y un "Niño, toda esta muestra está realizada en honor a la obra de muchos, pues ellos ya murieron, algunos hace décadas y otros ya siglos".
-Imagino que la tristeza venidera a semejante desilusión desataría toda una vida que de alguna manera te conduciría aquí conmigo, quizá no debías de contarle a nadie hasta que estuvieras aquí, piénsalo bien, eres algo así como un enfermo terminal, alguien que no se siente querido por nadie y que sin duda no tiene caso rogar por un poco más de amor, sería un desperdicio. Por eso viniste a parar a este pedazo de tierra aislado, piénsalo bien una vez más, cada tres días viene un bote del otro lado del agua para transportar a los que salen de aquí, algunos salen con los pies por delante también, la gente que viene raramente tiene contacto más allá de lo necesario con los habitantes, y somos personas como tú y yo los únicos que mueren por no irse de aquí, los únicos que ya no tienen prisa, los únicos que se sienten cómodos con la incomodidad de todos los habitantes, esa incomodidad generada por saber que nuestros días están contados a la mitad que los del otro lado del agua que se ve desde aquí, es peor tener un alma rota que una enfermedad terminal porque para la primera no se ha encontrado receta que cure o remedio que calme.
Terminamos nuestra velada y no estaba seguro si el viaje a este lugar representaba avance alguno en mi evolución hacia la satisfacción por vivir la vida propia o fue una noche más con cualquier extraño, lo acostumbrado.
El martes en la mañana siguiente a mi plática con Tomás bajé a hacer mi caminata matutina de costumbre y el encargado del recibidor me entregó una nota:
Mi triste infante
Con los puños por delante de tus pasos, volteando hacia atrás únicamente para admirar lo lejos que has llegado, por favor, nunca dejes que las ironías de la vida rompan con tus ilusiones de sonreír, prohibido que el sarcasmo diario del destino haga que dejes de soñar en grande, prohibido pensar que está siempre mal rogar por amor a la vida.
Algo de lo que platicamos ayer me hizo querer salir de aquí, me voy pensando que todas estas personas se quedan con un poco de mí, pensando que siempre disfruté de darles la mano cuando muchos no quisieron ni acercarse a ellas, disfrútalos el tiempo necesario, tu sabrás ya cuando tengas que irte de aquí, gracias.
Tomás

Y así mi amigo se había marchado, pasaron unas semanas y sin querer escapar era momento de irse de ahí, no exactamente porque ya no tuviera ningún apego emocional a tan raro lugar, ni a la gente que me conoció allí, tenía la incertidumbre de pensamiento que ellos han sido mucho más increíbles de lo que su persona misma alguna vez pudiera percibir, pero es entendible que una persona tan egoísta no pudiera ver un poco más allá de sus anhelos únicos, había ido ahí a curarme de algo que ni siquiera me estaba matando pero solo para encontrar que muchas veces somos más medicina que enfermedad misma.
Quiero dejar en claro que todo lo que estoy platicándote preciosa te lo digo estando un poco enamorado e intoxicado de emociones varias, un poco enamorado de mí mismo, de mi alrededor y para ser honesto no sé si de una mujer, varias o ninguna, así que si en un momento no tiene o tuvo el sentido que usted esperaba al escucharme, pido su mayor comprensión al intentar obtener algo de mis palabras, le pido que escuche estas palabras desde los ojos de un tipo que no tiene ni el menor sentido de hacia dónde se dirige su tiempo ni su vida, pero que ha logrado dejar atrás infinitas tristezas y curarme de los peores males que ha conocido alguna vez la humanidad, espero mujer que mis palabras ayuden en tu recorrido y que entiendas que mi viaje aún no termina pero es este relato lo que me trajo aquí esta noche, que entiendas que venir a contarte todo esto no estaba en mis planes, pero así como Tomás, "aquí estoy porque escuché que venir a este lugar me daría la siguiente pista para volver a encontrarla".