REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
11 | 12 | 2019
   

Letras, libros y revistas

Julio Cortázar y el hueco infinito de su ausencia


Armando Reyes

Para Marjolyjo

¿Quién era en realidad este hombre, que no se parecía a nadie, tímido y polémico, infantil o con aspecto de guerrillero jubilado, vanguardista al extremo o autor de impecables cuentos de estructura clásica, solitario y enamorado, pudoroso o exhibido hasta los huesos, según el texto o la oportunidad? A decir de Gabriel García Márquez, Cortázar “era el hombre que se podía imaginar con una cara de niño perverso dentro de un interminable abrigo negro que más bien parecía la sotana de un viudo, y tenía los ojos muy separados, como los de un novillo, y tan oblicuos y diáfanos que habrían pedido ser los del diablo si no hubieran estado al dominio del corazón” también de él el Gabo dice “Los ídolos infunden respeto, admiración, cariño, y por supuesto grandes envidias. Cortázar inspiraba todos esos sentimientos como muy pocos escritores. Cortázar fue, tal vez sin proponérselo, el argentino que más se hizo querer en el mundo” de igual modo José Saramago dice de Cortázar “Cortázar parece un humorista, un clown, un funámbulo que parece estar divirtiéndose a costa nuestra. Pero en verdad, un gran escritor y una estupenda figura humana”. A propósito de que el pasado 26 de agosto de este 2011 se cumplieron 97 años de lo que ahora sabemos no fue una mera coincidencia gramatical, poblacional o de cualquiera de los arcanos posibles para que el mundo de las letras recibiera a quien le dotaría de todo un continente de esa extraña manera de concebir el mundo de la vida. La agitación de conceptos tradicionales como el de la imaginación y el de la creación posee un nuevo espacio en lo que toca a la imaginación fantástica y la fantástica imaginación y con ello el mundo y sus hombres es invitado a producir, compartir y distribuir esas imágenes que Julio Florencio Cortázar Descotte inventó desde que abrió el primer ojo y dio su primer berrido aquel 26 de agosto de 1914 en la ciudad de Bruselas, y que después fue trasladado a la Argentina a los 4 años, para que a los 6 cumplidos fuese abandonado por su padre, el señor Julio José Cortázar Arias. Tenemos entonces que para Cortázar su nacimiento es consecuencia de la casualidad y la diplomacia también, desde entonces Julio Cortázar nos mostró la algarabía del ser que se cimbra al contemplar y compartir, entre otras cosas esas letritas, nombradas perras negras que te carcomen el alma, el espíritu y la vida misma, letras hechas cuentos, prosas y poemas del gran cronopio que todos conocemos, el cual ha marcado un hito en el mundo de la literatura, la historia, la música, el Jazz y la pasión de un Charlie Parker, de un Clifford Brown y de Louis Amstrong, y tener el genio para producir y compartir otra manera de mirar la vida en lo que toca al arte, la cultura y el saber. Particularmente en ese continente de lo novelesco, lo fantasmático, el lenguaje y su participación y militancia política que lo acompaño más allá de su muerte.

Así, para el autor de Rayuela, la magia y la fascinación de las palabras está anudada a la vida vivida como poema y al poema hecho de la vida de los hombres. Azares que ha vivido, según Cortázar el hombre en el laberinto del lenguaje en la permanente y eterna cosquilla de la palabra. Escritor incansable, no deja pasar momento de producción donde plasme su construcción de letritas, motivo por el cual va a ser admirado y rechazado, recordado y enterrado, cuestionado y criticado. Este escritor de 1.93 como a él le gustaba precisar, dentro de su prolija obra, hay que destacar al hombre público, al cuentista de lo fantástico y de la fantasía, al escritor nato, al hombre enfermo de leucemia y al militante político que cree en las causas nobles de esa parte humana que tanto le ocupaban a partir de que sabe de su existencia y de tomar la decisión de darle parte de su vida y de su escasa fortuna económica a tales causas, lo mismo en Chile, que en Nicaragua igual lleva a cabo campañas codo a codo en las barricadas parisinas, así como, y aunque en menor medida y a distancia, en su natal y doliente Argentina. Y que además de ello igual hace saber a todos su pasión y amor perpetuo por la Isla de Cuba, ya en su celebre poema Yo tengo un Hermano, rinde homenaje a su paisano Ernesto Guevara de la Serna, mejor conocido como el che.

Las letras en la pluma de Julio Cortázar son y entran en un remolino candente pero con ese estilo muchachero de barajar con eterno desparpajo los inicios y los aparentemente finales de sus escritos, justamente leyendo y escribiendo a saltitos y en ocasiones a desconcertantes brincos, tal como aparece en Rayuela, escritor y lector columpiándose rebosantemente en la historia, el arte, el psicoanálisis, el mate, el cigarro y la pipa, la hoja en blanco y el libro, el cine y el jazz, la Mitología griega y los tangos de Gardel, la maga y el Club de la Serpiente, compartiendo con vagabundos, perros, putas, pianistas y zánganos buenos para eso y, empinar el codo y arrastrar la pluma. El mundo de las letras en lo particular se puede decir que lo encontramos antes de Rayuela y después de Rayuela

Rayuela es, además un festival de Jazz. Con la excusa de que un grupo de protagonistas, nucleados en el Club de la Serpiente, salen por las calles de París de “discadas” (a escuchar discos), el autor llena la trama de referencias a temas y versiones. Como sembrando de pistas el camino de un posible indagador de sus gustos. De hecho, ya en el siglo XXI, un sello musical español cedió a la tentación de publicar un disco ciñéndose al recorrido por el Jazz que propone la novela y lo llamo Jazzuela. En el ano que siguió a su edición, apenas se vendieron cinco mil ejemplares de este libro que hoy es considerado el clásico de los clásicos de su época. Sin embargo, el impacto que produjo en las letras latinoamericanas y la enorme cantidad de críticas e interpretaciones que motivó casi no tienen parangón en la historia de la literatura en castellano del siglo XX. La Maga y Oliveira quedaron incorporados a la galería de los personajes clave de la lengua, y hoy sus nombres bautizan librerías, bares y revistas de buena parte de la América hispanoparlante. El homenaje al Jazz no es un capricho, ni sólo un tributo a sus gustos, sino que suena lógico si se toma en cuenta el espíritu de improvisación, vagabundeo y falta de ataduras que caracteriza a la obra. Rayuela, subraya un crítico, no recurre al Jazz sólo por su carácter de música prestigiosa de la rebeldía sino para atender allí que el absurdo es permanecer aislado creyendo en la acción, o en la inacción, sin haberlas merecido previamente. En ese sentido, como metalenguaje, el Jazz colabora con la destrucción del lenguaje arcaico, inútil ya para trasmitir sentimientos o sensaciones. Rayuela abrió una serie de avenidas para la novela Latinoamericana y mundial que no acabamos de explorar aún .

Cortázar destartala el tradicional oficio de escribir y el de leer del lector, pone a prueba la seguridad lógica de la mente de quien lo lee, en la cual su existencia se macuya excitante e inquietante en el reino nostálgico de la búsqueda de los personajes. Así la escritura de Cortázar agita lo frágil y presenta el goce de lo distinto, el gusto por acrecer los felices riesgos de la improvisación, la fantasía, el juego, es en él otra forma de lo poético, entendido como una disposición de la conducta, en su relación con el mundo, no ya sólo como la poesía-poema, es decir de la invención de la libertad, de lo que está abierto, se a dicho que la literatura de Julio Cortázar es una afirmación del hombre como posibilidad. Muy semejante a un ladrillo de cristal.

Al tiempo que Cortázar desdobla sus letras, su lenguaje y su creación, en todo deja inmiscuida su vida, más allá de lo absurdo, tanto en Los Venenos, y en Los Autonautas de la Cosmopista, deja ver esa orilla cronopiobiografica la cual se hermana de manera lúdica con ese hermoso relato nombrado Instrucciones para Llorar, el mismo que es capaz de arrancar carcajadas de ésas que sacan lagrimitas traicioneras llenas de espasmos, mocos y más risas con gotitas sabor a sal.

Esta adulteración del lenguaje y de esa fermentación de algunas palabras que este enormísimo cronopio causara, será la prueba de esa espantosa y seductora libertad que él se instala para sí mismo y para quien la desee compartir, primero por medio de sus escritos y después siendo lector cómplice en y con Cortázar. De allí que su concepto de lo que es la literatura sea eso, que se relaciona con el nacimiento de una voluntad del lenguaje, con una voluntad de utilizar ese lenguaje para crear una nueva visión del lenguaje, y por lo tanto del mundo en su descubrir. En un escrito a Pablo Neruda le escribe: sé que le debo a Neruda, poema tras poema, libro tras libro, su imperiosa brújula de nuestros rumbos. También le debo esa sonrisa de muchacho, los paseos y el placer de sentir el aire libre. Y agrega Por eso escribo, creo y divulgo; los libros son para mí, la vida entera, mi sustento y mi futuro, mi ying y mi yang, el regreso y el inicio de todo andar en proceso, si no hubiera escrito Rayuela me hubiese arrojado al Sena.

Finalmente para Cortázar como para quien esto escribe, la pasión por el texto es ineludible de la vida misma, de igual modo creo que el oficio de lector descanza allí, donde la literatura hace brillar la pasión por las letras en su saber y en las particularidades de su manifestación como lo es el arte, la cultura, el saber y sus ignorancias. Al morir y desde antes cuando sufre la pena de la pérdida de Carol Dumlop al enterarse de ese mal que terminaría con su vida, Cortázar presiente que el regreso a su ciudad, como él lo dijera, está próximo, al dejar esta tierra. Justo ese domingo 12 de febrero de 1984, a las 12 horas este queridísimo cronopio de 1.93 metros y gracias a una leucemia que le provocó un paro cardiaco, dejó este mundo; para habitar la ciudad que construyó y le esperaba desde que nació aquí en la tierra ajena, y sentencia: al fin regreso a mi ciudad. Julio Cortázar es ya un escritor que para muchas generaciones significará algo, tanto Rayuela, los cronopios, las famas, las esperanzas, la maga que ronda por todo el mundo, Horacio Oliveira, Talita, el pequeño Rocamadour o cualquier miembro del club de la Serpiente, es ya motivo de complicidad con esas causas que están latentes en el mundo de la obra de Cortázar. Una muestra de ello es la tumba que resguarda los restos de Carol y Cortázar y que cada día se mira apretujada de cronopios que lo mismo le leen en vos alta un poema o un pasaje de cualquiera de sus libros o los que le dejan un cigarrillo o una frase como muestra de inmortal olvido y de toda su querencia, porque afirman, sus letras, sus personajes, el cruce de historias les cambió la vida a más de uno. La tumba de los Cortázar tiene como vecinos a Charles Baudelaire, Jean Paul Sartre, Simone de Beauvoir, Samuel Beckett, Emil Cioran, Porfirio Díaz, Marguerite Duras, Emile Durkheim, Guy de Maupassant. Ello en la tercera fila del cementerio de Montparnasse, un espacio que huele a tinta, poesía con mate y prosa lustrada con la ternura latinoamericana, misterio gozoso que mueve a inquietud, así como en Rayuela, el juego inicia al tomar la línea 6 del metro y descender en la estación Edgar Quinet, según el dibujo que ofrece el mapa oficial elaborado por la administración del cementerio, desde la entrada principal hay que caminar doscientos metros y doblar a la derecha sobre la calle Allée Lenoir, tomar una pequeña diagonal y de frente dos lápidas simétricas se disponen una al lado de la otra. Son las únicas diferentes en todo el cementerio. De guarnición una escultura diseñada por los argentinos Julio Silva y Luis Tomasello.

Así, tenemos que la palabra Cortázar fue para mucha gente un sinónimo de ética y de esperanza, por ejemplo. Estuvo de moda leerlo y citarlo. Se convirtió en un icono pop, como los Beatles o Pablo Picasso. Para los militantes sociales, comenzó a ser el ejemplo del intelectual cercano a las luchas populares. Y para la derecha y los reaccionarios, un ejemplo de cómo la política puede ensuciar a un hombre. Quizá por ello para muchos la búsqueda de la Maga es interminable y se regocijan de continuar buscando del lado de acá, del lado de allá y de todos lados.

Por último es posible traer acá esa frase que en forma de epitafio escribió John Keats y que se deja leer allá en la tumba del pequeño cementerio de su vieja Italia “aquí yace alguien cuyo nombre se escribió en el agua” la cual sin duda embona perfecto con el sentimiento de Julio Cortázar. Julio Cortázar el escritor de la humanidad, el humor y la fantasía, el escritor que piensa lo que hace y hace lo que piensa, el escritor coherente de todos los tiempos.

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1 Polimeli, Carlos. REP, Miguel. Cortázar para Principiantes. Editorial Era naciente. Documentos Ilustrados. Argentina 2006. Páginas 120 a 121.