REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
14 | 12 | 2018
   

Arca de Noé

En el origen, el lenguaje era un gorjeo de bebé


Hugo Enrique Sáez A.

La filosofía es una lucha contra el embrujo
del entendimiento que efectúa el lenguaje

Wittgenstein

Égloga
Como lo había decidido en la mañana al despertar de una pesadilla, se puso a caminar extraviado, hacia cualquier parte que sirviera para escapar de esa ciudad en poder del crimen. Al mediodía se detuvo, extenuado, a descansar recostado en una roca; miró los verdes árboles verdes dispuestos en ordenada fila que lo saludaban en la lejanía; un cenzontle se dedicaba a picar con ahínco semillas dispersas a unos metros de distancia; en su espalda, apoyada en la piedra, sintió que el sol lejano ardía; bebió agua tibia de un termo que extrajo de la mochila tirada sobre el pasto seco; en el cielo las nubes, enigmáticas, danzaban cambiando de forma y de color; rápido calculó que esa agua escasa no bastaría para calmar la inclemente canícula, y se secó la transpiración; a lo lejos pastaba un potrillo, ¿y dónde andaría la madre yegua? Quizá lo más sensato sería atravesar la seca pradera y protegerse a la sombra de aquellos alerces que se divisan en el horizonte.
Tomó conciencia de que allí todo encajaba con todo, todo tenía sentido para la roca inmóvil; y los árboles ahora verdes no se preocuparían al perder las hojas en invierno; en su vagar infinito el sol es un infierno que no sufre, su calor de miles de grados centígrados es su esencia, no la suya; las nubes vuelan sin alas; el potrillo travieso buscaría olfateando la huella de regreso con su madre. Y yo viajero, se dijo, ando en busca de ser sin saber qué significa ese verbo interrogante. Es que con los hombres no se puede vivir sin ser alguien. ¿Y cuál es mi esencia? ¿Cómo hizo el cenzontle para hallar el lugar preciso de su comida? Hojeó el libro de Pessoa y se dio cuenta de que todas esas preguntas suyas no eran nuevas, y tampoco originales. Las palabras que se repiten no nos llevan a ninguna parte. Una estela blanca en las alturas lo hizo reflexionar. Los que viajan en ese avión saben que son un pasaporte, pero no saben que ignoran el ser. Y yo me muevo hacia el ser que sé que ignoro. El humano es un ser que piensa; en acto, …o en potencia que nunca llega al acto.

Preguntas
¿Qué sabes hacer?, preguntaron a Diógenes el perro al ofrecerlo como esclavo. "Gobernar hombres", respondió. Con respecto al poder y al mandar, Robespierre plantearía siglos después un teorema político, que se aplica a nuestros días, cuando afirmó que, a mayor ignorancia colectiva, mayor corrupción e impunidad de los gobernantes. Y yo sostengo que la única comunidad posible para el animal parlante que somos es la comunidad del corazón, dicho sin frivolidad, corazón entendido como Eros, esa fuerza de vida que se expande, que tiende puentes con los otros, que crea nuevas perspectivas, que nos hace crecer. En particular, me refiero a los sentimientos que en la diversidad nos unieron en esta aventura del pensamiento y de la creación que ha sido durante más de 18 años la revista El Búho, que hoy concluye su ciclo en este número 200. Nuestro ejemplo ilustre fue René Avilés Fabila, ese constructor de cultura hasta su último aliento, junto a la doctora Rosario Casco, que siempre fue un sustento discreto y activo del proyecto.
La escritura y las imágenes fueron los artífices del universo del Búho. Primero hablamos, después escribimos. Y yo distingo dos tipos de escritura. La cultura del espectáculo que se difunde por los medios emplea una escritura performativa que se caracteriza por programar conductas colonizando el habla, y hablar es actuar, como decía Aristóteles en la Metafísica al definir al humano como el animal que de la voz (mera emisión de sonidos) pasa al lenguaje como instrumento de socialización. El tiempo de esta escritura se dirige a un presente absoluto al que debemos abandonarnos y nos muestra una realidad en acto dominada por la mercancía. Se trata de modelar la subjetividad mediante una violencia simbólica manifestada en propaganda, cuyo propósito es imponer significaciones como legítimas e inamovibles, al tiempo que encierra a los individuos en una masa informe de esclavos sujetos a la realidad virtual, educados en el odio hacia un enemigo exterior construido con burdos elementos de maldad y destrucción.
Así se generan prácticas reproductoras de las estructuras sociales, en las que rige una ley sin significado práctico alguno para los súbditos. El proceso educativo, que se inicia en la familia y en las amistades, se amplía al continuarse en las instituciones pedagógicas y en los educadores de facto llamados mediáticos, cuya misión se aboca a reproducir las estructuras arbitrarias de la cultura y en situaciones contingentes las presenta como necesarias y únicas. El proceso de condicionamiento pedagógico equivale, en cierta medida, a la transmisión del capital genético de tipo biológico, dado que inculca una información generadora de información semejante, en la que consumir se convierte en una acción sagrada para acceder a la calidad de persona reconocida por la manada. El primer desaparecido por el gobierno de Macri, Santiago Maldonado, escribió alguna vez que “El futuro es el que nos venden. No compro, aunque otros lo hagan”.

Violencia
Es curioso que en un texto literario se sostenga que la violencia equipara a los hombres con las bestias, sin distinguir la naturaleza ni los fines distintos que se persiguen en ambos casos. Me estoy refiriendo al séptimo círculo del infierno en la concepción de Dante Alighieri. Se ubican en su escena violentos de distinta índole, de acuerdo con los tres giros que se alojan en este nivel. En el primer giro se hallan los tiranos, los homicidas, los delincuentes; es decir, que han ejercido violencia física en contra del prójimo. En el segundo giro se disponen a los suicidas, que ejercen violencia contra sí mismos, y a los derrochadores, que han requerido apropiarse de bienes en forma desmedida. Por último, el tercer giro es muy interesante. Junto a los blasfemos y a los sodomitas, encontramos a los usureros, que ejercen una especie de violencia invisible, aún hoy, pese a que se invistan como entidades financieras legales. Más allá del objetivo literario de La divina comedia es interesante reflexionar que la violencia simbólica puede ser invisible y ejercerse a la distancia, como ha sucedido con las crisis financieras.
No obstante, hay otra escritura distinta a la mediática que insta a pensar, a crear, a asumir nuestra singularidad. Como nos enseñó Foucault, en las relaciones humanas se imbrica todo un haz de relaciones de poder que pueden ejercerse entre individuos, en el interior de una familia, en una relación pedagógica, en el cuerpo político, etc. Y allí domina el discurso del amo, circular y repetitivo como el imperativo letal de Thanatos, instinto de odio, muerte y destrucción. En contra de esa dominación se erige el discurso poético, en un sentido amplio, que muestra el placer más allá del goce instantáneo. La escritura que practicamos se dirige al deseo para despertarlo de la modorra cotidiana. Me complace al hacerlo ser hereje de todas las creencias estáticas. Una forma de vivir el presente sin renegar de la historia que el neoliberalismo pretende borrarnos.
Esas páginas escritas se enfocan en el alma del lector y engendran una potencia sin culpa para escapar de la jaula de hierro que esbozó Max Weber como expresión de la creciente racionalización de las relaciones sociales mediante la ciencia y la técnica. Esa potencia anidada en el alma, y sumada a otras, algún día irrumpirá con fuerza para transformar la miseria de este mundo violento en una convivencia comunitaria que respete las diferencias sin necesidad de explotar al semejante.