REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
20 | 07 | 2019
   

Arca de Noé

Adiós a la ciudad de México - Ensayo futurista


Miguel Bautista

INTRODUCCIÓN
Todo adiós es atroz, fugaz y melancólico. Dejamos al amigo, a la novia o a la madre cuando emprendemos un viaje ligeros de equipaje o cargando los archivos de la melancolía. Una despedida es la vuelta a la memoria del gesto único, de la sonrisa o el saludo del amigo fiel, reconstruyéndose paso a paso en nuestra mente. Los humanos siempre dicen adiós alguna vez, y casi siempre olvidan. Es la ley de los afectos. Cuando decimos adiós a la Ciudad de México entonamos más que un adiós, un “hasta luego”, porque si las urbes cambian conservamos nosotros su recuerdo inmóvil fijado a los momentos de vida y movimiento, alegría y plenitud de vida. “Adiós” pero “hasta luego” y nos abrimos a nuevas imágenes, novedosas experiencias…

Tal mi “estado de ánimo” al escribir estas líneas previendo el presente y el futuro de nuestra Ciudad Capital, la que Hernán Cortés mandó buscar la traza, las avenidas y los barrios, transformándose en una capital de la alegría y el dolor de muchos hombres y mujeres llamados americanos, y más tarde mexicanos. Crecí y viví en una urbe que teníamos a la mano, por las vías de comunicación usuales, nos era familiar el trabajo, la oficina, el super-mercado, la tienda, el centro comercial, la clínica de salud, la Universidad, el “Centro”, animado de bares, restaurantes, almacenes y vida nocturna. Todo se animaba de vida y entusiasmo juvenil, decoro y marcado interés en tener una vida de comunidad, alegre y franca, Ciudad de hombres de generosas empresas del espíritu y la industria, el saber y la fiesta. Te saludo.

I

Este ensayo es en su primera parte, una evocación cierta y positiva de la Ciudad de México de hace unos cuarenta años. México, su capital, vista en el recuerdo de una forma cordial y también a través de la pluma, la versión de algunos escritores, que la observaron y evaluaron como una urbe del Tercer Mundo, dinámica, popular, emergente y cosmopolita. En un segundo momento se echa una mirada rápida a la situación actual de las condiciones de vida y transporte en la capital de la República, tratando de hacer un retrato de su dinámica del presente.

II

Una flota de tranvías aparatosos y a la vez ligeros que se desplazaban movidos por electricidad conectaba las diversas zonas de la capital. Tacuba, Mixcoac, Buenavista, el Centro eran zonas de la antigua Ciudad de los Palacios, con casas de piedra de estilo neoclásico, grandes, suntuosas propias de una clase social poderosa. Con el tiempo la zona de mayor bienestar de la Ciudad se trasladaría a las Lomas, y al Sur, donde la Ciudad Universitaria sería el catalizador del crecimiento exponencial de la capital.

El automóvil había irrumpido hacía tiempo en las calles pero sin avasallarlas, el peatón conservaba sus espacios, aún no era esto la rebatinga por el paso. El comerciante, el profesionista, el campesino que la visitaba la disfrutaba a la ciudad. Era el Reino del Aire puro, inocente de una capital grande, abierta, dispendiosa. Tenía ya por su arquitectura y servicios un tono cosmopolita, como Luxemburgo o Nueva York, de urbe emergente que crece y progresa sin olvidar su pasado histórico, es decir, la pátina del tiempo.

En fin, se trata de una dinámica ciudad con aires de provincia, al mismo tiempo urbe cosmopolita que no carece de los servicios y del confort de lo mejor del planeta. Lo local se anuncia en su gente morena, lo universal en su espíritu emprendedor. Tenemos México para un buen tiempo. Tras cien años de la Revolución y experiencias políticas acordes con el genio nacional –cien años de coexistencia pacífica y realización cotidiana de proyectos a escala nacional en todas las áreas– hemos entrado, diría yo, en la mayoría de edad.
Ello ha traído conflictos y presiones sociales que nuestra gana de ser siempre unidos una Nación, nos da las fuerzas para vencer.

Posiblemente alguno recuerda a las familias yendo al bosque de Chapultepec, al picnic. A los conciertos de la Orquesta Sinfónica o a la ópera. Ciudad Universal por el arte de los grandes, y de la gente menuda que se solazan en un pradito el fin de semana, intervalo entre una semana de trabajo y otra. La gente se desparramaba por la ciudad, a la Alameda Central, donde se consumen helados, dulces, golosinas, donde la felicidad deja ver su rostro en un infante o en una mujer hermosa.

LA URBE EN LA CULTURA

En la cultura Alfonso Reyes otorgó su Visión de Anáhuac el libro donde describe con imaginación y fidelidad histórica los aspectos de la Antigua Ciudad de México, tal como la vieron los conquistadores. Evoca a la ciudad lacustre, donde brillaban las chinampas, los templos y las canoas, guiadas por mexicanas ataviadas con telas de colores. Don Alfonso no escatima elogios a la región más transparente, donde relumbraba un Valle de México con una ciudad industriosa. Y el paisaje de verdes, claros y azules deleitaba la vista del viajero.

La novelística de Carlos Fuentes ha retratado la ciudad de México como una especie de vitrina del cambio del País hacia la Modernidad, pintando personajes y ambientes, costumbres y prácticas de sus habitantes. Se nota una urbe en crecimiento y entusiasta por su progreso, las perspectivas que se le abrían a la gente, que con cierta ingenuidad e inocencia se asomó al despliegue de una vida con todas las pasiones, retos, es decir, los citadinos se afanaban por vivir con plenitud los cambios de su ciudad: Progreso y relajo, riqueza y pobreza, nobleza obliga como dice el escudo de la Ciudad de México.

José Revueltas, quien da un giro a la contemplación de lo bello, agradable o armonioso, para dejar ver lo prohibido. Su filosofía existencialista le permite pintar seres marginales que describe con intensidad, su filosofía parece ser la transgresión como forma de adaptación, y sobrevivencia. La literatura en su caso expone lo que la sociedad condena; el hombre está arrojado al mundo, piensa y vive, siente el lado oscuro de la naturaleza humana: el pecado y la crápula. La ciudad esconde todo esto pero no lo oculta; Revueltas es el veedor de todas las miserias, no deja esperanza. Sus cuentos dejan atisbar los infiernos de la gran ciudad. Las cárceles y los manicomios, el underground reprimido. Su actitud como hombre y como narrador le conduce a dudar de todo: la vida está en otra parte, la felicidad extraviada.

En cambio, Carlos Monsiváis describe la ciudad política, por así decir, de quienes participan y se organizan. Le imprime a sus crónicas del activismo, un sello de inteligencia y esperanza. La ciudad nos pertenece siempre y cuando actuemos en ella y para ese propósito contamos con la filosofía de la participación, el civismo.

Como habitante de la Ciudad de México Octavio Paz la vivió, gozó y padeció desde su niñez que transcurrió en Mixcoac y su juventud como estudiante de la Preparatoria donde tomó contacto con su esencia: Ciudad de Tezontle y de proyectos de un México nuevo, que le tocó construir. El poema “Nocturno de San Ildefonso” expresa la vivencia del escritor ya maduro sobre su juventud pasada, y al joven Paz, parece decirle, que soñó fuertemente con transformar el mundo pero le faltó humildad. Desde el momento de la escritura el autor evoca su pasado, su ciudad y su compromiso con la poesía moderna.

Se podría decir que si el arte moderno es más abigarrado y más libre, menos formalista, a las ciudades de la modernidad les sucede algo parecido: Se descentran como México, se extienden y ramifican para satisfacer necesidades de grupos que tienden a hacerlas más glamorosas, como Ciudad Satélite. Así llegamos a la gran urbe desgajada de un Centro. Al mismo tiempo las costumbres se hacen más libres de ataduras y convenciones. La llamada cultura de los jóvenes, el Rock, la protesta estudiantil, la liberación de las mujeres, crean las condiciones de una liberación cultural sin precedentes, que cambió las formas habituales de trato entre la gente, las generaciones y los sexos. Los jóvenes tomarían la Ciudad por asalto. 1968 fue el desfile de deseos, agravios y cóleras. También del paso de la acción en grupo a un más acentuado individualismo y de la acción petardista, al actuar en los organismos políticos regulares.

En un país con grandes rezagos en la alfabetización de sus habitantes Salvador Novo -ese Petronio de México- escribía seguramente para las élites, con picardía, ingenio, burla. Y lo hacía porque la misma red del poder y la riqueza -el llamado Establishment- se lo pedía a gritos, necesitaba como las mujeres bonitas un espejo donde verse, admirarse, conjurarse. Es que Novo fue el poeta del humorismo fino, del interés en las novedades siempre que acarrearan enriquecimiento del espíritu, sus homenajes a la gran Capital de México abarcaban lo mismo el poema a las flores “Florido laude” que su presencia de árbitro del buen gusto.
Jaime Sabines escribe el poema “Los amorosos” (los amorosos no encuentran, buscan) que parece transcurrir en una ciudad fantasma: ¿El México adonde arribó el poeta en su juventud desde su lejano Chiapas, en sus días juveniles de estudiante de Filosofía? La ciudad ha sido tema de libros de Spota, García Márquez, José Emilio Pacheco que describió los precoces amores adolescentes de un personaje que se volvió entrañable para muchos.

Los jóvenes personajes de la literatura de José Agustín son a veces especie de extranjeros arribados a la Ciudad de México desde un país remoto, otras veces la disfrutan, la retan, la viven, le piden más, más, más…

En el sur es inaugurado el Estadio Azteca donde compiten jugadores de futbol por el favor del público que encuentra satisfacción en celebrar a estos modernos gladiadores. Juegan por sueldos fabulosos, el deporte del balompié imanta, entretiene y divierte a la masa popular. Ellos adornan sus camisetas con anuncios de marcas comerciales demostrando que el deporte es ya un negocio rentable más que un ejercicio para mejorar la condición física. En fin, en los años 2000 la Ciudad entra al Milenio con renovados bríos de constructora de ilusiones y nuevas zonas, nuevas áreas habitacionales se conjugan con el aumento de la clase media. La nueva era se distingue por lo masivo de la urbe, multitudes en sus calles y avenidas, concentración de empresas de negocios, la urbe convertida en un centro de negocios. En la política nuevos actores hablan del cambio, de la renovación de los viejos moldes políticos y de una nueva era, pero no pasa nada. Aparentemente los ciudadanos habían llegado a la mayoría de edad, en verdad la renovación de poderes federales y locales de la Ciudad incrementó el crecimiento descomunal de la capital, mantuvo costumbres en la política, muy pocos aspiraron a algo nuevo y diferente, en un afán de hablar, por ejemplo, de la posibilidad de tener una ciudad bella, segura, y acogedora y eficiente.

¿La antigua Ciudad de los Palacios dónde está? ¿Pero hubo alguna vez una capital de la República tranquila, vivible, habitable, de vías reposadas y recorribles con calma y paz? ¿No hay pues Ciudad de los Palacios? Queda vigente el polvo y cantar la palinodia ya no es bueno…

CONCLUSIÓN

Llegamos al final de este ensayo señalando cómo la Antigua Ciudad de los Palacios deja atrás el estadio de urbe acogedora, grata, recorrible a la medida del ser humano y sus espacios para ser hoy una urbe problemática. Es decir ya pertenecen al pasado los tiempos de la ciudad donde el Fausto, el lujo y el alarde de humanidad la rodeaban, la hacían habitable y digna. Muchos habitantes de generaciones más antiguas teníamos que decir “Adiós a la Ciudad de la pátina en los muros de tezontle”, del paseo registrable por lo amable de los lugares y las horas que nos brindaba esta urbe generosa. Ciudad que al atraernos a tus lugares venerables por su tradición como el llamado Zócalo nos reclutaba una vez más como ciudadanos, citadinos, paisanos de una tierra común, donde se fraguaron y se vivieron muchas vidas y muchos sueños. Ahí nuestros héroes cantaron las glorias de la Historia de México, sus asuntos políticos y sus planes futuros. Nuestras mujeres se abastecieron de quincalla o de lujos, joyas y abalorios. Y nuestros hijos vieron ondear nuestras banderas con emoción y esperanza.

En cuanto al pronóstico probable acerca del futuro de la capital de la República Mexicana ya hablarán de ello los expertos en catástrofes. Los magos de las construcciones inefables con soluciones urbanísticas dignas de una Babilonia Futurista copada por el crimen organizado en un triunfo agónico, o regimentada severamente por el Ejército y convertida en un Estado Policiaco.

Pero otra visión de tipo también futurista arrojaría quizás este cuadro: cortejos, manifestaciones, protestas de hombres y mujeres que buscan soluciones a sus necesidades y a su modo de vida precario en una urbe que se ha masificado a tal grado que es también sometida a un régimen de vigilancia severa. Se le agrupa y delimita en Ghetos según un panóptico de clases sociales, estilos de vida, costumbres sexuales, aceptadas o no. También se calarán aptitudes para el trabajo tecnocrático de una sociedad que exigirá de sus miembros una nueva cosmovisión: técnica, números, máquinas, estrategias de mercado, ventas, diseño de planes personales para sobresalir y que triunfe el más apto. Será una bio-metrópolis que tendría en cuenta a los individuos en su rendimiento para el triunfo del más apto, el más eficiente y el más exitoso, en suma, una bio-organización eficiente y vital pero a la que le faltarían los Derechos Humanos. Esto pondría en duda el futuro de los capitalinos.

Tan novedosas fotografías anticipatorias de tu entorno no deberían hacernos olvidar que fuiste “La muy noble y leal Ciudad” y que el hecho de habitarte significa vivir en libertad, es decir, morar creativamente. Las utopías son sumas abstractas de muchas cualidades, pero vacías de vida. Si el nutriente de la vida en la ciudad es la convivencia, hay que hacerla que funcione, repartiendo espacios y derechos entre todos. Pero la ciudad es también el plano de la anonimia, de ahí la importancia de promover sus monumentos, símbolos y su imaginario. Y la urgencia de unir urbanismo y política.
Pues el primer deber del urbanista sería ordenar los sistemas de la ciudad de tal manera de hacerla viable, cómoda, acogedora y muy habitable. Manteniendo sus servicios al día, haciéndola funcional, en suma, una ciudad vivible.

La Nueva Ciudad de Proporciones Gigantescas llegó, se instaló entre nosotros: Nuevo diseño de muchos aspectos de la urbe, crecimientos, agregados de diversa índole. El ritmo de la vida para el año 2000 era ya agitado, estresante. Y el automóvil pasaba de ser el vehículo ideal por su comodidad a ser -por su número excesivo- una especie de taponamiento del tránsito. Los traslados por la urbe requerían mucho más tiempo, se producía fatiga, estrés. Como medida para aligerar la vialidad se dispuso la construcción de pasos elevados para autos y vías rápidas. En un nuevo diseño gubernamental se plantea un sistema de transporte con Metro y autobuses, que otorgará fluidez y libre tránsito a las arterias de la capital.
Ante el problema de la violencia algunos políticos insisten en que hay que mejorar las condiciones de vida y empleo, sobre todo de los más jóvenes, que son reclutables por el crimen organizado. Otros más severos repiten el viejo dicho legal: La ley es dura pero es la ley. El tema da para muchos razonamientos en busca de la solución de las cuestiones que hacen caminar a esta ciudad con nuevas expectativas como urbe fabulosa.

rofaunam@hotmail.com