REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
18 | 11 | 2019
   

De nuestra portada

Charles Baudelaire: Las flores del mal


Marisa Trejo Sirvent

Las flores del mal es la obra más representativa de Charles Baudelaire, poemario que fue prácticamente hecho con el vigor de la juventud de un autor de gran talento poético y que llegó a conocer con intensidad los conocimientos de los misterios del alma humana. Esta obra fue producto de una personalidad singular, de una estética, profundidad espiritual y sabiduría sintetizadas magistralmente en los poemas que lo conforman.

El texto más antiguo de este poemario es sin duda, 'A une dame créole' (A una dama criolla) escrito durante su estancia en la Isla de Bourbon (Isla de Reunión) en 1841 cuando contaba apenas con 20 años de edad. Los últimos poemas fueron los de su estancia en Bélgica. Parte de la obra poética que contiene esta obra era ya conocida por los amigos de Baudelaire, en su mayoría, poetas y artistas. La mayor parte de su obra fue escrita, de acuerdo a testimonios de sus amigos, entre 1843 y 1844. Ya en 1845, Baudelaire había pensado publicar Las flores del mal; sin embargo, su publicación se retrasaría hasta 1857, cuando cumplió 36 años.

El primer título en el que pensó Baudelaire para su poemario fue el de Les Lesbiennes. Posteriormente, pensó en Spleen. En 1848, se anunció en la publicación L'Echo des marchands de vin al poemario Limbos de Charles Baudelaire. En 1950, se publicaron dos poemas suyos en una revista llamada Le Magasin des familles, con la advertencia de que esos dos poemas ('Châtiment de l'orgueil' y 'L'Ame du vin') aparecerían en fecha próxima en Les Limbes (El Limbo), otra revista. También había publicado once sonetos en Le Messager de l'Assamblée (El Mensajero de la Asamblea, el 9 de abril de 1851). Es hasta 1855, cuando en La revue des deux mondes reúne dieciocho poemas que llevaban el título de Las flores del mal, título sugerido por un amigo de Baudelaire, el crítico Hippolyte Babou. De todas formas, la palabra flor se repite curiosamente treinta y seis veces en el poemario. No es extraña esta palabra surgida de los labios de un ser sensual y sensible a los olores y sobre todo al perfume como Baudelaire. El título completo encierra en sí un enigma, una metáfora plena de insinuantes conclusiones. Esta obra original preocupó por otra parte, a sus editores quienes retardaban su edición. Es hasta 1857, cuando Baudelaire conoce a un editor valiente y enamorado de su poesía y con el que compartió de forma entusiasta los sueños de que al publicarla, este libro sería un éxito para ambos. Baudelaire demostró profesionalismo y disciplina al corregir pruebas y textos. Dedicó el libro a Gautier con un tono de humildad no acostumbrado en él, que hace pensar que quizá lo que está queriendo expresar ahí es precisamente lo contrario, tal como La Rochefoucauld había expresado en su máxima: 'Alabar a los príncipes de las virtudes que no tienen, es injuriarlos'.

Su publicación causa escándalo. Él y su editor son citados a juicio. Las flores del mal son acusadas de ultrajar la moral, de sacrilegio, de lascivia... Todo París presenció el proceso. El Juez Pinard se ensañó citando los poemas de 'Las Joyas', 'El Leteo', 'La Negación de San Petro', 'Abel y Caín', 'Las Letanías de Satán'. Su defensor, Gustave Chaix-d'Est-Ange, intentó por todos los medios convencer al juez de que precisamente Baudelaire había querido retratar partes aborrecibles de la realidad y de la naturaleza humana con el afán de inspirar odio al vicio y a los lugares malsanos, etcétera. En vano, citó a Dante y El Infierno, el prefacio del Tartufo de Molière, a críticos como M. Barbery d' Aurevilly, a Lamartine, Musset, Béranger, Gautier, Rabalais, Voltaire, Rousseau, La Fontaine. Todo fue inútil, Charles Baudelaire perdió el juicio. Pagó 300 francos de multa, suprimió los poemas censurados y sufragó los gastos del juicio. Su editor, también fue multado. El público protestó, muchos estaban de acuerdo con él. Víctor Hugo le escribió al otro día, criticando la injusticia que había vivido, tendiéndole una mano amiga. La prensa que días antes, le había atacado, (en El Fígaro el 4 de noviembre de 1855, en el artículo de Louis Goudall), ahora lo alaba y lo defiende, pero Baudelaire no olvidará este momento de indignación y rabia jamás. Los poemas contenidos en este libro son el resultado de un profundo conocimiento del arte poético y de un talento que ha elevado justamente a Charles Baudelaire a los niveles superiores de la poesía universal y eterna, con los que algún día soñó.