REVISTA DIGITAL DE PROMOCI脫N CULTURAL                     Director: Ren茅 Avil茅s Fabila
20 | 07 | 2019
   

Arca de No茅

La violencia y su uso en los medios de comunicaci贸n Joaqu铆n Jim茅nez Mercado Miguel 脕ngel Castillo


Joaqu铆n Jim茅nez Mercado

Es indudable la influencia que los medios de comunicaci贸n ejercen en las mentes y, por consecuencia, en el comportamiento de un amplio grupo de receptores, que se exponen cotidianamente a los mensajes emitidos por este conjunto de Industrias Culturales.

Se presume que la exposici贸n constante a escenas de tipo violento inclina o puede conducir a cierto tipo de personalidades a la manifestaci贸n de comportamientos inducidos, es decir, generar actos y conductas agresivas derivadas por la gran marea de programas televisivos e impresos como la nota roja y que influyen para que los sujetos se conduzcan de manera distinta, teniendo como 煤nico fin trasgredir los derechos de los dem谩s. Sin embargo, los resultados no han dado una respuesta satisfactoria hasta la fecha, para sostener tal hip贸tesis, debido a que es insuficiente tal categor铆a de an谩lisis, tomando en cuenta que en el comportamiento subjetivo socialmente negativo participan muchos elementos m谩s como la edad, sexo, inteligencia, ambiente familiar, estatus socioecon贸mico, estilo de vida, entre otros.

Castillo (1996) en una investigaci贸n se pregunta 驴el comportamiento antisocial es motivado e inducido por la exposici贸n de escenas con contenidos altamente violentos en programas televisivos y/o pel铆culas? No encontr贸 que la sugesti贸n f铆lmica sea el m贸vil subjetivo primario de una acci贸n antisocial, ya que los resultados demostraron que en la realidad la violencia es generada por factores multifactoriales, en donde lo biol贸gico, psicol贸gico y social forman una espiral que no tiene principio ni fin.

Al respecto tambi茅n afirma: 鈥渘o podemos tampoco pasar por optimistas y dudar que la TV actualmente presenta al p煤blico una abundante producci贸n con infinitas atracciones, cuyos efectos induzcan a los individuos pasar del 鈥渟aber鈥 al 鈥渉acer鈥, no d谩ndole ninguna oportunidad para organizar, estructurar y elaborar los contenidos recibidos. Hoy este medio de difusi贸n apoyado por los grandes avances tecnol贸gicos es sin duda un instrumento de gran penetraci贸n ideol贸gica, que hace que los sujetos no se den cuenta conscientemente de las motivaciones provocadas鈥 (Castillo, 1996:617).

Es as铆 que moda, lenguaje, relaciones interpersonales, gustos, deseos, aspiraciones y tendencias, son tocados por los imaginarios tent谩culos del cine, radio, prensa, internet y sobre todo televisi贸n, que conforman el gran pulpo simb贸lico que navega constantemente por nuestra psique.

Muchos y muy variados son los temas que abordan los medios de comunicaci贸n, estos constituyen la materia prima para la construcci贸n de una agenda lo suficientemente seductora para los millones de sujetos que 谩vidamente esperan ser sorprendidos d铆a a d铆a con las buenas o malas, quiz谩s sea lo de menos, nuevas que ponen en escena radios, peri贸dicos, salas cinematogr谩ficas, computadoras y televisores.
驴Los medios aportan o enajenan?, 驴son la caja de Pandora o el Arca de la Alianza? , mucho se ha escrito sobre el tema, hay defensores y detractores, lo que resulta insoslayable es que una postura u otra nos lleva a reflexionar sobre el papel que juega el receptor en este inacabable intercambio de c贸digos, formas, signos y se帽ales al que se ve expuesto, voluntaria o de manera fortuita, el posmoderno depredador de im谩genes, sonidos, bits y pixeles.

Desde la psicolog铆a se analiza que los sujetos con sentido cr铆tico, con una din谩mica familiar funcional y con estabilidad emocional dif铆cilmente pueden ser invadidos y trastornados por escenas violentas, por lo que no se puede esperar en ellos comportamientos antisociales posteriores al est铆mulo visual y que por lo tanto, pueda considerarse como un proceso cognoscitivo evolutivo.

En relaci贸n a que los medios ofrecen un sinf铆n de modelos a seguir, hay que considerar varios planos, uno de ellos, es la identificaci贸n, el simpatizar con las cualidades en los personajes etiquetados como malos, debe entenderse, que responde a ideales que se han venido conformando en la psique de los sujetos y que llenan faltantes subjetivos que responden a fantas铆as, simbolismos y frustraciones que desde el psicoan谩lisis se conocen como pulsiones y que se rigen por el principio del placer.

驴C贸mo se construye y se mantiene esta relaci贸n, que las m谩s de las veces raya en lo simbi贸tico?, por un lado el receptor que busca compulsivamente satisfacer su ansia y necesidad de escudri帽ar el espacio p煤blico desde lo privado, siempre detr谩s de la membrana representada por los aparatos el茅ctricos o electr贸nicos, que protegen al vidente o escucha de cualquier inconveniente producido por la realidad; por otro lado, aquellos para quienes los receptores significan una espl茅ndida moneda de cambio en la que el p煤blico se transforma en un entusiasta consumidor de todos aquellos productos (materiales o simb贸licos) que la urdimbre medi谩tica siempre est谩 presta a ofrecer.

Sin embargo, el ofrecer no es suficiente para sostener y generar en el p煤blico consumidor la idea de que la obsesi贸n compulsiva por s铆 misma es la causante y generadora de un comportamiento violento, aunque, la violencia representada en los medios de comunicaci贸n puede ser considerada como peligrosa en aquellos sujetos predispuestos o con rasgos que corresponden a lo que en psicopatolog铆a se conoce como trastorno de personalidad antisocial.

Al respecto, se puede afirmar que el efecto cat谩rtico en espectadores de escenas violentas, si bien no provoca directamente la acci贸n conducta violenta, s铆 permite desde el principio de la realidad la gratificaci贸n simb贸lica o fantasiosa de material subjetivo cargado de elementos violentos reprimidos y que est谩n siendo desplazados o sublimados por la informaci贸n recibida por parte de los medios.

La violencia adherida a m煤ltiples formas de expresi贸n medi谩tica no puede ser la 煤nica responsable que haga suponer que un sujeto receptor pierda el equilibrio y se encuentre en un proceso que altere su pensamiento, si bien es cierto que encuentra en su curiosidad y gusto por actos violentos en los medios, dichos contenidos responden a un orden simb贸lico que encuentran una 鈥済rata satisfacci贸n鈥 a ciertos elementos inconscientes traducidos en deseos, los cuales se manifiestan en necesidades, gustos y pasatiempos.

Informaci贸n, espect谩culo, diversi贸n y entretenimiento aderezados con un ingrediente que hace todav铆a m谩s atractivo el discurso medi谩tico, que adem谩s es puesto como algo cotidiano, y por tanto naturalizado permanentemente por las industrias culturales: La violencia.

Las l铆neas de pensamiento sobre este tema parten desde las teor铆as biologicistas donde consideran a la violencia como condiciones innatas al ser humano, como una forma de expresar la agresividad y donde resalta el papel del instinto como su base motivacional.

K. Lorenz postulaba que toda la conducta animal, incluida la humana, est谩 determinada por los instintos y era alimentada por una sustancia qu铆mica desconocida traducida en tensi贸n acumulada en los centros del sistema nervioso central ante la provocaci贸n de un est铆mulo externo.

Otra l铆nea parte de los estudios que realizaron Baron y Richardson (1994) donde sostienen que este tipo de respuestas se procesan en el cerebro humano, en dos 谩reas cerebrales, concretamente en el sistema l铆mbico, donde la am铆gdala y el hipot谩lamo juegan un papel muy importante en la corteza cerebral y donde tambi茅n las heridas producidas en la neocorteza frontal se vincule con la agresi贸n impulsiva y la irritabilidad, de ah铆 que en muchos casos se practicaba la lobotom铆a como una medida quir煤rgica para poder controlar la agresividad y la conducta violenta.

Anderson y Deuser (1995) considerados como te贸ricos ambientalistas sostienen que los factores cognitivos son parte fundamental como generadores de comportamiento violento, apuntalado.

Desde el psicoan谩lisis Freud reconoci贸 dos grandes grupos de instintos que hacen que el ser humano viva y act煤e: Eros que determina el impulso de amar, el deseo por el otro, y la necesidad de prolongar la existencia mediante la reproducci贸n y Thanatos que es el impulso que nos lleva inevitablemente a la muerte y que hace que el dolor y el sufrimiento sean el martirio de todo ser humano.

Ambos impulsos, contradictorios pero al mismo tiempo complementarios representan el terreno en el que la violencia busca desestabilizar el equilibrio emocional del sujeto, y con esto someterlo, castigarlo o simplemente ubicarlo en momentos de indefensi贸n ante determinados est铆mulos.

Por su parte, Karen Horney contempla y habla sobre la competencia individual y su relaci贸n con el af谩n de poder铆o y posesiones, ancl谩ndolo en las relaciones basadas en aspectos materiales y econ贸micos de la cultura moderna, generando v铆nculos hostiles entre los sujetos. Desde esta perspectiva, lo que se obtiene psicol贸gicamente son sentimientos de aislamiento individual, a ra铆z de la hostilidad propia y su temor a la hostilidad de los dem谩s derivada de las frustraciones en una sociedad donde el fracaso es muy frecuente. Como ejemplo t铆pico de este postulado cabe mencionar el documental de Michael Moore Bowling Columbine donde el miedo es el motor del American Way of Life a la respuesta del presidente norteamericano George W. Busch caracterizada por ser agresiva e intolerante.

Se considera a la violencia como el ejercicio de un poder sobre otro, como una forma de imposici贸n que es contraria a los intereses del otro, donde intervienen elementos como diferencias, desigualdad, deficiencias, pasividad. En un acto o relaci贸n violenta se introyecta una l贸gica y un deseo del que la ejerce, busca que mediante el ejercicio violento el receptor deje de ser s铆 mismo, abandone su ser y por ende se entregue a la voluntad del sujeto o el otro violento.

Es por dem谩s, se帽alar por lo tanto que en un acto violento aparece la figura de un objeto de sumisi贸n, el cual se percibe como factible de ser violentado, en el caso que nos ocupa, habr铆a que preguntarnos 驴hasta d贸nde los medios tienen esta visi贸n? La reflexi贸n nos conduce a pensar que s铆, que sus objetivos est谩n encaminados a tratar de sujetar y someter colectivos sociales, que mediante un proceso silencioso los contenidos violentos son atracciones que permiten la penetraci贸n de intereses distintos a lo que generalmente puede entenderse como informaci贸n, drama, noticia o distracci贸n, lo que les permite continuar ejerciendo su influencia, mediante la difusi贸n de este tipo de contenidos sean de forma encubierta o en toda la expresi贸n del t茅rmino.
Para definir la violencia, es importante considerar que se trata de un campo en el que intervienen m煤ltiples factores, desde f铆sicos hasta psicol贸gicos, as铆 como pr谩cticas culturales que determinan los l铆mites entre lo que es considerado como acto violento o s贸lo ritual, correctivo o castigo .

El acto violento se traduce en un sometimiento, es un proceso de alienaci贸n, y que desde lo medi谩tico generalmente es repetido, sistem谩tico y encaminado a sujetarlo, en ocasiones a inhibirlo y en otras a predisponerlo. En casos extremos puede conducirlo a la destrucci贸n en el terreno de lo simb贸lico, como del material y real, llegando a producir da帽os irreversibles, dependiendo del tiempo de la duraci贸n y del grado en que se lleve a cabo.

A lo largo de la historia podemos encontrar innumerables ejemplos de culturas que realizaron, en lo que hoy podemos definir como abominables actos de violencia, pr谩cticas que estaban 铆ntimamente relacionadas con rituales religiosos, pol铆ticos o morales, que no solamente contaban con la aprobaci贸n de la comunidad, sino que constitu铆an eventos en los que la sociedad descargaba parte de sus frustraciones o anhelos insatisfechos, que a su vez se constitu铆an en momentos cat谩rticos a trav茅s del espect谩culo, que transit贸 de la tragedia escrita a la plaza p煤blica.
De esta forma, la violencia ha sido muy dif铆cil de erradicar dado que adem谩s de ser poco visible, se sostiene mediante factores culturales que responden a ideolog铆as dominantes que parecen permiten perpetuar y preservar este tipo de relaciones, aun considerando la gravedad y profundidad de sus efectos.

De acuerdo a Manuel Garrido Lora profesor de la Universidad de Sevilla: 鈥渓a ciencia actual considera la preponderancia de los factores culturales sobre los biol贸gicos en la determinaci贸n de la violencia humana intraespec铆fica. Con independencia de los prop贸sitos -instrumentales o emocionales- y los agentes -individuos o grupos-, la violencia est谩 presente en todas las culturas, como demuestran los m谩s recientes estudios antropol贸gicos. Los valores culturales dominantes determinan el desarrollo o inhibici贸n de pautas de comportamiento violento a partir de la agresividad natural humana鈥. (Garrido, 2003:39).

Ahora bien, la conexi贸n entre cultura y violencia debe ser entendida como una relaci贸n supeditada a las normas, reglas y deber ser que las sociedades imponen, a trav茅s de instituciones construidas por la hegemon铆a, a los sujetos que las conforman. En este sentido la violencia tiene dos sentidos:

1. La violencia institucionalizada, ya sea religiosa, pol铆tica o econ贸mica, y por tanto legitimada en aras del bien com煤n.

2. La violencia como transgresi贸n que atenta contra la normatividad establecida por quienes definen los derroteros a seguir por una sociedad.

En el caso de la religi贸n resulta poco sorprendente (en el sentido estricto de sorpresa como breve estado emocional, resultado de un evento inesperado) que el uso de la violencia fuera utilizado como castigo para quienes transgred铆an los postulados morales o 茅ticos, dictados por la instituci贸n religiosa, que obedec铆an a intereses concretos para preservar la ideolog铆a de esta instituci贸n, cualquiera que 茅sta fuera.

Es as铆 que en M茅xico se establece el Santo Oficio , tribunal que obedec铆a al mandato de impulsar y mantener la fe de la religi贸n cat贸lica, exportada a nuestro pa铆s por la conquista espa帽ola. Pero a煤n antes de la llegada de la nueva religi贸n los rituales religiosos de los Aztecas contemplaban m煤ltiples formas de agradar a sus dioses a trav茅s de actos por dem谩s violentos .
En otras culturas a lo largo y ancho del orbe, se pueden identificar pr谩cticas, con mayor o menor grado, violentas en torno a una de las instituciones con mayor influencia en la historia de la humanidad, la religi贸n. Es as铆 que las religiones cristiana, musulmana, jud铆a, sinto铆sta y protestante, entre otras, muestran a trav茅s del castigo violento el camino para mantener la supremac铆a de sus creencias.

En el 谩mbito de la pol铆tica muchos son los ejemplos que se pueden citar alrededor del uso de la violencia como herramienta para la conservaci贸n del poder: asesinatos, guerras, genocidios, fratricidios, magnicidios, todos ellos perpetrados bajo el argumento y justificaci贸n del orden y la justicia. Alemania , Rusia, Estados Unidos, Irak , Ir谩n, Vietnam, Palestina, Cuba, Nicaragua, Italia y M茅xico , son s贸lo algunos ejemplos de muchos m谩s a lo largo de la historia de sobra conocidos, en los que la violencia en aras de la pol铆tica ha sido protagonista, teniendo como objetivo y fin primordial la lucha por la hegemon铆a.

Es as铆 que la institucionalizaci贸n de la violencia da paso a la aceptaci贸n del uso de 茅sta en diversos procesos que tocan el cuerpo del sujeto . Pero no s贸lo el cuerpo es objeto y blanco de la violencia, el otro espacio lo constituye la psique .

Las normas que rigen el orden social se valen de variadas herramientas, legitimadas por los aparatos jur铆dicos para conservar dicho orden, todo aquel que rompa o violente la normatividad ser谩 considerado como transgresor y por lo tanto ser谩 sometido a las acciones previstas para ello las cuales, como se ha visto, est谩n impregnadas de pr谩cticas violentas.

No existe prohibici贸n que no sea susceptible de ser transgredida, sin embargo las transgresiones al ser institucionalizadas (no matar谩s, pero si lo haces en la guerra est谩s a salvo) permiten visualizar diversas formas en que los aparatos normativos dan paso a la transgresi贸n (y violencia) reglamentada.

La sociedad integra dos mundos que conviven a pesar de sus diferencias: el profano y el sagrado. En el mundo profano se dan las prohibiciones, en el sagrado se permiten y legitiman las transgresiones; en el mundo profano habita el hombre, en el sagrado los dioses y las instituciones.

La prohibici贸n y la transgresi贸n responden a esos dos mundos contradictorios: la prohibici贸n rechaza y castiga la transgresi贸n, pero transgredir es fascinante, no obstante que esto resulte en castigo que, s贸lo por ser eso, conlleve una carga inevitable de violencia, ejemplos de esto los encontramos en todas las mitolog铆as a lo largo de la historia.

Es as铆 que las manifestaciones de la violencia son m煤ltiples, e incluso llevan a pensar si el ser humano es violento por naturaleza, Thomas Hobbes afirm贸 en leviat谩n que en el 'estado de naturaleza' el hombre vive una guerra de todos contra todos. 鈥淓l hombre es un lobo para el hombre鈥.

Nuestra labor en la intenci贸n de este art铆culo, se desprende de establecer fundamentos te贸ricos donde la violencia, nos ha tambi茅n atravesado y nos ha planteado obst谩culos inducidos desde el terreno de nuestra subjetividad como investigadores debido a que asumimos que nos encontramos estrechamente vinculados a un contexto cultural y que mantenemos una com煤n interdependencia e influencia rec铆proca entre nuestros propios intereses y el fen贸meno abordado.

Aunque pretendemos reflexionar de manera profunda y sustentada sobre la naturaleza violenta del ser humano, aclaramos que no es el objeto principal del presente art铆culo, pero lleva a pensar sobre los sentimientos, muchas de las veces incontrolables, que desata el impulso o apropiaci贸n de la violencia as铆 como de los m煤ltiples medios, legitimados o no , para expresarla.

Al referirnos a la violencia, por lo regular siempre se piensa en la f铆sica, omitiendo la gran diversidad en sus expresiones, tales como la que se ejerce en la subjetividad, en las emociones, en aqu茅lla que se filtra en los procesos ps铆quicos, de forma inconsciente y que llega a modificar el pensamiento, la conducta y sentimientos del afectado, gener谩ndole bloqueos, confusiones, inhibiciones y hasta culpabilidad.

Se han identificado categor铆as para definir los tipos de violencia, a continuaci贸n se presentan dichas definiciones con el objeto de articularlas, m谩s adelante, con los medios de comunicaci贸n:

Violencia f铆sica: se entiende a todos aquellos actos que se traducen en maltratos donde se utilizan partes del cuerpo (por lo regular manos y pies), arma, objeto o sustancia para someter, sujetar y por ende, da帽ar la integridad f铆sica del otro.

Violencia familiar.- Quiz谩s uno de los espacios m谩s comunes de violencia se da al interior del entorno familiar y constituye un doloroso y costoso problema social, donde los miembros de una familia pueden ser sujetos violentos o violentados por sus seres m谩s cercanos. Destaca en este 谩mbito la violencia contra la mujer y los infantes y los ancianos, en el primer caso la violencia f铆sica es acompa帽ada por actos de humillaci贸n que buscan lesionar la autoestima de la destinataria; en el caso de los ni帽os se aprovecha la figura de autoridad as铆 como la evidente desventaja f铆sica y emocional que tiene este grupo etario con respecto a sus agresores adultos, situaci贸n que lleva a la explotaci贸n laboral y sexual, lesiones f铆sicas y emocionales, el abandono e incluso la muerte. Por lo que respecta a los ancianos el abuso f铆sico y psicol贸gico es una manifestaci贸n para dejar claro el estado de indefensi贸n de este grupo con respecto de aquellos de quienes dependen. Los medios de comunicaci贸n ya sea como informaci贸n o entretenimiento (melodramas) mucho se han ocupado de este tema y dichas transmisiones en vez de ayudar a erradicarlos han funcionado como reproductores de patrones violentos.

Violencia psico-emocional: esta forma es la m谩s dif铆cil de detectar, debido a que su identificaci贸n no parte de consecuencias objetivas perceptibles a simple vista, aunado a que las v铆ctimas no muestran la capacidad de detectar su aparici贸n. La violencia emocional se caracteriza por la agresi贸n verbal, acoso, reclusi贸n y privaci贸n de los m谩s elementales recursos para sobrevivir. Este tipo de violencia suele ir de la mano de calificativos devaluatorios que generan inseguridad e incertidumbre, llegando en ocasiones a provocar una sensaci贸n permanente en la v铆ctima de merecedora y de culpabilidad. Los hechos se traducen en prohibiciones, amenazas, intimidaciones, abandono y por lo regular generan deterioro, disminuci贸n y disfuncionamiento social de los que la padecen.

Violencia pol铆tica. Este tipo de violencia es utilizada por aquellas personas e instancias que ejercen el poder pol铆tico, por tanto legitimada, y se ejerce en contra de la ciudadan铆a a trav茅s de diversos actos como la tortura, el asesinato, la c谩rcel como medida de coerci贸n, y el secuestro entre otras, regularmente practicada bajo el respaldo de la ley y llevada a cabo por sujetos que gozan de representaci贸n ciudadana, y que en algunos casos se convierte en una actividad considerada como invisible.

Violencia cultural.- La violencia cultural se ejerce en contra de comunidades que tratan de ser incorporadas, a煤n en contra de su voluntad, a reglas y normas que atentan en contra de su identidad y escala de valores. El acelerado desarrollo de las nuevas tecnolog铆as, la competencia y eficacia de los medios de comunicaci贸n, as铆 como la r谩pida expansi贸n de la sociedad de mercado (impulsada por los medios) propician debilitamiento de la identidad cultural. Este tipo de violencia se legitima a trav茅s de esquemas jur铆dicos y administrativos que establecen patrones de vida y conducta.

Violencia sexual: es una forma de maltrato que se difunde constantemente y donde el g茅nero femenino sufre la mayor parte de sus consecuencias, donde la mujer se convierte en objeto y propiedad sexual, provocando la generaci贸n de acosos y pr谩cticas sexuales no deseadas o que en su defecto generan dolor, que van desde la celotipia con fines de control y sometimiento en las relaciones de pareja hasta el acoso y violaci贸n sexual. Este tipo de violencia suele encontrarse en todos los estratos sociales y puede provenir de miembros muy allegados a la v铆ctima quienes gozan de confianza y cercan铆a y de quienes supuestamente deben otorgar cari帽o, amor, amistad, inter茅s como son padres, hermanos, novios y amigos.

La violencia tiende a reproducirse por s铆 misma, cualquier acto violento tiene como consecuencia respuesta violenta, por lo que, en tanto el cuerpo social sea violento, el resultado inevitable ser谩 una sociedad en lo general, e individuos en lo particular violentos. Como podemos ver, la suma de estos factores coloca a cualquier sujeto en situaciones especialmente vulnerables a todo tipo de expresi贸n violenta, sea de tipo simb贸lica, real e imaginaria.

Las instituciones sociales son responsables, como instancias superestructurales, de la visi贸n que se tiene de la violencia, responsabilidad que comparten con los sujetos que en la cotidianidad absorben y asumen los campos simb贸licos que les son inoculados por dichas instituciones. Sin duda ante la incapacidad de un estado debilitado, el deficiente sistema educativo que reduce su oferta ante el incremento de la demanda, las debilidades que hoy d铆a enfrenta la familia, el paulatino desmembramiento de la identidad cultural, y el incremento en el descr茅dito de la instituci贸n religiosa, los medios de comunicaci贸n llenan las debilidades y ausencias, erigi茅ndose como las instituciones con mayor credibilidad y principal espacio de integraci贸n y socializaci贸n.

No obstante que las postrimer铆as del siglo XIX trajeron consigo dos inventos que transformar铆an radicalmente la percepci贸n de la realidad (la radio y el cine), y que en los albores del siglo XX se perfeccionaron estas y otras herramientas (como la fotograf铆a y la prensa) y en el primer tercio de ese siglo surge la televisi贸n, es a partir de los 50鈥檚 que la humanidad se vio expuesta a un acelerado proceso de transformaci贸n que abarc贸 espacios fundamentales para el desarrollo social, entre ellos: pol铆tica, econom铆a, cultura, tecnolog铆a y medios de comunicaci贸n, factores que instauraron nuevas formas de estar en y con el mundo, que cada vez se volv铆a m谩s peque帽o y asequible gracias al veloz desarrollo de la tecnolog铆a que permiti贸 paulatinamente el f谩cil y r谩pido acceso a informaci贸n de diversa 铆ndole, 煤til o nimia, construyendo en la mente de los sujetos nuevas formas de percepci贸n de la realidad mediata e inmediata, proyectando significaciones que influyeron en el comportamiento cotidiano de los habitantes del orbe ante un m煤ltiple abanico de temas y asuntos, entre ellos la violencia.

El ejemplo m谩s representativo lo encontramos el d铆a 24 de noviembre de 1963, fecha en que por primera ocasi贸n los televidentes estadunidenses presenciaron, gracias a una de las caracter铆sticas propias del medio televisivo la transmisi贸n en directo, y posteriormente el mundo entero por medio del video tape, el asesinato de Lee Harvey Oswald (presunto asesino del presidente John F. Kennedy) a manos de Jack Ruby, quien declara haber 'redimido' a la ciudad de Dallas ante los ojos del pueblo, vengando la muerte del Presidente y evitando a su viuda, Jacqueline Kennedy, el dolor de tener que testificar ante una corte frente al asesino de su esposo.

Los sentimientos provocados por los hechos, el magnicidio y el asesinato del asesino, asestaron duros golpes en las conciencias de los ciudadanos estadounidenses, sin embargo la violencia ejercida, la muerte, sobre Lee Harvey Oswald y el manejo de la misma por parte de los medios de comunicaci贸n, revistieron a trav茅s del significado sobre este 煤ltimo hecho una suerte de legitimidad de la violencia, no institucionalizada, con la que se hac铆a justicia al presidente m谩s querido y con mayor carisma en la historia de los Estados Unidos.

De no haber ocurrido el magnicidio de Dallas, nunca hubi茅ramos conocido a Lee Harvey Oswald, y jam谩s se habr铆an generado las espectaculares im谩genes del presidente abatido por los disparos que todav铆a hoy estremecen a las audiencias, ni habr铆amos accedido a la gran cantidad de pel铆culas que se han realizado con respecto a este evento.

Sin Vietnam, sin la guerra del golfo, sin Irak, sin Afganist谩n, sin Chechenia, sin Bosnia, sin Angola, sin los asaltos, sin las ejecuciones, sin los amores apaches del melodrama, sin los movimientos estudiantiles, sin los estadios de futbol y la desbordada pasi贸n del p煤blico, sin los linchamientos, sin los reality shows, sin los programas de comedia y la explotaci贸n de la violencia de g茅nero, sin los noticieros, sin los c谩rteles, el atractivo ingrediente que representa la violencia no aderezar铆a el men煤 que est谩 dispuesto a consumir aquel al que conocemos como receptor.

El hecho de que en la actualidad este tema tenga un inter茅s primordial en el espacio de los medios no se entiende que sea m谩s profusa que antes, pero tampoco garantiza que tienda a disminuir o desaparecer. Al fin de cuentas es una realidad de la vida cotidiana, relaciones de poder que se ejercen dentro de un contexto pol铆tico y cultural predominantemente neoliberal, que se practican dentro de procesos intersubjetivos que implica participar en relaciones y ejercicios de influencia rec铆proca donde no podemos adjudicar culpa en una sola direcci贸n, debido a que la violencia se manifiesta en una experiencia que es subjetiva por su constituci贸n misma.

Es as铆 que los medios de comunicaci贸n ven en la violencia, y sus repercusiones, un asunto del que se debe ocupar la agenda medi谩tica en aras de intereses pol铆ticos, econ贸micos, culturales, ideol贸gicos, informativos, de espect谩culo o entretenimiento, que no s贸lo atrape la atenci贸n de quien ve o escucha, sino que a su vez construya nuevos paradigmas de lo que se ve y escucha.

Si bien es cierto que el conjunto de los medios de comunicaci贸n, todos ellos como industrias culturales, comparten en mayor o menor medida las caracter铆sticas que se han venido se帽alando en torno a su papel en la vida social, y en espec铆fico en el tema de la violencia, se debe subrayar que la televisi贸n -sin dejar de considerar el rol que hoy d铆a juega la Internet, de la cual se hablar谩 m谩s adelante- se fue constituyendo como el medio, por antonomasia, a trav茅s del cual la gente se informaba y entreten铆a sin la necesidad de implicar otras actividades como la lectura o el desplazarse, consumiendo el medio en el seguro espacio privado para el acceso inmediato a la ventana al mundo por conducto de la imagen y el sonido.

Ya en los 50鈥檚 y 60鈥檚 diversos investigadores -en especial funcionalistas - de la comunicaci贸n se ocupaban de investigar los efectos que la televisi贸n produc铆a en los p煤blicos (ni帽os, adolescentes, votantes etc.), entre las que destacaban las siguientes l铆neas:

鈥 Caracterizaci贸n de programas, televidentes y resultado de conductas al ver televisi贸n;
鈥 Tipos y caracter铆sticas del aprendizaje televisivo;
鈥 Efectos cognitivos;
鈥 Efectos sobre la formaci贸n de actitudes y valores;
鈥 Efectos sobre pautas culturales y estilos de vida;
鈥 Adquisici贸n de h谩bitos de consumo, y
鈥 Conducta agresiva y violenta.

Este modelo de investigaci贸n se sustentaba en postulados que otorgaban a los medios una preponderancia pr谩cticamente absoluta al mensaje, y por lo tanto efectos o respuestas casi autom谩ticas de los receptores. Esta postura estaba basada en la teor铆a psicol贸gica del reflejo condicionado desarrollada por Iv谩n Pavlov, antecedente del conductismo.
A ra铆z de esta l铆nea de investigaci贸n proliferaron estudios sobre los efectos que la violencia televisiva provocaba en los ni帽os y adolescentes, provocando intensos debates sobre si la violencia televisiva incitaba o inhib铆a conductas violentas en el receptor.

En contraposici贸n a la corriente conductista surgen propuestas te贸ricas que plantean que no hay respuestas iguales ante un mismo est铆mulo, por lo tanto los espectadores no reaccionan de la misma manera ante un mensaje. Es as铆 que se puede partir de la hip贸tesis de que la violencia televisiva influye, especialmente, en aquellos sujetos que por sus historias de vida son m谩s sensibles al desarrollo de comportamientos violentos.

Es indudable el atractivo que tiene la violencia presentada en la televisi贸n, ya sea real o ficticia; f铆sica, verbal o psicol贸gica; individual o grupal; con humor o brutalidad, o que los destinatarios sean hombres o mujeres, todo cabe en la violencia sabi茅ndolo acomodar.

La caracter铆stica que fundamenta al lenguaje televisivo, de acuerdo a Jes煤s Gonz谩lez Requena , es la programaci贸n (macrodiscurso dominante), en ella se organiza la diversidad de intextos y g茅neros que atraviesa al medio, ubicando cada una de las piezas que forman este gran rompecabezas para dar sentido al magma de significaciones que produce la televisi贸n a lo largo de su discurso.

驴Qu茅 caracter铆sticas podr铆amos identificar de la relaci贸n entre violencia y programaci贸n televisiva?

鈥 Omnipresencia. La violencia en televisi贸n tiene un alto grado de presencia, y se puede afirmar que se incrementa con celeridad, como ejemplo est谩n los informativos, reality shows, melodramas, publicidad, documentales, caricaturas, magazines, docudramas, en estos g茅neros se juega constantemente con la dualidad realidad/ficci贸n que se convierte en un oportuno pretexto televisivo para la presentaci贸n o representaci贸n de la violencia.
鈥 Intrascendencia. El castigo de los actos violentos que aparecen en la televisi贸n, construidos a la luz de la dualidad realidad/ficci贸n, es intrascendente toda vez que la inmediatez con la que se recibe el mensaje, desecha casi de manera simult谩nea el acto de recepci贸n.
鈥 Repetici贸n. Como se ha mencionado, la violencia aparece de diversas formas en la programaci贸n televisiva adecuando su ropaje de acuerdo a las necesidades discursivas esto implica una presencia, pr谩cticamente sin clausura, de actos relacionados con la violencia, lo cual repercute en una posmoderna repetici贸n y reiteraci贸n que da pie a un fen贸meno que desactiva la reflexi贸n o resistencia ante estos hechos.
鈥 Banalizaci贸n. Cuando la violencia es presentada como algo que da paso a la risa (humor), al llanto f谩cil (melodrama) o a la indignaci贸n moment谩nea (informaci贸n), se puede decir que la puesta en escena de la violencia televisiva convierte a 茅sta en un producto en el que el valor o relevancia que reviste en s铆 misma se supedita al entretenimiento banal en aras del espect谩culo.
鈥 Dependencia. La violencia televisiva se construye como el camino m谩s efectivo, oportuno y competente para resolver conflictos y transgresiones. Es as铆 que tanto los actantes (h茅roes y antih茅roes) de las historias (reales o ficticias) ejercen violencia para la resoluci贸n de los conflictos. Cuando la violencia no es ejercida por el o los protagonistas la lectura que se da es de torpeza, incompetencia o ineficacia.

Estas caracter铆sticas hacen de la televisi贸n el veh铆culo id贸neo para satisfacer al receptor, una vez que ha sido motivado a ello, de la necesidad del consumo casi compulsivo de hechos e im谩genes violentas que son le铆das y usadas por quien las recibe con base en su propia experiencia, pero que no por eso queda exento de la fascinaci贸n, citando a Freud, del placer de la repetici贸n de experiencias angustiosas en situaciones controladas.

George Gerbner profesor e investigador de comunicaci贸n y creador de la teor铆a de la cultivaci贸n , considera que en el an谩lisis de la influencia televisiva sobre diversos temas, el medio representa a la violencia como un m茅todo indirecto para favorecer la sujeci贸n de los individuos a la estructura de poder de la sociedad.

Gerbner apunta, que la reiteraci贸n de la violencia en Televisi贸n se asocia con una suerte de victimizaci贸n del p煤blico que se expone constantemente a la sensaci贸n de peligro y a la desprotecci贸n de los telespectadores ante la repetida exposici贸n a contenidos violentos.

Esta constante exposici贸n a la violencia televisiva genera en el receptor miedos que llevan a la necesidad de la protecci贸n institucionalizada, que a su vez construye, como se mencion贸 anteriormente, la legitimaci贸n de la violencia.

Podr铆a considerarse que la violencia legitimada se circunscribe 煤nicamente al 谩mbito jur铆dico, siendo que la violencia televisiva refuerza tambi茅n el propio poder del medio al convertirse en un espacio cat谩rtico en el que el espectador tiende a construir la percepci贸n de la realidad a trav茅s de lo que le dice la televisi贸n, percepci贸n que genera puntos de vista y posturas al respecto.
Gerbner afirma que la Televisi贸n realiza 鈥渄emostraciones de poder鈥, a trav茅s de una educaci贸n informal sobre el poder, esto a partir de los roles y estereotipos de v铆ctima y verdugo, que otorgan al receptor visiones particulares y fragmentadas sobre el poder de sus relaciones.

Sin duda una de las expresiones que la televisi贸n manifiesta cotidianamente en su macrodiscurso, como forma de violencia, es la discriminaci贸n ya sea de raza, socioecon贸mica o cultural, pero una de las m谩s evidentes y con mayor recurrencia es la violencia de g茅nero , que ya sea l煤dica, real o ficticia la convierte en algo socialmente aceptado, es decir normal.

La divulgaci贸n de patrones r铆gidos y diferenciados en los medios de comunicaci贸n, sirven de modelos para regular la conducta de hombres y mujeres, constituy茅ndose en formas violentas de regulaci贸n de comportamientos dentro de un sistema generador de relaciones entre dominantes y dominados.

La argumentaci贸n parte de un manejo ideol贸gico donde se atribuye que los comportamientos est谩n basados en las diferencias biol贸gicas sexuales y que la posesi贸n de 贸rganos reproductores diferentes es la clave para justificar las relaciones de sometimiento de unos sobre otros.

Existen diversas interpretaciones a partir de las cuales se puede argumentar el control de los medios como aparatos ideol贸gicos con directrices coercitivas que difunden formas de regulaci贸n entre los sujetos y una de ellas, es que legitiman el uso de la fuerza dentro de las relaciones sociales, familiares, pol铆ticas, laborales, de pareja entre muchas m谩s. Lo que ha significado la falta de conciencia y el lastre emocional ocasionado por la perpetuaci贸n de toda una gama de prejuicios y temores, donde tanto dominados como dominadores, pretenden mantener inconscientemente una sujeci贸n y control que los ubica como la 煤nica forma de poder interactuar.

En el 2007 en nuestro pa铆s se crea el Consejo Ciudadano por la Equidad de G茅nero en los Medios de Comunicaci贸n que es una instancia de representaci贸n amplia y plural que monitorea, analiza, informa y emite recomendaciones sobre la programaci贸n y los contenidos de los medios en materia de mujeres y g茅nero, e interact煤a con las autoridades competentes y la ciudadan铆a para promover la cultura de la equidad, con el siguiente antecedente y objetivos:

鈥淓n el a帽o 1995 en la Cuarta conferencia sobre la Mujer en Beijing, China, por primera vez se habl贸 del impacto de los medios de comunicaci贸n en la reproducci贸n de los estereotipos y roles de discriminaci贸n contra las mujeres y se llam贸 a los estados a tomar cartas en el asunto. M茅xico, firm贸 y adopt贸 los compromisos que establecen, entre otros aspectos:

鈥 Suprimir la proyecci贸n constante de im谩genes negativas y degradantes de la mujer en los medios de comunicaci贸n.
鈥 Alentar a los medios a que se abstengan de presentar a la mujer como un ser inferior y de explotarla como objeto sexual.
鈥 Instarlos a que instauren herramientas de autorregulaci贸n para eliminar los programas en que haya sesgo de g茅nero.
鈥 Potenciar el papel de las mujeres y su acceso a la tecnolog铆a de la informaci贸n para que ejerzan su derecho a la libre expresi贸n, contrarreste las im谩genes negativas y se oponga a los abusos de poder de la industria medi谩tica.
鈥 Apoyar el desarrollo de nuevos medios y la utilizaci贸n de todas las formas de comunicaci贸n y proporcionar financiaci贸n, seg煤n proceda, para difundir la informaci贸n dirigida a la mujer y sobre la mujer y sus intereses, entre otros'.
Posteriormente, en el 2009 este Consejo cre贸 el Observatorio Ciudadano por la Equidad de G茅nero en los Medios de Comunicaci贸n con el que se busca 鈥渂rindar a la ciudadan铆a un espacio para enviar denuncias, a partir de las cuales el Consejo emitir谩 recomendaciones sobre los contenidos de los medios en materia de g茅nero y las entregar谩 a las autoridades correspondientes, con el fin de promover una cultura de equidad. Es una instancia de representaci贸n amplia y plural que monitorea, analiza, informa y emite recomendaciones sobre la programaci贸n y los contenidos de los medios en materia de mujeres y g茅nero, e interact煤a con las autoridades competentes y la ciudadan铆a para promover la cultura de la equidad鈥. http://www.jornada.unam.mx/2009/07/31/index.php?section=sociedad&article=035n1soc

La realidad que circunda al sujeto actual, en la cual los medios de comunicaci贸n est谩n ineludiblemente presentes, se encuentra descrita a trav茅s de diversos fen贸menos propios de los medios y las nuevas tecnolog铆as; entre estos destaca la violencia que al ser espectacularizada a trav茅s de la imagen se convierte en un tema de la agenda que se propone cotidianamente al receptor.

Existen en nuestro pa铆s esfuerzos, aislados, como el del Observatorio Ciudadano por la Equidad de G茅nero en los Medios de Comunicaci贸n que buscan generar espacios de reflexi贸n y cr铆tica sobre la violencia mostrada por los medios, en especial la televisi贸n, lo cual lleva a repensar la propuesta de Karl. R. Popper sobre la necesidad de establecer mecanismos que regulen los contenidos, es decir una licencia para hacer televisi贸n.

Una educaci贸n que no considere educar sobre la exposici贸n a los medios de comunicaci贸n debe ser considerada, en nuestros d铆as, como incompleta ya que los medios tradicionales as铆 como la red son considerados los principales difusores de informaci贸n, revestida de entretenimiento, por lo que educar para conocer c贸mo exponerse a estos veh铆culos, a los que irremediablemente estamos expuestos, har谩 que los receptores asuman una posici贸n cr铆tica y reflexiva ante la fragmentada avalancha tem谩tica que en su men煤 privilegia la expresi贸n de la violencia.

Al final, lo que debe quedar en claro, es que mientras los medios difundan que las relaciones, cualquiera que 茅stas sean, est谩n basadas en el uso de la fuerza para resolver conflictos, lo que se est谩 fomentando es un contexto de desequilibrio de poder sea permanente o moment谩neo.

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1 Profesor e investigador del Departamento de Educaci贸n y Comunicaci贸n de la UAM-X.
2 Profesor e investigador del Departamento de Educaci贸n y Comunicaci贸n de la UAM-X
3 Los medios de comunicaci贸n masiva que se han convertido en uno de los pilares esenciales de la divulgaci贸n cultural, transmiten, en efecto, mensajes que no son culturalmente neutros. Esos mensajes reflejan el pensamiento, las ideas y los valores, en una palabra, la visi贸n del mundo de los que los difunden. Cuando aportan de manera intensiva sistemas de valores, de modos de vida, ajenos a los pueblos de una regi贸n dada, no se puede impedir que estos, a la larga, obliteren los valores propios de tales pueblos, con el riesgo de convertirse, incluso sin propon茅rselo, en instrumentos de alineaci贸n cultural.
4 En Trabajos y d铆as, Hes铆odo indica que los hombres hab铆an vivido hasta entonces libres de fatigas y enfermedades, pero Pandora abri贸 un 谩nfora que conten铆a todos los males (la expresi贸n 芦caja de Pandora禄 en lugar de jarra o 谩nfora es una deformaci贸n renacentista) liberando todas las desgracias humanas.
5 Seg煤n la tradici贸n jud铆a y cristiana, el Arca conocida como Arca de la Alianza, Arca del Pacto, o Arca del Convenio, nombrada tambi茅n como el Arca de Yahveh o Arca del Testimonio, era un objeto sagrado que guardaba las tablas de piedra que conten铆an los Diez Mandamientos.
6 El car谩cter mercantil est谩 dispuesto a dar, pero s贸lo a cambio de recibir; para 茅l, dar sin recibir significa una estafa. Erich Fromm.
7 鈥淓l concepto de violencia viene del lat铆n vis que en t茅rminos modernos significa: sujeci贸n, subordinaci贸n, dominaci贸n, imposici贸n, arbitrariedad, fragmentaci贸n, autoritarismo, fuerza, desgarro, desmemoria, olvido hacia lo colectivo, discriminaci贸n y prejuicio, entre otras posibles definiciones鈥. http://www.bibliojuridica.com/libros/1/479/17.pdf
8 鈥淟as humillaciones, los tratos crueles, inhumanos y degradantes son formas de violencia y tortura psicol贸gica utilizadas en forma frecuente, como pueden ser insultos, burlas de tipo sexual entre otras鈥. http://www.juridicas.unam.mx/publica/librev/rev/derhum/cont/37/pr/pr25.pdf
鈥淒amiens fue condenado, el 2 de marzo de 1757, a 'p煤blica retractaci贸n ante la puerta principal de la Iglesia de Par铆s', adonde deb铆a ser 'llevado y conducido en una carreta, desnudo, en camisa, con un hacha de cera encendida de dos libras de peso en la mano'; despu茅s, 'en dicha carreta, a la plaza de Gr猫ve, y sobre un cadalso que all铆 habr谩 sido levantado [deber谩n serle] atenaceadas las tetillas, brazos, muslos y pantorrillas, y su mano derecha, asido en 茅sta el cuchillo con que cometi贸 dicho parricidio, quemada con fuego de azufre, y sobre las partes atenaceadas se le verter谩 plomo derretido, aceite hirviendo, pez resina ardiente, cera y azufre fundidos juntamente, y a continuaci贸n, su cuerpo estirado y desmembrado por cuatro caballos y sus miembros y tronco consumidos en el fuego, reducidos a cenizas y sus cenizas arrojadas al viento'. (Foucault, 2003: 5)
10 Seg煤n Arist贸teles, la catarsis es la facultad de la tragedia de redimir (o 'purificar') al espectador de sus propias bajas pasiones emocionales, corporales, mentales y religiosas, al verlas proyectadas en los personajes de la obra, y al permitirle ver el castigo merecido e inevitable de 茅stas; pero sin experimentar dicho castigo 茅l mismo. (http://es.wikipedia.org/wiki/Catarsis)
11 Tribunal eclesi谩stico establecido para inquirir y castigar los delitos contra la fe. Sus or铆genes se encuentran en la persecuci贸n de las herej铆as populares del siglo XII. En 1231 el Papa Gregorio IX la organiz贸 definitivamente, confiando su direcci贸n a los dominicos. En M茅xico comenz贸 a funcionar el tribunal de la Inquisici贸n en noviembre de 1570. Los primeros procesos fueron hechos a extranjeros acusados de luteranismo. De 30 ingleses pertenecientes a la expedici贸n de Juan Hawkins, dos o tres fueron quemados, otros condenados a azotes y siete a servir en conventos; y en el siglo XVI y comienzos del XVII hubo unos 30 juicios contra luteranos y calvinistas. Los juicios se llevaban a cabo en sitios p煤blicos con lujo de crueldad pero el Tribunal del Santo Oficio nunca anunciaba ni ejecutaba sentencias y entregaba a los reos a la autoridad secular para que actuara en consecuencia. El Tribunal del Santo Oficio fue completamente extinguido en 1820.
12 El ceremonial religioso azteca era muy complicado y m煤ltiple y se hallaba 铆ntimamente ligado a los 2 calendarios utilizados por ellos. Los sacrificios eran muy variados; desde los autosacrificios con distintos tipos de espinas, o los de flores y animales, hasta los humanos, de los que se conoc铆a el sacrificio gladiatorio, por flechas, por decapitaci贸n, por desollamiento y por extracci贸n del coraz贸n. La antropofagia era siempre de car谩cter ritual. 鈥淟a extracci贸n del coraz贸n expresa claramente el elemento b谩sico del sacrificio humano: la noci贸n de deuda; las criaturas deb铆an la vida a sus creadores y deb铆an pagarla con su propia sangre鈥. C贸dice Tudela, f. 57r.
13 Durante el holocausto el genocidio fue de aproximadamente seis millones de jud铆os europeos.
14 Seg煤n datos de la encuestadora Opinion Research Business, al a帽o 2007 se registraron 1.3 millones de muertes violentas como consecuencia del conflicto.
15 A prop贸sito del centenario de la Revoluci贸n se calcula, conservadoramente, que el n煤mero de muertos en este movimiento alcanz贸 m谩s de 900,000 personas.
16 鈥淧ero el cuerpo est谩 tambi茅n directamente inmerso en un campo pol铆tico; las relaciones de poder operan sobre 茅l una presa inmediata; lo cercan, lo marcan, lo doman, lo someten a suplicio, lo fuerzan a unos trabajos, lo obligan a unas ceremonias, exigen de 茅l unos signos. Este cerco pol铆tico del cuerpo va unido, de acuerdo con unas relaciones complejas y rec铆procas, a la utilizaci贸n econ贸mica del cuerpo; el cuerpo, en una buena parte, est谩 imbuido de relaciones de poder y de dominaci贸n, como fuerza de producci贸n; pero en cambio, su constituci贸n como fuerza de trabajo s贸lo es posible si se halla prendido en un sistema de sujeci贸n (en el que la necesidad es tambi茅n un instrumento pol铆tico cuidadosamente dispuesto, calculado y utilizado)鈥. (Foucault, 2003:18).
17 T茅rmino griego que hac铆a referencia al principio vital incorp贸reo o alma, en oposici贸n al cuerpo material o soma.
18 Compendio del pensamiento filos贸fico de Thomas Hobbes uno de los m谩s importantes fil贸sofos de la Edad Moderna. (1588 - 1679
19 El linchamiento de una persona inocente o culpable por parte de una enfurecida masa (鈥淧or segundo d铆a consecutivo, habitantes de Milpa Alta intentaron hacerse justicia por propia mano y linchar a dos presuntos delincuentes. Ayer le toc贸 el turno a los pobladores de San Antonio Tecomic quienes detuvieron a dos individuos y en el kiosco de esa comunidad intentaron matarlos a golpes鈥 El Universal 8 de agosto de 2010), el novio o esposo que golpea o insulta a su pareja, el polic铆a que ultraja sin piedad a un manifestante o el conductor de un programa de televisi贸n que sobaja f铆sica o psicol贸gicamente a alguien representan, sin lugar a dudas, actos violentos con independencia de su origen.
20 鈥淓n el directo podemos encontrar una clara demostraci贸n de celeridad y simultaneidad. Tal vez su primera expresi贸n fue el asesinato de Lee Harvey Oswald a manos de Jack Ruby, visto por millones de personas en Estados Unidos, y luego presentado en video tape en otros pa铆ses, dado que a煤n no exist铆a la transmisi贸n de TV v铆a sat茅lite鈥. http://www.eumed.net/libros/2010b/712/Cultura%20de%20masas.htm
21 Al aplicar el modelo Est铆mulo-Respuesta b谩sico al sistema de las comunicaciones humanas, se genera el modelo lineal de la comunicaci贸n humana, desarrollado por Harold D. Laswell, quien propuso una f贸rmula de encadenamiento lineal de cinco preguntas: 驴Qui茅n 鈥 dice qu茅 鈥 por cu谩l canal 鈥 a qui茅n 鈥 con qu茅 efecto?. http://www.monografias.com/trabajos5/modte/modte.shtml
22 Esta teor铆a no toma en consideraci贸n c贸mo se siente el individuo estudiado, o qu茅 piensa; s贸lo se preocupa de qu茅 hace, cu谩les son sus reacciones, y c贸mo se puede condicionar.
23 鈥淯nidad sistem谩tica y organizada, estructura de orden superior unificadora de las estructuras aut贸nomas constituidas por los diversos programas, la programaci贸n se nos presenta como un nuevo objeto de reflexi贸n semi贸tica.
鈥淪e hace pues necesario abordar el estudio de la programaci贸n como discurso: entendido 茅ste ya no como el mero resultado de la competencia semi贸tica del sistema, sino como el 谩mbito de una productividad semi贸tica espec铆fica que, lejos de hallarse totalmente sometida al sistema, constituye el lugar donde 茅ste se diacroniza y deviene objeto de transformaci贸n鈥 (Gonz谩lez, 1988).
24 鈥淟a televisi贸n socializa (鈥榗ultiva鈥) a los p煤blicos en una visi贸n com煤n del mundo, en la implantaci贸n de valores comunes, en la configuraci贸n de espacios descritos por ambientes homog茅neos. A Gerbner le interesan las consecuencias derivadas de consumos en los que predominan los aspectos violentos.
鈥淓n su 鈥榯eor铆a de la cultivaci贸n鈥, Gerbner se acerca emp铆ricamente a las audiencias y observa la dependencia del imaginario individual, del mundo personal, de los valores adquiridos a trav茅s del tipo de programas que consumo de forma habitual. No hay en el planteamiento una visi贸n causal determinista y universal del problema de los efectos, sino que Gerbner observa el valor de las respuestas dominantes, de las grandes tendencias sobre el escenario social鈥. http://www.infoamerica.org/teoria/gerbner1.htm
25 鈥淓l concepto de g茅nero se refiere a la construcci贸n social de las relaciones entre mujeres y varones, aprendidas a trav茅s del proceso de socializaci贸n, cambiantes con el tiempo que var铆an entre una cultura y otra, y aun dentro de una misma cultura鈥. : http://www.monografias.com/trabajos31/violencia-de-genero/violencia-de-genero.shtml

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Bibliograf铆a

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Castillo, M. A. (2003). 鈥淣ota roja: un gratificador sustituto鈥. Anuario de Investigaci贸n. Departamento de Educaci贸n y Comunicaci贸n. UAM-X.
D么ring, H. T. (2007). M谩tame amor: violencia, M茅xico y la mujer. Ed. redes. M茅xico.
Garrido Lora Manuel. (2003). 鈥淟a cultura comunicada en el origen de la violencia humana鈥 SPHER P脷BLICA, Revista de Ciencias Sociales y de la Comunicaci贸n, N煤mero 3, Murcia Espa帽a.
Gonz谩lez Requena, Jes煤s (1988). El discurso televisivo: espect谩culo de la posmodernidad. Ediciones C谩tedra, S.A., Madrid.
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Consultas en la red
http://www.bibliojuridica.com/libros/1/479/17
http://www.juridicas.unam.mx/publica/librev/rev/derhum/cont/37/pr/pr25
http://www.eumed.net/libros/2010b/712/Cultura%20de%20masas.htm
http://www.jornada.unam.mx/2009/07/31/index.php?section=sociedad&article=035n1soc
http://www.monografias.com/trabajos31/violencia-de-genero/violencia-de-genero.shtml
http://www.infoamerica.org/teoria/gerbner1.htm
http://www.monografias.com/trabajos5/modte/modte.shtml

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