REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
28 | 01 | 2020
   

Letras, libros y revistas

El divino vuelo: Poemario de Ciprián Cabrera Jasso


Marisa Trejo Sirvent

 Ciprián Cabrera Jasso abandonó su “cuerpo a voluntad” en la “conciencia divina” de contemplar el mundo como la parte odiada o querida de sí mismo, en tres cantos que conforman su libro El divino vuelo (Gobierno del Estado de Tabasco, 2010), su más reciente poemario, para ser vuelo, isla, ángel, partícula de la esencia de Dios, canto de soledad, de gatos a la Baudelaire. Cantos de domingos donde podemos conversar con el silencio de sauces llorones y el maravilloso canto de pájaros mientras la noche llega dejando destellos iluminados que pueden recordarse cuando convertido en viento, hemos visitado el vacío del infierno, pero también la conciencia en el amor a todos y a sí mismo. Ciudades donde hemos caminado por calles cargando nuestro enjuto cadáver como si fuera el de algún transeúnte.

Ciprián Cabrera Jasso abandonó su cuerpo a voluntad, para llegar hasta el mar, hasta grandes ciudades, la Plaza de San Marcos en Venecia o una calle en San Juan Bautista; supo que lo importante es el vuelo de las aves, deslizarse por un río que podría ser cualquiera o ser el Sena, y ser el movimiento de un girasol en medio de campos amarillos; supo por eso sentir que la tarde es una mujer que nos espera. Ciprián comprendió en sueños, recostado en el cielo de su cuarto, con la compañía de su gato y la soledad que también acompaña, que hace tiempo el abismo ya no se agita más en su corazón sobre la más oscura de las noches. Noches donde ha sabido amar a todos, ser íntegramente espíritu, amar a la existencia, vislumbrar la quimera de una mejor vida en este planeta.

Ciprián conduce en estos cantos también a nuestro cuerpo a voluntad en un largo paseo por el espíritu para hacernos ver que la soledad, la muerte, la angustia, los terribles momentos en letargo, el sufrimiento infértil, el daño que hemoshecho a los otros nos lo hemos también hecho a sí mismos. El poeta devela los falsos espejismos de la inconsciencia, un juego absurdo del pensamiento que nos presenta personajes y máscaras con los que nos engañamos. El poeta sabe que no debemos buscar más en los profundos y oscuros pantanos aquello que más bien llevamos en nosotros mismos, que siempre hemos tenido y no hemos visto. El poeta sabe que podemos viajar en armonía divina con el universo, que podríamos avivar nuestra conciencia en la humildad, en el amor, sin dañar a los demás, y así, en vuelo del espíritu sagrado, comprender el inconmensurable amor de Dios.

Ciprián Cabrera Jasso afirma que escribió El Divino vuelo después de tres años de una larga penumbra en que sus “infiernos interiores” lo condujeron a abismos y nebulosas locuras que nos hace ver en los cantos de la primera parte. El poeta sabe que esos infiernos no son más que las odiosas guerras humanas, las terribles torturas, genocidios y matanzas absurdas que el ser humano ha provocado en su inconsciencia. Bienaventurado Ciprián que abandonó el vacío de su cuerpo a voluntad para buscar, en su espíritu, los brazos que pueden salvarnos de este infierno que “ni Dante pudo imaginar en sus círculos donde Virgilio lo guiaba para salir de nuevo a las estrellas”.

En los cantos de la segunda parte, el poeta nos habla de seres que han muerto y que en su paso por un purgatorio, viven ese tránsito a otras dimensiones. El poeta que siempre nos asombra, el poeta que siempre nos conmueve, el poeta que nos lleva también a cuestas en su desplazamiento, el poeta que nos invita en su migración hacia mundos ignotos, de canto en canto, con un ritmo pausado, sentido, inmejorablemente construido, en versos libres de este genial poema de largo aliento, a la manera de los cantos antiguos, nos lleva a comprender el sentido de su “divino vuelo”. El poeta concluye así con una tercera parte donde condensa la altura de su canto y da cierre a sus bien pensados juegos líricos.

Bienaventurado Ciprián que encontró después de torbellinos, tornados y huracanes, el remanso del cántaro de Dios que se manifestó en su ser, en un instante en que supo volar en el “divino vuelo” de las cosas terrenas y tangibles, pero también navegó en las esencias etéreas, en la infinitud de la eternidad donde el tiempo es sólo retiro, pensamiento, alabanza, corazón agradecido que no espera nada, calma inmóvil, silencio, conciencia, quietud y éxtasis. El poeta abandonó así el vacío de su cuerpo a voluntad para dejar atrás el ego, las vilezas del mundo, para ver cómo las estrellas iluminan su noche o su amanecer, para sentir el abrazo de todos, el fuego divino del sendero del amor, el viaje en alas del espíritu divino del “tiempo sin tiempo” hacia el paraíso de Dios que se manifiesta en todos y en uno mismo.