REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
21 | 01 | 2020
   

Letras, libros y revistas

Concisión y braverías de un prolegómeno de la minificción


Ángel Acosta Blanco

En las presentes líneas, y mediante un corpus mínimo, es de mi interés señalar la contribución que Amado Nervo 1 hizo de las formas breves ficcionales como parte importante de su producción escrita, todo lo cual además de ser capítulo del espíritu refinado y preciosista del momento, coloca a dicho autor dentro de los prolegómenos representativos en Hispanoamérica de la minificción moderna; por otro lado también es demostrar cómo estas breverías aportan en mucho varios datos tanto del gusto temático del autor y del receptor, así como del tono humorístico constante y, en varios casos para la época, chocante hacia las figuras de los mexicanos de las clases medias y altas porfirianas.

Así pues, nuestro escritor mexicano desarrolló, desde muy joven hasta el final de sus días, diversos géneros literarios, tales como la novela corta, cuento, crónica, ensayo y poesía; así como el cuento corto, microrrelato y microteatro. La mayor porción de su trabajo pasó por las “camas de Procusto”, es decir, los textos de Nervo estuvieron sujetos a la figura del medio de difusión periodística, con lo que no olvidemos que ésta era la manera masiva de comunicación por excelencia a finales del siglo XIX y principios del XX, no sólo en las capitales del modernismo (París, Ciudad de México, Buenos Aires), sino en el resto de Occidente; tampoco omitamos que este estado, que bien puede ser equivalente a nuestros sistemas mediáticos (blogs de internet), por sus reglas editoriales e innovaciones y usos tipográficos, constituía el paradigma estético-formal de presentación informática y sintética de mayor efecto de persuasión para acusar el mensaje, para leer la emisión escrita. La filiación de Amado Nervo en el arte de redactar literariamente comenzó desde su juventud, y aunque en sus primeras etapas, estando fuera de la capital mexicana -en Zamora, Michoacán y Mazatlán, Sinaloay aún en sus textos todavía lo perseguían las reminiscencias románticas, tuvo una actitud siempre profesional para con su oficio. No obstante son para mí las obras mejor logradas a partir de su afincamiento en la Ciudad de México.

Digamos que si a Martí y a Nájera los consideramos germinadores y, a Darío, el padre, a Nervo y a Lugones les tocan cerrar la primera parte del ciclo modernista. La mayor concentración de su cuentística, incluyendo su crónica, fue en su desarrollo extensivo breve, ajustado al espacio de los medios de difusión impresos. El éxito de Nervo fue continental. Y ha sido tras su deceso, resguardado en la memoria colectiva y en el aprecio de lectores, críticos y estudiosos, por su poesía. Pero el talento de este mexicano se irrigó tanto en el verso, como en la prosa, ésta, ágil y fresca por su adaptación al uso de creaciones cortas, de léxico preciso para designar, de musicalidad, elegancia e internacionalismo. Nervo también adoptó el legado del nuevo género literario de Occidente, es decir nuestro poeta logró híbridos ficcionales interesantes: prosa poética o poemas en prosa. Tuvo además influencias de estrictos y prolíferos escritores: Anatole France, ‘Micros’ Ángel de Campo y Manuel Gutiérrez Nájera.

Títulos como “Los esquifes”, “El obstáculo”, “El balcón interior”, “La mano y la luz”, “Mi bastón”2, “La lámpara y la estrella”, “Un crimen pasional”, “Polen e ideas”, “El engaño” y “Relligio”3 son de los textos más breves. Esta concisión los ubica dentro del corpus de los prolegómenos de la minificción moderna, donde destacan cuentos cortos, con tono noticioso e irónico y un final epifánico. Disfrutemos de un ejemplo:

Un crimen pasional
El Agente del Ministerio Público estuvo muy feliz en su requisitoria.
Manuel X era reo de un asesinato perpetrado con alevosía, premeditación y ventaja: había hundido tres veces su puñal en el pecho de una mujer inerme; tuvo tiempo de reflexionar... Su delito revestía caracteres de crueldad inaudita; caída la víctima en fuerza del primer golpe, el miserable hincó la rodilla en el vientre para consumar su obra... Resistió después como un loco a la autoridad, describiendo con su puñal ensangrentado siniestro círculo.
Tuvo el Agente otros toques de aterrador colorido para el cuadro, y en vano fue que el defensor hablase de la insensatez de los celos, de la rabia del marido burlado..., en vano: los jurados estuvieron de acuerdo en su voto, y el juez, con voz temblorosa, “conforme al artículo... del código...”, “pena capital”.
Cuando terminó la audiencia, el sacerdote de la ley acercóse al reo y le dijo: -Perdóname: ¡ha sido preciso!...
-Señor –respondió Manuel X...-, la amaba mucho; la saqué de la nada; la hice mi esposa y la rodeé de solicitudes... Un día, la sospecha clavó su diente envenenado en mi corazón... ¡Sufrí tanto, tanto!..., y aquella noche: ¡la noche fatal!, ella, confundida merced a un hábil interrogatorio, confesó su adulterio... Después, lejos de impetrar piedad, tuvo el cinismo suficiente para decirme: -¡Sí, lo amo! ¿Y qué? ¡A ti te desprecio! ¡Mátame: de otra suerte, no acabarás con mi pasión!-. Y la maté, señor, la maté y me ensañé en su cuerpo... ¿Qué hubiera usted hecho en mi lugar?
El juez se estremeció: en aquel momento se detallaba en su imaginación, con nimios detalles, una historia horrible; ¡su historia! Recordaba a la mujer adorada, ¡su esposa!, que había huido del hogar dejándole dos hijos; su vergüenza, su silencio, hijo del rubor infinito; su vida de dolor y sacrificio... y, como epílogo cruel, su sonrisa enigmática ante el mundo, que lo señalaba con el dedo...
Recordó todo esto... y, aproximando sus labios al oído del reo, murmuró con voz sorda:
-¡Yo..., yo... habría hecho lo mismo... si pudiera matar!
(México, junio de 1895)4

En este cuento, como se manifiesta también en otros, el final sorpresivo se atenúa un poco a causa de la moraleja, fusionada entre ejemplos de pulsiones humanas como revelación de una verdad interna o psíquica. Es claro que no participamos de un proceso circular moral sino, en todo caso, “lo que observamos es la reacción de un personaje o de una comunidad ante un momento de tensión súbita”5; en el caso de nuestras obras nervianas, de una visión irónica sobre los valores y las conductas de muchas familias porfirianas.
Por otro lado, también es necesario no dejar de lado y llamar mucho la atención con respecto al gusto que Amado Nervo tuvo por el teatro. Así, por ejemplo, en sus múltiples crónicas, apuntó muy en concreto desde las puestas en escena de las carteleras de los principales teatros de la Ciudad de México, donde destacaban dramaturgos como Shakespeare, Echegaray, Zorrilla, Enrique Gaspar, Bretón de los Herreros, Tamayo y Baus, Víctor Hugo, Rojas, Tirso de Molina, Lope, Calderón, Lope de Ayala, Ohnet, Dumas, hasta las potencialidades de actrices y actores mexicanos o españoles. Anotaba incluso las deficiencias actorales o de obras. Aun más, Nervo también escribió sobre algunas puestas en escena operísticas.
De dichas crónicas nos quedan extraordinarios documentos que describen, de forma directa o indirecta, las costumbres de algunos sectores sociales por el gusto que estos tenían por ir al teatro nocturno entre semana, o al vespertino en los domingos; esta actividad es parte de algunas otras muy significativas que hacían de la sociedad mexicana partícipe, pero lo es aun más porque es parte de la bohemia de los artistas e intelectuales de finales del siglo XIX, cuya actitud era, además de ser moderna, evocadora del estilo francés.
Nervo además mostró la vena de dramaturgo. La edición de Aguilar agrupa bajo el genérico título –rasgo importante, pero muy disminuido para la mayoría de los críticosTeatro mínimo, a 31 microtextos.6 Todos ellos brevísimos. Aparecieron entre los meses de agosto, septiembre, octubre de 1898 y editados en diarios como El Imparcial y El Mundo. Por la publicación temporal determinada y precisa de estos microteatros en los periódicos, en mi opinión, muestra un ejecutado y acabado proyecto en el arribo del género del drama en Nervo. Sin embargo, hasta la fecha, no se ha encontrado ningún microteatro que el escritor mexicano haya publicado en alguna otra época de su existencia como autor.

En la Etapa Modernista, la mayoría de la poesía publicada era degustada por sus lectores mediante formato libro; producto de la tradicional visión de que el verso pertenecía a un arte mayor y, aun más, a un arte intimista. Así, por el contrario, la prosa se destinaba para las discusiones o debates públicos, lo que hacía que tanto la crónica, artículo y cuento corto, como la novela por entregas o capítulos, se debatieran en los espacios periodísticos; textos que conformaban órganos informativos y noticieros, los cuales correspondían a la exigente vida moderna. Recordemos que el periódico se constituyó como otra institución pública.

Si tenemos en cuenta que en México el periódico o revista era el instrumento todavía de preferencia para la prosa y otros tipos de textos, entonces consideremos también al Teatro mínimo de Nervo, como una de las primeras publicaciones dramáticas que incursionan en la ficción breve que, por otra parte, poca atención le han prestado la crítica y las editoriales de difusión.

En particular las obras reflejan conflictos humanos de la última década decimonónica de la Ciudad de México. Están cargadas de humor y se caracterizan por el uso de la ironía, la caricaturización, la contradicción y el asunto tratado de forma súbita, mediante breves diálogos. Dichas estrategias contribuyen, además, a hacer de estas piezas mínimas una ingente caracterización de personajes propios de la urbana modernidad. La tendencia dramática se inclina a la comedia realista y, en algunos casos, a la sátira y al teatro del absurdo, incluso, en otros, a la fábula. Habría que señalar, por otra parte cómo la concisión no hace que se demeriten las obras, pues éstas quedan con buen tino humorístico y con una prosa sencilla, lo cual ni raya en lo coloquial, ni en lo culto; pero sí con un aplome en el uso del entimema, es decir de aquello que se torna silencio o que no se dice; sin embargo es lo que adquiere mayor importancia, ya que ahí es donde está lo puesto en entredicho o en sí la crítica social, con lo cual queda para el lector, según su competencia cultural, su contribución no sólo de complicidad con el autor y personajes, sino además la magnitud de aquilatación moral.

El Teatro mínimo de Nervo afronta gran variedad de asuntos, entre los que destacan, por ejemplo, los siguientes: el embuste periodístico, la falta o el empobrecido criterio editorialista, la mala administración, el fraude de los redactores, la saña entre publicaciones, la demagogia, equívoco y absurdo de políticas de reconocimiento a personajes ilustres de nuestro pasado mexicano, el supuesto laicismo ideológico de los liberales, la moda femenina, la ociosidad de la juventud, la pose intelectual, la ignorancia y la frivolidad y el gusto todavía por la literatura romántica de Bécquer y Jorge Isaac; en conjunto, lo enlistado le resulta a Nervo recalcitrante y criticable. Aún entre estos asuntos encontramos que nuestro autor, con cierta postura pedagógica moral, manifiesta casi explícitamente que es necesario y urgente enmendar las actitudes, tratos, gustos y pensamientos de las mujeres jóvenes, principalmente, de aquellas de las que predisponen tretas para atrapar galanes, otras, para hacerse de las modas, otras más para fantasear sin ton ni son.

El microteatro de Amado Nervo es un proyecto realizado principalmente para ser degustado mediante su lectura en los periódicos. Algunos pueden identificarse con cuadros de costumbres; otros, con viñetas; incluso algunos se vuelven relatos o minicuentos; pero todos en el orden del drama.
Al experimentar o incursionar en el drama, Nervo ajusta indiscutiblemente la forma de su obra a la del medio de difusión de la misma. Como prueba y muestra, transcribo también una de esas 31 miniaturas de finales del siglo XIX, que el célebre escritor Amado Nervo realizó con esmero e ingeniosidad y de paso sirva para volver la mirada a nuestros literatos del pasado moderno:

Inter bustos

Pleno sol. Verja de la Biblioteca Nacional. Bustos (?) de Carpio, Pesado y Sigüenza y Góngora, Netzahualcóyotl y demás hombres ilustres expuestos a la admiración pública... y los chaparrones.
PESADO.Oye, Sigüencita, hijo, ¿a qué horas regará el jardinero?
SIGÜENZA.Qué pesado estás hoy, vete: tres veces has repetido la pregunta.
PESADO.A ver si se le escapa con dirección a mí un chorrito de agua. Este calor me mata... Tiene sus inconvenientes la gloria... ¿De qué me sirven los laureles, si no dan sombra...?
CARPIO.(Terciando en la conversación) “De qué me sirven los jacintos rojos, el lirio azul y el loto de la fuente...” SIGÜENZA.Qué manía de recitar tienes, hijo... Pareces vate de Coyoacán.
PESADO.No es justo que Dante, Galileo, Descartes y otros, estén al amparo de las naves bibliotecarias en tanto que nosotros nos tostamos aquí... Cierto es que fueron grandes, pero nosotros somos criollitos del país.
NETZAHUALCÓYOTL.(Metiendo baza) Rabia, hermano, me alegro; así pagarás los cantares aztecas que me colgaste... PESADO.Ésa no fue culpa mía, Coyolito; a mí me los dieron como tuyos... Yo qué iba a saber... Si no hubieras escrito en azteca y sobre pasta de maguey...
NETZAHUALCÓYOTL.Ya estarás, vanidoso... Y todo porque te va a editar don Victoriano en papel de chupar...
PESADO.¿Y por qué me lo echas en cara?... Yo no soy satanista para editarme a prorrata pecuniaria o intelectual como cualquier bozo cleptómano y delicuescente...
NETZAHUALCÓYOTL.Perdona mis durezas, hermano, es que tus cantares aztecas me revuelven el estómago.
SIGÜENZA Y GÓNGORA.Se callan o llamo a don José María... Ya quisieran muchos estar aquí como ustedes, perpetuados en piedra pómex... ¡facetos!...
(El Jardinero, que llega, interrumpe el diálogo)7 Para concluir, sólo resta agregar que entre el modernismo y las vanguardias (segundo ciclo modernista) se pueden clasificar como precursores a aquellos que produjeron de alguna manera el género de la ficción breve, por ejemplo: en México: Nájera, Silva y Aceves, Tablada, Velarde, Torri y Novo; en Argentina: Ángel de Estrada, Macedonio Fernández y Leopoldo Lugones; en Venezuela: Sucre y Garmendia; en Nicaragua: Darío; en Guatemala: Gómez Carrillo; en Perú: Vallejo; en Chile: Huidobro; incluso en España: a Jiménez, De la Serna y Lorca. De igual forma así ahora podemos reconocer que Nervo pertenece a esta camada de prolegómenos de la minificción en habla española, cuyas características formales y literarias se cumplen dentro del relato corto y moderno; pero aun también pertenece al catálogo de dramaturgos de su generación de la talla de Pedro Muñoz Seca y Federico García Lorca8, quienes con algunos de sus textos mínimos subrayan una apuesta por las creaciones dramáticas breves, donde el humor, la ironía y la sátira no escapan en su excelente logro artístico, desde el monólogo hasta el diálogo fragmentado, se exponen fugaces conflictos de la vida o psique moderna de los
encabalgados siglos XIX y XX.

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NOTAS:
1 E. Imbert Anderson. “Capítulo XI: 1895-1910 [Nacidos de 1870 a 1885]”, en Historia de la literatura hispanoamericana I. La colonia. Cien años de república, 2a ed., México, FCE, 1970, (Colección Breviarios del FCE, núm. 89), pp. 397-486: Amado Nervo (México, 1870-1919) fue un prolífero cronista que colaboró en los principales diarios de su época. Dirigió la legendaria Revista Moderna. Autor de los poemarios: Perlas negras (1898); Poemas (1901); En voz baja (1909); Serenidad (1914); Elevación (1917); y de los póstumos La amada inmóvil y El arguero divino. Escribió relatos largos como El bachiller, El donador de almas y Pascual Aguilera.
2 Estos cinco textos son reconocidos respectivamente de la edición de M. Durán: Cuentos y crónicas de Amado Nervo, México, UNAM, 1971, (Col. Biblioteca del Estudiante Universitario, 95), pp. 10-11, 12-13, 59-60, 64-65, 72-73.
3 Estos otros cinco son reconocidos de la edición de Francisco González Güero: Obras completas (prosa), Madrid, Aguilar, 1973, t 1, pp. 102-103, 120-121.
4 Ídem.
5 Charles Baxter, “Introduction”, en Sudden Fiction International. 60 Short Short Stories, de Robert Shapard y James Thomas (eds), Norton, 1989, pp. 17-25, (esp. P. 21): Citado por Lauro Zavala: La minificción bajo el microscopio, pp. 40-41.
6 En Obras completas (prosa), Madrid, Aguilar, 1973, t 1, pp. 708-
732. tradición como sustrato artístico de la vanguardia”. (En prensa)