REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
11 | 08 | 2020
   

Letras, libros y revistas

Materia dispuesta de Juan Villoro


Elsa Cano

Juan Villoro (México, 1956) tiene publicados una serie de libros, entre ellos: La noche navegable y Albercas (relatos), El disparo de Argón (novela) y Los once de la Tribu (crónica) entre otras.

Hoy me ocuparé de su novela Materia Dispuesta (1996) que ofrece al lector siete capítulos los cuales el mismo autor ha señalado como siete relatos por conformar una especie de “novela de educación sentimental”. En ella es narrada la historia de Mauricio Guardiola un niño muy gordo cuya vida desde la infancia se ve delimitada por acontecimientos sociales, políticos, económicos, telúricos, culturales y por supuesto familiares. El niño es usado como tapadera o cómplice por su padre; pues para evitar que la madre sospeche de sus adulterios, el padre se lleva al niño tanto a los moteles como a la casa de sus amantes.

El libro se llama Materia Dispuesta, porque Mauricio no tiene ni voluntad, ni interés en nada ni en nadie. Siempre está disponible para todo sin el menor entusiasmo. Tiene un hermano, llamado Carlos y un amigo llamado Pancho. Para los dos, Mauricio es una especie de sombra, de objeto, un simple bulto.

Casi todos los personajes de esta novela están buscando asidero, porque están en la indefinición, son algo híbridos.
Mauricio crece dando traspiés, cometiendo errores, con pequeñas ilusiones y grandes desencantos, puesto que no tiene cerca de él alguna persona que pueda orientarlo. Vive en la colonia Terminal Progreso, nombre irónico para un territorio cuyo progreso está en el subsuelo. Sólo Verónica al final, lo recompensará con su cariño.

La novela está narrada por tres voces: una primera llamada Mauricio, hasta el tercer capítulo. Después esta voz se desdobla y el que narra es “otro” que puede ser su conciencia, su juez, o su rival; esta segunda voz entra y sale de la narración, cuenta lo que Mauricio dice y hace. Y finalmente aparece otro narrador, éste ya en tercera persona.

La Ciudad de México que describe Villoro no es escenario ni cómplice, es angustia que se contagia en sus habitantes, seres como Mauricio y Verónica, atípicos, que se ven atrapados desmesuradamente por los cambios y lamentos cada vez más inseguros e inestables, territorio donde los peligros urbanos los acechan: golpizas, drogas, prostitución, corrupción, traición, infidelidad, soledad y muerte.

En el desenlace Villoro deja una luz: Mauricio cobra en su trabajo (recolector de basura) un sentido de servicio, de utilidad, por lo tanto su existencia tendrá ya más que materia dispuesta, una orientación, una finalidad junto a Verónica.