REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
23 | 07 | 2019
   

Arca de Noé

Los trancos


Carlos Bracho

Tranco I

Tranco en el que el maestro Bracho toma fuertemente su dardo venenoso, apunta a los glúteos de algunos políticos y sin más lo lanza con fuerza sobre tan blanda región corporal. Claro que el afectado respinga y resopla y se dice ofendido y agrega malhumorado que dichos dardos lanzados por el ínclito maese Bracho son venenosos, infundados y mentirosos…y por ahí sigue la retahíla de frases del politicastro en cuestión.
Como en este siete veces H. Consejo Editorial tenemos serias dudas sobre el comportamiento de la clase en el poder -léase: políticos, presidentes, jueces, etc.-, dudas amparadas por la cruda realidad que nos afecta en todos los órdenes posibles de la vida diaria, hace que nosotros siempre estemos de acuerdo con los señalamientos severos de don Carlos. Leamos:
En días pasados, estando yo en la democrática nunca bien ponderada cantina del rumbo “Mi Oficina”, y que al calor de unos cuantos tequilines, y después de saborear cacahuates dorados y saladitos y entrarle a unos limones bien agrios, un compa de la mesa vecina me gritó -pues el barullo a ese hora era fenomenal- y dijo que este nuestro Mexicalpan de las Ingratas era un país de opereta. Ante esa aseveración hubo un silencio sepulcral y todos los paisas presentes dejaron de beber y de charlar para darle la atención a tan duro dicho. Yo quise reaccionar con algún dejo de dignidad y tratar de echar abajo esa frase lapidaria. Sí, me dije, ¿cómo está eso de que nuestro México lindo y querido es un país de opereta? No, insistí para mis adentros, eso no se vale. Claro, México tiene…y ¡Zas! que me detengo en mis elucubraciones y ¡Zas! que me callo a mi mí mismo, y ¡Zas! que detengo la posible reclamación. Y de plano ya no supe qué hacer. Por más esfuerzo que hice no encontré muchas cosas buenas, que las hay, claro, pero… me llegaron a borbotones todos los males, todas las cosas horripilantes que pasan en este México dominado por el fascismo. Y ¡Zas! que en sucesión interminable, por mi cabeza, aparecieron hechos espeluznantes. ¡Zas! apareció en mi mente la matanza gubernamental del 68 sustentada por el tal Díaz Ordaz, y siguió el filme de horror al ver el asesinato cometido por los soldados de la familia del inerme luchador Jaramillo, y luego a ritmo endiablado se me llenó el alma con los robos y traiciones de los salinas, de los zedillos, de los foxes y de los calderones, el robo y saqueo de los ricotes banqueros de mi país, y la protección o ayuda o como se le llame de esos jueces venales que tienden amparos que protegen a los millonetas mexicas, a los criminales de cuello blanco…y el asalto a los bolsillos de los más necesitados con los fobaproas y con los aumentos a las gasolinas y a los teléfonos y al gas de la casa y a la luz y al predial, y luego de esto, otra vez el recuerdo de los crímenes oficiales del 71, y la tragedia de Aguas Blancas y la sangre y corrupción de El Charco y de los soldados matando campesinos y allanando viviendas de pobres y desarrapados, y el crimen de Acteal… y ¡Zas! que pienso que esos soldados yo no los he visto entrar a culatazos y rompiendo cosas en Las Lomas ni en las viviendas de los banqueros ni de los políticos que han saqueado al país. Y ¡Zas! que recuerdo que el tal Fox compró sábanas y cobijas y toallas de súper lujo, ropas dignas de sultanes y reyes medievales para adornar su aposento presidencial, y ¡Ándale, que se me atraviesa en la memoria el dinero que ganan los presidentes, los gober preciosos, los diputados y los senadores, sueldos dignos de jeques petroleros, y que además reciben sus bonos, sus recompensas millonarias y sus autos de lujo y sus hospedajes en hoteles de cinco estrellas… y ¡Zas! que me azota la cara el ver que millones y millones y millones de mexicas se debaten en la pobreza extrema y que no tienen para cuándo salir de ella, y luego recibo otra andanada de hechos pavorosos pues aparecen los miles y miles de obreros despedidos por el presidente del empleo -Calderón- y las empresas quebradas y la venta de garaje de los bienes nacionales, y que nuestras calles están plagadas de anuncios gigantescos que nos hacen ver que el idioma español no sirva para nada pues el inglés domina el entorno, y además nos quitan la vista del Popo y del Ajusco y de las nubes y de todo. Sí, me dije, ya calmado, ya entrado en razón, sí, no voy a contradecir a mi compa de cantina, no voy a rechazar su aseveración rotunda de “México es un país de opereta”.
Así que, ante los bochornosos ejemplos arriba citados, y que además, por falta de tequilas en mi boca, ya no quise seguir aumentando la lista que de hacerlo sería gigantesca, opté, digo, por callarme; luego con la cabeza le dije al vecino que sí, que tenía razón en su dicho. Apuré casi lloroso el resto de mi caballito. Puse luego en la rocola discos de Chava Flores. Al salir de Mi Oficina, cabizbajo y meditabundo, me fui caminando por rumbos de la nada, alumbrado por las sombras de la noche… Vale.

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