REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
20 | 07 | 2019
   

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David A Figueroa Hernández

Díaz Ordaz. Disparos en la Oscuridad. La historia de nuestro país ha tenido muchos episodios oscuros a lo largo de su existencia y la presente lectura no es la excepción ante lo sugestivo de su título.

Hablar de la vida de Gustavo Díaz Ordaz en nuestros días, nos remite sin duda a su actuar como Presidente de la República (1964-1970) cuyo desempeño fue caracterizado por la dureza de su mandato así como su férrea disciplina.

Sin embargo, el autor Fabrizio Mejía, nos conduce mágicamente por los diferentes laberintos de una carrera infortunada pero agraciada por la forma de pensar de tan mítico personaje así como de las diversas redes de complicidad que llevó a cabo para hacerse de un renombre en la política y en el poder.

Díaz Ordaz, al igual que la mayoría de los mexicanos, sufrió en carne viva los resultados negativos de la Revolución encabezada por Francisco I. Madero. El pequeño Gustavo era hijo de una familia semi disfuncional, en la que su padre gustaba del alcohol tras perder su empleo al caer el régimen de Porfirio Díaz, no obstante, siempre inculcó a su hijo una fuerte disciplina ante las desventajas que los aquejaban como familia: pobreza, hambre, falta de oportunidades y precaria educación.

Como los grandes personajes históricos de Oaxaca, Gustavo Díaz Ordaz estudio en el Centro de Ciencias y Artes del estado y al migrar hacia la tierra del héroe del 5 de mayo, Puebla de Zaragoza, incursiona en la política y termina sus estudios en abogacía. Su contacto con el entonces caudillo y feroz político, Maximino Ávila Camacho, se convertiría en su pase de entrada a los círculos de la élite gobernante.

Con el paso de los años, el ex mandatario sabía que su fealdad tenía que ser contrarrestada y qué mejor que con la obediencia a sus superiores aunado a una instrucción mínima que le permitiera destacar entre los poblanos, para ello, requería cumplir ciertos requisitos para ser tomado en cuenta y disfrutar de las delicias del poder; ansias constantes por tener lo que nunca había tenido: poder.

A lo largo de la lectura, el autor nos lleva, entre episodios, del pasado de nuestro personaje, a su presente días antes de morir; destaca mucho su carácter huraño y desconfiado, traducido en sus pensamientos diarios y sus acciones ante la sociedad. Odiado por muchos en México y en el exterior, Mejía Madrid, en pocas cuartillas nos habla con un lenguaje coloquial, y nos adentra en las entrañas mismas de la matanza de estudiantes en la noche conocida como 2 de octubre.

Los constantes desvaríos de Díaz Ordaz debido a este condenable hecho -justificado por el desarrollo de los Juegos Olímpicos de 1968-, hace que su vida se convierta en una ferviente paranoia al grado de desconfiar de todos y de armarse en su propia casa; acosado por un cáncer y por la falta de amigos, consumido por el odio y la férrea disciplina, muere como un personaje siniestro de la vida contemporánea nacional.

Cuando Maquiavelo nos enseñó cómo conseguir y mantener el poder político del Príncipe, analizamos que algunos personajes en la historia de nuestro país, han destacado por su forma de gobernar imponiendo la fuerza y la supuesta legalidad sobre los derechos fundamentales de los individuos sin importar las consecuencias.

Al ser una personaje oscuro, no es fácil encontrar lecturas sobre su persona -no así de la noche del 2 de octubre- pero la obra, envuelve al lector y permite un disfrute especial página por página.

Solemne respuesta la que proporcionó cuando se le preguntó sobre qué era el poder a lo que respondió: “Enseñar a obedecer”. Eso resume su vida.

Díaz Ordaz. Disparos en la Oscuridad. Fabrizio Mejía Madrid. Ed. SUMA de letras-Santillana Ediciones. 2011, 293 pp.

dfigueroah@yahoo.com.mx