REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
18 | 11 | 2019
   

Apantallados

Moviola en su laberinto - Nicolas Sarkozy: La audacia y el recurso del miedo en la política


Alonso Ruiz Belmont

Pocas contiendas electorales generaron tanta expectación en la opinión pública francesa como la llegada a la presidencia de Nicolas Sarkozy en 2007. Aprovechando hábilmente su proyección mediática como ministro del Interior, Sarkozy se lanzó a la contienda electoral buscando un triunfo improbable. En unas cuantas semanas el político gaullista logró remontar espectacularmente todos los sondeos de opinión y derrotó a la popular candidata del Partido Socialista (PS), Ségolène Royal, con apenas seis puntos de diferencia en la segunda vuelta de las elecciones generales en mayo de aquel año.

Días antes de tomar posesión de su cargo, Sarkozy se dejó fotografiar mientras vacacionaba en Malta en un yate de 25 metros de eslora, propiedad de su amigo el multimillonario Vincent Bolloré. Las polémicas habían comenzado la noche de su triunfo, cuando el presidente electo había celebrado una opulenta fiesta privada en un costoso hotel de los Campos Elíseos. Sin embargo, por aquellos días nada desató tantos comentarios como la compleja vida sentimental del mandatario. Cinco meses después de haberse instalado en el Palacio del Eliseo se anunció el divorcio de su segunda esposa, Cecilia Ciganer Albéniz. Unas semanas más tarde Sarkozy salía con la modelo y cantante italiana Carla Bruni, a quién desposó el 2 de febrero de 2008 en París.

Los cinco años previos a la victoria presidencial del político francés, su violenta rivalidad con el ex ministro de Relaciones Exteriores y ex jefe de gobierno, Dominique de Villepin; así como su pésima relación con el presidente Jacques Chirac, son abordados a detalle en el filme de ficción La Conquête (2011), de Xavier Durringer. La cinta es un retrato descarado y humano de la ambición sarkoziana vista desde el punto de vista de Cecilia, su principal confidente política durante aquellos años. La audacia y determinación con las que Sarkozy se empeña en llegar al Eliseo a cualquier costo acaban también por desintegrar su matrimonio. La relación con Cecilia se va tornando más distante conforme ella percibe que la vida política está más cerca de un reality show que de una batalla intelectual. La Conquête muestra a un candidato impaciente, volátil y narcisista que frente a sus asesores se lamenta de estar rodeado de “cretinos” al tiempo que les advierte a gritos: “Recuerden que soy como un Ferrari, cuando toquen el volante deben usar guantes” (en 2007, el aspirante presidencial confió a la periodista Catherine Nay que su personalidad fue moldeada por las humillaciones que sufrió a manos de sus compañeros de clase durante su infancia). Poco después, el nuevo presidente reacciona estupefacto al enterarse de que la revista Paris Match ha publicado en su portada una fotografía de Cecilia acompañada por el publicista Richard Attias, su nuevo compañero. La realidad fue menos indulgente, se rumoró que por ese desliz un iracundo Sarkozy habría exigido la renuncia del editor en jefe a los dueños de la publicación. En otras escenas del filme, Chirac y Villepin expresan en privado su desdén por él llamándolo burlonamente “enano” y “duende”.

Nicolas Paul Stéphane Sarkozy de Nagy-Bosca nació el 28 de enero de 1955 en París. Su padre, Pál Sarkozy Nagybócsay, era un noble húngaro de ascendencia católica que huyó de su país luego de la ocupación soviética. Su madre, Andreé Mallah, provenía a su vez de una adinerada familia de judíos griegos. El matrimonio Sarkozy Mallah tuvo tres hijos y se disolvió en 1959. Tras la separación de sus padres, Nicolas quedó bajo la tutela de su abuelo materno quien lo educó en una férrea tradición conservadora y le inculcó su admiración por el general De Gaulle. El joven Sarkozy vivió su adolescencia en barrios acomodados y se perfiló como un estudiante mediocre. En 1973 se licenció en la Universidad de París X Nanterre en la carrera de derecho; cinco años después obtuvo su título profesional y en 1981 aprobó el examen de la barra de abogados. Sarkozy se incorporó a un despacho de la capital donde litigó varios años en las áreas de derecho corporativo y familiar.

Si bien se había vinculado desde 1978 a las juventudes del partido Reagrupamiento por la República (RPR), el ascenso político de Nicolas Sarkozy comenzaría formalmente en 1983 cuando fue electo alcalde de Neully Sur Seine. Tras las elecciones generales de 1988, Sarkozy obtuvo una curul en la Asamblea Nacional como diputado; ese mismo año se integró a la sección de Juventud y Formación de la RPR bajo las órdenes de Alain Juppé, líder de la agrupación. En 1993, el primer ministro Edouard Balladour lo hace Ministro de Presupuesto. Fiel a sus creencias en política económica, Sarkozy se propone como meta reducir el déficit público. Las desavenencias con Chirac comenzarían en 1995; ese año el ex alcalde de París buscaba nuevamente la candidatura a la presidencia por el RPR. Las peculiaridades del sistema electoral francés permiten a un mismo partido postular a varios candidatos en las elecciones presidenciales, ése fue el caso en 1995. Ignorando el liderazgo político de su colega, aquel año Balladour presentó también su candidatura apoyado entusiastamente por Sarkozy. Aunque esa decisión sumió al partido en una fuerte crisis interna, sólo Chirac consiguió llegar a la segunda vuelta de las elecciones generales y derrotó finalmente al socialista Lionel Jospin. El nuevo presidente de la República francesa respondió inmediatamente con una purga implacable y aisló de su primer círculo a los balladouristas. Sarkozy sufrió un enorme revés en su carrera política, del cual tardaría varios años en recuperarse.

En 2002, el RPR se fusionó con la Unión por la Democracia Francesa (UDF) y se convirtió en la Unión por el Movimiento Popular (UMP). Fue en ese momento cuando Chirac pareció valorar la destreza política de Sarkozy y decidió darle una segunda oportunidad como Ministro del Interior en el gobierno del primer ministro Jean Pierre Raffarin. Sarkozy impulsó entonces una abultada agenda al frente de su ministerio, pronto destacó ante los medios por administrar una intransigente política de mano dura en temas como inmigración, delincuencia juvenil y seguridad interior. Sin embargo, la iniciativa más destacada fue la creación del Consejo Francés del Culto Musulmán, una organización que otorgó personalidad jurídica a los principales clérigos islamistas del país ante el Estado francés. Pese a todo, las discrepancias con Raffarin, Chirac y con el entonces ministro de Relaciones Exteriores, Dominique de Villepin fueron en aumento. En 2002 Sarkozy se hizo cargo del Ministerio de Finanzas. Sus prioridades estuvieron marcadas por un férreo control de la inflación, aunque en el ámbito fiscal evitó pronunciarse sobre la permanencia del impuesto solidario a la riqueza (ISF), bandera ideológica de la izquierda socialista.

En 2005 se realizó un referéndum al Tratado de la Constitución Europea que fue ampliamente rechazado por los ciudadanos franceses, a causa de esa crisis Jean Pierre Raffarin renunció a su cargo de primer ministro. La popularidad de Sarkozy subió entonces como la espuma y puso en riesgo las aspiraciones de Villepin, delfín político de Chirac. Este último tomó la decisión de nombrar a su protegido como nuevo primer ministro, pero asignó a Sarkozy por segunda vez el Ministerio del Interior tratando de sacar provecho de su popularidad mediática. Ni el presidente ni su primer ministro creyeron posible que aquel volátil individuo de 1.65 m de estatura, a quien tanto detestaban, pudiese contar con la astucia y la suerte suficientes para salirse con la suya. En otoño de ese año, la muerte accidental de dos jóvenes a manos de las fuerzas de seguridad desató una ola de violentos disturbios en los suburbios de París y de otras ciudades del país. El estallido social estaba en realidad alimentado por el enorme descontento que sufrían los jóvenes inmigrantes a causa del creciente desempleo, la represión policial y la falta de vivienda digna.

El ministro del Interior respondió con una sorprendente determinación, su dureza e intransigencia se llevó los aplausos de la Francia xenófoba y reaccionaria, en donde se hallaban los electores del ultraderechista Frente Nacional (FN). Sarkozy llamó a los manifestantes “escoria” y prometió barrerlos con mangueras de alta presión para “limpiar las calles”. Paradójicamente, quien pronunciaba aquellos epítetos racistas sería el primer presidente en la historia de la V República nacido en el seno de una familia de inmigrantes. A la desmovilización de las protestas callejeras, siguió una lista de polémicas iniciativas de ley redactadas también por Sarkozy. Estas incluían la selección y posterior monitoreo de todos los inmigrantes que entrasen al país, así como el endurecimiento de las penas a los delincuentes juveniles. Los sectores marginados y la izquierda hicieron patente su indignación, pero Sarkozy seguía volviéndose extremadamente popular en los sondeos de opinión. En el transcurso de 2006 el ministro del Interior llevó a cabo una estrategia relámpago para lograr la candidatura presidencial y sus bases de apoyo en la UMP se dispararon. Chirac y Villepin quedaron acorralados, el 14 de febrero de 2007 Sarkozy ganó la nominación de su partido con 98% de los votos computados. Ningún otro militante de la UMP se había presentado a las primarias. Chirac tuvo que hablar ante las cámaras de televisión con una ensayada sonrisa felicitando a quien llamó “su candidato” y el “hombre de su partido”.

En el transcurso de la campaña el candidato de la UMP probó ser un conservador pragmático: se pronunció a favor de una reforma que permitiría la herencia y los matrimonios entre personas de un mismo sexo, así como de la intervención del Estado para garantizar los derechos de las minorías étnicas, religiosas y sexuales. Ni siquiera una mujer tan ambiciosa, inteligente y hermosa como la candidata socialista Ségolène Royal, quien había comenzado la campaña con una holgada ventaja, pudo detener el ascenso de Sarkozy.

La agenda política del gaullista prometió frenar el intervencionismo estatal en la economía con una serie de reformas neoliberales que “permitirían a los franceses trabajar más para ganar más”. También se comprometió a incrementar el poder adquisitivo de los salarios, disminuir la inflación, el déficit público y los impuestos. Sin embargo, cinco años después la realidad es muy diferente a las promesas de campaña. Quince millones de franceses han tenido que apretarse el cinturón, el déficit público se ha incrementado y el gobierno ha tenido que subir los impuestos. En medio de la crisis financiera de 2009 Sarkozy se declaró un devoto intervencionista y llamó incluso a “refundar el capitalismo”, ello no ha impedido que se le responsabilice por el debilitamiento de la seguridad social. El legado de reformas en esta presidencia incluye un incremento en la edad de jubilación a los 62 años, conculcación de los derechos de huelga a los empleados del transporte público y el recorte de 150 000 plazas de trabajo en el sector paraestatal. Una de las pocas promesas que Sarkozy sí ha cumplido es la expulsión de 30,000 inmigrantes ilegales anualmente.

Sarkozy carga también con una lista de escándalos de espionaje a periodistas y acusaciones de financiamiento ilegal de su partido a través de la familia Bettencourt, dueña del imperio de cosméticos L’Oreal. Liliane Bettencourt, matriarca del clan, se habría beneficiado con una exención tributaria por treinta millones de euros (casi cuarenta millones de dólares) de parte del actual gobierno. Otro dolor de cabeza fueron las revueltas populares en Túnez y Libia, aliados estratégicos, que tomaron desprevenido al Ministerio de Relaciones Exteriores. El caso de Libia era más incómodo, pues la empresa de defensa francesa Amesys había hecho lucrativas ventas de equipo militar en 2007, antes de las insurrecciones armadas en aquel país. El 11 de marzo de 2011 Saif Gadafi, hijo del defenestrado dictador libio Muhamar Gadafi, acusó a los colaboradores del presidente francés de haber cobrado cincuenta millones de euros en comisiones ilegales como parte del contrato de Amesys, que habrían sido usados para financiar la campaña presidencial de la UMP cuatro años antes. “Sarkozy tiene que devolver el dinero que aceptó de Libia para financiar su campaña electoral”, clamó Saif en una entrevista, rematando con una solemne dosis de vulgaridad y cinismo: “Lo primero que pedimos a este bufón es que devuelva el dinero al pueblo libio”. El Palacio del Eliseo no demoró en calificar las acusaciones como “grotescas”, pero varios medios de comunicación (entre ellos el diario Libération) no se mostraron tan crédulos. Un hombre audaz y ambicioso había logrado alcanzar la cumbre de una descomunal montaña años antes teniendo todo en su contra; sin embargo, para muchos de sus compatriotas ha resultado ser un hombre sin temple (algo demasiado familiar para los mexicanos).

Pese al elevado nivel de desaprobación que su gestión despertaba entre la ciudadanía a principios de febrero, los escándalos de abuso sexual y prostitución en los que se vio envuelto el socialista Dominique Strauss Kahn ya habían barrido con uno de los adversarios políticos más fuertes de Sarkozy de cara a la primera vuelta de las elecciones generales de mayo próximo, en las cuales el presidente buscará reelegirse. Sin embargo, ello no ha impedido que el candidato del PS, François Hollande (ex marido de Ségolène Royal) se posicione ante la opinión pública como un serio rival; tampoco ayudaron las declaraciones de Jaques Chirac a la prensa en junio del año pasado, en las cuales afirmó: “Ya que Alain Juppé no será el candidato (de la UMP), votaré por François Hollande (…) no me importa, votaré por Hollande”. Los asesores del ex presidente lo instaron a plantear a los medios que todo había sido una broma inocente, Chirac accedió burlonamente.

A pesar de todo, es factible que Sarkozy pueda nuevamente reaccionar frente a la adversidad como hace cinco años. El súbito ascenso en las encuestas de Jean-Luc Melenchon, candidato por el Frente de Izquierda, es capaz de quitarle a Hollande los votos necesarios para ganar la contienda. Al menos tres sondeos de opinión publicados en Francia las últimas dos semanas ya registraban un virtual empate entre el presidente y Hollande. Otras encuestas, en cambio, sugerían que el candidato socialista podría alcanzar la mayoría en la segunda vuelta. En todo caso, la indignación ciudadana y el estado de alerta nacional forzados por la búsqueda del sanguinario yihadista de origen argelino Mohamed Merah, pueden también impulsar de modo decisivo la imagen política de Sarkozy. De hecho subió en las encuestas. En el transcurso de una semana Merah había asesinado a ocho personas en las ciudades de Montauban y Tolouse; entre ellas, tres niños y un profesor brutalmente masacrados en una escuela judía. La mañana del 22 de marzo, Merah fue cercado y abatido por las fuerzas especiales de la policía, que decidieron tomar por asalto su departamento luego de un sitio de 32 horas.

Al igual que en 2007 el voto de la ultraderecha sigue siendo un activo político estratégico para Sarkozy. Está también claro cómo las simpatías por él crecen espectacularmente cuando surge el problema de la inseguridad pública. El presidente francés parece recordarnos que, en cualquier parte del mundo, el miedo sigue siendo un recurso muy eficiente si es necesario convencer a un electorado indeciso. Los mexicanos tampoco debemos perder de vista aún que, pese al enorme sufrimiento causado a la sociedad civil, la estrategia oficial contra los cárteles de la droga en México podría resultar un factor decisivo para la permanencia del PAN en la presidencia si el gobierno calderonista consiguiese dar un estruendoso golpe mediático antes de las elecciones de julio próximo. La paradoja es triste pero posible.

* La Conquête, Francia, 2011. Dirección: Xavier Durringer. Producción: Eric Altmeyer, Altmeyer.
Guión: Patric Rotman, Xavier Durringer. Elenco: Denis Podalydès, Florence Pernel, Bernard Le Coq.

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