REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
16 | 10 | 2019
   

Letras, libros y revistas

De cara al sur


Edwin Lugo

Cada vez más lejos del sueño americanista de Bolívar, muchos lectores dirigen su interés hacia la literatura norteamericana cuyos títulos inundan las cada vez menos librerías del país; sin embargo escritores ameritados como el chileno Alberto Blest Gana son prácticamente desconocidos, por más que los países latinos tengan en común: historia, religión, idioma, cultura y hasta la lucha libertaria por independizarse de España y la vergonzante dependencia de Norteamérica.

Alberto Blest Gana uno de los máximos novelistas chilenos hace honor a la tradición, hoy prácticamente extinta de los diplomáticos-literatos, que sirviendo a sus países en el exterior, encontraron tiempo para realizar una obra literaria, alimentando así su nostalgia por la patria lejana. Nació el 4 de mayo de 1830, hijo del doctor Guillermo Blest y de María de la Luz Gana, en Santiago de Chile; su patria, al igual que otras repúblicas de América se había independizado en 1810 y ensayaba una nueva constitución política, corrían tiempos difíciles para Chile que se vio precisado a declarar la guerra a la Confederación Peruano-Boliviana que intentaba restituir el virreinato de Lima bajo la hegemonía de Andrés Santa Cruz, Alberto había cumplido cinco años cuando el ejército chileno ocupó Lima y en la batalla de Tungay finalizó una de las más cruentas guerras en América.

No obstante en 1842 surgió un apogeo intelectual de Chile con la presencia de notables extranjeros: Bello, Alberdi, Mitre, Ballivián y el pintor francés Auguste Quizac entre otros, pero a su vez jóvenes escritores chilenos formaron las primeras asociaciones culturales llenando con sus colaboraciones las páginas de las revistas literarias, de entre estas sociedades sobresale la fundada por Victorino Lastarria quien fundó la Sociedad de Literatura con Antonio Varas y Joaquín Vallejo.

Cuando contaba trece años Alberto ingresó al Instituto Nacional y luego a la Escuela Militar dirigida por su tío Francisco Gana; y cuando en l843 se funda la Universidad de Chile, el futuro novelista emprendió un viaje a Francia en compañía de un grupo de oficiales para perfeccionar sus estudios, mientras que algunos grupos de chilenos atraídos por la fiebre del oro en California se dirigían al norte, de donde regresaron en su mayoría humillados y miserables.

Cuando contaba veintiún años Alberto retornó a su patria donde fue promovido a teniente de ingenieros recibiendo además el nombramiento de profesor de Geometría y Topografía en la Escuela Militar.

En esos años se inauguró el Conservatorio de Música y la primera línea telegráfica entre Santiago y Valparaíso.

Blest Gana en quién ha ido en aumento su vocación literaria surgida desde su adolescencia, publica su primer novela en forma de folletín Una Escena Social en la revista El Museo; un año después contrae matrimonio con la que será su compañera y secretaria por el resto de su vida, Carmen Mascuñán, con quién procrea a Teresa, Margarita, Alberto Francisco, Juan María y Blanca Teresa.

Su pasión literaria lo induce a renunciar al ejército y así pública Engaños y Desengaños y Los Desposeídos, y poco después en forma de folletín en la revista El Pacífico: El Primer Amor, La Fascinación y la novela breve Juan de Aria publicada en El Aguinaldo suplemento-obsequio del periódico El Ferrocarril, edición que comenzó a circular cuando se inauguró el primer tramo ferroviario entre Santiago y Valparaíso.

En la década comprendida entre 1850 y 1860 Alberto gana el premio de doscientos pesos por su novela La Aritmética del Amor en un certamen convocado por al Universidad de Chile; ya para entonces ha conseguido realizar estupendas descripciones, una buena penetración psicológica y una fidelidad en los relatos, costumbres y escenarios, encasillando sus creaciones dentro de la novela histórica, que con personajes ficticios entremezcla la realidad con su fértil imaginación de escritor.

El Pago de Deudas y la novela costumbrista más popular del autor Martín Rivas señalan un fructífero período que culmina con la publicación de El Ideal de un Calavera, obras que por distintos caminos intentan la compaginación de las diferentes clases sociales.

En 1864 es nombrado Regidor por Santiago y designado Intendente de Colchagua, nombramientos que frenarán su actividad literaria, con la excepción de su crónica de De Nueva York al Niágara.

En 1867 España pretende adueñarse las islas peruanas Chincha, Chile apoya a la nación peruana y la escuadra ibera bombardea Valparaíso; Blest Gana es nombrado Encargado de Negocios en Washington donde su excelente gestión le vale ser enviado a Londres; allá, después de presentar sus cartas credenciales a la reina Victoria supervisa la construcción de dos corbetas chilenas, indispensables para la guerra contra España. Dos años después es nombrado Ministro en París, precisamente cuando Francia es gobernada por Napoleón III y amenazada por la guerra contra Alemania; en la nación gala negocia el penoso asunto de un loco francés quien pretendía nada menos que erigirse emperador de Araucania y que al no conseguir sus pretensiones conspira contra Chile, el aventurero termina tristemente recluido en el manicomio; y Blest Gana es comisionado para negociar en el Vaticano la reducción del fuero eclesiástico en la nueva constitución, mientras tanto Chile rompe nuevamente relaciones con Bolivia y declara la guerra a Perú, dando inicio a la sangrienta confrontación del pacífico, Blest refuerza su gestión diplomática en Europa hasta que en 1884 se pacta la paz.

El diplomático asumiendo su enorme responsabilidad no puede asistir al funeral de su padre, el recuerdo de su lejana patria lo entristece y solicita su renuncia que el gobierno de Balmaceda retarda, encargándole la muestra de Chile en la Exposición de Paris.

Con el suicidio del presidente Balmaceda la situación se agrava y el diplomático realiza importante misiones en Berlín, Roma y Londres, asiste a la Segunda Conferencia Internacional Panamericana en México y publica sobre los latinos ricos residentes en Europa en su novela Los Trasplantados.

La inseparable nostalgia de Chile le conmina a escribir El Loco Estero que se edita en Valparaíso en un mal momento, cuando el puerto es destruido por un fuerte terremoto.

El novelista nunca volverá a ver Chile y a este dolor se suma la pérdida de su esposa en 1911.

Anciano y solitario escribe su última obra Gladys Fairfield, y en la noche del 8 de Noviembre de l911 fallece en Paris.

Lamentablemente sus restos tampoco tornarán a Chile e irán a parar al cementerio del Père Lachaise.

Su obra verdadera muestra de intuición novelística abarca todo un siglo de historia de Chile; en ella narra con verosimilitud la hazaña del ejército al cruzar los Andes en las batallas de Chacabuco y Maipú logrando la independencia nacional, el sitio de Rancagua y el éxodo trasandino hasta el triunfal regreso de los generales O’Higgins y San Martín, son magistralmente relatados.

A diferencia de las novelas de un protagonista como Boris Goudonov o El Príncipe Idiota donde la obra gira en torno a un personaje, en la novelística de Gana el verdadero protagonista siempre es el pueblo: pequeño o grande, culto o ignorante, plebeyo o noble; si bien en su narrativa frecuentemente se asoma un pícaro, dicharachero, quién siempre sobrevive a las aventuras y a los lances peligrosos, cuando le preguntaron la razón por la que nunca moría en sus novelas Alberto respondió: Porque el chileno, representado por este roto: audaz, ladino, improvisador, falto de método, imaginativo, cazurro, desconfiado, fatalista y generoso, encarna al pueblo, el pueblo que vive y vivirá por siempre.

Así vivirá su obra, en el corazón y en la mente no sólo de los chilenos, sino de todos sus hermanos de Latinoamérica.