REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
13 | 12 | 2019
   

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David A Figueroa Hernández

Ignacio Ramírez El Nigromante. Memorias prohibidas. La historia de nuestro país es una mezcla de raíces culturales abundantes en personajes, hechos, acciones y también sucesos lamentables, lo que todo ello ha provocado que en ocasiones desconozcamos el verdadero fondo de las situaciones y más aún, a los grandes edificadores que hicieron posible un México de instituciones.

El legado de honestidad, servicio, ética y profesionalismo, son las cartas de presentación de este intelectual: Ignacio Ramírez. Hombre nacido en un hogar humilde, de origen mestizo y oaxaqueño, culto y sincero que a temprana edad enarboló su pasión por el conocimiento en diversas disciplinas como lenguas antiguas y contemporáneas, astronomía, biología, filosofía, derecho, entre otras.

Ignacio Ramírez respaldó sus ideas político-liberales con los principales movimientos del siglo XIX: el primer conflicto con Francia (conocido como “la guerra de los pasteles”), la guerra contra los Estados Unidos, el alzamiento al lado de Juan Álvarez en contra de Santa Anna con el denominado Plan de Ayutla, su apoyo a la Constitución de 1857 y las Leyes de Reforma, su constante dedicación a pelear contra los conservadores, su participación en la segunda intervención francesa y contra el Imperio de Maximiliano, así como su lucha por impedir la perpetuidad en el poder del Presidente Juárez y, finalmente, su consolidación ideológico en el Porfiriato.
No obstante su gran genialidad, ha sido un mexicano poco valorado ya sea como funcionario (titular de diversos ministerios: de Instrucción Pública, Justicia, Fomento, Agricultura, Comercio, Colonización e Industria; también fungió como Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación), o simplemente como periodista y escritor de la época, donde ayudó a fundar diversos diarios opositores a quienes gobernaban incongruentemente con los ideales de una Patria justa y digna para los mexicanos.

Pluma generosa con los justos y dura e irascible con los injustos, nuestro protagonista siempre se mantuvo distanciado -al igual que el resto de los liberales de la época- de la Iglesia católica, sobre la que pesaban los grandes males del país al ocultar bajo la túnica la palabra de Dios e interesarse solamente en la captación de diezmos a cambio de bendiciones y la salvación de almas (ya Martín Lutero siglos antes había profesado este distanciamiento por la misma razón).

Cabe apuntar que el pseudónimo El Nigromante, resultó de la constante idea que tenían los curas y la alta sociedad de este notable liberal por sus dislates en contra de la Iglesia católica, de ahí los motes como hereje, anticristo, blasfemo, etc., que le proferían. Por lo anterior, Ignacio Ramírez no dudó en que la sociedad lo (re)conociera en ese sentido.

En compañía grata de quien sería su alumno, Ignacio Manuel Altamirano, compartió espacios y palestras con los más grandes genios de la época: Melchor Ocampo, Francisco Zarco, Guillermo Prieto, Juan A. Mateos, León Guzmán, Ponciano Arriaga, Leandro Valle.

Siempre se opuso a tener un México sin educación y cultura ya que para él, sólo estos alicientes proyectarían un desarrollo para que el país saliera de su atraso, por ello su constante desacuerdo -en su momento- con Santa Anna, con Juárez y con Díaz.

Acompañado siempre por el amor puro de su esposa y sus hijos, a Ignacio Ramírez poco se le ha relacionado en la historia de México con la trascendencia política, intelectual, periodística y humana, por ende, este libro, basado en una investigación muy cuidadosa por parte de Emilio Arellano, proporciona datos inéditos que resultan de los baúles literarios de sus descendientes directos.

Cuando el General Díaz asistió a su velorio, se percató de lo humilde que el suscrito vivía (pese a que en ese momento era Presidente de la Suprema Corte de Justicia) mostrando su desavenencia por semejante forma de vida, por ello, Ignacio L. Vallarta arremetió contra el dictador: “Era el liberal más honrado y decente de México. Qué poco lo conocía usted para poder creer que Ignacio se hubiera beneficiado con algún cargo público”. Hoy, a más de un siglo de distancia, México requiere hombres de calibre semejante, no políticos banales y superfluos. Honor a quien honor merece.

Ignacio Ramírez El Nigromante. Memorias prohibidas. Emilio Arellano, Ed. Planeta. 2009, 205 pp.

dfigueroah@yahoo.com.mx