REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
25 | 01 | 2020
   

Apantallados

De pesadilla


Martha Chapa

Cuántas veces nos hemos enterado, a través de familiares o amistades, de los tortuosos y oscuros laberintos del sistema judicial mexicano.

Casi podemos decir que no hay mexicana o mexicano que se haya mantenido ajeno a alguna experiencia relacionada de manera directa o indirecta con la corrupción, el tortuguismo, la burocracia y los malos tratos en ese lado oscuro del camino de la ley.

Sabemos que cualquier relación con los “impartidores de justicia”, incluso cuando se deriva de una falta administrativa menor, llega a resultar toda una pesadilla y que, de hecho, asomarse a ese mundo es como ingresar de lleno a un ámbito kafkiano. Ni hablar cuando se trata de situaciones más complicadas o de mayor delicadeza en estos circuitos de evidente venalidad, que abarcan lo mismo a agentes del Ministerio Público que a jueces y todo tipo de empleados en los juzgados y tribunales.

Por eso tanto valoramos el valiente documental Presunto culpable, que exhibe el caso de un ciudadano inocente que se ve atrapado de la noche a la mañana en la maraña de injusticias e ilegalidades, situación que lo lleva a sufrir penurias y desesperaciones inenarrables y a ser condenado a una abultada pena de cárcel.

Una vez más se evidencian los vacíos y lagunas existentes en el marco jurídico que parece no haber evolucionado desde los tenebrosos tiempos del Porfiriato, donde se aplicaba una justicia a la medida de pudientes y poderosos.

Bien sabemos que los juicios se prolongan por años y años y pueden enloquecer a cualquiera, pues al ciudadano común y corriente, que no goza de influencias ni dinero para comprar la justicia, sólo le quedan los sentimientos de impotencia y desesperación. También es conocido el tráfico de influencias y el cobro de cuotas de todo tipo al interior de los reclusorios, así como se sabe que los detenidos se ven obligados a pagar para evitar castigos, humillaciones y tareas agobiantes. Todo ello, sin contar con la violencia interna, la venta de protección y los chantajes por doquier entre los mismos presos, lo que es producto de un ambiente corrompido y corruptor. Y qué decir del ingreso escandaloso de drogas y armas de todo tipo a los reclusorios, o las vejaciones a los familiares de los reos.
Transcurrió ya la primera década del siglo XXI y no se ven ni siquiera visos de que el sistema penal mexicano se reforme aunque sea levemente para frenar tan nefastas prácticas. Menos aún se avizoran cambios legales profundos, que respondan a una visión integral.

Hasta ahora los partidos políticos, que en su conjunto supuestamente representan a la ciudadanía, se han mantenido al margen de esta demanda social que los electores ratifican cada vez que se registra una campaña electoral. A su vez, los también supuestos representantes populares, diputados y senadores, no han orientado su trabajo legislativo a cabalidad a fin de consolidar la ansiada reforma judicial, por la que todas y todos clamamos desde hace largo, largo tiempo.

Necesitamos, para empezar, que se cambie ese enfoque perverso, totalmente opuesto a lo que dice nuestra ley, según el cual todos somos culpables mientras no se demuestre lo contrario. Aunque sea cosa de todos los días, no deja de ser un escándalo el que una persona que se ve envuelta en un presunto delito tenga que comprobar que no es culpable, lo cual es el tema central de la película citada, que, por cierto, ha tenido que enfrentar obstáculos para su proyección regular en las salas cinematográficas.

De igual forma, es urgente modernizar y hacer más eficientes las acciones de prevención del delito y la procuración de la justicia, así como realizar reformas y adiciones a las leyes vigentes. Pero, sobre todo, es preciso cumplirlas, pues de nada sirve una ley que es sólo letra muerta.

De no emprenderse en el plazo inmediato tales cambios con el alcance y la trascendencia indispensables para la buena marcha de la nación, los políticos y los gobernantes se distanciarán, aún más de lo que ya están, de la ciudadanía en su conjunto. Esto implica el serio riesgo de que se sigan multiplicando los lamentables casos de justicia por mano propia, tal como hemos presenciado en algunos puntos del país, incluida la capital de la República.

Por todas estas razones, exijamos nuevamente que se depuren tan vetustas, anacrónicas y fallidas estructuras en el plano judicial, pues las consecuencias, ya muy graves, pueden empeorar aún más. Además, esto constituye un serio obstáculo para que el país se encamine a un desarrollo más pleno, con equidad, justicia, libertades, respeto a los derechos humanos y prosperidad colectiva.

enlachapa@prodigy.net.mx
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