REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
19 | 07 | 2019
   

Arca de Noé

Turbocrónicas


Marco Aurelio Carballo

El equilibrio
Estimado Raúl aquí en tu país todo, pero todo gira en torno a las elecciones. Exageramos. Si bien tiene su lado positivo, el interés de los ciudadanos por darse un buen gobierno, hace falta equilibrio. Por ejemplo, AMLO. Suena a broma su anuncio de patentar las propuestas. ¿Y qué que se las roben? Fox le robó la idea de darles una lanita a los viejos. ¿Por qué el próximo gobernante no pondría en práctica las buenas propuestas, sean de quien sean? Sería mezquino. ¿Recuerdas las obras dejadas inconclusas por los gobiernos priistas para hacer quedar como incumplido al anterior gobierno priista? La mezquindad es defecto del ser humano, priista o no.

Respecto a Peña Nieto el desequilibrio es extraño, por no hallar mejor palabra. Se le ve insustancial. O maquilla sus intenciones o se preocupa en subrayar que él es el galán de mayor audiencia. Entonces ¿dónde está el desequilibrio? En su partido o en sus asesores cuando actúan de modo subterráneo. Ese candidato propició con su actitud priista descalificadora el movimiento “Yo soy 132” y en lo oscuro patrocina reacciones violentas en contra. Manadas de gorilas atacan a los jóvenes y además tratan de dividirlos y segregan una fracción de diez holgazanes pues a las convocatorias nomás acude uno. La organización de membretes les ha funcionado como siempre, o así lo creen. Inventaron la confederación de cibernautas, o algo semejante. Hicieron su acto masivo y en lugar de matracas blandieron lap-tops, y de las caras, Raúl.

La señora Josefina cambia de asesores y por lo mismo de estrategias. No le halla la cuadratura a las ciudadanas. Ha hablado de jefas y de faldas, y lo reciente fue el exhorto al voto del varón o que la ciudadana se abstenga de hacerle cuchi cuchi. De inmediato la llamaron candidata de caricatura.

En el segundo debate, Quadri se la creyó y se puso a interrogar, desequilibrado del todo, a los otros candidatos. ¿Nadie le dijo que las preguntas estaban en una urna y que habría un moderador encargado de accionarles el pico? Debe reconocerse que aprende pronto, diciéndose apartidista y con profesión honesta, cosa que según él nadie más de la fauna política. Faltó la frase del clásico, el orgullo de mi nepotismo, pues el junior Quadri está ya colocado en la lista de las diputaciones, obsequio a cada partido, para que siga ¡el plan de papi! Sobre el ladrillo, perdió el equilibrio.

De Fuentes a don Quijote
Para el aniversario de la revista, el director preguntó a quién pensaba entrevistar. Aquí donde nos tocó sólo a Carlos Fuentes, le dije. Los demás estaban en otros países o continentes. Esa entrevista es de Cristina Pacheco, dijo lapidario el director José Pagés Llergo. Otra oportunidad perdida... ¿Sabía usted que Carlitos quería quemar esta casa?, me preguntó, entre asombrado y haciéndome sentir el milagro según el cual fue innecesario llamar a los bomberos. Cada semana, él hacía una fogata al cerrarse el suplemento… ¿Carlos Fuentes Nerón? ¿Piromaniaco? Lo había visto dos veces y no sospeché en él esa manía.

La primera, cuando dio una plática. La segunda, en su casa. Al leer el anuncio de una conferencia suya en El Colegio Nacional corrí a escucharlo. Elegante. Bigotito a la Jorge Negrete. Voz de actor. Bien plantado ante el atril de piso a pecho. La segunda, casado con la actriz Rita Macedo, él estaba de pie ante una mesa redonda, desplegados los diarios dominicales. Vestía un suéter que envidiaría César Costa. Gabriel García Márquez (GGM) nos presentó a Rodolfo Rojas Zea (RRZ) y a mí. A Rodolfo ya lo conocía Fuentes. GGM había puesto tres condiciones: llevarlo con sus dos chamacos a unos tacos de carnitas, al zoológico y a casa de Fuentes. La crónica era de mi compañero. Yo tenía derecho a tres preguntas, tres.

Ahí desperdicié la segunda oportunidad de entrevistar a Fuentes porque en mi turno le pedí a GGM que saliéramos al jardín. Confiaba en RRZ, pero ¿y si me chacaleaba las respuestas? En el reporterismo y en el amor todo se vale.

No volví a ver a Fuentes pero seguí sus pasos libro a libro, entrevista a entrevista. Qué curioso, le dije a Petunia Flowers, apenas ayer le leí una entrevista y hoy está muerto (1928-2012). Me quedé con la duda de si era o no piromaniaco. ¿Cuál piromaniaco?, dijo ella. Siempre exageras. Quizá le prendía fuego a las cuartillas desechadas (de “México en la cultura”) por si un enemigo hurgaba en el basurero y les pescaban las correcciones de Benítez… Pero, ¿a quién entrevistaste esa vez? A don Quijote, le dije.

El libro maldito
Te cuento, querido Mariolín, que hace años le pedí a Luis Carreño la portada de mi novela Parranderos. Para ello le di una copia del texto y él, generoso, la realizó. Eran las figuras de un par de amigos en una atmósfera tropical con palmeras. Esos cuates tenían el brazo de uno sobre los hombros del otro y viceversa. Resumía muy bien la historia de los dos protagonistas durante un viaje a Villahermosa, Tabasco.
Entregué el libro y la portada a la editorial, en la que iban a publicarme ya otro mamotreto, Mujeriego (Planeta). Según los editores no podían publicarme uno tras otro. Como debía esperar, me devolvieron el texto, pero… ¡sin la portada! En aquella editorial habían estado cambiando de director. Un mexicano, un uruguayo, otro mexicano, etcétera. Prometieron devolver la portada pero no la hallaron.

Avergonzado se lo informé a Luis Carreño, en quien advertí cierta molestia, y con razón. Cada vez que nos encontrábamos le ofrecía disculpas y él poco a poco pareció resignarse. No me atreví a decirle que volviera a hacerla, ni siquiera cuando otra editorial ofreció publicarme Parranderos. El editor le cambió el título a Vida real del artista inútil (Colibrí, ) y acepté. En esa actitud mía debió influir la depre por no haber recuperado la portada. ¿Cómo publicar Parranderos con título y portada distintos? Parecía un mamotreto maldito.

Así que, cuando supe que tú y Luis Alfonso, el hijo de Luis Carreño entraron en la competencia pueril de cuál de los padres de cada uno era mejor, quedé paralizado. ¡¿La iniciaste tú, mi hijo?! Por eso no fue extraño que en la fiesta del cumpleaños del hijo de Luis él le dijera a su padre qué decía el tuyo, el de la tecla, que en un libro le había partido su mandarina en gajos. La respuesta de Luis Carreño lo pinta de cuerpo entero, es un caballero. Por tu conducto mandó saludarme.

Todo el enredo responde a fallas de comunicación entre nosotros. Por ejemplo, debí contarte, no obligarte a leer, Morir de periodismo (Axial). En sus páginas narro la historia de la fundación de un diario, mientras Luis Carreño y yo coincidimos años después en Siempre! Es decir, no tendría por qué ser personaje de esa novela. Cuando yo escriba algo sobre Carreño te mantendré informado pues eres amigo de su hijo Luis Alfonso. Tal y como lo hago ahora, Mariolín.

El foto-artista
Como todos, Héctor García (1923-2012) tenía sus peculiaridades. Supe de una cuando se abrió la puerta de la dirección y entró él por delante y atrás el CDG, como le decían al director los reporteros ingeniosos. Ignoro donde había comenzado la plática pero terminó ahí. Lo que sé, dijo el director, es que eres nada político. Serénate… Héctor se despidió. ¿Cómo pedirle a un artista que fuera políticamente correcto? Yo estaba ahí de casualidad.

A fines de los 70, empezaba a oírse esa expresión y, de haber estado de moda, el CDG la habría utilizado con su sarcasmo habitual. ¿Cuál era el problema de Héctor? El de los demás fotorreporteros, lucubro, porque el jefe de ellos era jefa, criticada y descalificada. El periódico se las daba de postmoderno y entre sus postmodernidades estaba el que las reporteras cubrieran todas las fuentes sin distingos y, en cuanto a los “foto”, una alemana era la mera jefa.

Christa Cowrie (CC) hablaba el español con leve acento y era guapa, vegetariana y abstemia. Dietas ligadas de modo indisoluble, imagino. Pero ¿cómo aguantar media docena de jaiboles nada pálidos, como los del reportero René Arteaga (RA), si no era con una botana sólida asentada en las tripas? Podría ser buena “foto”, aceptaban los compas, más ¿para jefaturar a un piquete de fotorreporteros de todas las calañas? CC y RA viajaron a la costa de Chiapas a hacer un reportaje. René contó que mientras Christa iba al lavabo él pidió un caldo. Cuando ella vio el potaje salivó y preguntó qué era. RA le respondió al tiempo que, con una cuchara, sacaba del tazón una tortuguita. CC palideció y se fue de espaldas porque RA detalló que el casquito era arrojado vivo al caldo hirviente.

A Héctor García le hubiera dado igual porque nació en la Candelaria de los Patos, cayó en el Tribunal para Menores y cuando fue bracero descubrió que sería fotógrafo. Usaba una cámara tamaño casquito y si le preguntaban decía que, telefotos, quienes cubrían futbol. Era un artista de la lente sin más exigencias que tener la luz a su favor. Así que ¿cómo ser políticamente correcto? Pero el CDG también lo era porque escribió novelas y en el exilio lamentó haberle echado en cara supuestas bribonerías a un secretario de Estado. Un caballero que tanto lo había ayudado en su proyecto periodístico. Con un agravante, el hijo llegó a ser presidente de la República. Artista, sí, pero demasiado intrépido.

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