REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
19 | 07 | 2019
   

Arca de Noé

Turbocrónicas


Marco Aurelio Carballo

Adicto a la adrenalina
En La Prensa de Managua, Nicaragua, me pasaron la grabación inédita de una arenga del hijo de Anastasio Somoza. Era nota de primera plana, intuí. Ellos no la habían publicado por temor a represalias. Mejor regresaba a México para publicarla. En la proclama Tachito adiestra a un grupo de elite para tratar a los sandinistas como se merecen. Le dejé la decisión al jefe de Internacionales del Unomásuno, Hugo Leonel del Río. Por otro teléfono le consultó al director. Caballito, dijo el jefe del Río, dice que se vayan a San José y entrevisten a comandantes de la guerrilla. Ardía en deseos de entrevistar al Comandante Cero (a) Edén Pastora.

La presencia de la fotorreportera Martha Zarak había influido en esa decisión, pensé. ¿Qué habría sucedido si el foto hubiera sido hombre? Tampoco en periodismo existe el hubiera. Ella era valiente o intrépida porque llegábamos a cualquier ciudad bombardeada, todavía con escaramuzas. Luego de citarnos en tal o cual punto a tal o cual hora, antes del toque de queda, se iba con los fotógrafos y yo con los corresponsales.

En la pacífica San José, aun cuando se tomaban ahí decisiones cruciales en la guerra antiSomoza, mientras buscamos por cielo, selva y tierra al Comandante Cero, entrevistamos al sacerdote sandinista Ernesto Cardenal. Vivía en una casa de madera, en una atmósfera bucólica. Lo custodiaba un enorme perro policía aparte de algún guardia.

Cuando envié la entrevista al ahora Premio Sofía de Poesía 2011, en la actualidad separado del sandinismo, el jefe Del Río nos transmitió la orden de regresar al DF. El gerente había puesto el grito en el cielo debido a los gastos de la Zarak y los míos. Regresaríamos a Managua cuando le entrara dinero al periódico.

Regresé pero sin Martha Zarak. Los jefes argumentaron escasez de plata. Era para no exponerla, sospeché. Aunque ella trabajaba al nivel de un Miguel Castillo o de un Pedro Valtierra. Es que, a la pregunta de por qué no habían atacado el búnker de Somoza, el sacerdote Ernesto Cardenal dijo que, según el espionaje, al primer intento el dictador lanzaría el contraataque al hotel Intercontinental y culparía a los sandinistas. Ahí se hospedaba noventa y nueve por ciento de los periodistas, incluida la Zarak y el de la tecla. Adicto a la adrenalina volví a ese hotel durante mi segunda estancia en Managua.


El desengaño
Feldespato teme que la realidad mal hecha le impida llegar a tiempo a la casilla electoral. El avión aterrizará con media hora de atraso y dispondrá de hora y media... Esa mañana, cuando caminó hacia el baño del cuarto 204, no había periódico gratis bajo la puerta. Mal comienzo. Así que ¿por qué extrañarse de las enchiladas de mole bajo un cúmulo de repollo sin rodajas de cebolla ni queso. Una cocinera las prepara al modo clásico, le dijeron, y otra con repollo chorreando agua turbia,

Su hermano lo lleva al aeropuerto sorteando calles despanzurradas y de banquetas destruidas que el alcalde dejó a medias porque es candidato a gobernador. De pie frente a la puerta de entrada, tres federales juegan absortos en sus respectivos celulares, dos boquiabiertos. Feldespato oprime el botón y se enciende la luz verde. También los soldados le dicen adelante, no hay revisión. En el televisor de la antesala el número de vuelo aparece como el 561 pero en su boleto como 2489. Realidad absurda, surrealista, kafkiana.

Pide un café y cuando se lo están sirviendo pregunta si hay crema. La vendedora suspende con violencia el chorro y tritura frases incomprensibles. Ella devuelve el café a la cafetera y de otro recipiente echa al vaso un chorro de crema. ¿Cómo adivina la cantidad?, le pregunta. Ella vuelve a pulverizar hiel sólida con las muelas. Podría haber quedado al gusto del cliente por el color de la mezcla, pero está tibio. Para beber cualquier café por malo que sea, Feldespato le pone crema. En casa lo bebe sin crema y… caliente. Compra agua en otro local. No es masoquista. En los filtros decomisan las botellas de agua, ¿para beneficio del comercio interno? En las salas del DF, cuesta diez pesos más y en el aeropuerto de Tapachula veinte.

A los aviones de dos filas de asientos suben primero los pasajeros de ventanilla y enseguida los de pasillo. Una empleada le franquea el paso a una pareja, pero un empleado sin criterios se lo impide a otra. El cuarentón a su izquierda ocupa los dos descansabrazos marcando su territorio, los orinaría si fuera gato. Cuando no juega en su celular o le toma fotos a las nubes “ojea” los anuncios de la revista gratuita, y se persigna en el despegue. Feldespato devuelve los cacahuates y pide café. Tiene que esperar, le dice, tajante, la aeromoza. Si una mesera te ordena permítame es que la cosa ya se chingó, decía Rafael Ramírez Heredia.

A las cinco y pico entra a la escuela donde está su casilla, en territorio panista. Vota y siente la emoción en el estómago. Ahí arrasará la izquierda. Pero a las 11:30 pm escucha el resultado absurdo, surrealista, kafkiano.

La mula de seises
Estimado Raúl, tus paisanos adoptivos siguen pasándola canutas. Van de lo duro a lo tupido con el alza generalizada del IVA, incluidos servicios como el de las peluquerías y el de las funerarias. Puedes dejarte la pelambrera a lo que dé, incluso en el continente de España, aunque los burlones afirmen que ahí empieza África. Pero ¿cómo evitas la muerte para no salirle caro a tus deudos? ¿Con una cuenta de ahorros exclusiva? Aquí aún andamos en lo postelectoral. Faltan cinco meses y pico a fin de saber cómo será el nuevo gobierno en materia de impuestos. Igual o peor.

Ocupados como estamos los del oficio tecleando acerca del tema electoral, con información más o menos completa o con la opinión y el análisis en pleno uso de la independencia, o cooptados por el partido de nuestras simpatías, los protagonistas de la vida pública aprovechan para opinar gracias a la libertad obtenida hace años, pocos. Aun cuando se trate de una libertad despilfarrada con abuso de adjetivos o porque esté en proceso de ajustes. Son creadores de una película (Oliver Stone) o actuaron en otra (Héctor Suárez), o le pondrán su nombre a un premio de traducción (Sergio Pitol) o ganaron un premio de literatura (Ernesto de la Peña). ¿Representantes de los sin voz? Pareciera. El ejercicio de la libertad de expresión evoluciona y quién sabe hasta dónde tope, cibernautas incluidos.

¿Alguien le habló de la mula de seises a Oliver Stone? Para los recién nacidos: el artículo 33 constitucional fascista que prohíbe a los extranjeros opinar sobre este país. Él viene a promover una película y equipara a nuestro gobierno con el de Bush. A uno porque sacó el Ejército a las calles y al otro porque llevó el suyo, su Ejército, a Irak. Pero olvida tú esos puntos de vista que escandalizaron a los chicos nativos de la prensa, a pesar de que no influya en nada como para cambiar ningún sistema, según dijo el propio Oliver. Ni siquiera con sus películas. Él puede decir lo que le dicte su conciencia en EE.UU. y no (le) sucede nada, pero ¿aquí?, ¿en estos países al otro lado del río y entre los servipoderosos nietos o bisnietos de caciques? Quién sabe si la mitad le anda midiendo la temperatura al mondongo, pero la otra mitad pareciera saltarín ante la idea de volver a vivir como hace doce años, como hace dos sexenios.

La relectura
Cuando estás metido en el hábito de la lectura, cuando ya te has hecho adicto, llegas a preguntarte a veces en qué momento comenzará en ti la relectura. Lo cual no denota que hayas leído en una sola ocasión tal o cual título, sobre todo durante la adolescencia. El repaso comienza a edad madura, según la información coincidente de tus autores preferidos. Acaso porque ya pocas novedades te atraen y prefieres leer a tus clásicos, es decir, releerlos. A los veinte, a los treinta fue difícil que te detuvieras a reflexionar en el tema. Aún buscabas con mayor o menor avidez y, al mismo tiempo, ampliabas la biblioteca o crecían las pilas de volúmenes.

Se te hizo hábito leer un libro tras otro hasta agotar la totalidad de la obra si el autor estaba ya muerto. ¿Por qué? Entre otras razones porque si compras el libro y lo dejas para después podría ocurrir que meses adelante, o años, estés interesado en otro u otros autores y te cueste regresar a las lecturas pendientes.

Adicto a la lectura te ha sido difícil sustraerte a las novedades y a no caer en la trampa de la publicidad y de la crítica o de la reseña. El tiempo transcurre y el tiempo de la relectura ¿cuándo? Quizá olvidaste el asunto metido hasta el cuello en las novedades o en la lectura de libros que compraste en época de bonanza, mayor número de cuanto podías leer por falta de tiempo. Así que durante cada crisis buscas y rebuscas en tu librero.

Cuando lees acerca de la muerte súbita de Fuentes, de que Bradbury se ha ido a Marte, de que Arturo Azuela no estará más en esta dimensión sientes ganas de releerlos. Buscas en el librero y descubres que alguien se llevó las dos novelas de Fuentes más preciadas y que los libros de Bradbury se han convertido en un mazo de barajas amarillentas. Tampoco está el libro de Azuela.

¿Qué haces? Sin duda las editoriales vaciarán sus bodegas de títulos de esos autores o reeditarán los agotados. Le echas un vistazo a tu billetera y en el trayecto lees la nota sobre la nueva edición de La ciudad y los perros de Vargas Llosa. ¿Otro motivo de relectura? ¿Las reediciones por los primeros cincuenta años de su publicación, por los primeros cien? Pero ¿comprarlo de nuevo? Sí, porque sin duda ha desaparecido de tu librero, y aunque no.

marcoaureliocarballo.blogspot. com