REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
17 | 11 | 2019
   

Arca de Noé

Los trancos


Carlos Bracho

TRANCO 1
En este Tranco nuestro autor preferido, el maestro Carlos Bracho, enojado que está, indignado, como una gran mayoría del pueblo Mexica, nos dice y nos recomienda una forma inteligente y muy sana para paliar los retortijones de panza y los dolores y aspavientos del hígado. ¿Y por qué está iracundo? ¿Por qué la rabia y el coraje lo hace reaccionar así?
Bueno los miembros de este siete veces H. Consejo Editorial, del también siete veces H. Búho mensual, leído que fue su Tranco, por conclusión natural decimos y creemos que por allí va la bala candente, que toda esta explosión emotiva se debe a lo que sucedió en las pasadas gestas electorales. Que a los ojos de los oficinistas, de los obreros, de los campesinos, de las amas de casa, de los estudiantes y de los indígenas, dichos procesos electorales estuvieron manchados -como siempre, como cada seis años sucede- por el derroche del dinero, la “cargada” de los medios de difusión, la compra de votos, y de más suciedades que ya forman parte de la historia de los comicios mexicanos, o sea trampas, malas argucias, impunidad, atropellos, manipulación indigna, etc., etc. Sí, por estas “leves” causas -leves, porque así lo hacen aparecer las ínclitas autoridades encargadas de impartir justicia a ese ejercicio- y por lo tanto esta levedad justiciera provocó en el maestro Bracho un coraje mayúsculo y he aquí el porqué decimos que, leído su artículo, él nos da una posible solución lúdica para soportar las tales “marranadas” (Fox dixit) cometidas por nuestras queridas autoridades:
La mañana estaba fría y la lluvia pegaba sin cesar en la ventana de mi estudio. Yo tecleaba en mi máquina para tratar de escribir esta colaboración para la ínclita revista de El Búho. Pero como el coraje -por los cochineros de las pasadas elecciones para elegir al preciso o al mero mero- me ganó. Dejé todo y salí corriendo al auto y enfilé con rumbo cierto hacia Mi Oficina -ya pasaban de las dos de la tarde- y me arrellané muy orondo en mi silla preferida y en la mesa que mira a la calle. María, ya sin decirle, ya sin pedírselo, pues ella ya conoce mis democráticos gusto culinarios, me tenía una ringlera de caballitos de tequila blanco y había al centro de la mesa platillos con cacahuates dorados y saladitos y habas tostadas y crujientes. De manera que para salir del azoro, primero, para tomar fuerzas morales, recorrí con mis ojos sedientos el cuerpo bello y escultural de María, sí, esa morena de piernas que parecen columnas dóricas y brazos que tienen la fuerza para abrazar y dar calor a mi cuerpo. Y no se diga nada de sus ojos, negros como capulines, negros como mi alma, y su torso con aquellos paricutines que empitonan orondos la camisa y su sonrisa que valen diez votos de los legítimos, de los valederos. Además, y lo que calmó en definitiva mi coraje ciudadano, fueron los tequilas que uno a uno fueron quemando mis ansias y echando a la nada los recuerdos de las porquerías del susodicho proceso electoral. Así que la fórmula mágica para salir airoso de los entuertos negativos es fácil de hacer y de cumplir. Vaya usted, amigo y amiga no pripanista -y si sufrieron también como yo de las suciedades de la elección- vayan a Mi Oficina, pidan sus tequilas y acompáñelos con una canción de Juanga o del Buki, lléguele luego a las garnachas y a las memelas y a los tacos de cabeza y santo remedio. Su mente se tendrá que ir hacia las nubes curadoras y su pensamiento viajará con el rumbo de la mujer amada y a eso, a amar, a amar sin medida y con fuerza molecular… ¿Verdad que es simple esta fórmula para el olvido? Hágalo y disfrute la vida. Y a los IFEs y demás miembros de esta horrible tapadera, olvídelos y sea feliz. Vale. Abur.