REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
05 | 12 | 2019
   

Confabulario

Una carta


Roberto Bravo

“Galway, 5 de agosto de 2011
Muy querida Helen

Perdóname por no haberte acompañado al aeropuerto cuando partiste a Lanzarote, pero tenía gripe y fiebre, y las seis de la mañana no es una hora apropiada para salir estando resfriada.
¿Cómo está el clima por allá?

Espero que Chris te llevé a caminar a la playa, y por la tarde se tomen un delicioso café con algún pastelillo. Te haría bien subir dos o tres libras de peso.

Te recomiendo que mantengas tu ritmo habitual, y no dejes que la vida ociosa fije en ti hábitos o comportamientos extraños, mas no por esto dejes de disfrutar tus vacaciones y la compañía de Chris.

Hemos estado muy poco juntas en los últimos tiempos, pero no por ello has estado menos en mi pensamiento -no tienes en el mundo más que a mí-. Me siento tu única protección. En todos tus pequeños problemas piensa en mí con la idea, aunque no sea completamente cierta, de que al menos hay una persona en Escocia que si pudiera te ayudaría a liberarte de ellos. Quizá no debería escribirte de esta manera, pero siento temor de no tener la posibilidad de verte más a menudo, o estar juntas un largo tiempo.

Desde la muerte de Martin, accidentes de naturaleza desagradable han sucedido en mi vida, y me han tenido nerviosa y preocupada. Mencionaré, como no podrás suponerlo que Martín dejó todas sus pertenencias y derechos a su madre y hermana.

Aunque nuestra relación estaba en un punto casi muerto cuando lo asesinaron, me decepcionó y casi me sofocó el saberlo. Sin embargo, y contigo soy todo lo sincera que puedo, que su muerte fue una liberación. No me alegra, por supuesto, sin embargo mi vida a su lado fue en los últimos tiempos algo insostenible para un espíritu tan vulnerable como el mío. Dices tú que eso lo heredé de papá, y puede que tengas razón, aunque eso no me ayude demasiado. Estar a su lado se había vuelto algo desagradable en mi existencia. Su creencia de que para una mujer tener un marido, un departamento, televisor, y ciertas comodidades es lo fundamental en su vida, es una idea que de sólo pensar en ella me enferma.

Como el suceso de su muerte ameritó que la policía abriera una investigación, eso hizo encontrarme con una persona, que trató de violentarme sexualmente cuando era joven. No te lo dije entonces, porque lo hubieras comentado con papá y eso lo hubiera preocupado más de la cuenta con el consiguiente daño para su salud, también porque ya estaba en edad de cuidarme por mí misma, y así lo hice. Esta persona es el oficial de la policía encargada del caso, y cada que lo veo recuerdo lo sucedido y siento repugnancia. Si eso no fuera suficiente, el tipo piensa que como Martin murió necesito compañía, y no pierde oportunidad en cada ocasión haciéndome invitaciones e insinuándome lo que dice son sentimientos que aún perduran en su corazón desde su juventud, sin pensar en el daño que me causó.

Helen, estoy convencida que las personas, aunque somos cautas y respetamos los derechos de los demás, en esencia no cambiamos nuestra naturaleza con la que desgraciada o afortunadamente nacimos a la vida, y lo que conocí de este hombre no solamente me hace temerle sino huir de él porque lo considero un peligro.

Siempre me has dicho que puedo disponer de tus cosas porque serán mías algún día (espero que ese día esté todavía muy lejano). Esta vez, para escapar del asedio de esa persona, te he tomado la palabra. Me mudé a tu departamento mientras duren tus vacaciones. No solamente eso, estoy usando tu pequeña camioneta en un viaje por la bella Irlanda. No te preocupes por ella, quien la maneja es muy cuidadoso, y dice que tu máquina es una maravilla en perfecto estado.
¿Quién es el chofer?

Es una historia que debo decirte. Lo conocí en una situación peculiar, y como en este momento no contaré más con la aportación de Martín para los gastos del departamento, sé que dirás que tú puedes ayudarme, pero no es el caso, le renté una habitación. Es extranjero, mexicano, no es ningún asesino ni malhechor; es un escritor (profesor) que vino a conocer Escocia, no te preocupes.

Me conoces y mi conducta hacia los hombres siempre ha sido la de una mujer prudente que se toma un tiempo antes de aceptarlos, y no lo hace hasta que cree conocerlos (ahora sé lo difícil que es). Contigo debo ser sincera (todo lo sincera que puedo ser). Tengo un romance con él. Ha sido la excepción a mi regla, me sentí atraída desde que lo conocí, y no experimenté ningún temor, pude ver a través de sus ojos quién es, y estoy convencida no sólo de mi entrega sino de que es una buena persona, en el extenso sentido de la palabra, y también para mí.

Puedo asegurarte, aunque lo estés pensando, que mi enamoramiento no es una respuesta impulsiva a la soledad, el infortunio, y los problemas por los que atravieso. Es un sentimiento genuino producto de una afinidad inexplicable todavía. Rosendo, (un nombre extraño) es viudo igual que yo, y siento su afecto hacia mí, similar al mío por él.
Ayer fue un día difícil, estuvimos en Dublín. Tú sabes lo que pienso de los habitantes de esa ciudad. Si Irlanda es el país más bello, Dublín no es la ciudad más hospitalaria. Además, se mezclaron mis recuerdos de cuando Martin y yo estuvimos allí. Tuve un mal día. Me conoces bien. En Galway todo parece distinto, te contaré después.

Por favor, que esta carta no te provoque desasosiego, tu hija está recuperándose muy contenta en esta tu tierra, en muy buena compañía, y gozando, sobre todo la leche y el pescado.
Deléitate en ese cálido clima, paséate, toma un vino dulce por mi, come bien, y dale cariñosos saludos a Chris.

Tu hija que te ama

Eileen”