REVISTA DIGITAL DE PROMOCI脫N CULTURAL                     Director: Ren茅 Avil茅s Fabila
21 | 07 | 2019
   

Letras, libros y revistas

Ernst Ren谩n. la fe de un hereje


Edwin Lugo

No cabe duda que entre los personajes m谩s controvertidos en el campo de la ciencia y de la literatura, destaca el eminente fil贸logo, historiador, te贸sofo, fil贸sofo, orientalista, escritor, te贸logo, investigador y cient铆fico: Ernst Ren谩n, qui茅n sin lugar a dudas domin贸 el pensamiento de la juventud del siglo XIX no s贸lo en su natal Francia sino en el continente europeo.

Ren谩n naci贸 en Tr茅guir en l823; hu茅rfano a los cinco a帽os vivi贸 bajo el amparo de su hermana Henriette qui茅n seguramente deslumbrada por la temprana inteligencia de su fraterno se propuso educarlo, trabajando como institutriz en Polonia y ejecutando toda clase de labores con tal de obtener recursos para que su hermano concluida su educci贸n elemental y media lograra ingresar como seminarista en Saint Sulpice donde hubo de cursar la carrera eclesi谩stica, despertando en sus profesores una bien merecida admiraci贸n por su memoria descomunal, capacidad para el r谩pido aprendizaje, y facilidad de palabra, esperanzas que se vieron frustradas cuando constataron que en el alumno brillante, se despertaba junto con el dominio de las Sagradas Escrituras, y la filosof铆a aristot茅lica, una desmedida afici贸n por la obra de Marco Aurelio del que se convirti贸 en su disc铆pulo, y una inclinaci贸n exagerada por el an谩lisis, como expresi贸n de su esp铆ritu excesivamente racionalista. No obstante, recibi贸 las sagradas 贸rdenes, s贸lo para un poco m谩s tarde, en 1845 renunciar al sacerdocio, reconociendo su imposibilidad de aceptar la doctrina cat贸lica cuyos dogmas irreversibles y absolutamente intransigentes en cuanto a admitir la m谩s m铆nima desviaci贸n, eran una jaula demasiado estrecha para un ave tan enamorada del vuelo; de tal suerte que con inmenso pesar debieron prescindir de aquella falsa promesa que a no dudarlo hubiera igualado o hasta superado la elocuencia del mismo Bosuet.

Ernst no abjur贸 las 贸rdenes para ir en busca de los placeres mundanos, y su esp铆ritu amante de la libertad sin duda habr铆a preferido discutir la ortodoxia religiosa con los protestantes alemanes quienes al menos permit铆an la investigaci贸n en alas de la b煤squeda de la verdad; 谩vido de aprender y saber todo, incluido tanto el conocimiento cient铆fico como lo relacionado con los mitos, dogmas, tradiciones, creencias, supersticiones e historias de pueblos y de sus religiones; as铆 estudiando el Dios de cada 茅poca y de cada lugar de la tierra, unific贸 el concepto de Dios y descubri贸 las contradicciones e inexactitudes doctrinales; tal empe帽o lo condujo al estudio de idiomas como el alem谩n, el hebreo, el 谩rabe y hasta las lenguas muertas como el arameo, adentr谩ndose en los fil贸sofos, te贸logos, te贸sofos, historiadores y en una palabra todos los que ten铆an que ver con el saber ancestral, descifrando pacientemente inscripciones, pergaminos, fragmentos que analiz贸 y clasific贸, y haciendo desfilar ante sus ojos las culturas y civilizaciones que yac铆an enterradas, junto con sus creencias ancestrales. Convertido en un autorizado fil贸logo no desde帽贸 sin embargo el cultivo de su lengua materna hasta conseguir que su franc茅s escrito resplandeciera de elegancia y de belleza, como expresi贸n de un artista cuya est茅tica se sumaba al intelecto.

Por esos a帽os de soledad, estudio y juventud, conoci贸 y trab贸 una duradera amistad con Marcel Berth, considerado como el m谩s reputado sabio de su tiempo. Due帽o de la tan indispensable libertad y convincente palabra, se avoc贸 a estudiar profundamente la Biblia, el Cor谩n, los Evangelios, el Eclesiast茅s; y a no dudarlo los Vedas y los Upanishas, su calidad de librepensador le impidi贸 comulgar con los dogmas, pero su caballerosidad jam谩s los impugn贸, su tozudez de bret贸n lo llev贸 a convertirse en un obsesivo de la verdad y en un aut茅ntico luchador de la fe, al grado de afirmar que pocos tienen derecho a no creer en el cristianismo; y siendo un incr茅dulo de los milagros repiti贸 sin cesar en sus libros los conceptos de Jes煤s de amor y caridad, rechazando el materialismo, el furor, la venganza y el odio.

Stephan Zweig su bi贸grafo, afirma que era un idealista sin ilusiones y un rom谩ntico y que si bien permaneci贸 ajeno a toda religi贸n, al par que descubr铆a las inexactitudes y flaquezas de cada una de ellas, fue un amante de todas y un difusor de sus m谩s ameritados conceptos.

Pio IX lo calific贸 de blasfemador por concretarse a presentar a Jes煤s como un hombre extraordinario, aunque jam谩s en su libro se atrevi贸 a negar su divinidad, en cambio si es de mencionarse que para escribir su Historia de Jes煤s, acompa帽ado de su hermana Enriqueta, viaj贸 a Palestina para documentarse y lleg贸 hasta diversas ciudades de Asia para obtener informaci贸n fidedigna sobre los hechos de los Ap贸stoles, que m谩s tarde consign贸 en otro de sus libros plet贸ricos de frases realmente deliciosas.

Mitad fil贸sofo y mitad poeta, su erudici贸n signific贸 el sacrificio de la juventud de su hermana, joven dulce y abnegada que renunci贸 hasta al matrimonio por apoyar a su fraterno, qui茅n s贸lo despu茅s de una recomendaci贸n de Eugenia de Montijo, esposa espa帽ola de Napole贸n III, obtuvo una c谩tedra en el Colegio de Francia, si bien el afamado mentor hab铆a escrito contando s贸lo 26 a帽os, su libro intitulado El porvenir de la ciencia, que fue publicado hasta 1890. Ernst no fue un ingrato y casado tard铆amente recompens贸 a su hermana escribiendo Mi hermana Henriette donde refiere los sacrificios de la dulce muchacha por apoyarlo, y cuando realiz贸 su viaje por Fenicia la llev贸 consigo compartiendo con ella los esbozos de sus dos libros La historia del pueblo jud铆o y San Pablo, obras de indiscutible m茅rito.

Visitando Escandinavia lo sorprendi贸 la guerra franco-prusiana, entonces puso en juego su 谩nimo conciliador, rechazando el odio y buscando la conciliaci贸n, su actitud considerada anti-patri贸tica despert贸 burlas, comentarios y desprecios, pero su esp铆ritu benigno se impuso y al igual que Goethe pas贸 sus 煤ltimos a帽os pugnando por la concordia y la paz, su universalismo despert贸 la conciencia no s贸lo de los contendientes sino de toda la humanidad. Luego de escribir obras tan meritorias como El Antecristo, Los Evangelios, Marco Aurelio, La iglesia cristiana, Recuerdos de infancia y juventud, entre otras, el esc茅ptico muri贸 en l892, pronunciando su c茅lebre sentencia: Los hombres deb铆an vivir como si Dios existiese.