REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
23 | 07 | 2019
   

Arca de Noé

Retorno a la razón y a la paz


Martha Chapa

Entre los males del mundo que no hemos sido capaces de erradicar sobresalen dos: la pobreza y el fundamentalismo religioso.

No son los únicos problemas que tenemos, por supuesto, pues también están la violencia, la injusticia, las enfermedades, la falta de oportunidades o la limitación de libertades individuales y sociales, como ocurre de modo sobresaliente en algunos países o regiones del mundo actual.

Pero hoy me refiero en particular a esa serie de acontecimientos estrujantes derivados del fanatismo de grupos islámicos.

Hemos sido testigos en los días recientes, a través de los medios de comunicación –sobre todo por medio de estremecedoras imágenes en la televisión– de una violencia incontenible y devastadora, como en el caso del ataque a la embajada estadunidense en Libia, pero también en Líbano y Egipto, además de otras reacciones hostiles en diversos países a un hecho que pudo haber sido irrelevante y al cual se le han dado dimensiones incomprensibles.

Todo surgió a partir de una película de factura estadunidense titulada La inocencia de los musulmanes, donde se muestra al profeta Mahoma cometiendo actos indecorosos y ajenos a su santidad. Quienes han visto algunas escenas de esta cinta coinciden en calificarla de vulgar y ofensiva pero, sobre todo, de mal hecha y completamente olvidable. Sin embargo, sectores musulmanes radicales no opinan así, y en venganza por el contenido del filme desplegaron acciones armadas contra instalaciones estadunidenses, con saldo de muertos y heridos, entre ellos un embajador, lo cual repercutió en todo el mundo y concitó una reprobación unánime hacia tales conductas extremistas. El Papa Benedicto XVI recriminó esas conductas e hizo llamados en favor de la paz, el respeto y la tolerancia, sin distingos de razas y credos. En su turno, el presidente Barack Obama se expresó con indignación, aunque no se haya visto todavía una respuesta o acciones concretas, a la espera de una investigación que anunció el mandatario sobre estos trágicos hechos. En contrapartida, el Partido Republicano, así como su actual candidato a la Presidencia, Mitt Romney, elevaron su protesta con mayor estridencia y de seguro presionarán aún más en el contexto electoral que vive esa nación.

A la luz de estas realidades, considero que la virulenta reacción de organizaciones, sectas y grupos musulmanes, algunos inscritos en las filas del terrorismo, es inaceptable y desproporcionada. En todo caso, se trata tan sólo de una película dirigida por un estadunidense, lo cual no significa que sea necesariamente la posición del gobierno de Estados Unidos, por lo que no puedo evitar pensar que tras esas violentas reacciones anidan estrategias y prácticas preconcebidas que encontraron una vez más el pretexto ideal para continuar la mesiánica lucha de algunos grupos islámicos contra la nación americana.

Los hechos terribles de los días recientes nos traen de vuelta al ambiente de terror y zozobra que se vivió en el pasado reciente, con los atentados del 11 de septiembre de 2001. Entonces y ahora el origen está en un fanatismo religioso y de intolerancia política, que si bien en esta ocasión no alcanza tal grado de terror –o, por lo menos, no ha llegado al continente americano– no deja de ser escalofriante y reprobable.

Es cierto que asuntos de ese tipo también ocurren en otras latitudes, sin que México sea la excepción, pues recordamos que aquí también hemos padecido brotes de grupúsculos fanáticos, como aquellas airadas protestas de hace algunos años por el manejo del icono guadalupano mezclado con la cultura popular en varias exposiciones de pintura, o las reacciones de intolerancia ante películas como El crimen del padre Amaro y, en fechas mucho más recientes, las confrontaciones que se han suscitado en la comunidad Nueva Jerusalén, en Michoacán, donde grupos fanatizados se oponen a la educación pública.

Queda claro, entonces, que no podemos justificar tales prácticas oscurantistas y beligerantes, como tampoco es aceptable insultar u ofender las creencias de terceros. En casos como el de La inocencia de los musulmanes, lo adecuado habría sido canalizar las supuestas o reales afrentas por otros caminos que se enmarcan lo mismo en las leyes vigentes que en la imaginación, la razón y la inteligencia.

Y, desde luego, en una amplia concepción de la tolerancia entendida no como resignación o prácticas inhibitorias ante la opinión de otros, sino en términos de la convicción del derecho que tienen los demás para pensar totalmente diferente de lo que uno cree o de esos valores que sustentan la vida personal de cada cual.