REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
23 | 02 | 2020
   

Apantallados

¿El teatro en crisis? o ¿Hay que acercar al espectador al teatro?


Perla Schwartz

Nuestro teatro medido con patrones legítimos,
ha alcanzado una profundidad sin salida.”

Arthur Miller


Desde tiempos inmemoriales, el teatro ha existido. Ha sido el arte más completo, el arte que se ha dedicado a unir a una comunidad. Cada escenificación es un “festín efímero” a decir de la escritora y crítica teatral Esther Seligson. En efecto, cada función es irrepetible, podrá ser similar la una a la otra, pero tendrá diversas variantes.

El teatro cuenta con varias virtudes esenciales: une, mueve, conmueve y sacude. Tan sólo se necesita a un espectador sensible que pueda moverse en dicha órbita. El teatro, a decir del sociólogo Pierre Bordieu es un campo de creación artística, es un resultado directo del quehacer de los artistas, es decir de los incansables hacedores del teatro, además de que agrupa “el conjunto de los agentes que tienen intereses en el arte, a quienes les interesa el arte y su existencia, que viven del arte por el arte, como de la productividad de obras consideradas artísticas (...) críticos, coleccionistas, intermediarios, conservadores, historiadores del arte, etc.” 1

Si bien, esta valiosa reflexión de Bordieu se refiere a la creación artística en general, también es aplicable al hecho teatral, puesto que en éste adquiere un papel decisivo, ya que para llevarse a cabo una escenificación, se necesita de un grupo para que esto suceda.

El arte teatral logra su auténtica trascendencia en la medida en que logre romper la llamada “cuarta pared”, es decir ese muro invisible que divide lo que sucede en el escenario y la comunicación que se logra entablar con el espectador que se deja involucrar.

A pesar de su actual crisis de público, el teatro tiene una gran importancia por conllevar toda una aventura hacia el conocimiento.

La ciudad de México es una macrópolis con una intensa oferta teatral, hay para todos los gustos, aunque desafortunadamente es tan sólo una elite de espectadores que constantemente acuden a los espacios teatrales.

Algunos de estos argumentos pudieran ser válidos, pero la función central del teatrista es lograr abatirlos, a través de montajes dignos, montajes que aunque sean de bajos recursos tengan calidad. A más de la crisis económica, de la inseguridad urbana, existen dos retos fundamentales a ser vencidos, el ámbito tan mediático que caracteriza al siglo XXI, plagado de multiplicidad de imágenes y sobre ello, el poder forjar una auténtica cultura teatral de la cual la mayoría de la población adolece, sin ésta, ¿Cómo se podrá generar una industria en torno a las representaciones escénicas?
Se trata de algo imposible o utópico. El gusto por el teatro, debe de iniciarse desde la educación elemental, en este sentido funcionan muy bien las temporadas de Teatro Escolar, implementadas por la Coordinación de Teatro del Instituto Nacional de Bellas Artes, siempre hay que tomar en cuenta, que los públicos no existen de un modo natural:
“el público o los públicos, en tanto elemento constitutivo del hecho teatral no pueden ser dejados al azar o al mercado, sino que hay que construirlos, hay que crearlos y formarlos, como a las obras mismas.” 3

Con esta reflexión, Lucina Jiménez pone el dedo en la llaga, desde la concepción misma de una creación teatral hay que plantearse a quien va dirigida, con quien se pretende interactuar.

Además, cada día se torna más prioritario, un trabajo conjunto que amalgame educación, formación y entretenimiento, una acción que contenga varias aristas, a ser diseñada por cada grupo responsable de gestar una puesta en escena.

Básicamente, se puede hablar de tres tipos de públicos, de acuerdo al punto de vista del estudioso Edward Wright, en su libro que ya es un clásico Para comprender el teatro actual: “Los escapistas”, son aquellos espectadores y espectadoras que sólo tratan de olvidar las responsabilidades y problemas de la vida diaria; piensan únicamente en divertirse y buscan obras más ligeras o superficiales.

“Los “moralistas” quienes exigen que el teatro enseñe una lección, buscan obras didácticas o morales (...) cerrarán los ojos a todo aquello que no coincida con sus opiniones e ideas (...)

Y “los partidarios del arte” aquellos que insisten en “el arte por el arte mismo” y se horrorizan ante los éxitos de taquilla y aluden con desdén a cualquier trabajo popular al que consideran “una empresa comercial” 4

Considerando que existen estos tres tipos de espectadores “extremos”, permite al creador escénico tener elementos más firmes, a partir de los cuales poner en marcha su talento, imaginación y profesionalismo para generar montajes que logren llenar las expectativas de determinados públicos.
No es una labor sencilla, y sobre todo en los tiempos actuales, que el teatro suele estar relegado, ante la realidad virtual y otro tipo de preocupaciones existenciales. Lo cierto, es que en nuestro país, el gremio teatral se esfuerza en la medida de sus posibilidades, en una semana fácilmente hay más de 200 propuestas, que van desde teatro comercial o apoyado por la iniciativa privada; obras del circuito cultural, avaladas por el estado o por instituciones, además de montajes de un circuito marginal o underground.

Respecto a este último, cabe señalar que se han incrementado las puestas en escena en las casas, a las que sólo accede un limitado grupo de espectadores.

Es casi una perogrullada, pero el teatro comercial es el que tiene mayor éxito de taquilla, y el que por el apoyo recibido por los medios de comunicación masiva, es el teatro con mayor presencia; son las comedias musicales, una especie de imán para atraer a las masas, por lo general éstas tienen como gancho a populares actores y actrices de la televisión.

Un ejemplo son las fastuosas producciones de Ocesa, una compañía de la iniciativa privada, que compra las obras en paquete tras haber probado su eficacia financiera, en otras latitudes, es decir en Londres, Australia o Broadway. Aquí hablaríamos de títulos como La bella y la bestia, Los productores o Mamma mía, entre una larga lista.

El apoyo de difusión que reciben de los medios masivos, les suele garantizar a este tipo de obras, penetración y en muchas ocasiones, una duración en la cartelera. Es el tipo de teatro que tan sólo busca entretener, el teatro que funciona como evasión de la agobiante cotidianeidad.

También auspician comedias ligeras, vodeviles y algunos melodramas facilones. Este tipo de teatro, a decir de Xóchitl Ramírez y Eduardo Nivón: “Forma parte de la cultura de masas cuyas estrategias comunicativas, temáticas y recursos teatrales se destinan a ganar el favor del público, a través de incorporar pautas o modelos de conducta, experiencias cotidianas, relaciones familiares, fantasías románticas, aventuras sexuales y una critica política en el fondo conservadora.” 5

Mientras que en el circuito cultural, el teatro con mayor calidad de contenido y que busca nuevas expresiones estéticas, suele ser apoyado por instituciones gubernamentales y universitarias, las cuales participan en la formación, producción y promoción de cada montaje escénico, como parte de una serie de políticas destinadas a la búsqueda de un bienestar común.

Son varios los organismos que participan en este circuito, el eje rector de la industria teatral en nuestro país, los más destacados son: El CNCA (Consejo Nacional para la Cultura y las Artes), el Centro Nacional de las Artes, la Coordinación de Teatro del Instituto Nacional de Bellas Artes, el Centro Cultural Helénico, el FONCA (Fondo Nacional para la Cultura y las Artes), la Dirección de Teatro y Danza de la UNAM y la Universidad Autónoma Metropolitana, a través de Casa de la Paz, y la Secretaría de Cultura del DF, a través de su sistema de teatros.

Este circuito al que habría que ponerle la mayor atención se dedica a ofrecer espectáculos y montajes que contengan calidad, a pesar de contar en muchas ocasiones, con recursos económicos sumamente exiguos, su interés en valorar a la cultura.

Incluso para acercar a los espectadores manejan una serie de descuentos para personas de la tercera edad, maestros y estudiantes. La mayoría de las ocasiones es más el dinero que se invierte en una puesta, que el éxito financiero de la misma, tal vez porque no tienen la misma capacidad de penetración en los medios de comunicación masiva, o porque es un teatro para un público más preparado.

Aunque no se logren siempre las metas deseadas, el teatro del circuito cultural es el que sustenta la importancia de fortalecer una auténtica industria de la escena; por lo general, ofrece una serie de búsquedas estéticas y creativas, con el afán de innovar y asumir la escena de modos diversos.
Lo más importante en este circuito es su énfasis artístico en la mayoría de sus propuestas. En este sentido, son esclarecedoras, las palabras del maestro Luis de Tavira, actual director de la Compañía Nacional de Teatro: “El problema, a mi modo de ver, proviene de la conexión que podamos hacer, entre lo que hacemos y la necesidad social del teatro.” 6
El maestro de Tavira pone el dedo en la llaga, para que el teatro funcione realmente como una industria cultural debe de lograr cubrir una necesidad social, de otro modo, cualquier batalla se encuentra perdida de ante mano. El posible espectador ha de sentir y apreciar que el teatro puede significarle una aventura al conocimiento, un medio para cambiar su percepción de la vida, un espacio para lograr catarsis.

En tanto, el tercer circuito de teatreros lo conforma el ámbito civil. Está representado por compañías independientes, conformadas por asociaciones civiles o empresas, así como por diversos grupos de promotores, dramaturgos, directores y actores de teatro, que buscan nuevas opciones para ir al encuentro de sus espectadores.

Entre ellos se encuentra la Casa del Teatro, fundada por Luis de Tavira, misma que se ha preocupado por formar actores que logren recuperar los orígenes del teatro, y de ahí partir a formar vínculos con la vida.

Otros grupos destacados son Los Endebles que tienen como sede La Capilla, comandados por el inquieto Boris Schoemann; el Foro Shakespeare dirigido por el también actor Bruno Bichir, el Círculo de Arte Teatral, fundado hace 5 años por los actores Alberto Estrella y Víctor Carpinteiro.

A estos se suman: Contigo América dirigido por Raquel Seaone, el Foro Luces de Bohemia a cargo de Renato de la Riva, Casa Azul del grupo Argos, el Teatro El Milagro conducido por David Olguín, Gabriel Pascal y Daniel Giménez Cacho y CADAC que fundara el desaparecido maestro Héctor Azar, entre otros.

El circuito civil asume un riesgo total en sus montajes, en muchas ocasiones no recuperan su inversión; cuenta con un amplio abanico de propuestas, que van desde el teatro más tradicional con montajes de obras de reconocidos dramaturgos nacionales y extranjeros, hasta puestas sumamente experimentales.

En este circuito también hay que considerar a los grupos marginales o underground, algunos de ellos, con tal de hacer teatro, utilizan algunas casas como foros teatrales temporales.
Pero, la gran paradoja en la Ciudad de México continúa siendo, que a pesar de ser una urbe con una intensa oferta teatral, es mínimo el público aficionado a ir con cierta regularidad, algunos ni acuden, una vez por año.

¿Será acaso que el teatro esté perdiendo la batalla ante la invasión audiovisual?, O ¿Acaso la vida contemporánea tiene otras prioridades a ser cubiertas? ¿O el teatro deberá de ir a la búsqueda de nuevos derroteros que lo pongan en contacto con su público?

Desafortunadamente, ha decrecido el impacto social del teatro en la actualidad, y es una pena porque este festín efímero, esta ceremonia o ritual, esta disciplina artística que se despliega a partir el arte dramático, es la síntesis de todas las artes, es la manifestación creativa que hace vibrar con mayor intensidad.
Para ir hacia una respuesta del cómo será posible la supervivencia del hecho teatral, bien vale la pena, analizar la siguiente reflexión, expuesta por el especialista francés Patrice Pavis durante el Encuentro Nacional de Crítica Teatral, que se llevó a cabo, en Medellín Colombia, en julio de 1994:
“Es conveniente imaginar un modelo que combine una estética de la producción y de la recepción, que estudie su tensión dialéctica, haciendo la parte de la recepción anticipada por la producción y de la producción ligada a la actividad del espectador en la recepción.” 7

Reflexión sumamente aguda, puesto que sin público, el hecho teatral no existe, todo intento quedaría nulo. El escenario y lo que en él se presenta , seguirá vivo en la medida en que capte audiencias, en que le interese a un alguien, dispuesto a enfrentar realidades diferentes a la suya propia,

Para ello, es primordial tomar conciencia plena de los alcances del teatro, de la comunión que éste es capaz de lograr con el espectador. En este sentido, Gerardo Luzunaga propone analizar los códigos culturales el público, a quien va dirigida una puesta en escena:

“En el mosaico racial, social y cultural latinoamericano, cada uno de esos públicos tiene un modelo estético propio -diríamos con Yuri Lotmanque ha sio generado por una cultura históricamente determinada.” 8

Lo propuesto por Luzunaga podría ser una herramienta útil para acercar a más espectadores al teatro, más allá de la crisis económica, que sin duda es uno de los factores que han dejado a muchas salas vacías, sin olvidarnos que las prácticas culturales de los ciudadanos del siglo XXI han cambiado de modo radical.

Inmersos en una posmodernidad donde prevalece lo espectacular, elemento que satura a la urbe, baste con pensar en la cantidad de grandes anuncios. Es impostergable, volver a reafirmar el lugar del teatro, que vuelva a tener un lugar de primerísimo orden en la sociedad, un lugar que le pertenece en modo legítimo y que no le podrán usurpar ni la televisión, ni los videos, ni el ciberespacio.

El quehacer teatral ha de ser reivindicado, ha de hallar una fórmula para volver a atraer a su público, para ello deberá de renovarse a nivel creativo. Y tal vez disminuir el número de oferta escénica para ofrece más calidad. Para ello, también habrá que tomar en cuenta el imaginario urbano, y buscar la manera que no sólo se nutra vía los medios electrónicos.
En este sentido apunta el sociólogo Néstor García Canclini: “Las bases estéticas de la mayoría de la población está más relacionadas con las fotonovelas, el melodrama televisivo, las historietas, el rock, la música grupera y otras expresiones de la cultura masiva, que por una búsqueda de disfrute estético vinculado a las distintas artes.” 9

Por supuesto que esto representa un grave obstáculo, pero tampoco es imposible de abatir, hay que hacerle entender a la gente que el teatro es un acontecimiento estético capaz de satisfacer las más diversas necesidades humanas, que puede funcionar como catalizador o espejo de las realidades más opuestas. Es más que una válvula de escape, es tener la oportunidad de vivir mundos paralelos, una opción para reconstruir personalidades fragmentadas.

Considero que la industria teatral en México podrá volver a fortalecerse en la medida que ofrezca un teatro más vivencial a sus espectadores, un teatro que sea un espejo real de la sociedad actual y su devenir.

“Como todos sabemos el cine es más grande que la vida. Es parte de su función y es su atractivo. La televisión y las computadoras. Por otro lado, son usualmente más pequeñas que la vida, como formas que condensan todo un mundo de experiencia dentro de una pequeña pantalla. Sin embargo, el teatro tiene exactamente el tamaño de la vida, ni más ni menos, sus temas e inquietudes pueden tomar mayores dimensiones.” 10

Los hacedores de teatro también se deben dar a la tarea de buscar nuevas propuestas temáticas, hacer uso dosificado del multimedia para transformar más atractivos sus montajes.
Decía André Malraux “Todo está escrito y todo está por escribirse”, palabras que si aplicamos al teatro, si bien no habrá mucha renovación en las historias, si la puede haber en cómo contarlas o desarrollarlas en la escena.

Sólo así el teatro logrará fortalecer su industria, que anda de capa caída, sólo así logrará integrar una complicidad entre el productor, el creador, los proyectos a desarrollar, y el público potencial. Porque en definitiva los escenarios no han de desaparecer jamás, son parte primigenia de la humanidad.

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NOTAS

1 Bordieu, Pierre, “¿Y quién creó a los creadores?”, Sociología y
cultura, México, CNCA, Grijalbo, 1992, p. 238.
2 Rascón Víctor Hugo, “Introducción” en Jiménez, Lucina, Teatro y
públicos, el lado oscuro de la sala, México, Escenología, 2000, p. 15.
3 Jiménez Lucina, op. Cit., p.225.
4 Wright Edward, Para comprender el teatro actual, México, Fondo de Cultura Económica, 1992, pp. 74-79.
5 Ramírez Xóchitl y Eduardo Nivón, “El estudio de las culturas de masa en México”, en Néstor García Canclini, Cultura y pospolítica, el debate sobre la modernidad en América Latina, México, CNCA, 1993, P.105.
6 De Tavira, Luis, cita en op. Cit de Lucina Jiménez, p.189.
7 Pavis Patrice, op. Cit, Lucina Jiménez, p. 65.
8 Luzuriaga, Gerardo, “Los públicos latinoamericanos” en Introducción a los teóricos latinoamericanos del teatro, México, Universidad Autónoma de Puebla, 1990, pp. 201-205.
9 García Canclini, Néstor, Consumidores y conciudadanos, conflictos culturales de la globalización, México, Grijalbo, 1995, p. 108
10 Finnbogadótir Vigis, Discurso Día Nacional del Teatro 1999, citado por Lucina Jiménez, op. Cit. Pp110-111.