REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
27 | 01 | 2020
   

Arca de Noé

Una historia de padres e hijos


Jesús A. Castañeda

Marcelo Ebrard se manifestó en contra de la candidatura por el PRD de Lino Korrodi, ex operardor financiero de los Amigos de Fox, en la elección para gobernador en Tamaulipas. En unas declaraciones donde señaló que “si el PRD es tibio, se irá a la basura”, respecto a Lino Korrodi precisó: “No me encanta para nada”, y dijo que “todo tiene un límite […] No podemos pensar en ganar como sea; no es posible”. Para variar, en todo se equivoca Marcelo Ebrard. Porque lo que ayer detestaba, hoy puede encantarle. Porque no siempre los límites existen y, sobre todo, porque las gentes como Marcelo Ebrard siempre han pensado en ganar como sea y a veces lo han logrado; ahí tenemos la actual administración del GDF. ¿Pero quién es Marcelo Ebrard para hablar así y, sobre todo, del PRD?, ¿de dónde viene, quién o quiénes lo engendraron, es decir, lo encumbraron?

A Marcelo Ebrard le parece espantosa e inaudita la candidatura del señor

Korrodi, pero más inaudito fue el hecho de que Ebrard se presentara como candidato del PRD en 2006 y que sea jefe de Gobierno en el DF (por no hablar, por lo pronto, de una larga lista de deshechos salinista y zedillista en las filas del pejismo). Marcelo, hay  que recordarlo, fue el brazo derecho (como secretario de gobierno) de Manuel Camacho Solís en su regencia, literalmente, en el gabinete de Carlos Salinas de
Gortari (1988-1994). Hubo tres entidades en las cuales oficialmente, voto por voto o  acta por acta, Cuauhtémoc Cárdenas y el FDN ganaron la elección presidencial de
1988: Baja California, Michoacán y… el Distrito Federal. En esta última entidad, sobre todo, hubo que hacer un fino trabajo de contrainsurgencia, de cooptación y de corrupción, para aniquilar o reducir a su mínima expresión a la izquierda cardenista,  representada en aquel entonces por el PRD. Era la época de Solidaridad, “unidos para progresar”. Los resultados que Camacho y Marcelo le reportaron a su jefe Salinas
fueron exquisitos, tan es así que el propio Marcelo quedó fuera de la Asamblea a la mitad del sexenio porque al obtener el PRI carro completo no pudo colocar ninguna plurinominal. En 1991, en la elección federal, el PRI salinista arrasó en todo el país: de
300 distritos de mayoría, sólo perdió diez frente al PAN; de 32 senadurías, una ante el mismo partido (la de Baja California, que ganó Héctor Terán). Pero la joya, la joya de la corona fue el Distrito Federal…

El cadáver de Heberto Castillo debe recordar perfectamente que en 1991 a él, entonces candidato a senador por el DF, y al PRD en esta entidad el PRI de Salinas, Camacho y Ebrard los mandaron al cuarto lugar, por debajo del PRI, el PAN y el partido de Talamantes, otrora jefe de algunos de los ahora connotados chuchos. Así, de haber sido primera fuerza política en 1988, la izquierda electoral en el DF fue relegada al cuarto lugar con más o menos 8 por ciento de los votos. Pero los insaciables no tienen llenadera…

Por aquella época empezaban a subir de tono las campañas ciudadanas a favor del estado 32, a favor de que los ciudadanos del Distrito Federal pudieran elegir vía voto directo a sus autoridades. En 1992 se organizó un plebiscito al respecto, en el cual confluyeron perredistas, panistas, organizaciones cívicas y un amplio espectro político. Hasta uno que otro priísta. Pero no, no se trataba de Marcelo Ebrard;
el priísta de aquel entonces que se sumó a favor del plebiscito fue Demetrio Sodi de la Tijera, a quien por algo Marcelo detesta hasta la muerte (política).

Ironía de la historia: si hubo tres políticos que operaban en el DF a favor de Salinas y en contra de la democracia, esos no fueron otros que Manuel Camacho Solís, Marcelo Ebrard y el entonces senador Priísta Manuel Aguilera Gómez, quien se ganó a pulso el mote de “Senador No” por su oposición al plebiscito. Estos tres personajes, bajo la férula de su patrón Carlos Salinas de Gortari, se opusieron a que los ciudadanos del DF eligieran a sus gobernantes, que no fueran designados por el presidente, y uno de ellos, Marcelo Ebrard, a la larga fue beneficiado por esa reforma que combatió y fue electo jefe de Gobierno en 2006. Bueno, quizá Marcelo es “congruente”, porque en realidad él fue designado jefe de Gobierno –por dedazo– por el entonces todavía no “presidente legítimo” Andrés Manuel López Obrador.

Claro, alguno dirá que en 1994 Camacho y Ebrard rompieron con Salinas. Sí y no. O como ya dije antes, en el primer párrafo: “siempre han pensado en ganar como sea y a veces lo han logrado”. En 1994, o más bien, con el dedazo de 1993 no lo
lograron. Y por esa “divergencia ideológica” rompieron, pero no del todo o no con esa forma de hacer política, de grupúsculo.
El odio que le tenían Salinas y los suyos a la ciudad de México, a los capitalinos, data por lo menos de la época del sismo o posismo (pos sí). Nuestro Haití, mutatis mutandis, reveló sobremanera la corrupción de los gobiernos priístas en ese entonces ya neoliberales (como se dice ahora). Las movilizaciones ciudadanas, de colonos e independientes del corporativismo, fueron un catalizador muy importante en la derrota de Salinas y el PRI en 1988. Por cierto, ¿quién era el secretario de Desarrollo Urbano y Ecología en el gabinete de Miguel de la Madrid? Ni más ni menos que nuestro viejo
conocido Manuel Camacho Solís, el primer padre político de Marcelo Ebrard. Y de titular de la Sedue, Camacho brincó a ser secretario de Acción Electoral del CEN del PRI en la campaña de Carlos Salinas de Gortari. La misma lógica.

En 1997 la estrella de los salinistas-camachistas comenzó a brillar de nuevo. Esto fue posible no porque hayan conseguido el registro electoral del Partido del Centro Democrático, sino porque Marcelo Ebrard fue diputado de la oposición en aquella
célebre legislatura, la primera en la cual el PRI perdía la mayoría absoluta. Pero Marcelo no fue diputado de los supuestamente partidos democráticos de oposición al
PRI, el PRD por la izquierda y el PAN por la derecha. No. Marcelo resultó electo al encabezar la lista plurinominal del Partido Verde en la circunscripción del DF y uno de sus compañeros de viaje, sí, fue el famoso Niño Verde quien encabezó por el mismo partido la lista en la circunscripción del Estado de México. Así el Papá Verde colocó a su hijo como diputado, de la misma manera (y por el mismo partido) en la cual Camacho colocó a Marcelo Ebrard en las mismas condiciones. ¿Por qué?

Tenemos que irnos unos diez años atrás, de 1997 a 1987, más o menos. El actual Partido Verde Ecologista de México, más o menos como el PRI, no siempre se llamó así. Antes de esto se llamó Partido Verde Ecologista, y originalmente Partido Verde. El origen del Partido Verde, y del Papá Verde, data de la época de Manuel Camacho como titular de la Sedue. No nos andemos con eufemismos: el Partido Verde fue un partido-membrete y satélite del PRI creado con el padrinazgo de Camacho Solís, quien lo infiltró (y quién sabe a cuántos más) en el Frente Democrático Nacional de 1988. Así de simple. Ya después, en 1991, el Partido Verde Ecologista se presentó
como parte de la jauría electoral anticardenista; sin embargo, no logró el registro. Partidos satélites-negocios y registros…

Así, por viejos favores, Ebrard y Camacho consiguieron con la mano en la cintura esa plurinominal del Verde. Y es que no tenían de otra, es decir, no tenían partido ni registro (cosa que el Verde desde 94 logró). El partido que crearon un poco después de aquella época, en donde los acompañaba el actual secretario de Turismo del DF, Alejandro Rojas Díaz-Durán, fue el Partido del Centro Democrático (ojo: no de izquierda, aunque en estos tiempos hasta cualquier analfabeta funcional ya se puede declarar de izquierda). Este partido lo crearon con remanentes del corporativismo priísta que conservaron el DF, el cobro de viejas facturas y favores políticos, y ciertas alianzas regionales con otros grupúsculos.

Marcelo, hay que reconocerlo, tuvo un desempeño sensato como diputado. Se unió al bloque opositor que instaló la mayoría no priísta en la Cámara. Ah, pero ese bloque fue enfrentado por el PRI, que encabezaron en San Lázaro los operadores zedillistas Arturo Núñez (viejo alquimista electoral) y Ricardo Monreal, ambos actualmente compañeros de ruta de Marcelo, Muñoz Ledo y López Obrador. Marcelo también se opuso al atraco del Fobaproa, mismo que fue aprobado por la mayoría del PRI y del PAN encabezada por el entonces priísta Arturo Núñez.

Ya para el 2000, con su PCD, Camacho y Marcelo fueron candidatos a la presidencia y a la jefatura de gobierno del DF, respectivamente. Pero en un acto de oportunismo, de ambas partes, Marcelo declinó a favor de López Obrador, “el candidato de Zedillo”. El corte de caja, literalmente, para el PCD fue desastroso: perdió el registro al no tener ni siquiera el uno por ciento de votos.

Y así, con menos del uno por ciento de votos, la verdadera fuerza del camachismo, Marcelo a la larga fue designado por el dedo de López Obrador como jefe de gobierno de una ciudad ganada al PRI en 1997 por el cardenismo, no por López Obrador, Bejarano, Camacho y Marcelo Ebrard.

Hablar del actual PRI-gobierno (como se decía antes) de Marcelo Ebrard, de Giuliani y un largo etcétera, por lo pronto, nos desviaría del quid electoral del momento: la candidatura de Lino Korrodi. Ante Marcelo Ebrard y otros tantos, la verdad, Korrodi en el PRD es pecata minuta. Además, ya que hablamos de odios y perdones, ¿no fueron del PRD al foxismo y de éste al pejismo, por ejemplo, Patricia Olamendi y Porfirio Muñoz Ledo? Pecata minuta. ¿No fue la pejeviejita Chaneca Maldonado la misma publicista del candidato Fox en Guanajuato en 1995 y de López Obrador en 2006? Pecata minuta. Hay cosas más importantes por definir…

La paternidad, a veces, es un caso de honor. Ya vimos que la paternidad (política) de Ebrard es múltiple; bajita la mano, tiene tres padres: Manuel Camacho Solís, Carlos Salinas de Gortari y Andrés Manuel López Obrador. Pero de su maternidad no hay visos.

¿Es un honor estar con Marcelo Ebrard Casaubón?