REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
26 | 09 | 2020
   

Arca de Noé

La culta polaca


Por Supuesto

Los malos y los buenos

¿Y si al ocupante de Los Pinos lo subieran al diván y luego Wikileaks nos diera a conocer las grabaciones del terapeuta o del psiquiatra (con psi, porque con «si» representa algo muy diferente, ya no sería el sanador de la mente o del alma, sino el sanador de los higos), se imaginan lo que confirmaríamos de Calderón?

Por lo pronto, que de niño no lo dejaron jugar a los soldaditos ni al médico, porque parecen ser las grandes obsesiones que ha tratado de resolver en su periodo de gobierno. Mueve tropas, se encima el uniforme y da diagnósticos instantáneos sobre todo tipo de padecimientos, lo mismo de nacionales que de extranjeros. ¿No aventuró que a la indígena atacada en Zongolica, Veracruz, por un grupo de soldados, Ernestina Ascencio Rosario, había muerto de gastritis, sin haberla visto siquiera y no dijo de Michael Jackson, antes del parte médico oficial, que había fallecido de sobredosis?

También se confirmaría la sospecha de que es bastante maniqueo, pues divide el mundo entre «buenos» y «malos» –¡y claro, él está del lado de los buenos!– Ante quien sea y más si tiene enfrente a uno de los malos de la vida real, como es el caso de Azcárraga Jean, en la entrega de los premios de la llamada “Iniciativa México”, insiste en su desplante de que “somos más los buenos que los malos”.

Parece no distinguir que la inepcia, el embuste, la corrupción, la tolerancia de actos ilegales, la impunidad y la obcecación, son expresiones claras de la maldad. Y tampoco se percata de que algunos de sus interlocutores, empresarios explotadores, corruptos y abusivos, jueces venales y legisladores y gobernantes abyectos, son igualmente «malosos» y que tal vez ingresen a las listas de Forbes, pero no podrán entrar al cielo, conforme a la equívoca parábola del camello y el ojo de la aguja.

Y como ocurre siempre, los verdaderos buenos, por arte de birlibirloque son transformados en los malos, a juicio de quien se quiere presentar como el arcángel San Gabriel que acabará con el dragón de los narcos y otros villanos, con su espada flamígera y su hábito de «justiciero». Oponerse a que termine de convertir la República en un estado castrense, ubica a quien ejerza la crítica entre los que tratan de “demoler el ánimo nacional”, porque «le bon c’est moi», podría decir si supiera francés, pero como ni el español conoce…

Él supone –por lo que ha ocurrido– que ser bueno es estar del lado de los gringos, hasta la ignominia de aceptar la injerencia externa; que proteger a sus cuates ante la demanda pública de que los cesen, es también una acción heroica, lo mismo que liberar de la cárcel o de la condena social a familiares de su esposa, que han sido señalados por realizar acciones que debieran ser castigadas.

Y a lo mejor es cierto que los malos son muy pocos, pero son los que están incrustados en el poder público o privado: algunos de los funcionarios que ha nombrado o los empresarios que ha favorecido.

La servidumbre voluntaria

Nada peor que la servidumbre voluntaria, reveló hace 463 años un brillante joven francés, Etienne de la Boétie, que a los 18 o a lo mejor a los 16 años escribió un texto brillante, iluminador, al que llamó Discurso de la servidumbre voluntaria.

En su texto muestra algo que debiera hacer reflexionar a muchos de nuestros coetáneo, que han sido domados hasta el punto de esperar que el agresor de nuestras fronteras y el depredador de nuestros recursos, nos haga el gran servicio de adoptarnos como colonia, sin recordar que a la fuerza, con la pérdida de muchas vidas mexicanas, nos quitó la mitad del territorio. (Por cierto: el licenciado Felipe Calderón Hinojosa, en su papel de Presidente de México, les hizo honores a los “soldados desconocidos” de EU, entre los cuales figuraban algunos de los invasores que en 1847 fueron aniquilados por los mexicanos que se defendían de la intervención estadunidense).

Esa primera generación de gringos nacidos en México, que dijera Monsiváis en una de sus mejores ocurrencias, se ha multiplicado y ya son legión quienes primero abjuraron del maldito idioma que les tocó en suerte mamar y luego asumieron los hábitos y costumbres de los vecinos del norte, en cuanto a comidas y bebidas, cultura, educación y entretenimiento, hasta el punto de que hoy parecen incapacitados de gozar y procurar lo nacional.

A su Discurso, Etienne lo subtituló “También llamado contra uno”, porque precisamente el grado de abyección que significa aceptar la servidumbre voluntaria, representa conspirar “contra uno”, algo de lo que ya no se percatan los que se han entregado al enemigo, en virtud de la estrategia desplegada por el invasor de mentes que sigue al pie de la letra las enseñanzas de Ciro II el Grande, rey de Persia, que vivió en el siglo VI a.C. y conquistó Media, Lidia y Babilonia.

Cuenta La Bóetie de qué manera –desde entonces– y por razones estéticas y culturales, Darío puso en práctica una manera de enajenar a los habitantes de Lidia, que mucho se semeja a lo que se ha hecho en México para domeñar a sus habitantes, sin necesidad de un baño de sangre o de destruir la ciudad (Algo que el exterminador Bush II ni siquiera alcanzó a imaginar cuando lanzó un ataque armado contra la antigua Mesopotamia, «la cuna de la civilización»).

“Le dieron la noticia –a Ciro II, cuenta Etienne– que los habitantes de Sardes estaban en revuelta. Fácilmente pudo reducirlos a la obediencia, pero no deseando saquear una ciudad tan hermosa, ni verse obligado a sostener un ejército para mantenerla domada, imaginó un medio admirable de seguir poseyéndola. Estableció burdeles, tabernas y juegos públicos, y emitió un bando que obligaba a los ciudadanos a asistir a tales lugares.” Tan bien le resultó esta imposición que, en consecuencia, ya no necesitó usar la espada contra los lidios. Estos miserables se divirtieron en inventar todas suertes de juegos, y lo hicieron tan bien que los latinos, tomando la palabra lidio, formaron aquella con la cual designaban lo que llamamos pasatiempo, y decían ludi por corrupción de lidi”. De ahí nos viene el término lúdico, tan puesto de moda por quienes no tienen idea de la manera tan monstruosa como nació.

Porque –agrega La Boétie– “el teatro, los juegos, las diversiones, los espectáculos, los gladiadores, las bestias curiosas, las medallas, los tableros y otras drogas de ese rango eran para los pueblos antiguos los señuelos de la servidumbre, el precio de la libertad que les habían quitado, los instrumentos de la tiranía. Estos medios, esta práctica, esos engolosinamientos empleaban los antiguos tiranos para adormecer a sus súbditos bajo el yugo”.

¿No suena a la conquista que han hecho los yanquis, con la complicidad de los mexicanos dueños del poder, “para adormecer a los súbditos –hoy mexicanos a medias– bajo el yugo”? Aunque ahora sean otros los medios: televisión enajenante, futbol, cantantes, casinos, melate, drogas, alcohol, pornografía, literatura barata, predicadores de diferentes credos, corrupción, enriquecimiento repentino, propaganda falaz, empobrecimiento de la educación, disneylización de la vida, el propósito es el mismo: impedir la conciencia crítica, acabar con la resistencia nacionalista e ilusionar a la gente con el “american dream”.


Un Féder lleno de mundo

Murió un gran mexicano, aunque hijo de rusos, pero más mexicano que alguien de apellido Cacama. Se llamó Luis Féder Beñeraf. Era psicoanalista, pero sobre todo humanista, que aparte del saber de su oficio tuvo conocimientos de música, de literatura, emoción de vida, pasión política y gusto y arte por el ser humano.

Murió en la madrugada del 24 de mayo y lo único que se publicó en los medios fue una esquela que sus colegas de profesión dieron a conocer. Una esquela, por cierto, muy mal redactada: “La Asociación Psicoanalítica Mexicana y el Instituto de Psicoanálisis Dr. Ramón Parrés, participamos (en vez de participan) con profundo dolor el fallecimiento de nuestro maestro (estro, estro) y colega, el Dr. Luis Féder Beñeraf (coma, quien) fue Miembro Fundador de la Asociación Psicoanalítica Méxicana (el morboso gusto por las mayúsculas), director del Instituto de Psicoanálisis de la APM y exvicepresidente (sic) de la Asociación Psicoanalítica Internacional; acaecido en esta ciudad, etcétera”
¿Acaecido? ¿Qué acaeció: el ser fundador, el ser director o llegar a la vicepresidencia de una agrupación? Acaecer es suceder, pero parece que sólo los fallecimientos acaecen, porque nadie usa el verbo cuando se registra un nacimiento, se estrena una obra, se publica un libro o se lleva al cabo un matrimonio, aunque todas sean cosas que “suceden”. ¿No podrían haber puesto punto y aparte y a continuación informar que su muerte ocurrió en tal fecha? ¿No podrían haber comisionado a alguien con conocimientos de sintaxis para que redactara la esquela?
La noticia de su muerte no ocupó líneas ágata de los diarios, ni escasos segundos o minutos en los noticiarios de radio y televisión, porque el Dr. Féder no fue un futbolista chambón, cancionero populachero o burócrata ramplón. Él solamente hizo aportaciones muy importantes al estudio de la mente, que de seguro detonaron rencores y mezquindades (si hasta un argentino quiso arrebatarle el honor de haber creado una teoría sobre el significado del filicidio). Y es que, así como Freud, en una sociedad pacata dinamitó la hipocresía al mostrar cómo detrás de muchos comportamientos se ocultaba nuestra verdadera conducta sexual, el Dr. Féder puso al descubierto que tras el proclamado amor de madre podría hallarse un filicidio frustrado o un aborto arrepentido.
Desarrolló también una teoría fascinante con la cual trató de entender la maldad humana de seres violentos, criminales, sociópatas, tiranos, depredadores, represores, que algún día se percatan de que fueron hijos no deseados y faltos de terapia adecuada desquitan con la sociedad su frustración y enojo.

Pianista de talento, ejecutante de diversos instrumentos, compuso piezas que le estrenaron grupos de concierto, sopranos, tenores, cantantes de calidad, tanto en México como en el extranjero.
Hombre de cultura y de docencia, recibió honores académicos de la UNAM, en la que fue maestro distinguido, y también supo de reconocimientos de agrupaciones mundiales de psicoanalistas, que valoraron la importancia de sus investigaciones.

Su vida y su cadáver, habría dicho César Vallejo, estaba lleno de mundo, pero no mereció la atención de los periodistas de la cultura que no supieron nada de él.

Nueva versión de Caperucita

Yolanda Muciño, del taller de Redacción Literaria del heterónimo Héctor Anaya, es una narradora con talento, malicia literaria y de la otra, de las primeras generaciones literarias de la Universidad de la Ciudad de México.

Uno de los ejercicios que le encargó el Mtro. Héctor Anaya, fue crear una nueva versión del clásico cuento recogido de la tradición popular por los hermanos Grimm: Caperucita roja. Ésta es su versión particular.

“Flores para la cena”

El viento silbador, soplaba helado. La madre de Conchita le pidió a su pequeña que se abrigara y fuera a conseguir flores para la cena. Conchita se puso su capa. Entonces, su madre le dijo que tuviera cuidado porque se decía rondaba por el bosque un ser libidinoso al que apodaban Lobo, que ya había seducido a 45 jovencitas. Atenta, Conchita, abría más los ojos, pero tranquilizó a su madre diciéndole:

–No te preocupes, sé cuidarme.

Nadie imaginó lo que haría la joven. Con su canasta, y su capa al rojo vivo, Conchita se perdió en el bosque. Sobre ella caía una lluvia de hojuelas amarillas que crujían a cada paso que daba. Iba cantando a todo pulmón la canción de Paquita la del Barrio: rata de dos patas, te estoy hablando a ti, que interrumpió para escuchar de dónde venían unos silbidos. Conchita se estremeció, aunque no de miedo, cuando vio una sombra grande proyectarse en el pasto. Entonces, la niña sintió que el corazón la pateaba. Con las manos temblorosas, guardó las flores. Se quedó inmóvil al percibir el aroma a Drakar que aspiró profundamente. Conchita quiso huir, pero el Lobo volvió a chiflar y... Conchita se quedó helada cuando miró hacia arriba y se encontró de frente con el Lobo que jadeaba, traía la bragueta abierta y mostraba… ¡sus grandes colmillos! La fiera, ganosa, miró a Conchita mientras se acariciaba el… colmillo, y le dijo:

–Hola Conchita, ¿qué haces a estas horas? ¡Es peligroso!

A Conchita se le dilataron las pupilas al ver el gran… colmillo del Lobo y pensó que sería su fin. Con la palabra quebrantada contestó:
–¿Eres el Lobo? ¿Quién te dijo mi nombre? –preguntó la niña.
El Lobo, al imaginar el gran manjar que le esperaba, sonriente respondió:
–Todos hablan de ti. Dicen que estás de muy buen ver. ¿A dónde vas?
–A ver a mi abuelita. Le llevo flores, para la cena, la pobre está muy sola.
–Y ¿a dónde vive tu abuela? –preguntó el Lobo.
Algo raro pasó. A Conchita le destellaron los ojos cuando contestó:
–Más allá, –indicó Conchita con el dedo índice. ¿Quieres venirte conmigo?
El Lobo se quedó perplejo al escucharla y contestó:
–Sí, ¡nada me daría más satisfacción…!
Conchita era tan cándida que no dudó en proponerle: «si te doy lo que más quieres, me enseñas tus secretos…»
–Vamos a la cueva ¡Te va a gustar!

Conchita se levantó el busto, se realzó las pestañas con saliva. Se quitó la ropa. Y por aquello de comer caliente… Extendió la capa sobre la hierba. Luego, el Lobo aullaba: ¡auuuuu! Conchita también. Después de algunas horas de fiebre y aullidos, el Lobo despeinado frente a la joven, que quería seguir, hizo señas de que ya estaba exhausto. Pero Conchita replicó:
-No, por favor, todavía no. Quiero saber más de lo bonito.
Pero el Lobo casi desfallecido contestó:
–Gracias Conchita, ya no puedo más…
–¡Prueba mi capa de otra manera! Está muy… tócala. –insistió la joven.
El Lobo, no sabía cómo convencer a Conchita de que ya no podía y dijo:
–Por favor, Conchita, piensa en tu abuela, y yo, ¡ya estoy muy cansado!
–No te preocupes por mi abuelita. Vamos, intenta otra vez.
El Lobo al borde del colapso, mientras a duras penas se subía las bragas replicó:
–¡Eres un monstruo!
–¿Acaso no eres un Lobo feroz? –preguntó la joven.
–Lo siento Conchita, ¡ya no! Si al menos tuviera agua y viagra. –Remilgó el Lobo que ya estaba más ojeroso.
–¿Agua? ¡Traje mezcal! ¿Qué no eres muy macho?
Conchita sacó una botella de mezcal, el Lobo se la tomó sin resollar y dijo:
–¡Ves cómo sí soy muy macho!
El Lobo, con los ojos perdidos, quiso bajarse las bragas de nuevo, pero cayó al suelo levantando el polvo. Conchita tomó aire y de los pies arrastró al Lobo hasta la casa de su abuela. La joven llegó sudorosa, colorada y dijo:
–Abuelita, abuelita, mira lo que te traje.
La anciana salió con un machete en la mano y le reclamó por su tardanza.
–¡Ahh! Abuelita, si supieras lo que hice con el Lobo, ¡tú también te habrías tardado! Te traje las flores para la cena.
–¿Y la carne…? –preguntó la abuela.
–Probaremos la más fresquecita, además la acabo de marinar.
Desollado, con la zalea del Lobo Conchita se hizo una capa más, a la que también teñiría de rojo...

Sobre el orgasmo. ¿Y eso?

Cerca de mil mujeres fueron interrogadas en una investigación del Instituto Mexicano de Sexología, y la mitad respondió que nunca o rara vez habían alcanzado el orgasmo.

¿Qué les habrán preguntado? ¿Por qué respondieron que sí quienes contestaron afirmativamente? ¿Cómo se puede explicar teóricamente a una mujer lo que es el orgasmo?

No son pocas las mujeres casadas o con pareja permanente, con hijos, que no han tenido orgasmos y quienes cuando conocen a otro hombre que las conduce al orgasmo, se dan cuenta de que han vivido en el error, pues creyeron que eso de “sentir bonito” era el orgasmo, cuando apenas estaban en los preliminares.

¿No les habrá ocurrido a quienes dijeron que sí y aun a las que dijeron que no, lo que preveía Pita Amor en uno de sus poemas, pero en referencia a Dios? (No hay que pasar por alto que para los griegos Eros era un dios):

Hablo de Dios como el ciego
que hablase de los colores e incurro en graves errores cuando a definirlo llego.

Porque si los hombres (que relativamente han podido ejercer con más libertad su sexualidad) con frecuencia confunden orgasmo con eyaculación y no conciben lo que el Tao japonés enseña: que puede haber eyaculación sin orgasmo, de la misma manera que hay orgasmo sin eyaculación, entonces no hay que esperar mucho de estas encuestas que sólo pueden responder las mujeres que sí han experimentado el orgasmo y, mejor aún, el multiorgasmo.

Ante los magros resultados, los psicoterapeutas y sexólogos del mencionado Instituto, que dirige el doctor Juan Luis Álvarez-Gayou, declararon que al fin y al cabo el orgasmo no es tan importante como el hecho de que la pareja tenga una buena relación (¿Qué el orgasmo no es una buena comprobación de esa felicidad mutua?)

Es curioso que la anorgasmia, nombre políticamente correcto de lo que antes fue la frigidez, no tenga la misma carga peyorativa que tiene la ahora llamada “disfunción eréctil”, eufemismo que en nada mejora la anteriormente llamada impotencia. Los médicos y la sociedad excusan a las mujeres de no llegar al orgasmo, debido al stress, la depresión o inconvenientes sociales, entre ellos la sobrecarga del trabajo, pero en cambio a los hombres que por las mismas razones sufran la pérdida de erección, no se les disculpa tan benévolamente y en cambio se les hace objeto de burla.

Tal vez cuando se descubra un medicamento como el viagra, que haga de toda mujer un volcán en la cama, se hará más compulsiva la necesidad de de la respuesta sexual femenina.