REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
21 | 07 | 2019
   

Apantallados

Moviola en su laberinto


Alonso Ruiz Belmont

El cuatro de septiembre de 1970 el chileno Salvador Allende Gossens se convirtió en el primer presidente socialista en la historia de América Latina elegido democráticamente. Su candidatura había sido impulsada por la Unidad Popular (UP) una coalición de partidos de izquierda integrada, entre otros, por el Partido Socialista, el Partido Radical y el Partido Comunista. El apoyo de este último había resultado decisivo para la victoria de la UP. Allende había logrado un triunfo apretado en las elecciones de septiembre en las que se impuso con 36.9% de los votos. Jorge Alessandri Rodríguez, candidato independiente de derecha, obtuvo 34.9% de los sufragios y Radomiro Tomic, de la Democracia Cristiana (DC), 27.9%.
El presidente estadunidense Richard Nixon y el Departamento de Estado en Washington iniciaron desesperados e infructuosos intentos por evitar que Allende tomase posesión de su cargo. Sin embargo, el día 24 del mismo mes, las dos cámaras del Congreso chileno iniciaron el proceso de votación previsto constitucionalmente para la ratificación de Allende y éste obtuvo una mayoría aplastante de sufragios parlamentarios. El nuevo presidente asumió su cargo el cuatro de noviembre de 1970.
El proyecto de nación del nuevo gobierno consistió en emprender un tránsito democrático y pacífico hacia un proyecto socialista propio, respetando escrupulosamente el Estado de derecho y las instituciones democráticas. La agenda política de Allende pretendía operar ambiciosas transformaciones en la economía del país con el propósito de fortalecer la soberanía del Estado chileno y superar así las profundas desigualdades sociales que dividían aquella nación. La nueva ruta económica aceleró el proceso de reforma agraria para terminar con el latifundismo. Se implantó la cogestión de los trabajadores en la administración de las fábricas. También se nacionalizaron la industria del cobre (motor de la riqueza y el desarrollo nacional), así como el sector bancario y otras empresas igualmente estratégicas para el país. Por otra parte, el gobierno de la Unidad Popular comenzó a poner en marcha numerosos programas de asistencia social para los sectores marginados, como la distribución gratuita de leche para todos los niños.
Las iniciativas de Allende generaron un profundo malestar entre la clase empresarial y el resto de la oligarquía local, quienes habían sufrido pérdidas millonarias con las políticas de nacionalización. En la misma posición se hallaban poderosas corporaciones estadunidenses que, como sus contrapartes chilenas, no estaban dispuestas a aceptar bajo circunstancia alguna la política económica del nuevo gobierno.
La administración Nixon se dedicó entonces a preparar el camino para derrocar a Allende por medio de un golpe militar; para lograrlo, comenzó a entablar numerosos contactos con los sectores más reaccionarios al interior de las fuerzas armadas de Chile. Al mismo tiempo, la CIA comenzó a financiar a los grandes empresarios locales para desestabilizar y estrangular sistemáticamente la economía chilena con el propósito de hacer caer al gobierno de la UP. Con los recursos aportados desde Washington, el sector patronal comenzó a financiar numerosas huelgas y paros en las fábricas, así como incontables bloqueos en el transporte que paralizaron las vías de comunicación, la distribución de productos y el comercio. Hacia 1972 la economía empezó a colapsarse lentamente, las zonas urbanas y rurales comenzaron a sufrir escasez de alimentos. El mercado negro, el acaparamiento de productos básicos y las alzas de precios florecieron ante el descontento generalizado de la población, deteriorando rápidamente el nivel de vida de las clases medias y bajas. El gobierno de Allende emprendió infructuosos esfuerzos por normalizar el abasto de alimentos y el funcionamiento del aparato industrial. Los efectos de la parálisis económica polarizaron a la sociedad chilena que comenzó a vivir constantes escenarios de violencia callejera entre los partidarios de la Unidad Popular y el ultraderechista Frente Nacionalista Patria y Libertad. Asimismo, varios sectores educados de la población nacional, particularmente en las zonas urbanas, se encontraban demasiado temerosos como para aceptar los ambiciosos cambios en la estructura de clases que el propio Allende buscaba para su país. Muchos de estos grupos adjudicaron infundadamente connotaciones totalitarias a la búsqueda de la equidad material y el progreso social.
Para marzo de 1973, el gobierno se hallaba acorralado por el bloqueo parlamentario de la derecha que ejercían el Partido Nacional y la Democracia Cristiana, encaminado a dificultar cualquier negociación que pudiera terminar definitivamente con la crisis política. La Unidad Popular también se encontraba enfrentada al Poder Judicial y con una economía paralizada al borde del colapso. En aquel momento, la Armada ultimaba ya los últimos detalles para una sublevación de todas las ramas del Ejército. El 11 de septiembre de 1973 un golpe de estado comandado por el general Augusto Pinochet derrocó al gobierno de Allende. El cadáver del presidente, con el cráneo destrozado, fue sacado del Palacio de la Moneda envuelto en un poncho boliviano. El sueño socialista había terminado. La dictadura de Pinochet sumió a Chile en una larga noche que duró 17 años. Su legado fue alrededor de 3,065 muertos y desaparecidos (1,244 de los cuales eran niños), 38,254 presos políticos sistemáticamente torturados, 3,400 mujeres violadas en los centros clandestinos de detención, el establecimiento de varios campos de concentración ubicados al interior del desierto y unos 200,000 exiliados.
La vida en Chile durante los meses previos al golpe militar, la creciente polarización social y las dificultades para superar las profundas divisiones de clase imperantes en aquel momento son dramáticamente retratadas en la cinta de ficción Machuca1 (2004) de Andrés Wood. El filme narra la historia de Gonzalo Infante, un niño de once años de clase media alta que estudia en una escuela privada llamada St. Patrick’s, ubicada en Santiago. La escuela es dirigida por el padre McEnroe, un religioso irlandés. McEnroe, quien aparentemente simpatiza con Allende, emprende un ejercicio de integración social al interior de la institución y selecciona un grupo de niños de clase baja para que asistan de manera gratuita a estudiar a St. Patrick´s junto al resto de los alumnos. El religioso pretende hacer un esfuerzo para democratizar el acceso a la educación de calidad y tratar de romper las barreras de clase al interior del colegio.
Gonzalo desarrolla una amistad con Pedro Machuca, uno de los nuevos alumnos de clase baja que ha llegado a la escuela. Machuca vive en condiciones precarias en una barriada a las afueras de la ciudad, llena de viviendas construidas con lámina, madera y pedazos de cartón. Sin embargo, todos sus habitantes reciben ayuda económica del gobierno para reparar las casas, gestionar la instalación de agua potable, servicios básicos y mejorar radicalmente su calidad de vida. Por dicha razón, todos los vecinos y familiares de Pedro son entusiastas partidarios de la Unidad Popular. Para sobrevivir, Machuca, su tío Ismael y su prima Silvana se dedican a vender banderas chilenas en los mítines políticos encabezados por los partidarios y detractores del régimen, ocultando sus verdaderas afinidades políticas. Gonzalo comienza a pasar más tiempo en la barriada con Pedro, ambos comparten su amor por Silvana y se dedican a vender banderas con ella.
Patricio Infante, el padre de Gonzalo, es un funcionario de la FAO con ideas progresistas, pero temeroso de la grave crisis política y económica que está viviendo el país. Por el contrario, su esposa María Luisa simpatiza con la ultraderecha y mantiene un romance con un empresario argentino llamado Roberto Ochagavía, residente en Santiago, quien goza de excelentes relaciones con los militares. A su vez, Isabel, hija adolescente del matrimonio Infante, es novia de un joven militante del Frente Nacionalista Patria y Libertad quien inquieta a Patricio por sus ideas fascistas. Las divisiones políticas de la familia Infante simbolizan la polarización extrema y la descomposición social que estaba viviendo Chile en aquel momento. Como el resto de sus compatriotas, los Infante también deben hacer frente a la escasez de alimentos y el acaparamiento de productos recurriendo al mercado negro para poder mantener su nivel de vida.
Mientras tanto, los esfuerzos de integración en St. Patrick’s no dan el resultado esperado y diariamente se registran riñas entre los estudiantes de clase alta y baja. Las acciones del padre McEnroe suscitan muchas polémicas y, ante las preocupaciones por las constantes peleas, la escuela convoca a una junta con todos los padres de familia. Los matrimonios de clase alta acusan al padre de utilizar el dinero que aportan a la institución para costear la educación de muchachos que no están pagando una colegiatura. Algunos pocos hombres sensatos y cultos como Patricio Infante defienden las intenciones del sacerdote, pero una mujer pobre expresa su decepción por el clasismo y el racismo imperante entre las clases acomodadas. La reunión termina en una riña en la que los grupos que representan a la oligarquía y simpatizan con los sectores políticos reaccionarios terminan insultando a los matrimonios pobres, negándoles a estos su legítimo derecho a cuestionar la estructura de clases dominante y la desigualdad material. La escena es otra cruel metáfora del odio y la polarización social que estaban dividiendo aceleradamente a todos los chilenos.
El 11 de noviembre tiene lugar el golpe de Estado. Las fuerzas armadas se hacen cargo de la administración de St. Patrick’s, echan al padre McEnroe y comienzan a expulsar o arrestar a los niños considerados sospechosos de pertenecer a familias que simpatizasen con la Unidad Popular. Gonzalo permanece en la escuela, pero Pedro Machuca no. El ejército toma por asalto la barriada, destruye las casas, golpea y arresta a sus habitantes por simpatizar con el derrocado presidente. Silvana es asesinada por un soldado mientras ella intenta defender a Ismael Machuca. Gonzalo nunca volverá a ver a sus amigos. El matrimonio Infante finalmente se desintegra y María Luisa se muda a vivir con Ochagavía junto con sus dos hijos. De algún modo, el personaje del niño Infante representa la inocencia de un país que sería destruida por el miedo y el odio.
Poco después de iniciada la dictadura, la ortodoxia neoliberal impuesta con el asesoramiento directo de sus proponentes desde la Universidad de Chicago llevó a una primera crisis económica, caracterizada por un empobrecimiento acelerado de las clases medias y bajas, una caída significativa en las exportaciones y el PIB, así como un aumento significativo del desempleo, que llegó a situarse en 16%. Hacia 1977 la situación comenzó a estabilizarse, pero en 1982 otra nueva crisis económica golpeó seriamente la economía del país. El mantenimiento de un tipo de cambio fijo, el excesivo endeudamiento externo y la magnitud de la deuda privada ocasionaron un incremento significativo del desempleo y un rápido deterioro en las condiciones de vida de los sectores medios y bajos. El descontento generalizado llevó a una ola de cacerolazos en las viviendas de las ciudades y a violentos disturbios que eran reprimidos salvajemente por los Carabineros y las fuerzas de seguridad deteniendo a numerosos manifestantes. La política económica generó profundas desigualdades en la distribución del ingreso, una deficiente calidad de vida para las clases medias y bajas, así como un panorama salarial desfavorable para técnicos y obreros. A trece años del fin de la dictadura dichos factores siguen lastrando aún la construcción de una sociedad más justa y equitativa para Chile.
Conforme el descontento político se incrementaba y el aislamiento internacional al régimen militar dificultaba las relaciones con el exterior, la Democracia Cristiana comenzó a distanciarse del pinochetismo. Una nueva Constitución aprobada en 1980, establecía que ocho años después debía realizarse un plebiscito para aceptar o rechazar al candidato que los comandantes en jefe de las Fuerzas Armadas y los cuerpos de seguridad propusieran a la ciudadanía. En 1988, Pinochet consiguió que la cúpula militar lo postulase como candidato para permanecer en la presidencia hasta 1997. El 23 de marzo de 1987, el Tribunal Calificador de Elecciones, se conformó como la autoridad electoral oficial. Por otra parte, la ley Orgánica Constitucional de los Partidos Políticos, permitió también la conformación legal de las organizaciones políticas en Chile.
Con gran desconfianza, la oposición al régimen decidió participar en la consulta, haciendo todo lo posible para que ésta se realizara en condiciones limpias y equitativas. Las circunstancias que rodearon la organización y celebración del plebiscito que terminaría por sacar a Pinochet de la presidencia son abordadas en la cinta No2 (2012) de Pablo Larraín. El filme, está inspirado en la obra de teatro El plebiscito de Antonio Skármeta y mezcla personajes ficticios con acontecimientos históricos reales. La película narra la historia de René Saavedra, un exitoso publicista que había regresado años antes a Chile después de pasar su infancia exiliado en México. Saavedra trabaja en la agencia de publicidad Guzmán, propiedad de Luis Guzmán, un veterano de la profesión que simpatizaba con la dictadura pero mantenía amistad y vínculos profesionales con varios opositores al régimen.
Los partidarios de Pinochet se organizan como la opción SÍ en la llamada Coalición de Partidos por el Cambio. Ésta integraba a unas siete organizaciones políticas afines. Por su parte, la oposición al régimen, partidaria de la opción NO, se une en un frente llamado Concertación de Partidos por el NO. Ésta agrupaba en su interior a diecisiete organizaciones de izquierda, centro y derecha (incluida la Democracia Cristiana) y sería el antecedente directo de la futura Concertación de Partidos por la Democracia.
De acuerdo a las reglas pactadas para la realización del plebiscito, a partir del lunes cinco de septiembre de 1988, el SÍ y el NO tendrían diariamente un espacio de quince minutos para cada uno en la televisión nacional a partir de las 23:00 horas. Cada uno de los grupos utilizaría sus quince minutos de forma libre para realizar la propaganda alusiva a sus respectivas campañas. El plebiscito tendría lugar un mes después, el día cinco de octubre.
Saavedra recibe en el despacho de Guzmán la visita de José Tomás Urrutia, un político opositor, quien le pide a René asesoría profesional para organizar la campaña televisiva a favor del NO. René acepta ante el evidente disgusto de Guzmán, su jefe y mentor, quien también se hallaba involucrado en el diseño de la campaña mediática para el SÍ. El personaje del joven Saavedra está inspirado en dos publicistas: Eugenio García y José Manuel Salcedo. Ambos fueron los encargados de dirigir la campaña de marketing político para el NO en la vida real.
René integra un equipo interdisciplinario de colaboradores opositores al régimen y juntos diseñan una novedosa y polémica estrategia de campaña con técnicas visuales modernas en las que la ideología pasa a un segundo plano. Los spots y las cápsulas informativas prescinden de una carga política explícita e invitan a la población a vencer su miedo a la represión, enfatizando la idea de una nación diversa y plural unida por el optimismo y la búsqueda del cambio democrático. El equipo musicaliza la campaña con temas compuestos para la ocasión y recurre frecuentemente a un humor fino y no transgresor que incorpora a los segmentos televisivos, dando a estos un estilo fresco y original que rápidamente atrae la atención de los televidentes. El lema de la campaña era: “La alegría ya viene”. La calidad de los segmentos televisivos del NO superaba en calidad a los del SÍ, que sólo se ocupaban de hacer énfasis en los supuestos logros del cuestionado “milagro” económico durante los años de la dictadura. El cinco de octubre de 1988, se celebra el plebiscito. A lo largo del día fluyen datos contradictorios sobre los cómputos oficiales de la votación. A las 23:00 horas, el subsecretario del Interior, Alberto Cardemil informa a Pinochet que el NO había alcanzado una ventaja definitiva con 53% de los votos. A las 2:00 de la madrugada del seis de octubre, Cardemil aparece ante las cámaras de televisión anunciando la victoria del NO. Los cómputos oficiales dieron a los opositores 55.99% del voto y al SÍ, 44.01%. Con todo en su contra, la oposición había conseguido lo que muchos habían considerado imposible. La alegría parecía haber llegado. Así comenzó el largo camino para una lenta restauración de las instituciones democráticas. La Concertación de Partidos por la Democracia ganó las elecciones de 1989 y al año siguiente, el democristiano Patricio Aylwin asumió la presidencia. Pese a ello, Pinochet había modificado la constitución para conservar su esfera de influencia y permanecería como comandante en jefe del Ejército hasta 1998, inmediatamente después ocuparía su escaño en el Congreso como senador vitalicio (moriría el 10 de diciembre de 2006). Es solo hasta 2005 que Chile transita plenamente hacia la institucionalidad democrática con la aprobación de 54 reformas constitucionales promovidas por el entonces presidente Ricardo Lagos, que sometieron por completo al Ejército y a los Carabineros a la autoridad civil. La Concertación de Partidos por la Democracia gobernó durante veinte años y dio a Chile cuatro presidentes, la última sería la socialista Michelle Bachelet Jeria (2006-2010). En 2010, el derechista Sebastián Piñera logró desplazar del poder a la dividida Concertación; sin embargo, tres años después y a unos meses de las próximas elecciones existe un profundo descontento ciudadano con la gestión de Piñera. A su vez, Bachelet, quien cuenta en este momento con 54% de las preferencias electorales en los sondeos de opinión, regresó a Chile el pasado marzo para postularse nuevamente como candidata de la Concertación a la presidencia.
El énfasis en la estabilidad macroeconómica y el dinamismo del sector privado durante los gobiernos de la Concertación no resolvieron el problema de la pobreza en Chile, ni la desigual distribución del ingreso que afecta significativamente la calidad de vida de los sectores populares y las clases medias. Otra importante fuente de descontento social ha sido la virtual ausencia del Estado en el financiamiento de la educación superior, lo cual impide a la mayoría de los jóvenes acceder a una carrera universitaria. El movimiento estudiantil, formado en 2011, se ha posicionado como un actor político relevante que demanda el fortalecimiento del papel del Estado para garantizar el libre acceso a la educación superior. Si Bachelet desea regresar a la presidencia en 2014, tendrá que articular una audaz propuesta de campaña que plantee agresivas reformas económicas para atacar la pobreza, mejorar radicalmente la distribución del ingreso y resolver el problema educativo. Para ello, el diálogo y la alianza con las organizaciones de la sociedad civil y el movimiento estudiantil serán fundamentales. México debe aprender de Chile que los buenos indicadores macroeconómicos no garantizan la paz social ni la consolidación democrática mientras la pobreza no se abata a niveles mínimos y la riqueza producida en el país no se distribuya equitativamente.

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1Machuca, Chile/España/Reino Unido/Francia, 2004. Dirección: Andrés Wood. Producción: Juan Carlos Arriagada, Patricio Pereira, Nathalie Trafford. Guión: Eliseo Altunaga, Roberto Brodsky, Mamoun Hassan, Andrés Wood. Elenco: Matías Quer, Ariel Mateluna, Manuela Martelli.
2 No, Chile/Francia/Estados Unidos, 2012. Dirección: Pablo Larraín. Producción: Fabula, Participant Media, Funny Balloons. Guión: Pedro Peirano. Elenco: Gael García Bernal, Alfredo Castro, Luis Gnecco.