REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
13 | 08 | 2020
   

Arca de Noé

Los Trancos de Bracho


Carlos Bracho

TRANCO I
Pues, sí, señoras y señores, con la entrega a este siete veces H Consejo Editorial de este Tranco del maestro Bracho, confirmamos por ello que don Carlos es un defensor de las tradiciones y de las culturas populares, que, dicho sea de paso, conforme el siglo XXI avanza inexorable, el pasado, la historia, van desapareciendo del mapa y todo se vuelve ahora raquítico, enclenque y los valores de antaño se diluyen en la nada, se pierden en el mundo Light. Sí, amigas insumisas hoy todo es Light: la cerveza, los refrescos, el amor, las amistades, la comida, los cigarros. Y como este mundo se ha tornado en Light –ligero- como pluma de ave, como papel –ligero- al llegar cualquier racha de viento, al presentarse el viento y la lluvia se llevan a la nada todo lo que sea ligero –Light-. Por eso en este Tranco, que hemos leído con avidez, que hemos recibido con gusto, salta, como arriba decimos el cariño que al terruño, que a los valores nacionales le tiene el susodicho señor Bracho. Ah, por cierto, en estas líneas del maestro, no sacó a relucir su espada flamígera, su dardo siniestro que siempre está apuntando a las pompas de los diputados flojos, de los senadores burbujas, de los políticos de quita y pon. Si, cosa extraña en él. Pero bueno, sus razones tendrá para lanzarlas contra estos bichos. Bien, veamos –leamos- este Tranco para ver si ustedes coinciden con nuestra apreciación que hemos hecho al respecto:

“Recorrí varios países de Europa, visité bares, cantinas, restaurantes, fondas, comederos y en todos comí espléndidamente. Claro en España me puse “morao” con el gazpacho andaluz que tanto mitiga el calor, con la paella que nos lleva a lugares remotos, con los salmonetes fritos con almendras, con las judías blancas con almejas con las cuales los dedos son chupados con alegría, con el cocido madrileño que es todo un señorito de postín, con las tapas y pinchos de Barcelona. En Francia mi paladar tuvo fiesta diaria pues en mi plato había paté de canard, moules a la crème, sardines farcies, poulet aux écrevisses, bouillbaisse y sin faltar, claro, las imprescindibles crépes suzette y soufflé au kirsch, desde luego, amigos y amigas lectoras, como ustedes lo suponen los tinto de Bordeaux y los Margaux tuvieron parte de la fiesta del gran gusto. En Francia se come y se come bien y hay allí señorío e historia, calidad y mundo. Y en Italia, ah, cara, cara Italia, allí, o en Florencia como Roma, mis ojos, mi nariz, mi boca se reunieron para celebrar la fiesta del buen comer, y salieron de la cocina, prestos, y calientes, platillos relumbrantes: crema de fagioli, minestrone alla genovese, spaghetti alla pematura, tortelli alla parmigiana, lasagne Verdi alla napolitana, Rizotto con fiori di zucca, ossobuco alle cipolle, fagiano all´aretina, y no faltaron los chianti robustos y retadores. Al comer en esta Italia de ensueño, a cada trago de vino a cada cucharada de crema, uno recuerda al Tintoretto a Rafael y a Miguel Ángel y con ellos el festín es de cardenal. Y luego en nuestro México lindo y querido, en este nuestro México de las entrañas, en este nuestro desconcertante pero vivo y todavía pujante México, ¿qué le digo a usted lectora que hace de las comidas un rito diario? Pues le digo que aquí también le rendí culto a la lonja, y me devoré las enchiladas rojas con rajas de cebolla, los chilaquiles suculentos, los frijoles refritos con queso Cotija, el molcajete con guacamole y sus chiles toreados, los higaditos encebollados, los moles de Oaxaca, el pipián, y las tortillas de maíz morado, las tlayudas y el venado de Yucatán, las carnes rojas de Chihuahua y las coyotas de Hermosillo. Sí, qué fiesta de nunca acabar, qué regio y maravilloso el momento en que la cuchara o el tenedor apresa la sopa o la carne y luego los llevamos con parsimonia a nuestra boca hambrienta. Y darle gusto al gusto, a bailar, a reír, a coquetear, a escuchar a Juanga y a Vicente Fernández. En fin hay tanto de qué hablar, tanto qué comentar sobre este maravilloso y pantagruélico mundo de la cocina y de la comida, que yo podría escribir no uno, sino varios libros de mil hojas que contuvieran las recetas de las tías, de las abuelas, de las madres del convento, de los monjes mismos, de la cocina y de las maravillas que en cada estado de la República se condimenta y se come, y no acabaría de contar las historias, los hechos y las efemérides, pues la historia de la gastronomía se escribe a cada rato, la experiencia va de cocina a cocina, de ciudad a ciudad de país a país y eso sería el cuento de nunca acabar. Pero miren ustedes lector@s insaciables, lo que yo deseaba resaltar de este escrito era que en todos los países que visité, si me lo creen pedí siempre, a veces al principio, a veces al final un tequila o un mezcal, y gritaba a los cuatro malditos vientos ¡Viva México C…!, claro, ya lo saben ustedes, en todo el mundo hay estas maravillosas y pegadoras bebidas mexicas. Y digo esto porque cuando estuve en Guanajuato en el restaurante Las Mercedes al final de la comida, para qué digo que fue espléndida, bien servida, estuve bien atendido, y que mi alma y mi cuerpo estuvieron, con el placer que produce cada platillo, subiendo a los límites blancos del Everest lejano, pedí como fin de fiesta, para que aquellas delicias no fueran menos, pedí digo un Mezcal de la Sierra, que elabora muy diligentemente la familia Vázquez González, ah, qué sabor, qué sutileza, qué señorío de licor mexica, sí es un mezcal que lleva, en esencia, para elevar el espíritu burlón, cáscara de naranja, pasas y canela, ya que devoró todo, ya que la charla está en pleno apogeo, tómelo poco a poco, saboréelo y diga ¡Salud!. Así que cuando vaya a Guanajuato le recomiendo que no deje de ir a este lugar, a Las Mercedes –todo mundo lo conoce- visite este sitio colonial y que su fachada mira otras construcciones señeras que lo harán soñar. Así que sus ojos, aparte de lo que vieron en los suculentos platillos, al voltear hacia la calle recibirán un baño de arquitectura que en los tiempos idos otros hombres construyeron. Buen apetito.
Vale. Abur

www.carlosbracho.com