REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
16 | 10 | 2019
   

Arca de Noé

La licenciada Paredes


Alberto Aguilar

Beatriz Elena Paredes Rangel no tiene llenadera. No puede estar satisfecha, redonda y entera cuando desde la infancia su incipiente pero natural liderazgo la hizo representar a sus compañeros de escuela. Jefa de grupo lo fue repetidas veces, jefa de gobierno del Distrito Federal no pudo serlo luego de dos intentos fallidos.
Formada entre hombres, la licenciada Paredes ha gobernado con masculinidad y leperada aunque ella defienda que la ventaja que tiene un gobierno encabezado por una mujer es que hay mayor y mejor atención hacia la niñez por la parte maternal que en la mujer existe y no en el hombre.
El privilegio de ser la primera mujer en las representaciones populares que ha tenido le ha vestido con mucha tela soberbia, experiencia y voz de imperio. Las mujeres que en Tlaxcala buscan la gubernatura (Lorena Cuéllar, Adriana Dávila, Minerva Hernández, Anabel Ávalos, Martha Palafox…), saben perfectamente que la exgobernadora no va a ceder amablemente a que una segunda mujer gobierne Tlaxcala. No sin su venia y vena dominadora.
Famosa es la advertencia de la licenciada Paredes cuando fue jefa del ejecutivo estatal. Decía a los integrantes de su gabinete: “Señores, aquí se gobierna obedeciendo, así que gobiernen”. Obediente, disciplinada e institucional ha sido esta política de Tlaxcala, sin embargo todos sus esfuerzos por ocupar la silla presidencial fueron y son cada vez más vanos; desde hace tiempo tienen el sabor de lo imposible.
Se le enredaron los hilos coloridos a Beatriz Paredes. Luego de serlo todo (diputada, senadora, embajadora, gobernadora, líder campesina, Presidente Nacional del PRI y Presidente de la Fundación Colosio), vive el mal del gigante egoísta: se le han ido los políticos (incluidos sus muchos secretarios privados) y no tienen interés permanente en seguir sus órdenes porque el paraíso y la primavera política quieren hacerla sin sus estrictas indicaciones.
Herida no del corazón sino del ego; ojerosa no alrededor de las cuencas de los ojos sino de vigilar su permanencia y control al interior del sistema político mexicano; obesa no del cuerpo sino de un ímpetu viril que le ha permitido ocupar espacios ¬−por la anchura y peso de su trayectoria política−; todo ello ha ocasionado caídas graves y estrepitosas en la trayectoria de la tlaxcalteca. Beatriz Paredes levanta y levanta la cabeza ante un país que la ha rebasado.
La licenciada Paredes guarda iras y estrategias, cariños verbales hechos de manera pública y venganzas y amonestaciones que escupe en lo privado. Glotona de mañas y soberbias, de discursos repetitivos, sobados y recalentados, de sonrisas fingidas que no logran ocultar sus cóleras y hartazgos, ha intentado tener a su inteligencia como una responsabilidad y no como presunción y molestia para los adversarios que le rodean a diario.
Talentosa e hiperactiva, insomne y estudiosa, Beatriz Paredes es lo que queda de un Partido Revolucionario Institucional que en su glorioso y a la vez ominoso y dañino pasado la incluye a ella con todo y su reiterativa defensa de dignificar el ejercicio de la política. Aniquilar al viejo PRI es hacer a un lado a personajes como la tlaxcalteca.
Uno de los sueños de la licenciada Paredes ha sido llevar una vida de gitana, libre, con una casa rodante que le permita viajar, escribir, cantar y encontrar satisfacción plena en las pequeñas cosas que ofrece la vida.
Matar a la poderosa oradora que tiene dentro, excluir el apetecible reconocimiento del pueblo, no mandar a nadie, buscar el anonimato, saber retirarse con dignidad, ignorar el ego y los gloriosos recuerdos, dejar la vida pública para gozar el privilegio de la vida privada, eso y más es lo que le resta a la licenciada Paredes si es que después de su estancia como Embajadora de México en Brasil opta por calmar al bronco animal que le patea el pecho.