REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
12 | 12 | 2019
   

Confabulario

La comedia electoral


José Juárez

Cuando era joven y comencé a estudiar la carrera de pintura en Acapulco en 1958, incursioné en el teatro, bajo la dirección del maestro Robles Arenas. La escuela de pintura IRBA compartía el espacio con otras especialidades: música, canto, pintura, teatro guiñol, danza y actuación.
En una ocasión me invitaron a participar, ya que faltó alguien que desempeñara el papel de Jimy en la obra Los desarraigados, la cual representa el desarraigo de las familias mexicanas que huyen de la revolución de 1910, hacia los Estados Unidos, donde los tratan peor que en su propio país.
Llegó el día de la presentación en el teatro de la escuela. Yo estaba muy nervioso, pero la obra resultó todo un éxito y el Director de la escuela Luis Arenal, decidió que la obra se repitiera durante un mes, pero para el público en general.
Más tarde me invitaron para integrarme al elenco de otra pieza de Jean Paul Sarte, La prostituta respetuosa (1946). La obra se erige con un soberbio libreto, que denuncia la brutalidad, el racismo, el abuso de poder y las despreciables triquiñuelas de la poderosa WASP –sociedad protestante americana blanca– en contra del oprimido. En este caso, la obra estaba personificada por una ingenua prostituta y un negro acusado injustamente y perseguido. ¡Negro y violador, no me costó mucho trabajo desempeñar ese papel!
Esta obra también se presentó al público proporcionando un ingreso considerable para la escuela. Desgraciadamente, la escuela tuvo que cerrar, debido a un conflicto político, durante el gobierno de Caballero Aburto; la defensa de mi escuela propició que durante un año lucháramos coco a codo, al lado de Macrina Rabadan y de Genaro Vázquez. A partir de entonces he participado en muchas obras que conforman la comedia humana.
A lo largo de mi vida he interpretado todo tipo de roles: el del hijo sumiso, el del hermano dócil, el del novio pudoroso, el del esposo mandilón, el del abuelo entrañable, el del macho mexicano y el del revolucionario. ¡Porqué no!
Pero nunca me imaginé que un día por azares del destino llegaría a interpretar el papel de un candidato a diputado federal. No sabía que para participar en la vida política tenía que saber actuar. Pero sobre todo comprender el rol que se va a interpretar, es decir, actuar: meterse en el cuerpo de otro personaje, de otra vida; no importa en qué circunstancias ni en qué época.
A hora, a setenta años de distancia, me pregunto si los electores, de alguna manera, se encuentran en el papel del actor, es decir, también interpretan un papel: el del ciudadano participativo. Finalmente todos formamos parte de la Comedia Electoral.
Y la comedia se escucha todos los días en el radio y la TV, y también se lee, se escribe y se habla del poderío de la dramática plutocracia mexicana, este multinombrado sustantivo calificativo, no es más que una escenografía detrás del telón, que esconde a un grupo que se puede contar con los dedos de las manos, y probablemente hasta con los dedos de los pies.
En el primer acto de la comedia política, el director de la obra ha tratado de buscar por todos los medios un hechicero de Catemaco, para que les ayude a resolver el problema de la crisis existencial. En realidad el brujo omnipotente es un actor chaparrito escondido detrás de una tramoya, controlada por palancas y poleas, éstas se mueven por medio de hilos a la marioneta que se parece al mago de Oz.
Pero este mago de Oz, de hojalata, no existe, está ausente tras bambalinas, sólo existe una enorme marioneta que se llama Beatriz; porque en toda historia siempre hay una Beatriz como la del Dante Alighieri. También hay otros personajes; en esta obra lo acompañan al nieto de De la Peña, un líder llamado Lobrador, y es el personaje principal quien controla el clima político con su populosa caldera.
Estos son los principales personajes del libreto, que se guarecen detrás de esa escenografía de cartón que se llama partidocracia.
Una de las poleas, más importante y funcionales de esa escenografía, es el mecanismo de la no reelección. Este elenco permite controlar el futuro profesional de sus súbditos: 128 senadores, 500 diputados federales, 1120 diputados locales y 2443 presidentes municipales. Si no se rompe el mecate que sostiene esa polea, los funcionarios electorales van a tener la libertad de seguir representando la escena con todo dramatismo, y además como representan los intereses de los personajes principales. Pero en esta multitudinaria obra hollywoodense, también había alcaldes y legisladores que prefieren apostar su carrera en defensa de las causa de los ciudadanos participativos.
Las reformas políticas manejadas por este elenco actuado con verdadero dramatismo, tocaron el tema de las dos últimas décadas, que han tenido como actores principales, y que cada uno de los personajes expresaban con ahínco las preocupaciones de la agenda política.
Las preguntas se plantearon al final del tercer acto, dejando en suspenso al público que se preguntaba: ¿Cómo garantizar la presencia de partidos minoritarios en el Congreso? ¿Cómo resolver las dudas y conflictos que surgen de una elección poco clara? ¿Cómo diseñar instituciones electorales autónomas?
En esta sucesión de reformas electorales los ciudadanos participativos fuimos parte de esa comedia humana, en el mejor de los casos, simples actores secundarios. ¡El público de pie aplaudió por varios minutos, hasta el cansancio!
México