REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
13 | 08 | 2020
   

De nuestra portada

Roberto de la Torre - “Harina y Epazote”, metáfora artística sobre la industria del narcotráfico


Luz García Martínez

“Siempre he pensado que el arte es una especie de pasaporte que te da la oportunidad de interpretar y jugar con las diferentes realidades y con tu propia experiencia.
Me gusta jugar, me interesan los procesos creativos,
disfruto mucho hacer arte, estar creando me hace
sentir que estoy vivo, que estoy aquí y ahora.”

Roberto de la Torre

La exhibición Harina y Epazote, reflexión lúdica y metáfora explícita sobre la industria del narcotráfico y los beneficios económicos que de forma directa o indirecta generan a la sociedad, fue una controversial pieza de Roberto de la Torre (México 1967), que se presentó en el Museo Ex Teresa Arte Actual, situado en el Centro Histórico de la ciudad de México.

¿Por qué presentar este tema que incide profundamente en la sociedad a través del arte? ¿Qué reflexión deja esta propuesta plástica con el tema del narcotráfico donde la productividad es un vínculo con la esfera social en todos sus ámbitos? ¿Qué reflexiones crea respecto a las actuales condiciones socio-políticas y económicas de México?

Roberto de la Torre subraya que lo que detonó este trabajo fue que el 28 de octubre de 2009, el Subsecretario de Fomento a los Agronegocios de la Secretaria de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA), Jeffrey Max Jones, hizo una declaración acerca de que el campo mexicano debía de aprender mucho del narcotráfico: “En la presente circunstancia –refirió Max Jones-, los agricultores deben seguir el ejemplo del narcotráfico, sector que ha aprendido a identificar un mercado y crear la logística para surtir y crear la plataforma, y que, sin subsidio, ha conseguido dominar el mercado, si bien, desafortunadamente, está abocado a un cultivo que es nocivo para la salud, la lógica es la misma y es la que tenemos que aprender: decidir el mercado y luego, orientar el aparato productivo para poder surtir esos mercados”.

En fin, -subraya el artista- al Subsecretario lo destituyeron al día siguiente por hacer esa comparación, pero para él fue un detonante para hacer Harina y Epazote y su intención fue abordar el tema del narcotráfico desde una perspectiva distinta. “La televisión, los periódicos y las revistas presentan especialmente la nota amarilla, la violencia que si es real pues, es como este juego de ‘los buenos y los malos’ y yo lo abordé desde una perspectiva más humana, más sutil y una de ellas es que el narcotráfico genera también importantes fuentes de trabajo y cubre áreas que el gobierno no ha podido subsidiar como es el campo mexicano.

“Si bien el narcotráfico presiona a ciertos sectores, hay otros donde los campesinos cultivan por necesidad, porque tienen mejores ingresos y un punto que me interesa es que el narcotráfico (y esto lo sabemos muchos) contribuye al desarrollo y productividad de México y de muchos países: No sólo me refiero a través del lavado de dinero, apoyando partidos políticos o formando corporativos, sino indirectamente: la gente que ve programas dedicados al narcotráfico y que emiten anuncios comerciales, generan ingresos a partir de esta nota roja, es decir, está implícito en nuestra propia cultura.”

Subraya que Harina y Epazote fue la alegoría que faltó en los festejos del Bicentenario de la Independencia de México, el año pasado: “Era curioso ver que al mismo tiempo que montábamos la maquiladora, en el Zócalo se preparaba toda esa parafernalia de enaltecer la Independencia, la Revolución y tantas cosas. Con mi obra no se trata de tomar una posición, ni está a favor o en contra, simplemente se plantea el tema desde perspectivas distintas y el espectador debe construir su propia reflexión. También es una experiencia sensorial, el olor del epazote y las plantas, las diferentes texturas, la adaptación de la arquitectura, hubo muchos aspectos con los que se disfrutó la pieza interactiva donde el público se involucró con actividades y talleres para niños y adultos con respecto a plantas como el epazote, también participaron gente de diversas profesiones y se tuvo la visita de representantes de Amnistía Internacional de Greenpeace y se armaron foros de discusión. El Museo es un espacio que está hecho para eso, yo únicamente lo que hice fue detonar una idea pero el espacio por si mismo cobró vida.”

¿Por qué elegir una planta como el epazote?

“El epazote es una planta netamente nacional y visualmente se parece mucho a la cannabis, además de ser un condimento es también un desparasitante y esto ya dentro de una institución como el Museo que tiene su problemática como todas las instituciones, se vuelve sintomático que haya un desparasitante en ese sentido. El título de Harina y Epazote tiene sentido del humor, no es que así sean las maquiladoras, se presenta una forma también caricaturizada.

“Una persona del público hizo unas reflexiones interesantes, comentó que interpretaba la harina como el Occidente, elemento traído de Europa y el epazote, lo nacional, es decir, como una especie de mestizaje. Es importante señalar que no simulo, sustituyo o teatralizo la droga, es alimento porque se indica desde un principio en el título de la pieza Harina y Epazote. La única parte sutil, fina, elegante o fuerte es la forma como se envuelve el producto pero al final sigue siendo alimento y lo que intento hacer es una asociación entre lo que es droga, narcotráfico y alimento; hay una intención sutil y eso es precisamente, enfatizar industrialmente como se podía percibir un entorno de estas características.”

LOS INICIOS EN EL ARTE

La obra de Roberto de la Torre abarca el arte acción, la instalación, la fotografía, el objeto, el video y cualquier medio de representación visual. Una característica de su obra es el ludismo, la planeación y el diseño de proyectos para espacios públicos y contextos específicos inscritos en el entorno urbano. Le interesa mucho el público en todos los aspectos: “como espectador, negociador, interlocutor o como una parte fundamental en el funcionamiento de un proyecto si se requiere.”

Nació en la ciudad de México en 1967. Recuerda que a su padre, quien ya murió, le gustaba ir a los museos, le encantaba la obra de Picasso y coleccionaba algunas reproducciones. Estudió arquitectura durante más de un año en una escuela privada, “la arquitectura es un elemento importante en mi obra: ¿cómo integrarla y que forme parte de la misma pieza a partir de pocos elementos? Dejé arquitectura porque quería cambiarme a la UNAM y en este proceso descubrí que se puede estudiar Artes Visuales y decidí entrar a La Esmeralda, donde también ejerzo la docencia.”

Su obra se ha presentado en Alemania, Canadá, España, Estados Unidos, Finlandia, Japón, Inglaterra, México, Polonia y Portugal. Ha obtenido diversos reconocimientos, apoyos y becas. Fue miembro y fundador del grupo experimental 19 Concreto (1990-1995), colectivo que considera su escuela y principal influencia. También fue colaborador del suplemento cultural del periódico El Nacional, donde ilustraba artículos relacionados con la cultura, la historia, la tecnología y la ciencia. “Con base en los textos creaba una idea y la representaba con dibujo, fotografía o collage.

“Desafortunadamente, por ese tiempo La Esmeralda no estaba bien en sus planes de estudios y académicamente pero fue un momento interesante porque algunos compañeros formamos el colectivo 19 Concreto y experimentamos medios que no veíamos en la escuela: performance, instalaciones y otro tipo de propuestas, ésa fue mi escuela. En el colectivo maduramos, aprendimos a trabajar en grupo, generalmente trabajo con gente aunque también tengo obras donde soy el propio soporte de mi trabajo, pero el colectivo fue una gran influencia. Tiempo después decidimos separarnos y seguir nuestra propia carrera, me empecé a presentar individualmente y tuve una buena recepción de mi trabajo, sobre todo en el extranjero, empecé a viajar y obtuve una madurez que ha fomentado mi obra.”

EL MUSEO EX TERESA ARTE ACTUAL

En entrevista exclusiva con El Búho, realizada en el Museo Ex Teresa Arte Actual, en el área de descanso, comedor y vestidores, Roberto de la Torre señala que esta excepcional pieza que tuvo la curaduría de Eder Castillo, tiene el nombre de dos elementos básicos de nuestra alimentación: la harina y el epazote. Refiere que hace dos años lo invitaron a exhibir en el Museo a raíz de una exhibición que tuvo en la Sala de Arte Público Siqueiros, en Polanco. “Eder Castillo, curador de esa exhibición, me invitó a hacer este proyecto en el Ex Teresa, lo pensé en un principio porque el edificio por sí mismo es bastante complicado ya que anteriormente fue un templo.”

El artista quien es extremadamente lúdico, viste una camisa blanca con estampados de pájaros, una boina, pantalón negro y tenis de color gris. Sentados junto a una mesa donde está una gran variedad de plantas puestas para disecarse, especialmente el epazote, destaca que el Museo Ex Teresa Arte Actual desde hace 20 años es una institución que presenta obras alternativas que tienen que ver con el performance, la instalación, además de medios tradicionales como la pintura y la escultura.

“Tomé la decisión de participar con Harina y Epazote por varios motivos, el principal fue que la exposición coincidiera con el Bicentenario de la Independencia de México y el Centenario de la Revolución Mexicana. Otro elemento importante fue la ubicación que es privilegiada y estratégica porque el Museo está situado justamente a un costado de El Palacio Nacional del gobierno de México y enfrente del ex Templo de Santa Teresa la Antigua hay comercios que venden equipamiento, uniformes de militares y de policías, que conviven con un tema que nos atañe a todos los mexicanos: el narcotráfico.”

Enfatiza que la pieza fue un reto realmente complejo desde el propio edificio hasta el mismo tema. “Cualquier cosa que quisiera representar podía ser tímida, tuve que abordarla con seguridad, con fuerza, ésa fue la intención y Harina y Epazote es el producto. La idea fue adaptar el edificio que es tétrico, oscuro, está inclinado y parece clandestino en una especie de laboratorio industrial con el fin de procesar, empacar y distribuir grandes cantidades de harina y epazote, con la participación de estudiantes de carreras como arquitectura, diseño industrial, diseño gráfico, filosofía, derecho, además de voluntarios y público en general. Se establecieron zonas de trabajo específicas y reglas estrictas para el mantenimiento, cuidado, manejo, producción, almacenaje y distribución de la materia prima, métodos similares a los que se utilizan en las plantas maquiladoras reales. También se colocó un puesto ambulante afuera del Museo, que mostró armas de juguete: resorteras, rifles, cascos, balas, en fin, es un poco el diálogo también con las tiendas que están enfrente.

“Fue la alegoría que faltó al Bicentenario, era curioso que al mismo tiempo que montábamos la maquiladora que se inauguró en diciembre del año pasado, en el Zócalo se preparaba toda esta parafernalia de enaltecer la Revolución y tantas cosas. Llegábamos aquí a las ocho de la mañana a trabajar, salíamos a las 11 de la noche y veíamos los ensayos que se hacían en el Zócalo, era curioso, ahí al lado del Palacio Nacional, un edificio que es un templo, la Catedral, la iglesia que también está muy coludida con el narcotráfico, un templo que está chueco además, por eso decidí cerrar las entradas principales e ingresar por una puerta pequeña de servicio, para hacerlo más clandestino.”

--¿Cuál fue la respuesta del público, has hablado de algo fundamental, los festejos del Bicentenario tan criticados por la cuestión de costos y una pieza como Harina y Epazote, con un tema que en sí mismo es crucial: el narcotráfico?

--Me ha sorprendido, se ha tenido una buena respuesta. Obviamente ha habido gente que se ofende por alguna razón, no entiende del todo, se abre o se cierra; pero ha venido gente de todos los estratos sociales que se sorprenden, sacan sus reflexiones acerca de este tema, hay madres incluso que han dicho que están a favor de la legalización de las drogas.

--¿Cuál es la actitud de los jóvenes?

--Son abiertos y reflexivos, menos pasivos, participan, envuelven paquetes. A los adultos les gusta el proyecto pero no se atreven tanto a acercarse, les da cierto remordimiento; en los jóvenes incluso, ya es tan familiar realmente, es impresionante, creo que son los que mejor reciben este tipo de propuestas.

--¿Por qué el epazote y la harina como productos materializados a través del proceso productivo? ¿Por qué presentar tu pieza a través de una fábrica?

--Me interesa justamente esta parte industrializada, hay grandes cantidades de droga en el mundo y de organizaciones que se necesitan realmente las estrategias que ellos aplican a otras industrias, es lo que quise enfatizar y es importante señalar que no estoy simulando, no estoy sustituyendo la droga, no estoy teatralizando como si fuera droga, es alimento porque se indica desde un principio en el título de la pieza: Harina y epazote.

La única parte sutil, elegante si quieres o fuerte es la técnica y la forma en que se empaqueta la harina y el epazote como materia prima y que en esta obra tienen una relación alusiva con la cocaína y la mariguana: se envuelve de forma similar a la que utilizan en los laboratorios clandestinos para envolver los estupefacientes, pero al final, en mi pieza, sigue siendo alimento; reitero, en ningún momento se pretendió simular dichos narcóticos, por consiguiente estos alimentos se evidenciaron en la pieza tal como son. También intento hacer un vínculo entre lo que es droga, narcotráfico y alimento, hay una intención sutil y eso es precisamente, cómo enfatizar industrialmente un entorno de estas características.

Así, durante el periodo de la exhibición se generó una cantidad considerable de paquetes con harina y epazote que al finalizar el proyecto serán donados a instituciones y organizaciones no gubernamentales de ayuda humanitaria, así como al público en general.

--La instalación de Harina y Epazote es igual al concepto de una fábrica, ¿conoces el proceso industrial?

--Es interesante esta pregunta, qué curioso, ahora recuerdo que sí he estado en fábricas, cuando era estudiante de La Esmeralda, trabajé 10 meses en una editorial y era muy extraño porque era entre diseñador y trabajador, ayudaba a encuadernar un poco y me pareció fascinante el trabajo en las naves industriales con máquinas repetidas y gente haciendo actos también repetidos, me has hecho recordar esa experiencia que tiene que ver con esta idea de la fábrica y los estatus que existen: el supervisor, el jefe, los trabajadores, etc.
Al mismo tiempo hacía viñetas para el suplemento dominical cultural de El Nacional, suplemento que ganó un premio, dirigido por Fernando Solana y fue una experiencia interesante porque a partir de artículos de ciencia y cultura conceptualizaba y hacía una propuesta que al menos en su momento en los periódicos no era tan común: collages y línea gráfica. Sin embargo, decidí dejar la fábrica porque me empezó a ir bastante bien, pero la experiencia fue interesante con el horario de la fábrica, de checar tarjeta, etc.

--¿Qué tan importante es la disciplina para el artista?

--Muy importante, se tiene el estereotipo del artista como un bohemio pero es tan profesional como cualquiera y está en función de aspectos económicos y de intereses, pero tú decides el tiempo de trabajo y para ello se requiere disciplina. A veces es difícil porque te sientes solo, sientes que no avanzas, no tienes un parámetro de si lo estás haciendo bien o mal, pero ya decía un maestro: “la carrera del artista es de las más complicadas y es de resistencia”. Uno no se hace artista cuando sale de la escuela de artes, el tiempo es el que te marca pausas y es realmente una carrera larga.

--En el caso de Harina y epazote, ¿tuviste asesoramiento de algún científico?

--Por supuesto, uno de los maestros con los cuales tuvimos asesoría es de la Facultad de Estudios Superiores Iztacalco de la UNAM, biólogo y especialista en hidroponia. También tuvimos asesoría con estudiantes que nos apoyaron en el jardín hidrofónico, otros maestros impartieron los talleres para los niños y los adultos, en fin, hubo diferentes intercambios de conocimientos.

--¿Leíste textos sobre botánica?

--No a profundidad pero sí es mi intención, hace poco me preguntaron cuál era mi percepción de todo esto y mi respuesta es que aún no la tengo, tengo que dejar pasar tiempo para asimilar lo que ha pasado. Esta obra es algo que generé, pero por sí misma ha cobrado vida propia y necesito tiempo para asimilar, interpretar y analizar qué sucedió en todo este fenómeno de Harina y Epazote.

--Cómo espectador de tu propia obra, ¿esto va a influir en tu caso como creador?

--Como creador muchísimo, me siento muy motivado, fue un trabajo muy desgastante, tremendamente difícil…

--¿Cuál es la razón?

--Cincuenta por ciento fue el trabajo, la energía, desde la parte intelectual: elaborar planos, maquetas, proyectos para realizar una obra de estas características porque no se puede improvisar sobre todo cuando hay inversión económica, de tiempo y de trabajo. Fui a El Norte, lugar de Puebla que colinda con Tlaxcala, donde se siembra epazote y platiqué con algunos campesinos que habían emigrado a Estados Unidos y después regresaron al campo con otras técnicas, ¡estaban orgullosos con los plantíos de epazote que tenían!
Esta parte fue interesante porque no sólo te involucras con profesionistas, te involucras con gente cotidiana y es lo interesante de este tipo de proyectos, hacer algo distinto, ése es uno de mis conceptos desde el principio de mi carrera: estar en función de un contexto diferente, conocer gente de diferentes áreas, es lo que me llevo del trabajo comunitario. Me interesa trabajar con otros aspectos sociales, no tanto enfocado hacia el mercado, sino con estructuras sociales que están trabajando a la par, no sé hacia donde vaya, todo depende del contexto en el cual me desenvuelva y aquí fue una gran oportunidad.

El otro cincuenta por ciento es negociación, es complicado gestar una obra de estas características y la parte del artista es negociar con diferentes agentes sociales.

EL ARTE Y SUS INFLUENCIAS

--¿De qué artistas tienes influencias?


--Un maestro que sigue influyendo de forma positiva en los alumnos que están en La Esmeralda es Alberto Gutiérrez Chong. Otro maestro en escultura fue Francisco Moyao y Rafael Anzures, a quien aprecio mucho, su estrategia de trabajo es diferente a la que yo aplicaba, pero nos dejaba hacer lo que quisiéramos en el salón a nivel conceptual. Yo doy clases en La Esmeralda desde hace varios años y precisamente Alberto Gutiérrez Chong y Rafael Anzures me invitaron a dar clases.

--Ensambles, performances, instalaciones, ¿cómo hacer que esto no sea una moda en el arte?

--No es moda, se llegan a dar referentes y presentaciones que se vuelven de pronto modas pero va más allá hablando en términos profesionales, todas las manifestaciones que ha habido desde los años 60, 70, 80: happenings, performances, instalaciones, etc.; son parte de la historia del arte, de las artes visuales. Cada artista desarrolla su propio lenguaje y propuestas, lo mismo pasa con el escritor o cualquier otro intelectual.

El arte ya no únicamente tiene que estar en los museos y representarlo a través de un cuadro o de un objeto, puede salir a la calle y se expresa de diversas maneras, medios y soportes. También es importante el contenido, la creatividad del artista, la capacidad para asimilar su contexto e interpretarlo a través de estos medios y de estos lenguajes.

--¿Cómo documentas una obra como Harina y Epazote?

--Generalmente hago propuestas que casi siempre son efímeras y se documentan con el video, la fotografía, los textos o las anécdotas que dan testimonio del evento. He documentado Harina y epazote desde que se inició y la encuentro fascinante cada día, la obra por sí misma tiene vida propia, a veces me vuelvo espectador y los muchachos son los que activan el trabajo. Quizá se haga un documental y una publicación, ya que es una pieza donde hay gran inversión de tiempo y de trabajo.

--¿Cuál ha sido la experiencia que has tenido con artistas de otros países y cómo la reflejas a través de tu obra?

--Ha sido importante, tuve la oportunidad de viajar desde muy joven precisamente a través de mi trabajo. Los viajes te dan una percepción distinta y han sido una aportación increíble no sólo los viajes, sino la interacción con artistas de otros países: ver sus obras, muchas de ellas efímeras, que no las vas a ver ni siquiera en libros. He tenido la fortuna de presenciar este tipo de eventos y toda esta situación influye en mi trabajo, incluso la obra que he realizado en otros lugares, a partir de la misma experiencia de vivir ese contexto, de alguna manera me ha llevado a tener ciertas estrategias.

“… DE LA MORDIDA AL CAMELLO”

“Si tuviera que intervenir un coche escogería una limusina:
la dividiría en tres secciones, quitaría la parte del centro y
la volvería a unir para convertirla en un auto cualquiera.”

Roberto de la Torre

--De tu catálogo intitulado … De la mordida al camello”, selección de obra 2000 – 2005, son interesantes tus obras intituladas Avenida Pantitlán número 55, Ciudad Nezahualcóyotl, 2001, donde aparece un par zapatos de futbol que encontraste colgados en los cables de luz, escena que vemos constantemente en otros barrios y mismos zapatos que aparecen en Flying Shoes, Mercer Union Gallery, Toronto, Canadá. ¿Qué otros elementos has conocido en tus viajes que integres a tu propuesta plástica?

--Cuando viajo, generalmente espero que me programen hasta el final de un festival, prefiero llegar dos semanas antes ya que es importante permearse del contexto social, cultural, urbano, etc.; entre más elementos tenga voy a crear más parámetros para estructurar una idea. En el caso de los zapatos que mencionas en Toronto, Canadá, fue enfrente de la Galería Mercer Union, mira generalmente no me inspiran lugares cerrados como son las galerías y museos como el exterior, sin embargo, en la fotografía que me enviaron del lugar había unos postes con cables de alta tensión, ubicados en 37 Lisgar Street, entonces surgió la idea de traerme un pedazo de este contexto lanzando y colgando los zapatos de futbol que bajé en Ciudad Netzahualcóyotl; pero esto de colgar los zapatos no es únicamente local, se hace en otros países y tiene diferentes connotaciones.

Quise trabajar en dos sitios distintos con un sólo elemento: los zapatos de futbol que estaban colgados en Neza fueron los mismos que aventé enfrente de la galería en Toronto, creando una liga que conecta a los dos contextos.

--¿En qué consistió: En venta… Intervenciones arquitectónicas en Kioto, 2002?

--En venta… Intervenciones arquitectónicas en Kioto, fue un proyecto que consistió en trasladar banderines de colores desde México hasta Japón, para colocarlos en diferentes construcciones en la ciudad de Kioto, desde edificios habitacionales hasta templos budistas.

También estoy hablando aquí de nuestro país, en el sentido de los banderines de colores que llevé a Japón y se utilizan para rentar o vender casas, departamentos y coches, en fin, se utilizan también en otros sitios pero tienen esta connotación de renta y de repente yuxtaponerlos con templos budistas en Kioto que es una ciudad muy refinada. La lectura que ofrecía era diferente, continuamente juego con estos significados tanto en México como en otros países del mundo, que muchas veces son fugaces…

--¿Cuál fue la respuesta del público en Kioto, con el trabajo de los banderines de colores en el “Condominio de la Familia Fukada”, el templo budista “Shinko-In”, el templo sintoísta “Moroha-Jinjya” y el taller de muñecos “Korenaga”?

--Los banderines los llevé de México, no se consiguen en Japón y fue un proyecto que creció, es difícil intervenir y hacer cosas públicas en esa nación, necesitas hacer varias negociaciones, pero tuve la fortuna de conocer a uno de los restauradores de templos budistas más importantes de Kioto, a quien le gustó mi proyecto. Entonces empecé colocando los banderines primero en casas, luego en edificios, dentro del mismo contexto de Japón y el proyecto creció hasta llegar a los templos budistas a través de la recomendación del restaurador, porque ni siquiera los japoneses pueden intervenir un edificio con estas características.

Como eran pocos los banderines que llevé, hacía un montaje, tomaba una serie de fotografías y desmontaba. Esta serie de fotos la observaba posteriormente en conjunto tanto de los edificios cotidianos como los templos y así es como adquiere realmente sentido la obra. La respuesta de la gente era de asombro, de contemplación, otras veces se volvía un poco familiar porque en la tradición budista (aunque no es la misma que hay en Japón), utilizan banderines de colores también (algunos son cuadrados y llegan a ser similares), pero quienes estamos familiarizados con este tipo de banderines sabemos que hay una yuxtaposición y la idea por un lado, es la parte materialista de consumo, de venta y por otra parte, el significado que podría tener el budismo respecto a la espiritualidad.

EN PAPEL DEL ARTE EN LA SOCIEDAD

--¿Cuál es la situación del arte actualmente a nivel mundial?

--Hay más saciedad para los artistas, viajar y usar la internet es algo que facilita mucho en cuanto a medios de información, saber qué está pasando actualmente en muchos sitios es importante. No sé si sea bueno o malo pero se han abierto más escuelas de arte, hay una apertura más amplia.

La capacidad creativa es basta, hay buenos artistas mexicanos pero creo que deberían de abrirse más porque hay grupos que acaparan los medios y esto pasa en muchos lugares. Ahora también son modas, hay veces que los países desarrollados deciden cotizar artistas de ciertos sectores. México hace algunos años fue muy fuerte con la exposición de Gabriel Orozco en el Museo Rufino Tamayo (3 de octubre del 2000 al 4 de febrero del 2001), hubo un boom, varios artistas expusieron en Venecia y de repente ya no fue tanto, pero son estrategias que se dan a nivel comercial.

--Roberto de la Torre ha tenido apoyo por parte del CONACULTA, has tenido la “Residencia Artística, en el Centro Banff, México-Canadá” (FONCA, 1998-1999); la “Beca Jóvenes Creadores, medios alternativos” (Fonca, 2001-2002) entre otras. ¿En algún momento llega a ser un impedimento la cuestión mercantil del arte?

--Es una buena pregunta, mira, varios artistas estamos agradecidos con el CONACULTA, de alguna manera hemos sido beneficiados y apoyados por el FONCA; algo que surgió en el periodo de Salinas, -sonríe-, fue el CENART que ha sido un sistema de apoyo importante. En mi caso, no he estado familiarizado con la parte comercial de la galería y haber encontrado apoyo en México a través de este sistema y también de otros países donde hay becas y residencias, me ha dado la libertad para desenvolverme en lo que yo quiera.

LA VIDA… UNA METÁFORA EN BICICLETA

--¿Cómo trabaja Roberto de la Torre? ¿Qué es el arte para ti?

--“Me gusta más andar en bici que en un Seat”, es una metáfora que me encanta decir pero es real, porque hay un significado en el tiempo de la bicicleta especialmente en que estás en contacto con el exterior, con los olores, con la arquitectura. Es como una metáfora porque no solamente es la bicicleta, sino es estar en contacto con la vida misma.
¡Yo no podría pensar en arte, producir arte y vivir del arte sin vivir! Hay quien está demasiado obsesionado con el concepto del arte cuando en realidad para mí primero es la vida misma, percibirla en todos los sentidos. Me encanta andar en bicicleta, siento ese ritmo de pedalear, ese ritmo distinto de moverme, de deslizarme, eso es importante como el disociar, deslizarte entre los autos, entre la gente y es algo que aplico en mi forma de trabajar, lo hago desde niño. También me encanta la avalancha, he hecho algunas obras con avalanchas por ejemplo y estoy empezando a bucear, me gusta estar en contacto con la naturaleza, me gusta sorprenderme, me gusta viajar, caminar…

--¿Te gusta dibujar?

--Claro, los medios tradicionales son soportes importantes, para el proyecto de Harina y Epazote hice dibujos, bocetos y maquetas. Hace dos años hice una obra que se llama Chac Mool con el controvertido tema de la pederastia: fue un cura con su sotana, una máscara sadomasoquista y una nariz prolongada, fálica en donde tiene justamente la forma del Chac Mool y en su vientre hay pelotas de colores donde los niños juegan, brincan y las piernas de este inflable las hice como resbaladilla. Para hacer esa pieza también realicé dibujos a lápiz y una maqueta en plastilina.

El artista entre más medios, soportes y lenguajes conozca, más posibilidades tiene. He trabajado con la fotografía, el video, el performance, la instalación y han sido fundamentales en mi carrera. En Harina y Epazote está la intervención pública, la intervención arquitectónica, hay a quien le podría parecer un performance, una acción porque hay gente viva trabajando y estoy realizando un trabajo fotográfico y un documental.

También es un trabajo que tiene que ver con lo escultórico en los productos terminados, por ejemplo, los paquetes que se van a donar a casas de apoyo humanitarios y es importante mencionar cómo se cierra el ciclo de la obra: cuando se consumen los alimentos de la harina y epazote.

Haber estudiado Artes Visuales y utilizar los diversos medios, me ha dado la oportunidad de tener una capacidad más amplia de representar, no sé si lo hago bien o mal, eso le toca a ustedes interpretarlo, pero siento que me da esta versatilidad.

--¿Qué diferencias encuentras entre el arte acción, el video y las instalaciones?

--No hay que delimitar estas diferencias en la historia del arte, los investigadores utilizan términos para categorizar, pero ¿cuándo un dibujo deja de ser pintura? o ¿cuándo una pintura se vuelve dibujo? Lo mismo pasa con el performance, por ejemplo, en su momento, en los 60, 70, pero incluso anteriormente había este tipo de eventos, no se llamaban performances, sucedían desde el Renacimiento, incluso desde que el hombre existe hacía ritos para que lloviera o para crear el fuego, para estar en vínculo con la naturaleza. Este tipo de manifestaciones creativas es algo implícito al ser humano, es una necesidad por explicarse, por representar, por darle sentido a su contexto, a su vida misma, a su existencia con la sociedad, etc.

He hecho cosas con arte sonoro, antes que se llamara arte sonoro como tal hice muchas piezas. No intento entrar en ninguna categoría, a veces involucro ciertos medios de representación, pero está también la inteligencia del artista de decidir cuál es el mejor medio para adecuar la idea que va a trabajar o los lenguajes para desenvolverte mejor.

-- ¿Tus estudios de arquitectura te permiten una mejor percepción del espacio.

--Totalmente a pesar de haber estudiado arquitectura poco tiempo, siempre he tenido interés por el espacio arquitectónico y su relación con el ser humano. Tengo cierta facilidad en el deporte, estuve en la selección de tae-kwon-don de mi escuela y competíamos a nivel nacional; fue una experiencia interesante porque el sentido del cuerpo en el espacio y el movimiento tiene que ver mucho con esa percepción.

--En el caso de la bicicleta, ¿es como una metáfora también del movimiento?

--¡Del movimiento, de la trayectoria, de lo efímero! No puedes retener cada escena, la disfrutas pero tienes que dejarla pasar…

OTRAS TEMÁTICAS EN SU OBRA

--¿Qué otras temáticas has abordado en tu obra?

--Ha habido muchos trabajos y algunos tienen que ver con experiencias personales que son digamos metáforas, pero mucho de lo que he realizado (y además esto influye también en el colectivo sin proponérmelo) tiene que ver con temas sociales y políticos definitivamente.

Una de las obras que tuvo mucha resonancia fue Las Twin Towers (Las Torres Gemelas), que hice dos semanas después de la tragedia del 11 de septiembre en Nueva York. Esto lo hice aquí en México, atrás del Auditorio Nacional en Polanco, sentado en la parte más alta de una escalera de tijera, cada vez que veía cruzar un avión por el cielo, gritaba con un megáfono: “Oooh my God!!!” (¡Oh, mi Dios!!), así repito la misma acción durante un largo periodo: “Oooh my God!!!”; “Oooh my God”, tenía un sentido del humor negro, difícil para el contexto, obviamente también con un contenido crítico de mi parte.

Y más que la propia acción, al año siguiente de producir el video, éste tuvo gran resonancia y se exhibió por primera vez al público en la ciudad de Nueva York. También se mostró en el 2005 en España y en Polonia. Por ello, la parte política y social es también intrínseca en este tipo de trabajos y muchas veces lo que hago en mi obra es buscar aspectos que no siempre he deseado, cómo abordar este tema desde otras perspectivas, un tema aquí del narcotráfico por ejemplo, en Harina y Epazote.

--¿Por qué el tema de la pederastia y la pedofilia que abordaste con tu instalación Chac Mool, junto con tu libro De la mordida al camello, que presentaste en febrero de 2009 en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo de la UNAM?

--Es un tema candente, sobre todo cuando fue todo un escándalo y comenzó a salir información sobre el padre Marcial Maciel y todo ese tipo de situaciones…

--Además está implícita una institución tan importante como es la Iglesia.

--Sí curiosamente también, fíjate esa instalación que hice es un tema actual, un tema que nos incumbe a todos. Yo estudié en una escuela lasallista, ¡no sé como llegué ahí! –sonríe-, creo que también les debo algo a estas escuelas que son muy conservadoras y castrantes. Me tocó todavía la etapa en que eran escuelas para hombres, estuve varios años ahí por una cuestión familiar y esto coincide con otros elementos, en este caso, invitándome a trabajar con inflables.

Tuve la oportunidad de que me financiaran un inflable y empecé a estudiar qué inflables interactúan actualmente y son los que sirven para fiestas y centros comerciales y lo asocio directamente a los niños porque los adultos no se involucran en algo que puede ser tan lúdico, sino son los niños que participan y al ligar estos elementos fui asociando estos temas.

Uno se entera de lo que sucede y en mi caso procuro hacer un tratamiento virtual que no cierre el tema, sino que le dé posibilidad al espectador de tener su propia lectura, es decir, no asumir un panfleto como tal porque en ese momento estaría sacrificando y nulificando la obra, entonces trato de verlo desde una perspectiva distinta en la cotidianeidad, eso es en gran medida el trabajo del artista develar elementos que están presentes pero por el mismo ritmo que tiene la sociedad se dejan de ver y de percibir.

--Pero además integrarlo con un icono característico del mundo prehispánico. ¿Por qué el Chac Mool?

--Porque es único como la Mona Lisa de Leonardo Da Vinci, que si bien es más global, el Chac Mool es junto con otros iconos prehispánicos un símbolo importante. El Chac Mool era como una especie de recipiente en donde se revertían los sacrificios humanos, era como el intermediario ante los dioses y el pueblo.

Me pareció representativo todo lo que es la Iglesia y los sacerdotes, lo intermedio entre el pueblo y Dios y lo mismo pasa con el Chac Mool, en esta fusión de iglesia, por cierto, curiosamente esto que se hablaba de Europa y esta fusión del mestizaje que es nuestra cultura, entonces ahí en lugar de hacer corazones lo que se está sacrificando son a los niños, son los que están brincando, entonces se vuelve alegórica e interesante esa relación.

Se trata de la representación de un cura vestido con sotana negra y cuyo rostro cubre una máscara sadomasoquista y está recostado en la misma posición del Chac Mool, la escultura prehispánica tolteca.

HARINA Y EPAZOTE, MANIFESTACIÓN PLÁSTICA Y SU RELACIÓN CON LA VIDA COTIDIANA

¿Qué piensa la juventud de esta exposición que hace una relación alusiva a un lugar donde se produce mariguana y cocaína? ¿Qué reflexión deja esta exposición sobre un problema latente no sólo en México sino en el mundo entero sobre el tema de las drogas y el narcotráfico? ¿Qué opinan de esta pieza que hace esa relación alusiva al tema del narcotráfico, sin amarillismo, como lo hacen la mayoría de los medios de comunicación?

Al terminar la entrevista con Roberto de la Torre, comenzamos a recorrer la instalación y encontramos a varios estudiantes de la Preparatoria Oficial No. 18 del Estado de México, del Municipio de Netzahualcóyotl que entusiasmados hacían paquetes, tomaban fotografías y expresaron lo siguiente de Harina y Epazote:

José Antonio Aguado Oceguera refirió que es un tema muy hablado. “Pienso que a lo mejor esta exposición de cómo se procesan la mariguana y la cocaína, en este caso epazote y harina, es como irnos familiarizando, porque esto no se va a acabar, entonces hay que verlo abiertamente y con conciencia.

“La muestra es buena porque a final de cuentas es un tema global y como quiera que sea influye en tu vida diaria. México es un ejemplo notable del narcotráfico y la corrupción ya que día a día se dan a conocer temas e información y pienso que esto no se va a acabar, es una adicción que no es fácil dejar, sin embargo, no es imposible y no es necesario marcar una guerra contra ellos, es mejor negociar como lo hacen algunos países, pero esto tampoco significa que el problema se termine sino que se hagan negocios como dice la gente: “bajita la mano”.

Salomón Jiménez Hernández refirió que la pieza es interesante porque da idea de “cómo es uno de los procesos de estas drogas, debería haber más exposiciones como ésta para que podamos conocer un poco más. No se ha hecho nada para combatir este problema y es triste ver cómo la juventud se va matando con estas sustancias.

Silvia Madrigal Kurata señaló: “Harina y Epazote resalta con un enorme ímpetu el narcotráfico, muchas personas al principio piensan que tratan de teatralizar el narcotráfico cuando realmente no es así, por muy similar que sea, creo que el objetivo de la exposición es que reflexiones en torno a la industria del narcotráfico y a los beneficios económicos que de manera directa o indirecta se generan en la sociedad. Supongo que es para que veamos de cerca cómo se realiza cada uno de los aspectos que afectan a todo el mundo; simulando que la harina es la cocaína y el epazote es la mariguana, las cuales son las drogas más comerciales y principales de México y de varias partes del mundo. Pienso que por mucha riqueza que te genere con esto, es mejor el bienestar de cada uno de nosotros, que estar haciendo cosas que a la larga nos afecten, ya sea consumiendo o repartiendo drogas. El fin de esta exposición es que puedes estar empaquetando productos que no dañen a la sociedad sino que la beneficien, por ejemplo, con la harina puedes hacer panes y con el epazote se condimentan algunas comidas.”

Nelly Aguirre Benítez expresó que el proyecto de Roberto de la Torre es muy original. “Simular la cocaína con harina y el epazote con la mariguana, es genial. Éste es un problema existente en México con el cual hemos batallado mucho, hay más de 20 cárteles activos dedicados al narcotráfico de drogas y aún no hacen nada, hay gente vendiendo en las escuelas y esto en lugar de acabarse, se transmite y se extiende. No creo que la exposición sea alusiva al amarillismo del narcotráfico tal y como lo presenta la televisión y la prensa escrita, más bien es un ejemplo del proceso que se necesita hacer para terminar el empacado de las drogas, es como una reflexión y en nosotros queda en cambiar eso. Sucede que México o sus gobernantes no son capaces de ver qué hacer con la gente que trafica drogas, sino algunos partidos políticos se les unen, y ellos la legalizan y la trafican. Yo como individuo, movería más policías para que los capturen y haría conciencia en que ‘vida sólo hay una’ y hay que disfrutarla, no desperdiciarla con las drogas.”

--Roberto de la Torre y yo, recorremos el área de deshidratación donde hay varios detalles del epazote, visitamos el jardín hidrofónico que muestra la belleza de la planta. En el almacén está la harina, se utilizaron para la muestra más de cuatro toneladas; pero el área principal es la de producción, medición y empaque, en este espacio me despido del artista quien se va a supervisar la clausura de su obra no sin antes comentar que le gusta leer a Italo Calvino y Paul Auster.

--“Además de la literatura y el cine tienen influencia en mi trabajo porque es una disciplina que integra elementos con los que trabajamos los artistas plásticos: sonido, acciones, escenarios. El cine es muy completo y si tuviera la oportunidad de volver a nacer, me gustaría hacer cine”.

Pronto irá a Bolivia donde realizará una residencia. “El año pasado me invitaron a un festival y estaré en una residencia de dos meses, vamos a ver qué propongo, tengo que esperar a estar en ese contexto, me gustaría empezar con la misma transdisciplina, con las comunidades sociales, voy a seguir desarrollando proyectos en base a lo que se vaya presentando…”

Harina y Epazote se clausuró el 24 de febrero, curiosamente el día de la bandera que conmemora a nuestro símbolo patrio. A las siete de la noche, la banda sinaloense “Valle del Grullo”, entró con el sonido de la tambora, junto con cientos de personas, adultos, jóvenes y niños que recorrieron la muestra, mientras otros formaban largas filas para obtener un vaso de tequila y mezcal. En la nave principal del Ex Templo, todo era observado por un hombre alto, de bigote, botas negras, chamarra de cuero, lentes y sombrero que sentado tras un amplio ventanal en la parte superior del edificio vigilaba cada paso, cada movimiento de los trabajadores que en doce mesas durante más de seis horas al día pesaban en una serie de básculas, envolvían en cintas canela, empaquetaban en hojas de periódico y acomodaban la producción de Harina y Epazote, a manera de paquetes de cocaína y mariguana.

Al fondo, junto a un gran espacio cubierto de periódicos, donde hay una gran tarima con epazote en proceso de secado y paquetes, de 250, 500 gramos y de un kilo de harina, hay un pequeño escritorio con una lámpara que iluminaba en las penumbras a un joven de no más de 17 años, sonriente, muy sonriente junto con otros jóvenes que adquirían los paquetes y el primero recibía grandes fajos de billetes falsos de 500 pesos, los vi notablemente entusiasmados, como si alcanzaran la gloria y recordé algo dicho por Roberto de la Torre: “Con mi obra no quiero decir que el narcotráfico sea bueno o malo, simplemente mi intervención busca ser el reflejo de lo que sucede en varias zonas de México, la gente al no tener un trabajo digno, decide sumarse a la industria del narcotráfico.”