REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
13 | 12 | 2019
   

Confabulario

El canto de las sirenas


José Juárez

¡Sí!... Fue en una catedral donde escuche tu voz de cenzontle; pájaro imitador de otras voces.
¡Yo me pregunto!
¿A caso los museos no son catedrales, que conservan las maravillas del alma y del espíritu del hombre enamorado?
¡Sí, por supuesto!...
¡Ahí escuche tu voz, primera, pájaro de muchas voces…!
Museo de las cosas bella, eres mi dios, parónimo de beldades a ti te pido clemencia, ¡oh!, corazón de oxidiana.
¡Así escuche tu voz cristalina, como el chasquido de tus lágrimas de magmas...¡
Gotas de cristal o piedra negra, cristal de silicato que ruedan en las losetas crepusculares, gotas de lágrimas del corazón salpicadas, como cadenas hechas de sintagmas.
¡Ahí escuche tu voz, ¡oh!.., dulce flor veraniega…!
Y ahí sentí quemarme con el calor de tus manos y el palpitar de tu cuerpo, estatua húmeda de perfumes que impregnan todos mis sentidos.
Confieso mis sentimientos cual ave sin nombre, cuando en silencio se detiene por segundos el palpitar del corazón.
¡Amar, con las fuerzas de paramos desconocidos!
Y sin embargo, ahí escuche tu voz primera, ¿O acaso fueron sueño tardíos pero fecundos?
No permitas que de mi sueño sólo seas imagen de ángeles que deambulan, al despertar mi corazón se rompe en mil pedazos, cual cristales de Bacará o de Bohemia.
¡Ahí escuche tu voz que como acciones, por vez primera, se escucha tu voz proxémia! El hierro y el magnesio te colorean de verde oscuro oxidiana.
Tus suaves cantos van engarzando nuevas obras, que guardaras en cofres de metales emplumados, para apreciar en silencio los recuerdos del pasado, del presente y del futuro deseado; ¡pájaro de tantas voces!
¡Ahí estaré esperando que tus palabras se vuelvan eco alado!
Como un nuevo Ulises, he soportado el cántico de las sirenas, y aquellas tentaciones escuchadas que se vuelven murmullos impregnados de estrofas sepulcrales.
Zeus, te ruego que liberes mis oídos, del lejos torbellino de los cantos engañosos de supuestas sirenas, protégeme en mis noches de insomnio; os pido angelical amparo, y que me alejes de libidos tempraneros.
¡Y sin embargo, ahí estaré...!
¡Evitando en silencio el deseo prohibido de sus cánticos!
Escribir y si es posible pintar con pinceladas invisibles tus lienzos imaginarios aún vacíos. ¡Oh, pájaro de múltiples voces!
Imprimirás tu voz por vez primera, para dar respuesta a aquellos cánticos llenos de histeria; acaso será ésta, la razón que nadie más conocerá su historia.

México, 20 de nov. 1995.