REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
13 | 08 | 2020
   

Arca de Noé

La Culta Polaca


Por Supuesto

El tamaño sí importa
Asegura el alburero secretario de Elba Esther… perdón, el Secretario de Educación Pública, don Alonso Lujambio, que «el tamaño sí importa», con lo que quiso hacer referencia a la estatura -física o intelectual, no se sabe-, ya que es más alto que Peña Nieto, aunque también supera con creces a su jefe Calderón.

Ahora que es probable se haya referido a otro tipo de tamaño, para merecer la presidencia del país: el tamaño de las burradas, porque en eso sí que compiten el panificado señor Lujambio y el empanizado señor Cordero, que de seguro va a quedar trasquilado, cuando crea que va por 'lana'.

Porque si Lujambio 'argumenta' frente al fracaso de los profesores del SNTE, que en un 70% no lograron aprobar un examen de evaluación, que el alto índice de las fallas de los profesores no demostró su incapacidad para ejercer la docencia, sino que era muy alta la exigencia del examen.
No, pues con ese pretexto, cualquier estudiante no aprobado podría reclamar a la SEP que su baja calificación no debe atribuirse a su bajo nivel de preparación, sino al grado de dificultad de la prueba.

Y en la competencia de dislates, el muy distinguido Secretario de Hacienda, Ernesto Cordero, quien no parece tener más méritos que el de ser cuate de Calderón, pues aparte de él nadie le ha dado chamba, por muy egresado del ITAM que haya sido. Antes y durante décadas, se acostumbró que quienes llegaban a ese puesto tuvieran experiencia financiera y reconocimientos académicos importantes, pero pues ya no es así y por tal motivo es capaz de soltar galimatías que ni el menos aplicado estudiante de economía sería capaz de decir, como aquello de que con $6,000.00 de sueldo mensual una familia podría tener casa, automóvil y pagarle a sus hijos los gastos de una escuela privada. Pero como 'el tamaño sí importa' Cordero multiplica sus dislates y para ganarle a Lujambio aseguró que no hay pobreza en México, aunque sigue habiendo pobres.

No explicó porqué en la decena trágica panista el número de gente empobrecida ha aumentado considerablemente, pero sí se sirvió pontificar que ya no hay pobreza, con la misma tranquilidad con que dos 'intelectuales orgánicos', Luis de la Calle y Luis Rubio, le hicieron al gobierno el favor de postular en un libro de ingrata memoria y peor título: Clasemediero: pobre ya no, desarrollado aún no, que ha aumentado la clase media en México, no porque se haya mejorado la situación socioeconómica de la población, sino por otros motivos.

Anticomunistas, desde luego y académicamente antimarxistas, aplican singulares criterios para calificar a los clasemedieros, aunque desde el título del libro anuncian su pobreza imaginativa, pero sobre todo académica. Porque según ellos, aunque la gente no figure en las actividades terciarias, propias de la clase media, o sea profesionistas del sector servicios, empleados de comercios, de la burocracia, escritores, intelectuales y artistas, puede pertenecer a la clase media, sobre todo por su actitud “aspiracional”.

El criterio usado por estos 'intelectuales del sistema' poco tiene de confiable, pues a su juicio no es tanto el rango socioeconómico el que determina la pertenencia a la clase media, sino las aspiraciones que tenga, como si el hecho de que alguien aspire a ser millonario ya lo convierta en hombre rico. Si todos los mexicanos quisieran ser Carlos Slim, ¿ya con eso bastaría para que el país dejara de ser clase media para convertirse en millonario?

¿Y qué es 'a actitud aspiracional'? Querer tener un coche, una casa, que los hijos se inscriban en universidades particulares, o por lo menos aspirar a un refrigerador, una lavadora, una aspiradora, un buen televisor, una computadora, servicio de internet, un viaje a Cancún. Las ganas de querer.

Los presuntos investigadores sociales consignan que la población tiene esas aspiraciones y les parece sorprendente, porque no analizan de qué manera la tele les ha inoculado el virus del éxito social y les ha puesto como valores a alcanzar el llamado american dream, a través de todas las series que circulan libremente por los canales de un país colonizado, sin tener que disparar más tiros, ni tener que incursionar en terrenos tropicales, que a los gringos no les gustan.

El juicio final y el de la Historia

Parece que a Felipe Calderón, como buen creyente que se proclama, le interesa más el Juicio Final que el Juicio Histórico, porque considera que éste no ha sido muy equilibrado con personajes que deberían haber sido exaltados y a los cuales ha condenado (ingratos que han sido estos mexicanos con López de Santa Anna, el mejor agente inmobiliario que ha tenido el país y también con Victoriano Huerta, el modernizador de la política, para citar dos ejemplos).

Y luego se preguntan los creyentes porqué algunos retrasados mexicanos todavía exigen que se respete el laicismo. Pues es que si el juicio de los simples mortales no les interesa a los gobernantes devotos, sino nada más el improbable juicio divino, de nada valen las leyes terrenas que limitan sus poderes. Y en esas condiciones carece de importancia el sufragio y el juicio político y de nada valen las iniciativas que se le han propuesto al Congreso, como la revocación del mandato, el plebiscito y otras maneras populares de contratar el poder presidencial.

A lo mejor se va a imponer en México otra costumbre gringa: la de jurar con la mano en La Biblia, a ver si así el temor al disgusto divino les hace comportarse de manera más responsable.

¿De veras creerá Calderón que saldrá bien librado en el Juicio Final, en el que seguramente se ponderará si observó, para comenzar la Ley Mosaica, en la que el “No matarás” resulta fundamental, pero también el “No codiciarás los bienes ajenos”, otro importante es “No darás falso testimonio, ni mentirás”. ¿Y qué tan buena calificación obtendrá de la observación de otro capital: “No robarás”?

Pero al margen de las creencias particulares, como oficialmente este país sigue siendo laico, seguramente debe ser todavía importante para la vida republicana que los funcionarios respondan a las leyes que rigen la Nación.

Los concursos. Pena ajena

De veras que dan pena ajena los concursantes que exhiben en la tele no sólo su ignorancia sino su falta de inteligencia, producto desde luego de la pésima política educativa, que ya no busca preparar a la gente para que aprenda a pensar, sino simplemente para que sepa hacer y sobre todo sepa obedecer.
Eran tan brutos los concursantes del programa que patrocina el SNTE de doña Elba Esther, en el que tenían que declarar al final que un niño de escuela primaria sabe más que ellos, que los televisos que todo lo convierten en show, optaron por cancelar esa participación ciudadana, que estaba para llorar y ahora habilitan de concursantes, a figuras que han formado y encumbrado, que seguramente darían muestra de su impreparación si no les proporcionaran las respuestas, como parece evidente, aunque actúan el suspenso de “¿podrá o no podrá?”.

Ahora sí responden, con la ventaja de que no se llevan el dinero a sus cuentas, sino que lo donen a alguna escuela o institución humanitaria.

En la tele de enfrente -que ya no es sino continuación de la primera-, también hay concursos y también figuran bestezuelas, que ni siquiera saben entender las pistas que les proporcionan los igualmente ignorantes conductores. Las preguntas son más sencillas; nombres de películas populacheras, porque si les interrogan sobre las que hicieron Fellini o Bergman, seguramente que también fracasarían. Pero ni así le atinan, porque -por ejemplo- para que proporcionara un presunto joven con estudios universitarios el nombre de “Juana la cubana”, película anticastrista de la señora que antes fue trailera, le pusieron en una especie de instalación un retrato espantoso, escolar, de Sor Juana y enfrente dos banderas cubanas que el pobre diablo no supo identificar, pues creyó que eran de Chile, aunque los conductores le 'soplaron' que era de una isla…

Lo que va de antiguos concursos de la radio o de la primera televisión a estos en que se exhibe el ínfimo grado de información de quienes se supone que cursaron estudios básicos, de bachillerato y aun superiores.

La aventura del albur

Fernando Díez Urdanivia, escritor, periodista, editor, divulgador de la música y editor de CD de colección, acaba de publicar un libro sobre una tradición mexicana: Su majestad el albur.

Para que lo presentaran les pidió su participación al actor Sergio Corona, al escritor Alberto Dallal y al heterónimo de esta sección Héctor Anaya, que nos ha proporcionado su texto, del que se reproducen algunos fragmentos relacionados con personajes de la cultura, y no se publica toda su intervención, porque como buen amante del albur, se la prolongó -su presentación:

“Fíjense si no era alburera mi abuela, que cuando yo era niño, una vez que íbamos caminado por la calle, yo tendría cinco o seis años, al ver a un señor alto que acompañaba a una señora bajita, le dije a mi abuela: “¿No te parece que esa pareja está medio dispareja?” y me contestó con una picardía que para mí entonces resultó inextricable: “Con que los manteles coincidan en los centros, no importa que les sobre fleco”. Y yo que no entendía de metasememas le reclamé: “¿De qué manteles hablas? Te hablo de lo disparejo que están esos señores. No te entiendo”. “Ya me entenderás”, fue su lacónica respuesta y claro que después lo entendí y me acostumbré a sus sabias enseñanzas, albureras y picaronas: “No te cases ni arrejuntes con mujer de manos grandes -me aconsejó, por ejemplo- porque todo les parece pequeño”.

“Como todo juego de humor, el albur requiere de una víctima y siempre la más propicia es, como en toda cacería, la más débil, la más frágil, la que menor resistencia puede oponer, por falta de pericia o de malicia o por ignorar que toda respuesta a un albur que exceda de un segundo, ya es rencor. Aunque se corre el riesgo de que el rencor disminuya hasta volverse nada, como ya preveía en un poemínimo Efraín Huerta, que por cierto no consignó Fernando al referirse a la picardía del poeta Cocodrilo:

Con el tiempo me he vuelto
menos rencoroso.
Antes me vengaba de todo.
ahora ya ni me vengo.

Y no culpo a Fernando de no haberlo incluido, pues no lo encontré en su libro de poemínimos, así que ya no sé si alguna vez lo publicó o sólo me lo contó. ¡Porque cómo era pícaro Efraín! Algún día se nos ocurrió entre todos sus cuates que íbamos a crear la Sociedad Pornocrática Mexicana, de la cual Efraín iba a ser el Secretario Genitoral; Aura se responsabilizaría de los Anales y yo modestamente sería el Vocal Ejecutivo de uno y otro Clitoral. Creo que Bracho tendría a su cuidado los exámenes orales de admisión y Arturo González Cossío haría las introducciones del caso.

“Fernando navega con bandera de estudioso del albur y no quiere que lo confundan con un practicante del doble sentido, aunque a lo largo del libro va agarrando confianza y suelta algunos de grueso calibre que le dan una buena calificación en los juegos verbales y en la clasificación epistemológica, aunque es apreciable que se le colaron algunos -y no es albur-. Habla de pájaros y aves, pero no recupera el conocido juego de los pájaros que se orinan en las milpas o en los cadalsos, por ejemplo, o sea el pájaro que mea máis y el que mea horcas. En mi novela El sentido del amor, hay un capítulo llamado “De volada” en el que una pareja heterosexual intercambia albures, aunque con un propósito distinto, pues la mujer no trata de evitar ser la receptiva, la penetrada y a él le complace ser el introductor.

El personaje masculino pregunta: “Cuál es el pájaro que se orina en un volcán en erupción” y cuando ella no atina, le aclara: “El pájaro que mea lavas”. Y ella entusiasta lo acepta: “Te lo alabo y te lo lavo si quieres, Miamor” y le replica: “¿Y cómo se llama el pájaro que se orina en el asiento de un estadio de fut?” Y ante su falta de respuesta, confiesa: “Pues el pájaro que mea grada”.

En su erudito recorrido por la historia y la cultura, Fernando va enlistando las diferentes maneras en que salta el albur cuando menos lo espera uno. Por ejemplo presenta los nombres reales que se prestan para alburear a quien los porta y los nombres inventados, creados para atrapar a los inocentes en estos menesteres, pero le faltan también los oficios y profesiones.

Recuerdo que nuestro gran poeta Jaime Sabines, se enorgullecía de que él había preferido trabajar en tareas ajenas a la literatura, no como muchos que hemos ejercido el periodismo, la docencia, la divulgación cultural y hasta la publicidad. Él fue comerciante en telas, para no contaminar su poesía de lenguajes paralelos. Le dije que por el contrario, había elegido un oficio magnífico, propicio para el juego de palabras. Y ante su sorpresa le enlisté algunas de esas posibilidades: tócotelas, mídotelas, envuélvotelas; festejó la picardía, pero no la prosiguió: su compromiso con la palabra era de otro orden.

Ahora bien, aunque parecería propio de los hombres, no todos los varones son aptos para el albur: o les falta malicia o les sobra ingenuidad. Recuerdo a un amigo arquitecto a quien rebauticé por sus gustos gastronómicos como 'El Rey de los aguacates, el Beato Carlos' y nunca entendió que lo estaba albureando, hasta que varios meses después le descubrí el juego de palabras.

A mi amigo José Luis Cuevas lo hice víctima de albures y no se percató de ellos. Él gustaba de llamar a sus presuntas amantes sus «chiquiticas», así que cuando nos reuníamos a comer con otros amigos y se levantaba para ir al baño, le preguntaba: “¿Vas a ver a tu chiquitica?” y con inocencia respondía. “No, nada más voy al baño y regreso”

Casi al final de su libro, Fernando escribe ya sin tapujos de todo lo que en este México alburero se presta a jugar con las palabras. Habla de la leche y sus connotaciones sexuales, lo que me hizo recordar un intento de alburearme en público, de Armando Jiménez, el de Picardía mexicana, que teóricamente sabía de los albures pero no los practicaba. Un día, en el curso de una conferencia me planteó: “Si estuviera ahogándome en un mar de leche, me sacarías”. Y le respondí comedidamente: “Sólo que estuviera caliente” y con ingenuidad auténtica quiso indagar “porqué” y le respondí: “Porque caliente quema más”.

Fernando es más sagaz, desde luego, y en su repasada de temas albureros, recuerda los que se refieren a los testículos, tenates o huevos y dado que no registra los alburemas de don Elías Nandino, voy a compartirles el que me contó este poeta en el curso de una entrevista televisiva:

A caminar de prisa ya no me atrevo.
Porque ahora me pasa lo que a las gallinas,
que cada pisada… les cuesta un huevo.”

El español, ¿idioma oficial?

Tarde, muy tarde, y en el momento menos oportuno, se le ocurre a la Academia Mexicana de la Lengua Española solicitar al Congreso de la Unión que legisle para que sea declarado el español idioma oficial en el territorio nacional. Porque aunque muchos lo creerán así, en realidad no figura tal disposición en la Carta Magna o en una ley principal.

Pero lo piden ahora, cuando los medios de comunicación, en primer lugar, pero también todos los representantes de los poderes de la Unión: Ejecutivo, Legislativo y Judicial, pero igualmente los poderes fácticos del sector empresarial y de la Iglesia, y quienes tienen la oportunidad de hablar en los medios de difusión o publicar en la prensa escrita, conspiran a cada rato y todos los días, para imponer una jerigonza que difícilmente se puede considerar 'idioma' -pues no es traducible- y menos aún español.

La tecnología -se excusan- obliga a usar nuevos términos, pero la verdad es que muchos vocablos los utilizan por pereza o esnobismo, ya que en español existen las palabras equivalentes: ¿para qué chatear, si tenemos charlar?; ¿por qué link, si en español hay enlace o vínculo?; ¿y por qué banner, si podríamos usar banderola o cenefa?; ¿y por qué escanear y scanner, si existe en español un verbo de prosapia: 'escandir'  y por tanto la herramienta podría ser escandidor, ya que unas y otras palabras, proceden del latín scan?

Más que legalizar el idioma, ¿por qué no se preocupa la Academia, como autoridad intelectual que debía ser, de exhibir, balconear o denunciar los disparates, dislates o burradas, en que incurren los medios, los personajes, famosos, populares, que le hacen creer a la gente que como ellos hablan es lo correcto?

La Academia se había impuesto hace años la responsabilidad de “fijar, pulir y dar esplendor” al idioma y hoy con su silencio avala que se deteriore y desdore la lengua española, pues faltos de una regulación interna y externa -ya no hay correctores o editores verdaderos en los diarios y menos aún en los noticiarios de radio y televisión (ni siquiera saben que el 'noticiero' es quien lleva las noticias, de la misma manera que el cartero es quien reparte las cartas, el panadero es el que hace el pan, el zapatero los zapatos, el dulcero los dulces, etcétera, en tanto que el noticiario es el conjunto de noticias, como el diccionario reúne las dicciones, el silabario las sílabas, el anticuario las antigüedades, el aviario las aves, el muestrario las muestras… en fin.

Y de esa manera, se reparten los medios la ignorancia, el desconocimiento de las palabras y todos coinciden en darle -por ejemplo- al vocablo reclamo el valor de 'reclamación', cuando el Diccionario indica claramente que se trata de las voces del cortejo de los animales, de los señuelos o imitaciones de las llamadas que los machos o las hembras hacen en temporada de celo y que los cazadores utilizan para cazar o atrapar a los animales, haciéndoles creer que los cortejan. Y también, en un error garrafal y nada más por la semejanza con el verbo pronunciar, le dan a 'pronunciamiento' el significado de declaración o manifiesto, cuando que el Diccionario de la Real Academia Española señala claramente que así se denomina a un levantamiento armado.

¿Y qué decir de las burradas de los personajes que la televisión ha vuelto populares? Cuauhtémoc Blanco, el genio del idioma, valida pecsi, en vez de pepsi, como anticipo -tal vez- de próximas modificaciones a tacsi, en vez de taxi, y picsa, en lugar de pizza. ¿Y qué decir del Cromagnon que conduce algo que Televisa llama programa: “Cien mexicanos dijieron”? Claro, ya existía el ejemplo paradigmático de quien circuló el 'haiga sido como haiga sido'.

Y con motivo de la catarata de futbol que se le dio al ciudadano para que más se preocupara del clembuterol de los futbolistas, que por la drogadicción del PRI, del PAN y del IFE, en relación con el estado de México, los cultos locutores del balompié se prodigaron con “la inicialización del partido”, en vez del comienzo de la contienda, pues 'inicializar' está bien para el comienzo de las operaciones de la computadora, ya que en la pantalla coloca unas iniciales, pero en cambio los partidos comienzan sin que en la cancha aparezcan las de la FMF o las de la FIFA.

Y luego, los locutores del fut, metidos a neologistas, inventan palabras y arruinan el lenguaje. ¿Quién les dijo que lo contrario a defender es ofender? ¿Nadie ha tenido la caridad de informarles que el antónimo es 'atacar'?

El heterónimo de esta sección, Héctor Anaya, ha enviado a diversas redacciones y a algunos periodistas un Prontuario de incorrecciones comunes, para que por lo menos los disparates enlistados (no listados, porque esta palabra define lo que se presenta en franjas verticales o listas) no los sigan repitiendo, pero parece que los medios y quienes trabajan en ellos son reacios a corregirse. Pero si los lectores de esta sección quieren esa lista, pueden solicitarla al correo-e abrapalabra@prodigy.net.mx.

Anaya está haciendo lo que debería realizar la Academia, además de pedir que se oficialice el español como idioma propio de este país. ¿Y por qué no aceptar, como otros países lo han hecho, con idiomas minoritarios, que también son oficiales el náhuatl, el maya y algún otro hablado por una importante comunidad?