REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
06 | 12 | 2019
   

Letras, libros y revistas

La traducción es un juego de la interpretación - Conversación con Miguel Ángel Muñoz


Roberto Torres

El poeta, historiador y crítico de arte Miguel Ángel Muñoz (Cuernavaca, Morelos, 1972), estudió historia en la Escuela Nacional de Antropología e Historia, y realizó la maestría y doctorado en Historia del Arte en la UNAM. Es el miembro asociado más joven del Seminario de Cultura Mexicana. Desde su revelación en 1998 con el poemario Origen de la niebla y posterior con la publicación de sus libros de ensayo sobre artes plásticas El espacio vacío y Convergencia y contratiempo, ha sido considerado una de las voces más importantes e innovadoras de la crítica en México. Muñoz representa un signo del imaginario sensible que con el paso del tiempo se nos ha hecho cotidiano: poeta lector voraz y exigente, activista cuando toca, y un viajero constante, interminable, que ha encontrado en París, Madrid, Barcelona, Viena, Praga, Lisboa y Perpeñáng, sus ciudades no sólo recurrentes, sino “preferidas”. Ha traducido al español la poesía de Ives Bonnefoy, John Berger, John Ashbery, Adonis y Albert Râfols-Casamada. Además es autor de importantes compilaciones de textos históricos de Gutierre Tibón, José Hierro y Rubén Bonifaz Nuño, Rafael Canogar, estos tres últimos sobre historia de las formas estéticas. Su libro más reciente es El instante de la memoria (Editorial Praxis, México, 2013), -con ilustraciones del pintor Rubén Leyva- donde traduce y recoge la poesía de sus ocho poetas más cercanos, más próximos no sólo a su poesía, sino que todos tienen en común en tema recurrente en la obra de Muñoz: la pasión por el arte.
Para Muñoz no basta con decir, porque, para decir, antes hay que saber y ese saber exige un pensamiento previo de las cosas: un conocimiento que sólo se produce en y desde y a partir del rigor. Y ese conocimiento y experiencia del rigor es lo que, a propósito de la traducción, expone aquí en una varia colección de textos que van desde la entrevista a la conferencia y que se caracterizan por la unidad de sentido que en torno a dos ejes -la lengua y la palabra- constituye su hilo conductor. Para Muñoz “la traducción de la poesía es poesía en sí” porque “la poesía no significa: muestra”. Y eso que muestra es “la resonancia de lo absoluto” que siempre está más allá de las limitaciones impuestas por los conceptos o por la representación. Para Muñoz, decir “es la especificidad del poeta, el acontecimiento de habla sin el cual la poesía no tiene lugar”. Su sentido -si lo hay- son “las situaciones de existencia”: lo que llama “el estado cantante”. De ahí que el primer objeto de su atención sea el ritmo: la música definida como mar por Baudelaire. Por eso insiste en que la traducción de la poesía supone una “liberación de lo universal” y una “reapertura del campo de la razón” tanto vital como histórica. Instante de la memoria es una poética, más que una teoría, de la traducción: en ella Muñoz muestra, entreverados, al poeta y al pensador -pues el volumen su divide en tres partes: un breve ensayo sobre la obra del poeta, una entrevista y las traducciones, o mejor dicho, las versiones del francés y del inglés- , que es y explicita algunas de las claves de su escritura y su pensamiento político y poético. Su densidad no anula su intensidad, visible siempre en una prosa caracterizada no menos por la pasión que por la inteligencia.

¿Qué temas trata en este nuevo proyecto editorial El instante de la memoria?
-Este nuevo libro es una vieja deuda que tenía con los ocho poetas que he seleccionado, entrevistado y traducido. Son, quizá los que más han influido en mi vida y en mi trayectoria. Con algunos he vivido cosas únicas, pues han sido no sólo amigos, sino también cómplices, como es el caso de José Hierro, José Ángel Valente y John Berger. La poesía de cada de uno ellos gira en torno a las preguntas que se han hecho desde la reflexión o el asombro ante la vida. Pero con el paso de los años, estas preguntas tienen respuestas distintas o matizadas, según la edad y las circunstancias que han sobrevenido.

¿Y cómo son esas respuestas ahora?
-Nunca hay respuestas afirmativas, al menos en mi caso. A veces hay respuestas que son otras preguntas, otras veces son aventuradas, y en muchas ocasiones desearía que las respuestas fueran distintas a las que hallo.

¿Cómo se planteó el proyecto de este libro?
-En este libro se reúnen trabajos de un territorio creativo único: la poesía. En ningún momento de la redacción de éstos hubo en mí el propósito de concebir un libro, ya que en un primer momento fueron publicados en diversos suplementos culturales, y sólo ahora -al reunirlos para su edición- se cumple su destino final. No sólo hay unidad en el género literario que se aborda, sino en el periodo que abarca. Los poetas aquí reunidos pertenecen a una misma generación, y cosa curiosa, los ocho tienen en común su pasión por el arte. De ahí que los nombres que aparecen en el subtítulo: Yves Boneffoy, John Berger, John Ashbery, José Hierro, José Ángel Valente, Francisco Brines, Ángel González y Adonis -que es el único que no incluyo entrevistas, pues aunque nos conocemos y ha revisado mis traducciones sobre su poesía, no hemos encontrado el momento para llevarla a cabo-, sean los paréntesis que, si nos atenemos a las respectivas fechas de nacimiento, abren y cierran su concreción temporal. Cuatro de ellos son poetas españoles, dos de lengua inglesa, un francés y un árabe, pero que escribe desde hace mucho en francés.

Estos trabajos ya habían aparecido publicado en suplementos y revistas culturales, como en La Jornada Semanal o en la revista Dos filos. ¿Por qué reunirlos en un libro? Lo pregunto, pues imagino que algunas de las traducciones han sufridos cambios, incluso, tal vez las entrevistas…
-Han pasado algunos años desde la redacción de algunos de ellos, y quizás ahora hubiese sido buena la ocasión de retocar los breves ensayos o las entrevistas con mayor o menor profundidad. He preferido, sin embargo, dejarlos como salieron en su momento. Aunque en el caso de las entrevistas, he podido continuar un constante diálogo con Yves Boneffoy, en París; John Berger, en Madrid y París; y con John Ashbery, en Madrid y Nueva York. No siempre que nos hemos visto he tenido el atrevimiento de sacar mi grabadora, pues en muchos momentos no es necesario, ya que nuestro encuentro nos llevaba por otros caminos, como lo fueron muchas veces mi cercanía con José Hierro, que caminamos mucho por el centro de Madrid, y concluíamos el recorrido en el bar La Moderna; con Yves Boneffoy, que nos gusta ir y redescubrir el Musée d’ Ossay de París, para ver a los Impresionistas, o caminar por la Rue Saint Dominique, hacia la Fundación Maeght, situada en la 42 Rue de Bac; o con Francisco Brines, recorrer diversas galerías, como Soledad Lorenzo, en la calle de Orfila número 5; tomar un aperitivo en el café Gijón y despedirnos en el Paseo de Recoletos. Sé bien, cuántas son mis limitaciones, y lo digo desde una agradecida experiencia lectora que no sólo me ha ayudado a entender mejor la poesía y su traducción en muchos momentos, sino también a escribirla e interpretarla.

Muchos de los poetas que traduce en este libro hablan de un mundo hostil, de ciudades ajenas... ¿han encontrado al fin su lugar?
-Sí, cada uno vive y vivió una realidad distinta, única. Para Bonnefoy el lugar anhelado es París, donde ha experimentado la existencia de manera persistente, de su infancia a su hoy. En Berger es el movimiento constante, aunque para él vivir en la frontera de Francia y Suiza, en un pequeño pueblo y descubrir la luz, sus montañas, le da a su poesía un paisaje único.

¿Qué poetas españoles e hispanoamericanos lee con agrado y sorpresa?
-Machado, Juan Ramón Jiménez, Unamuno; Lorca y Cernuda; Vallejo, Huidobro, Neruda, Emilio Adolfo Westfalen, José Hierro, Valente, Ángel González, Pablo García Baena, Borges, Lezama Lima, Vicente Aleixandre, Jorge Gillén, Xavier Villaurrutia, Octavio Paz... Y desde luego, me gusta y sigo muy de cerca a los poetas franceses e ingleses. Supongo que la pregunta se refiere a poetas del siglo XX, verdad? Aunque para mí, dos de los más grandes poetas son Federico García Lorca y Luis Cernuda. El primer Aleixandre fue un gran poeta, también el último, pero tiene etapas intermedias reiterativas, que dejará de leerse.

¿Cree que el poeta dicta los petas o es la poesía la que dicta sus propios temas? Se lo pregunto no sólo como poeta, sino también como traductor.
-Siempre he creído que el poeta nunca dicta los temas, sino que es la poesía la que se introduce en la persona que escribe y dice lo que ella quiere decir. Uno sabe lo que ha dicho porque lo lee, se desdobla en lector. Es como me decía alguna vez José Ángel Valente: “la poesía no sólo es la experiencia, sino también las lecturas”, y después de años de lectura, te vas dando cuenta que esas lecturas dejan huella en la memoria. Pero las respuestas son certeras, al menos en el momento en que han sido escritas, aunque luego el poeta tacha y corrige lo que no le satisface. Hay que forzar continuamente el espíritu crítico, con pasión y lucidez, como me decía siempre José Ángel Valente. Vamos escribiendo por medio de la intuición, que es inteligencia súbita. Pero fíjate que cuando traduces, al mismo tiempo tienes que estar alerta al ritmo del lenguaje, pues el catalán o el francés suenan “parecidos”, pero no el inglés. Hay que tener mucha intuición. Por ejemplo, los sabios científicos tienen intuiciones, pero el poeta puede ser contradictorio según el momento y pide por parte del lector un asentimiento a lo que escribe porque escribe desde la verdad.

¿Cómo ve el panorama actual de la poesía en México? ¿A qué autores jóvenes lee?
-Es muy arriesgado dar nombres porque en vez de complacer a los que nombras, ofendes a los que dejas fuera. Además que la miseria de algunos intelectuales no tiene límites, si los mencionas o no. Lo mejor es no dar nombres En México nos ha tocado la lotería con la poesía, sobre todo en el XX, que fue y es en algunos casos magistral: López Velarde, José Gorostiza, Villaurrutia, y desde luego, Octavio Paz. Con una base tan buena, el valor poético surge inmediatamente en las nuevas generaciones. Por eso el siglo XX ha tenido en todas las generaciones buenos poetas, y sigue ocurriendo. Los poetas que ahora tienen 40 o 50 años ya son maduros y hay varios nombres magníficos.



Hier, l’inachevable*
Ives Bonnefoy (Tours, Francia, 1923)

Notre vi, ces chemins
Qui nous appellent
Dans la fraícheur des prés
Oû de l’eau brille

Nous en voyons errer
Au faite des arbres
Comme cherche le réve, dans nos sommeils,
Son autre terre.

Ils vont, leurs mains sont pleines
D’une poussiere d’or,
IIs entrounent leurs mains
Et la nuit tombe.


Ayer, lo inacabable
Ives Bonnefoy
Versión del francés: Miguel Ángel Muñoz

Nuestra vida, esas veredas
que nos convoca
al frescor de los prados
en los que el agua ilumina.

Los vemos ir errantes
en lo alto de los árboles
como buscan los sueños, en nuestro dormitar,
su otra tierra.

Avanzan con las manos
llenas de polvo de oro,
entreabren las manos
y cae la noche.


*Estas traducciones pertenecen al libro El instante de la memoria. Ocho poetas en el desierto de Miguel Ángel Muñoz, de próxima aparición en Editorial Praxis.