REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
20 | 07 | 2019
   

Apantallados

Julio César no era un bruto


Francisco Turón

William Shakespeare (1564-1616) es el máximo dramaturgo de la libertad radical del yo, y eso lo convierte en un gran contemporáneo de todas las épocas. El Cisne de Avon pertenece a todas las culturas. Cada generación intenta redescubrirlo. A mí en lo personal me resulta muy placentero, sobre todo cuando estoy bifurcado por algún motivo, recurro a Shakespeare, como quien recurre a la Biblia, lo abro al azahar, y leo. En general encuentro unos pensamientos que me distancian de aquello que provocó sentirme escindido por ese momento, es decir, tiene una capacidad poética y la habilidad de llevarme a lo esencial de un hombre, que muy pocos dramaturgos y poetas tienen. Sus personajes universales son radicalmente distintos y respiran con vida propia. Por eso sus obras son las más representadas en el mundo entero. Esta reflexión admirativa del virtuosismo shakespeariano explica porqué hay una costumbre por glorificar a estas figuras y decir: “¡Oh! Shakespeare es impoluto, no tiene ninguna manchita, y es genial desde la primera coma que puso, hasta el último punto”. En definitiva no considero que sea así, a pesar de ser uno de los mejores escritores de todos los tiempos, el más traducido a los principales idiomas, aquél sobre el que más libros se han escrito, y un autor de tinta clásica de un conjunto de obras esenciales para la humanidad. Considero que entre el repertorio de sus 37 obras divididas en: comedias, tragedias e históricas, hay obras importantes, que no son esenciales como Julio César, una de sus obras menos montadas. Se trata de una tragedia probablemente escrita y representada en 1599, y no impresa hasta el Primer Folio de 1623. La principal fuente fue la traducción que hizo North de las Vidas de Plutarco. Comienza con los acontecimientos del año 44 a.C., después de que César, convertido en un dictador, ha vuelto a Roma después de una gloriosa campaña en Hispania, y hay temores de que se corone como rey. El miedo a su ambición da lugar a una conspiración dirigida por Casio y Casca. Ambos consiguen que se les una Bruto, que lo hace de mala gana. César es asesinado por los conspiradores en el Senado. Antonio, amigo de César, levanta al pueblo contra los conspiradores en una magistral arenga en el funeral de César. Octavio, sobrino de Julio César, forma un triunvirato con Antonio y Lépido, contra las fuerzas de Casio y Bruto. Éstos son derrotados en la batalla de Filipos (42 a.C.) y se suicidan.
Sin embargo, Julio César, no es aquella obra que si uno no lee, se produce un bache en su ideología. Uno de los elementos que hace que pueda abrir una página cualquiera en la obra de Shakespeare, y encontrar un estímulo para la reflexión, una incitación a las sensaciones, y una inducción con el entorno, es la pertinencia. Cuando hay uno de estos hallazgos que es pertinente, a pesar de los siglos pasados, lo relaciono con el entorno que se está viviendo. Eso quiere decir que las estructuras anecdóticas de las obras de Shakespeare tienen la capacidad de remitirme a una coyuntura con su pensamiento. Y no importa si se trata del príncipe de Dinamarca y sus ponencias sobre la muerte, o sobre la objeción que tienen unas familias para que dos adolescentes se amen. Pero lo que me pasa en particular con Julio César, es que no he encontrado una estructura “pertinente”. Leyendo esta obra, y releyendo a Shakespeare, me he preguntado: ¿Por qué escribió Julio César? Hay algunos investigadores que contestan con teorías tales como: “la escribió porque la reina Isabel ya estaba viejita, y había que decirle cuál era la condición del poder en relación con su momento histórico”. Y estas reflexiones que he leído son interesantes, sin embargo, no me convencen para nada. De hecho me abren varias preguntas: ¿De qué trata temáticamente Julio César, más allá de la simple estructura anecdótica que es visible y clara para todos? ¿De la traición de Bruto? ¿De la buena voluntad de Bruto? ¿De la decadencia de Julio César? ¿De la toma del poder? ¿De su asesinato? ¿De la ambición del poder? ¿De la conveniencia de la política?
Por otra parte, viendo la puesta en escena (traducida y adaptada por Alfredo Michel Modenessi, dirigida por Claudia Ríos, y con la participación de un elenco conformado por los directores de escena: Eugenio Cobo, Mauricio García Lozano y Alejandro Velis, y con las actuaciones de Itati Cantoral y Hernán Mendoza) me cuestionaba más allá de las puñaladas y los combates: ¿Desde qué perspectiva la montaron? ¿Desde una histórica? ¿Una filosófica? ¿O una sociológica?
Evidentemente Shakespeare es un movilizador de emociones y pensamientos y su tragedia Julio César, no es la excepción. Tal vez el tema principal sea la lucha por el poder y la corrupción en ese conjunto de conjurados que plantean una motivación altruista de un Julio César que apetece ser coronado, a pesar de la oposición de un Senado que pretende la República, y debajo de este discurso, está la lucha por el poder. Sin embargo esta lucha por el poder, no tiene una resonancia con el poder mundial contemporáneo, ni siquiera coincide con el poder actual en México, en donde haya una especie de caudillo como Julio César que deba, o no, ser asesinado. En la puesta en escena se hace una recreación de la manipulación del proceso histórico que hace Shakespeare a partir de los elementos de la corrupción y del poder. Vemos a un Julio César carismático, rodeado de una multitud que le hace propaganda para que el pueblo tenga una empatía con él. A su vez, el Senado teme que el imperio de Octavio perpetuado por Julio César, pueda abolir el estado republicano, que para ellos significa un gran avance, y así convertirse en un tirano que destruye los valores morales. El asesinato de Julio César perpetrado por Bruto, representa un intento de la recuperación de las virtudes republicanas. Tengo dudas de que si el proceso histórico era irreversible, es decir, que el imperio de Julio Cesar era el imperio de Octavio. En definitiva, Julio César, era una figura distinguida como el más grande de todos, y a pesar de ser un tipo decadente, no era considerado un personaje despreciable, de hecho, históricamente es reivindicado como un individuo generoso y honorable, que ha sido traicionado por un conjunto de conjurados, cuando él era un conquistador de las Galias, y el defensor del imperio romano. Ahí los que pasan a una impresión negativa son tanto Antonio, como Bruto, que son los verdaderos terroristas de la obra. Por eso cuando mencionamos a Julio César, automáticamente vemos a un emperador que ha sido traicionado y asesinado a puñaladas, y ésa es la imagen que predomina históricamente.
Insisto en que no sé definir de qué trata la obra, pero sí sé de qué no trata; y no trata de los estudios astrológicos de Julio César, o de que él fuera un gran escritor, mejor que Cicerón, aunque nos han vendido que Cicerón era un mejor orador, no obstante de ser un personaje de una deshonestidad y una corruptibilidad espeluznante. De Julio César, por el contrario, no se ha dicho que la iglesia católica cuando enseñaba latín a los seminaristas, utilizaba las cartas de las Guerras de las Galias, que culminó con la Batalla de Alesia en el 52 adeC., donde los romanos pusieron fin a la resistencia organizado por los galos. La obra también omite que en el año 59 a. de C., por orden de Julio César, en Roma circulaba diariamente un pasquín que se llamaba Acta Diurna, en el cual se informaba las acciones diarias de la República. Tampoco menciona que en el año 45 a. de C. Julio César encargó al astrónomo alejandrino Sosígenes la elaboración de su calendario. Este fijó la duración del calendario en 365 días y seis horas, cálculo asombrosamente exacto dados los rudimentarios instrumentos de la época, ya que su margen de error fue de sólo 11 minutos y nueve segundos al año, es decir, menos de un segundo por día. Por otra parte no se dice que Bruto era un hombre inmensamente rico, y que como buen usurero, prestaba dinero con muchos intereses, y con esta actividad amasó mucha riqueza. Incluso algunos historiadores sostienen que Julio César era el padre biológico de Marco Bruto, ya que era amante de su madre Servilia Cepionis, de quien la más joven de sus hijas, Junia Tercia, media hermana de Bruto, se casaría con Cayo Casio Longino, otro de los asesinos de César. Y todo esto nos cambia las motivaciones que pudo haber tenido Bruto que disfrazó sus conflictos emocionales internos. El caso es que esta tragedia se pudo haber titulado Bruto, en vez de Julio César.
Desde la perspectiva de la realidad, un suceso histórico se renueva periódicamente con cada generación, y adquiere otras dimensiones con la interpretación de las situaciones políticas, según sus intereses. De esta puesta me interesan dos cosas: una, no la realidad histórica, porque es incomprobable, sino la visión de esta realidad. ¿Cuál es la visión y los intereses de Shakespeare? Y la segunda, ¿cuál es la visión y los intereses de su directora? ¿Y cuál es su vigencia, en cuanto a cómo interpretamos la orientación de la obra de Shakespeare hoy?
La motivación de Claudia Ríos para montar Julio César, es a partir de la concordancia del baño de sangre que tiñe a nuestro país (con más de 90,000 muertos) y que está presente a lo largo de toda la tragedia de Shakespeare. Otro estímulo social y político, fue la manipulación del poder de un gobierno desatado y sangriento, conformado por conspiradores corruptos, y un sistema político, que lo relaciona con una de las frases más terribles de la obra, cuando Cayo Ligario le dice a Bruto: “¿Pero, no irán a caer enfermos muchos que ahora gozan de salud?” Un paralelo a lo que el expresidente Felipe Calderón llamó: “daños colaterales”. Así como Shakespeare tomó la historia de Julio César para hablar de la problemática de su tiempo, la intención de la directora al proponer este proyecto, era hablar de la problemática de nuestro tiempo en México.
Es evidente que en la puesta en escena hay una alusión a un sistema en el poder. Con los antecedentes, podemos pensar en lo que dejó el ruizcortinismo, o el lopezmateísmo, y lo que nos heredaron los jerarcas con el control obrero y el sindicalismo. En la puesta en escena desde un principio se quiere disfrazar al pueblo que va vestido de toga encima de un traje, y no van caracterizados como los artesanos que son. Eso me remite a una reflexión que me lleva a pensar en una omisión del montaje: el momento en que Marco Antonio está frente al cadáver de César, y a un lado está la estatua de su enemigo Pompeyo, y esto podría seguir ocurriendo desde tiempos pasados, en todas las lenguas y en todas las naciones: el poder nunca se arrepiente de sus abusos.
Sin embargo, al emitir opiniones, o críticas, de las puestas en escena de las obras de Shakespeare existe un problema de perspectiva, empezando porque no deberíamos, de modo alguno, -tomar ningún montaje escénico como una lectura de Shakespeare. No hay que buscar, ni para montar, ni para leer un montaje de Shakespeare, empates detallistas y autenticadores de nada. Habría que entender que el hecho teatral es un hecho inmediato, vivo, y experiencial que nos pone frente una serie de sustancias. Shakespeare mismo, en su propia tendencia histórica, que ciertamente no es el de la historia actual, y en donde efectivamente encontraríamos que Cleopatra, e incluso Cesarión, a quien se le atribuía -sin certeza- la paternidad de Julio César, se encontraban en Roma cuando lo mataron; y eso a Shakespeare le importaba un comino, porque además él está partiendo de Plutarco, que es quien le dicta todos y cada uno de los rasgos caracterológicos. Por supuesto que Shakespeare lo abstrae en dirección hacia sus propias condiciones, y en un marco en el que no podía poner en lo más mínimo desde ese foro una presión sobre la reina, pero que ciertamente sí podía recoger y catalizar lo que estaba en el ambiente alrededor de la reina. Todo esto cifrado de maneras que no son fieles a ningún tipo de hecho o detalles, sino más bien, paradigmático. Si un Antonio se enfrenta a una masa, y la manipula como la manipuló, creo que lo que se puede recrear en una experiencia viva de una puesta en escena, en estos momentos, en México, es precisamente eso, la vivencia de una manipulación; pero con un escenario que está claramente señalando como tal, y no el intento de una representación con columnas y togas, que en verdad parezcan romanos, cuando una puesta en escena de Julio César, inicia en español y no en latín. Efectivamente, en tiempos de Shakespeare, eran romanos que hablaban en inglés sobre cosas que no sucedían en Roma, sino en Inglaterra. A Shakespeare no le importa la autenticidad histórica como nosotros la entendemos. Lo que sí le importa, son esos fundamentos de las dinámicas, tanto personales, como sociales, que están enfrentadas y localizadas en esta obra; y una vez que están bien enfrentadas y localizadas, entonces pueden presentarse en una especie de cubismo histórico, en donde podamos ver los diferentes planos de una historia contada, pero no con una narrativa específica, sino con una historia de los modos en cómo la política se ha manifestado. ¿Cuáles acopiamos? ¿Dónde los ubicamos? Y lo que a mí me parece más importante: ¿De qué manera se entrelazan las acciones personales, con las acciones sociales, de modo que obtengamos una visión crítica?