REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
25 | 01 | 2020
   

Arca de Noé

La cultura bicicletera vs la automovilística en México


Luis David Pérez Rosas

Todo político con aspiraciones a gobernante, antes que nada,
debe velar por la óptima salud de los habitantes de su
país, porque son ellos quienes representan el motor
que impulsará de progreso de su nación.



Uno de los ingentes problemas de la capital mexicana es, sin duda, la contaminación generada por los automóviles, la cual inunda los pulmones de sus habitantes y empobrece la calidad de vida. Todo indica que el ruido de los carros, el incesante tráfico y sus consecuencias, no cesará ni en un largo plazo; por el contrario, ante el aumento poblacional, la tendencia se dirige hacia el incremento.

Una solución ante este serio problema podría ser el uso obligado de las bicicletas por la sociedad civil... En la ciudad de Cárdenas, Cuba, los trabajadores de industrias, de instituciones, de la agricultura representan cotidianamente la tradición bicicletera. Ya tenemos un ejemplo de país latino inmerso en esta cultura; pero, también existen ejemplos de naciones europeas, como en Copenhague, Dinamarca, en donde varios puñados de ciudadanos ciclistas pedalean con la misma tranquilidad con la que disfrutan del camino que recorren.

Además, cuando visité Bruselas, Bélgica y Amsterdam, Holanda, pude constatar esto mismo. Yo mismo vi los estacionamientos de las bicicletas, y que sin algún tipo de pudor las mujeres con falda, los niños, los jóvenes, las señoras, los adultos, los ancianos... ricos y pobres, gordos y flacos, todos andaban felices en bicicletas de diferentes estilos, o sea, las hay de uno, dos, tres y hasta cuatro asientos. De las decenas de familias que vi así, recuerdo a una en especial en Amsterdam: era la canastilla de enfrente en forma de asiento en la que iba un bebé, luego le seguía el padre y la madre, quienes pedaleaban, y en el cuarto asiento se encontraba el hijo de unos seis años. Era una bicicleta muy larga y en forma de línea, un asiento tras de otro, en la que los cuatro iban felices cruzando una calle en un día muy soleado, invadido de aire fresco y puro distinto del de aquí; caso de admirarse porque en Amsterdam es normal el frío y los días nublados. En estas dos importantes ciudades europeas, la bicicleta es uno de los principales móviles de desplazamiento para ir al trabajo, la escuela, el bar, la discoteca, el restaurante, la tienda.

Ahora, un ejemplo del continente asiático inmerso en esta cultura bicicletera, se ilustra con los habitantes de Beijing, China, quienes pedalean sin cesar y sin dejar de recrear su tradición cultural a pesar de que dicho país ha tenido varias transformaciones en el ámbito urbano, pues ya se han construido nuevos edificios y cuentan con una infraestructura mayormente moderna.

El objetivo de citar estos ejemplos (que sin duda existen otros más), es valorar el significado cultural que tiene el uso de las bicicletas como medio de transporte. Esto quiere decir que la cultura bicicletera tiene tres sentidos importantes para una nación: 1) el sentido ecológico, ya que contribuye a la disminución de la contaminación ambiental generada de los automóviles y los transportes públicos, y por consiguiente promueve una mejor calidad en el aire que respiran los ciudadanos; 2) el sentido de la salud, pues evidentemente el uso de las bicicletas se puede entender como un deporte, puesto que estimula la actividad física, y por ende es un medio que ayuda a eliminar el sobrepeso y mantenernos en una estable condición corporal, lo cual significa salud y más años de vida; y 3) el sentido del pensamiento alternativo, lo que quiere decir una nueva mentalidad en la sociedad, o sea, significa romper con la concepción establecida (que es por demás ridícula) de que tener un automóvil es sinónimo de haber logrado un cierto estatus (claro, depende del tipo y la clase del carro) y de éxito. Las cosas se valoran por su utilidad, su carácter económico y su uso práctico, y no por el privilegio superfluo que pueden representar.

Esto último es un problema social, debido a que cierta parte de la sociedad, por ejemplo mexicana, reproduce el “consumismo” de autos, lo que por naturaleza es irreflexivo y conduce a la esclavitud de la gente ante la moda automovilística, que es una de tantas en este mundo afiliado al recalcitrante capitalismo. Un ejemplo de esto, se ilustra con la sociedad consumista de Estados Unidos que en su generalidad mantiene y reproduce la idea de que todos los traslados, sean cercanos o lejanos, deben ser en carro. Ante esto, recordemos que si bien el sector automotriz es parte importante del proceso económico de un país, no es el único y existen otros que podemos potenciar en términos económicos. Así, gran parte de los recursos para crear carros, se podrían canalizar a otros sectores de la producción.

Sin embargo, la implementación de esta maravillosa cultura de la bicicleta presenta dos complicaciones principales: las distancias largas y la cultura cívica. Para resolver estos aparentes inconvenientes, podemos decir que las personas que no estén en capacidad física de pedalear y sostener el equilibrio, así como las que deban asistir a un empleo lejano de su hogar, deben necesariamente trasladarse en automóvil; la cuestión no es tan radical, no se trata de eliminar la cultura automovilística ya que también es necesaria en ciertos casos, sino de limitarla en sumo grado.

Ahora bien, la cultura cívica de nuestro país no es tan ilustre como pudiéramos pensar, basta con ver cómo en varios casos las calles y las avenidas están gobernadas por conductores irresponsables que han causado innumerables y fatídicos accidentes a transeúntes y ciclistas. Ante esto, sería imprescindible que el Sistema Educativo Nacional implemente capacitación y cursos a la sociedad en general para el manejo responsable de las bicicletas y los automóviles; con el fin de que coexistan armónicamente ambas formas vehiculares en su carril correspondiente.

La cultura de las bicicletas se muestra ahora como una alternativa de vida, una forma más en la que la sociedad puede reproducir su vigor; una opción más para todas las clases sociales y una manera de fomentar activamente la cultura del deporte y la salud en nuestro país y eliminar así el sedentarismo causado por el automóvil. El alcance o la proyección de la cultura bicicletera o del ciclismo, sería su expansión no sólo en el Distrito Federal ni en la República Mexicana, sino en todo el orbe. Esta cultura es una propuesta constructiva para la ciudadanía de la capital mexicana, por consiguiente debe ser asimilada por algún grupo social o partido político consciente de los grandes beneficios que esto proporcionaría.

luisdavidper@yahoo.com.mx