REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
27 | 01 | 2020
   

Arca de Noé

Turbocrónicas


Marco Aurelio Carballo

Huevos

Como soy de quienes creen que cada uno debe cumplir con su deber, algo así como cada chango a su mecate, déjame decirte, amigo Raúl, yo le doy el beneficio de la duda a quien hable de la situación del país. Podría escribirte varios tantos del asunto. Pero si el país es rico, de renta media, cualquier cosa que signifique eso en porcentajes, según el secretario de Hacienda, aunque medio país trina de hambre por el desempleo o el subempleo, ¿tú entiendes?

Sin embargo colegas y locutores actúan y parlotean dichosos porque hay materia de la cual echar mano. Las campañas del Estado de México han traído el circo, si bien ignoro cómo vienen los itacates. En los mítines del siglo pasado contenían matraca, torta y plátano, como tú sabes.

Se están dando un banquetazo. Los informadores… Informan, sí, con lo escaso de cosecha del oficio reporteril. Pero especulan. Ah cómo especulan y arman el análisis instantáneo y cuando tú crees enterarte de una alianza traicionera o de un destapamiento definitivo a la vieja usanza, el actor o los actores saltan y pinchan el globo del borrego.
Los candidatos ignoran qué ofrecer, pareciera, además del itacate con playera y cachucha a cambio de la arcaica matraca, y huevos escondidos quién sabe dónde. No hay datos. Uno promete llevar el Metro más allá de los límites del DF y el otro que no subiría los impuestos. Al tercero, con mejillas semipeludas, desprovistas ahora de su mimada barba monárquica, aún no se le ateza el rostro porque ni tiempo tiene. Lo fuerzan a salir corriendo de algún mitin cuando lo abuchean o le lanzan huevos, a veinte pesos kilo.

¿Tuitean los candidatos?, preguntas. Sepa. Podría ser, o su equipo. El grueso de los tuiteros nativos, ya sabes, se la pasan echando relajo, nadie ha convocado a nada serio como en el Magreb o en tu segunda patria, España. Injurian, se hacen pasar por alguien famoso, le dan de pitutazos al lenguaje. Para los psicólogos todos son narcisistas. Es curioso, miles han estado leyendo a Chespirito. Él pareciera seguir la consigna de distraer a las generaciones instruidas y educadas desde la tele. Recuerda, se dijo panista hace cinco años. Los priistas y perredistas no contaban con la octogenaria astucia del Chavo.

Regañones

Mi correo anterior era en cuanto a lo inmediato, las elecciones próximas, aquí al otro lado del Periférico, amigo Raúl. Respecto a las presidenciales, el horno está calentándose. Lo alimenta media docena de destapes de candidatos panistas. En la tele y en la radio hay sermones para quien se adelantó y para quienes se atrasaron o para quien se muestra pero vuelve a cubrirse nomás expulsa una sandez tecnocrática.

Escucho a colegas serios y capaces en los comentarios sin análisis. Pero ¿con qué norman la opinión pública si carecen de datos? Como leeperiódicos, me pregunto si los escamotean o nadie los recoge para difundirlos y echar mano de ellos, y el ciudadano raso no se quede en las mismas.

Ejemplo, dos pastores perredistas se van con todo y borregos al PRI del Estado de México y declaran ostentosos que su recua suma cien mil cabezas y pico. ¿A cambio de qué? Entonces los regañan desde el micrófono. El trasiego es práctica si no cotidiana sí cuando hay elecciones. Lo sé. Mas, uno como lector, va calentándose, ¿verdad? ¿Cómo se atreven a saltarse las trancas? ¿Se les acabó el forraje? Pos no ve que son animalitos, me dijo don Rafa, el señor de los tacos de canasta. Agarre la onda.

Pero ¿qué tan caros son esos animalitos? ¿No debieran exhibirlos? Estas preguntas ya no se las hice a don Rafa, porque su sentido común es apabullante. Los aludidos habían dejado de ser perredistas desde endenantes, declararon a los pocos días. Ah, ¿eso cambia todo…? ¿Por qué nadie lo recordó? ¿Y los borregos? ¿Dónde ramonearon mientras la yunta anduvo en el limbo, pomposos los batientes cuartos traseros? Nadie les preguntó aunque, quien lleva el mugido cantante en la yunta, dijo que si el PRI no le cumplía lo ofrecido ¡iba a ponérsele la cara roja de vergüenza! ¿Tú le crees, Raúl?

La pregunta sobre el castigo es porque ciertos comentaristas nomás regañan. Esto es muy mexicano. El gobierno-padre. El comentarista-padre. Debe de ser por falta de datos. ¿Cómo ser contundentes en el análisis? Cierto, regañan parejo, ¿eh? Es decir, al del PRI y al del PAN. Recuerdo un comercial de la tele: un detective interroga a un delincuente. ¿No le da vergüenza?, decía la ley. ¿Qué va a decir su mamacita? Prefiero el tehuacanazo, debe pensar cualquier hampón que se respete.

¿Pesadilla?

Tuve un sueño, Raúl, aunque de ninguna manera a lo Martin Luther King y no quisiera calificarlo porque podría haber sido pesadilla, según se vea. Pero ¿y si es irrealizable? Al grano, a este país, soñé, podría gobernarlo una mujer a partir del 2012. Escribí pesadilla o sueño porque ya sabes cómo son: incoherentes, deshilachados. En cuentos y novelas, Kafka logró fundir realidad y sueño, dicen los expertos, así como García Márquez fundió política y ficción sin que sus textos exudaran la pestilente materia del panfleto.

Así que me voy con cuidado en cuanto a los sueños, no sólo como materia de cuentos o novelas sino también y sobre todo de Turbocrónicas. Sin embargo hace meses abrí una carpeta para guardar ahí, tecleados, algunos. Los coherentes, los que necesitarán de uno o dos teclazos para aprovecharlos en narrativa. Llevo guardado uno, je je.
En el caso que me ocupa, como se dice, el sueño resultó incoherente y al despertar de manera abrupta debido a una parvada de pinches pajaritos que me echan a perder cada mañana el sueño frágil, olvidé buena parte de lo soñado. Por eso, lo juro, ignoro si fue simple sueño grato o pesadilla acojonante.

Ahora, procedan o no las interpretaciones de los sueños o tengan alto o bajo valor según los terapeutas, ¿cuántos de los sueños se gestan en el subconsciente con la información del día anterior? Me importa un diputado federal o tres locales tanto los sueños y pesadillas como quiénes efectúan el trabajo sucio, la política, hombres o mujeres. Yo tengo el mío, y podría endilgársele el mismo adjetivo. ¿Acaso los críticos no meten a muchos tecleadores en el casillero del “realismo sucio”?
Deshilachado e incoherente, pues, soñé conque la Primera Dama era la candidata presidencial panista. ¿Por qué esa jugarreta del subconsciente? Porque, supongo, hace poco estuvo aquí la presidenta de Argentina, y porque el colega Jesús Michel Narváez escribió un artículo según el cual ella iba a ser la candidata panista al gobierno del DF. ¿Qué tanta es la distancia entre la sede de ese gobierno y Palacio Nacional?

Corregir es como boxear

Sobre las correcciones todo tiene su límite, cierto, querido maestro Al margen de cualquier carácter obsesivo, en narrativa debes hacer algo para aproximarte a la confirmación de lo ideal. Hay quienes cuentan el número de revisiones y quienes no. ¿La minoría? Como autodidacto hallé el camino de contarlas después de varios libros publicados. Otros lo hacen, pero no todos. En los talleres, los viejos se niegan a este conteo. ¿Qué?, preguntan. ¿Por qué? Es producto de tu neuras, dijo un cretino sesentón. Reviso, dijo cierta narradora, premio nacional de novela, pero no sé cuántas veces. Las necesarias no, le dije. Se notaba en la falta de redondeo del texto, lo fundamental. Con seis, siete correcciones, el texto presentaba aún muchas deficiencias. ¿Descubrirá cuántas debe corregir a su juicio para considerarlo listo? Pero abandonarlo a la altura de tu capacidad no te hace genial.

Aquel cretino, psicólogo de banqueta, dijo: No tengo autocrítica, dime tú qué quito... A veces los refranes trillados son efectivos. Lo que natura no da, le dije, Salamanca no presta.

Claro, no debiera haber prisa por publicar. Pero sucedió con los primeros libros antes de descubrir mi sistema de revisiones. Petunia me obligó a releer ciertos pasajes. Confirmé mis sospechas al sentir revuelto el estómago. Los había dado a publicar cuando llevaba diez por ciento, veinte, de las revisiones. ¿Cómo evito el mal paso? No releyéndolos.
En el picoteo aquí y allá, leí del peligro de excederse, porque el texto se quema, declaró alguien. ¿Le sucede como a los boxeadores cuando entrenan demasiado? Años después, hace tres, leí esto de Borges: “¿Qué será mejor: un cuento demasiado hecho o insuficientemente hecho? Yo diría que es preferible el demasiado hecho”. Uno sigue los consejos de quien opina lo más aproximado a lo que se intuye correcto. No tienes la certeza. Si la tuvieras serías ensayista y pontificarías bien mamón.

Hay quienes eliminan de su bibliografía los primeros libros. Otros los buscan y los compran y queman. Cortázar arrojó al fuego sus dos primeras novelas antes de publicar el primer libro. Todo esto ¿dónde lo aprendes? ¿Quién te lo enseña? Esa, la quema, debe ser una de las 250 mil decisiones que tomas al escribir toda novela, según Amos Oz.

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