REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
19 | 02 | 2020
   

Confabulario

Memorias del exilio interior (II)


Roberto Bañuelas

El acoso y el ocaso
La puerta de tu casa ocultaba a un poderoso perro que te guardaba contra el acoso de un hombre apasionado pero honrado y pobre por corto tiempo. En esos días aciagos de delirio recurrente, me juré ganar alguna lotería o asociarme al hampa protegida con el fin de no llegar a la conclusión de que la vida podía ser breve y menor el sufrimiento de tu ausencia programada, si ganándote hubiera poseído el tesoro que los contiene a todos en este presente de enamoramiento mortal que nos distorsiona lo que es y lo que no es para no volvernos sueños de otro sueño que nos despertará en otro presente, pero cargando un pesado libro de recuerdos en la espalda que apenas nos permitirá levantar la cabeza para ver si ya es de día.
Pasado el tiempo de la ruptura condicionada, me mirarás por encima de tus gafas de sol y del tic permanente de tu sonrisa, como si estuvieses contemplando en una feria el desfile de muñequitos en carrusel ante la indiferencia y el tedio de solterones sin relación carnal, excepto a la hora de comer.

Sonrisa ubicua
La sonrisa de las campesinas, en la vendimia, es una flor donde se abre la alegría, no así la sonrisa de las mujeres mundanas y sofisticadas, que es como una herida que pretende disimular la amargura frente a la crueldad de los hoteles de lujo que cobran por alojar la fatiga como si el cliente se llevara una lámpara o un tapete en contraste con las reproducciones de pinturas famosas que no valen lo que declaran aunque La Gioconda sonría en el mismo cuarto de cada piso terminado en 17.

Decadencia
El tedio puede ser nocturno y tener dos cojines blandos o dos cojones fatigados en plena juventud, lo cual es una tragedia, ¿verdad, doctor?

Entre la gloria y el poder
La comicidad de los tiranos es involuntaria y trágica, pero menos que nuestra seriedad al escuchar y aplaudir sus discursos antológicos de lugares comunes al alcance de la incomprensión de todos los sometidos de este régimen de paz en los sepulcros y Gloria a Dios en las alturas desde las que no nos ve o no quiere vernos porque se avergüenza de nuestra imagen y semejanza.

Marcha de protesta
Aquí estamos y aquí vamos caminando y enarbolando banderas, reclamos y protestas, multitud rugiente de invocaciones históricas y signos de esperanza hasta que aparezca con un movimiento envolvente la justicia financiada e impune del poder corporizado para disparar el exceso de la fábrica de municiones contra el pueblo y evitar a tiempo que se enmohezcan los fusiles de cacería humana.

Visita dominical
La crueldad llega también como huésped espontáneo y categórico cuando la viuda descubre los esfuerzos y algunos logros afortunados de infidelidad del honorable padre de sus hijos, ahora casados y con prole, y que se acuerdan de visitarla siempre que tienen problemas económicos o que las nueras no quieren cocinar porque es domingo y protestan con la consigna en uso: “no es justo que para mí no haya día de descanso…”

Antenas y mensajes
Las barbas ayudan a los académicos a captar las vibraciones celestes las cuales, con diferente longitud de onda, son rechazadas por los calvos, que se compensan con la aureola intensa de santos jubilados.

Renovación generacional
La pareja ancestral seguirá reproduciéndose para suministrar verdugos y víctimas de cada etapa inclemente definida como otra estadística de un nuevo avance en el robustecimiento de la seguridad continental.

La tranquilidad del verde
La tranquilidad es el atributo de las vacas que se comen el verde de los campos, sin distracciones ni elucubraciones, excepto la tarde del domingo en que sueñan con la compañía del toro español que, por la tarde, siempre tiene un duelo a muerte.

Obstinada gota del tiempo
He trabajado toda la vida para llegar a obtener la pensión que ahora recibo para leer a los clásicos; pero los días se me alargan con el peso de las noches y los recuerdos fragmentados por el silbato doliente de alguna locomotora duende o el canto de los gallos de la vecindad.

Retorno de la seducción
Preparaste el asalto con la invasión de tu sonrisa que practicaste con deleite en el lago paciente del espejo que cada día te confirma como ejemplo selecto de la creación, encarnando cada despertar con los sueños cómplices de cada noche. Tu belleza natural trasciende y aventaja la petulancia inútil de los automóviles de lujo y la quejumbre dorada de los trombones cautivos bajo el cielo negro de las cuevas nocturnas que hospedan la incertidumbre de turistas perdidos en el asombro de regresar a la vuelta del día en que tu espejo te espera y yo también.

Dualidad del estímulo
Sentado frente a una botella del mejor vino y copa de fino cristal, don Carlos ordenó al criado que le trajese la vieja Biblia para recordar las alucinaciones de los profetas sedientos.

Mnemotecnia del olvido
Eran siete los días de la semana; siete los sabios de Grecia; siete los colores del Arco iris; y siete los orgasmos que tenía Lucrecia Borgia para olvidarse de cada envenenamiento que le imputaban los enemigos que no gozaban de sus favores.

Insaciable
Era un gigante voraz que, para aderezar la fauna y flora que devoraba, terminó con las escasas estatuas de sal que quedaban en el camino de la fuga.

Conversión y rapto
La santa cortesana, cansada de su ambigua situación (mil y trece veces ratificadas por los clientes que llegaban a ella implorando perdón por haberla gozado en sus años de pecadora entusiasta), decidió ir al centro de la ciudad para dialogar con el gran sacerdote. Antes de ser ricamente enjaezados los cuatro corceles que iban a tirar del carro de la cortesana, fueron teñidos con franjas blancas para hacer creer a la multitud ociosa que eran cebras domesticadas.
Durante el largo trayecto, mientras la gente vitoreaba a las falsas cebras, la cortesana fue raptada por una banda de fanáticos lascivos.

La fiesta del seductor
Angello me invitó a la fiesta para celebrar el éxito de sus vacaciones. En una mesa larguísima, adornada con luz de candelabros, hay comida diversa para todos los gustos y caprichos, pero algunos invitados, estimulados por la gratuidad, comen de todo. Angello me presenta a su primera ex esposa y a su mujer actual, tercera en el número de matrimonios. Para que todos estén contentos, cada quien hace lo que quiere y habla de lo que le viene en gana. Al traga-fuego que Angello alquiló en un circo para que viniera a divertir a su hijo -anclado frente al televisor-, nadie le hace caso a pesar de que ya casi se ha convertido en una antorcha humana.
Angello habla sobre las ventajas de volver a casarse cuando ya se sabe de memoria los atributos y las imperfecciones de la mujer; del egoísmo, entendido como identificación personal antes de poder dar algo a los demás, pero criticando el egocentrismo como la limitación del mundo hasta la frontera de la propia nariz. Las señoras, mientras engullen las variedades del buffet, hablan de dieta, de viajes, de modas, de joyas, contra el marido y contra el comunismo y las vecinas del otro extremo de la mesa. Otto, que tropieza con sus dos metros de estatura contra la cola del piano, lo toma por asalto y, con el pelo sobre el rostro en homenaje a Franz Liszt, la emprende con una sonata de Beethoven.
Desperté a las siete de la mañana sobre un sofá manchado de vino tinto.