REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
19 | 01 | 2020
   

Arca de Noé

Los trancos


Carlos Bracho

TRANCO I
Señoras y señoritas, caballeros y jóvenes, amigas y amigos todos. Estos Trancos del maestro Bracho están “confeccionados” con coraje, con rabia ciudadana. Sí, señoras insumisas, esto mismo lo comentamos en nuestra cantina preferida, y claro, los tequilas y los rones y los mezcales y los guizkis y los vodkas -este tres veces H. Consejo Editorial tiene, por fortuna, y concedida por los dioses báquicos, una garganta universal y por lo tanto admite desde un pulque curado hasta un coñaque de categoría cardenalicia-, en fin el desfile de bebidas fue presente y duraba poco en nuestros vasos y copas, y al calor de las bebidas lúdicas, tod@s coincidimos, una vez más, con lo expuesto por nuestro querido y nunca bien ponderado señor Bracho. Bueno, para no alargar este introito bullanguero, dejemos que corra libremente la pluma del citado señor Carlos:

“Vaya días horrendos que estamos viviendo ¿viviendo? los mexicas. Los retenes de soldados y de policías mal encarados, las balas que zumban por todos lados, las cabezas cortadas, como si regresáramos a los tiempos más que primitivos y salvajes; jueces venales y autoridades corruptas. Sí, vaya manera ingrata que tiene el calderonismo para tratarnos a los hombres y a las mujeres que tuvimos la desgracia de nacer en estas tierras. Sí, qué forma inicua la que utilizan los que nos “gobiernan” para golpear donde más nos duele: en la economía hogareña, pues nos dan gasolinazos a diestra y siniestra, el gas lo ponen por las nubes, los alimentos los pueden adquirir los sacrosantos y pudientes presidentes y senadores y gobernadores y diputados y secretarios de los secretarios, pero los obreros, los campesinos, los indígenas, a pasar por la de Caín para poder llevar un taco a la boca. Por eso el compa que conmigo comparte mesa en Mi Oficina y que María, con su pecho empitonando la camisa y sus piernas de columna dórica nos atiende amorosa y tierna, el compa, digo, clama diciendo que “Yo, obrero despedido, ya no quiero queso, sino salir de la ratonera”. Y yo, solidario brindo por eso y nos aventamos entre pecho y espalda un tequila blanco y raspador. Sí, las penas las baja el licor. Y mi compa que sigue: “el tal Calderón dice que todos sus actos de gobierno son para el beneficio del pueblo de México, que sus acciones son para beneficio de los más necesitados, y ¡Zas! nos aumenta los huevos y los jitomates y él y sus secuaces se aumentan sus salarios, sus bonos, se compran autos de lujo y gozan de la vida como nunca…y ya no digo nada sobre los cuarenta mil muertos, que eso -dijo mi compa con las lágrimas en los ojos- eso, compas, me recuerda a Napoleón, sí por aquello de “Cuarenta mil muertos os contemplan...”. Yo no tuve más comentarios a esa dura verdad. Apuré mi tequila y a María le pedí otro más. Esa tarde bebería hasta perder el conocimiento. Sí, a eso me lleva la política fascista: a beber y a olvidar el dolor… Vale. Abur.

TRANCO II

En este Tranco, amigas no pripanistas, el dolor y la queja del maestro Bracho está presente. Y este siete veces H. Consejo piensa, creo a pies juntillas, que el dolor y la queja y la rabia no sólo está en el alma de Bracho, no, está en millones y millones de mexicanos… no tenemos el temor de sufrir una equivocación. No. La brutal realidad nos pega como cristales puntiagudos en el rostro y en la conciencia… pero veamos qué nos dice el maestro:

“Las lluvias están aquí. El agua nos azota en toda la extensión de nuestro cuerpo. El agua está presente en las madrugadas, y ese ruido sordo que se filtra por la ventana nos hace pensar en lo lindo que es el ser rico y tener un penjaus en Acapulco y allí tirarse a la playa como lagartija y tomar luego el sol y recibir el aire y recibir las caricias de la rubia llena de bolas que hemos comprado, y tomar agua de coco con harto vodka y dormitar en la arena de nuestra playa privada, y allí, pensar en lo bonito que es la vida cuando la marmaja abunda en nuestro bolsillo y en nuestros bancos situados en extranjia; y pelar los ojos con las otras rubias y morenas que caminan por las playas, turistas que balancean su donaire y sus dones divinos y ordenarle al guarura que encienda la radio portátil y al son de la música seguir bebiendo y seguir contemplando a las gringas que en tangas deambulan por las playas y que con el dinero podemos hacerlas nuestras. La lluvia nocturna también nos hace divagar, nos hace pensar en lo bello y maravilloso que el mundo es cuando la plata y el oro están con nosotros. Sí, palabra que es bonito pensar eso, sí, porque los ricachotes, con los pesos y los dólares y los euros que poseen aquí y allá pueden comprar lo que se les antoje, lo que sea: políticos, presidentes, gobernadores, jueces y magistrados, policías y funcionarios. Por poner sólo unos cuantos ejemplos: Cuando tienen frío se compran el mejor abrigo de mink de la marca más fastuosa que en el mundo del jet set exista. Ahora que si tienen calor, hombre, la cosa es sencilla, encienden el clima del aire acondicionado de sus chalets o de sus castillos o de sus residencias y le ponen los grados que agraden a su cuerpo y al cuerpo de las bellas que los acompañan. O la otra posibilidad abierta es tomar su avión particular y viajar, según el caso, al caribe lujurioso o a los países nórdicos y se hospedarán en los hoteles de más de cinco estrellas, así que el frío o el calor les hace lo que el viento a Juárez o sea que estos fenómenos naturales les pelan los dientes. Sí, para eso tienen lana, para eso poseen harta marmaja, para eso disfrutan de tanto parné, para eso, para gastarla a manos llenas, para comprar relojes de oro y cubiertos de diamantes, para comprar collares de perlas para sus amantes, para beber champaña, para invitar al diputado o al funcionario o al juez en turno a unas vacacioncitas en las islas Caimán, con todo pagado, con todo, sí señor. Ésa es vida, dicen los muy canijos millonetas que en este Mexicalpan de las Ingratas existen a manos llenas. Claro que la cosa es así. Así es y no de otro modo. ¿Los obreros? ¿Y los pobres campesinos? ¿Y las sufridas amas de casa? ¿Y los trabajadores de la ciudad despedidos? ¿Y los compas que ganan el sueldo mínimo? ¿Y los estudiantes que no pueden pagar universidades privadas? ¿Y los niños y las niñas que se mueren de enfermedades curables? ¿Y las muertas de Juárez? Y las cuarenta mil víctimas de la guerra calderonista? ¿Y los indígenas que por los caminos violentos andan descalzos? ¿Y los padres de familia que no saben cómo van a pagar la renta del mes? ¡Ah! Mil veces! ¡Ah! Les contesto rápido, amigas insumisas, les respondo rápido y directo: a esos desprotegidos, a esos desamparados, a esos humillados a esos ofendidos, el presidente en turno, los senadores y los diputados trabajan para ellos, para su beneficio ¿Qué no los han escuchado hasta la saciedad?…Y para qué le sigo, mejor me meteré a Mi Oficina y me llevaré a mi María a pasear por Xochimilco y con el vaivén de la piragua besarla, acariciarla y allí entre las aguas esperamos no seamos alcanzados por las balas de la guerra de Calderón… Vale. Abur.