REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
21 | 01 | 2020
   

Confabulario

Poemas


Benjamín Torres Uballe

Señora
Ven, señora de las catorce lunas;
irrumpe en mi corazón, avasállalo.
Domínalo hasta la sometida gota de sangre;
esclavízanos como saetas perdidas.
Haz de mis ojos cascada y agua salada;
renueva las simientes de mi vida toda.
Quédate, sé inmortal necesidad en mí;
rásgame en el amanecer la piel, señora.
Madona, sólo dilo, por ti se rinden las horas;
se entregan irónicas, en el sarcasmo de mi correría.
Sacúdeme, trota en mí cual furiosa amazona;
y luego apacíguame, quédate, sedúceme.
Escribe las postreras letras al final.
En un abrazo vacía tu flor de amor.
Que dure sí, hasta el ocaso.
Y luego en la noche otra vez, renacer en tu regazo;
igual que ayer, igual que hoy, en el glorificar de tus ojazos.
Aquí prohibido nada hay, todo lo comienzas tú, todo;
en el requiebro de tu cuerpo, en los besos o el silencio.
Fuera nada hay, fallece el tiempo, es otra luz del pensamiento;
tan sólo me conduce tu mano, mañana, tarde, para siempre.


Crepúsculo

Porque te amo es que te extraño tanto.
Como al Sol anhela el campo, y a tus flores, mi llorado canto.
Porque extraño que me abraces, aún cuando soy distante.
Te amo en libertad serena, ansiada, de tu alma tarde.

Tu amor es mañana eterna, blanca como el marfil inmaculado
de tus inexplorados senos por ángeles que no llegaron,
que durmieron diez semanas amamantados por la Luna.
Por ello, por ello es que te extraño. Que te añoro, que te amo.

Aroma de nubes montadas
en las suaves hojas verdes retozan tu cara bonita,
y la herida se agranda, duele más a la distancia.
Me colapso, me finjo valiente como penumbra incipiente.

En el meridiano singular de las horas flechadas,
brama el viento, anuncia la tarde, me olvido de todo;
quisiera tocarte, de tu alma adueñarme,
convertirme en crepúsculo,
luego en la noche, luego besarte, entregarme.

Hoy te he extrañado, te he amado, porque la lluvia está aquí,
y tanto olor a barro, tanta ausencia de ti, tanta levedad en mis manos,
no hacen sino partirme, como el día y la noche, como las horas y el miedo.

No debo más escribir que te extraño, debo decirte que te amo;
en la callada ausencia, en ésa debo sentirte.
En ésa debo irrazonablemente hallarte; el amor no es entendimiento.
Es simplemente amarte, en mis horas de dolor, en las horas en que existes.


Soy

Soy amor y vida,
desconsuelo y esperanza,
triste sombra, fulgor, y no promesa.
Pasión, tristeza, ojos míos,
porque soy atemporal, aquí,
penumbra pronta que se marcha.
Soy también camino en mis ideales,
silencio pronto en tus rencores,
olas que se llevan de una vez
tu recuerdo y mi añoranza.
Soy dolor que duele a nada,
palabras mudas que te matan,
ironía mordaz en tus cautivas horas,
hojarasca soy, jamás substancia.
Tú penumbra, en tanto, yo sonata,
flores prontas en tu casa,
miedos todos que te alcanzan.
Nada es todo, fluye lejos el silencio,
anacrónico momento,
letras sueltas que perecen
se convierten en lamento.
Soy quimeras y fracasos,
ilusiones de otros brazos,
la soberbia en tus ojazos,
horizonte en el ocaso.

Esplendor

Me gusta el esplendor de la vida;
despertar tan vivo, incluso cuanto duela.
Que fluya en mí renovado sol de amaneceres.
Girar la página, en ritual aguardando los ayeres.
Qué feliz sentir la vida en moléculas del agua,
acariciándome la piel, consintiendo la mañana.
Tanta ilusión que otra vez me recuerda esa sonata.
En tanto siento me acicalo, no soy pequeñez (soy como jilguero).
Vierto aroma de tu esencia y se exaltan los sentidos.
Entonces es mi piel, tierra fértil de oraciones.
Agradezco estar vivo, feliz, pleno, en paz conmigo.
Nada más falta, nada más existe a este brillo de domingo.
Salgo y camino, mi corazón palpita, se dilata, precipita.
Cuando te miro, soberbia, pues eres causa de mi vida.
No hay más en mí, eres luz en mi camino, motivo portentoso.
Eres justo lo que soy, cuando por ti... es que me miro vivo...