REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
20 | 11 | 2019
   

Artes Visuales

Comentarios a la obra de Manuel González Serrano


Uriel Carmona Sánchez

A la amable atención de María Elena Noval
Muy estimada amiga: en respuesta a la cariñosa invitación que me formulaste -junto con mi familia-, para testimoniar una presentación más de la riquísima obra pictórica de Manuel González Serrano, en la que no omito decir, fungiste como estupenda curadora. La exposición titulada “La naturaleza herida” inaugurada por el Presidente del Congreso Nacional para la Cultura y las Artes Rafael Tovar y de Teresa, el 25 de Julio próximo pasado, misma que estará abierta al público hasta el 27 de Agosto del año en curso (2013).
Quiero decirte mi estimada Elena -desde luego con las reservas del caso- que gratamente sorprendido por la magia del color y la forma de la obra en comento, bien podríamos titularla también “La paradoja hedonista” de Manuel González Serrano, pues yo percibo a través de su fantasía creadora o de su psicografía pictórica, a un hombre en busca del placer; sin embargo, cuando lo logra, no alcanza con ello la felicidad, así lo denuncia la conducta regular del artista que siempre huye del gozo alcanzado. Todo ello corriendo parejas con su atormentada vida existencial.
Por supuesto te preciso que de la lectura del discurso antes mencionado, podemos demostrar la falsedad del principio “hedonista” que señala como fin supremo de las acciones humanas al placer por el placer.
Igual no me cabe la menor duda, que aún sin saberlo Manuel González Serrano era “Panteísta” por su actitud a la par mental y afectiva, que consiste en rendir una especie de culto religioso a la naturaleza porque se la considera como un ser vivo, una entidad a la que en cierto modo se identifica con Dios. Esto último producto de la influencia espiritual (católica) que recibiera el pintor desde los primeros años de su vida. Por otro lado González Serrano, es “Naturalista” por su clara tendencia en atribuir a la naturaleza gran valor, tanto ontológico como filosófico, de ahí la influencia del llamado “naturalismo” como corriente filosófica en todas las expresiones del arte particularmente en la pintura. El de Serrano, un naturalismo ético, orientado a una moralidad consistente en vivir racionalmente, se percibe en su obra un esfuerzo por dominar las bajas pasiones; una angustia por poner término a temores infundados, y un claro deseo por conquistar la serenidad y la paz del alma, que parece ser, nunca alcanzó.
Llama mucho la atención en la obra de Manuel González S., la noción de lo “fálico” en contracorriente de su propia formación moral cristiana, ya que como tu bien dices la sexualidad y su tratamiento era tabú para la sociedad de su tiempo; no obstante el “Eros” de Serrano, se manifiesta sublimado en las formas que descubre o les da: a frutos, flores y árboles. Los seguidores de Freud dirían que González Serrano, era un “pansensualista” con gran énfasis en la sexualidad. Yo estoy seguro que el artista sabía que el sexo, es una función natural, al que no debemos de catalogar de bueno o de malo, sino revalorarlo como él lo hace a través de su obra; el sexo como la expresión del instinto natural por el que se da el milagro de la vida; mis ligeras incursiones en el estudio de las llamadas doctrinas filosóficas me llevan a reconocer el “Pancalismo” de González Serrano por la fuerza de su intuición estética, pues descubro en él la necesidad de contemplar al mundo desde el punto de vista de la belleza pura; todo en medio de la vorágine que vivió, él fue un alma atormentada, que supo mirar la grandeza de Dios, cuando en su interior: sólo había sombras.
En otro sentido, la geometría plasmada en algunos de sus lienzos, nos revelan acaso, su inclinación “gnóstica” en la idea por desentrañar el alma de las cosas (la esencia). Sus imágenes arquitectónicas, me queda claro, están cargadas de símbolos idénticos a los usados por los masones y otras muy antiguas instituciones herméticas. Por ejemplo, en las naves triangulares, en donde si somos agudos observadores, podemos dejar al descubierto a la escuadra y el compás herramientas utilizadas por el divino arquitecto del universo; un templo soportado por columnas verticales que no son otra cosa que la representación de la verdad, la virtud, la voluntad y otros valores que son los que sostienen una misteriosa estructura que se eleva espléndida en busca de lo divino, nos damos cuenta por estas expresiones plásticas que Manuel González Serrano, conocía el lenguaje de los aprendices (iniciados en la masonería), como estos quizá por convicción más que por vocación, también pinta “casas” de ciertas características en un intento de recordarnos que la casa es la base de la seguridad, que la casa convertida en templo, es el signo exterior propiciador de la grandeza de la causa interior de los efectos visibles; pues a partir de aquí es cuando comenzamos a desarrollarnos en la construcción del conocimiento científico (un poco de masonería blanca).
Muchas Gracias María Elena por la oportunidad que me das de hacer comentarios a la obra de un excepcional artista como lo fue Manuel González Serrano.

Julio 2013