REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
21 | 07 | 2019
   

Letras, libros y revistas

Juan O’Gorman, Artificiatum


José Juárez

Ayer, al pasar frente a la casa ubicada en el número 88 de la calle Jardín, vino de pronto a mi memoria el fallecimiento de Juan O’Gorman, de esa casa fue trasladado al Instituto de Bellas Artes, donde se le rindió merecido homenaje; a mediodía su féretro estuvo rodeado por escasos amigos y algunos curiosos. Por último se le acompañó a su última morada, en aquel solitario y desolado panteón Jardín, al poniente de la ciudad, al que solamente asistimos una quincena de sus amigos, entre ellos: Lola Olmedo Treses del Conde y Yo. Tiempo después fue trasladado a la Rotonda de los Hombres Ilustres donde descasa en paz el artista/arquitecto.
Como consecuencia de esos recuerdos, nació en mí, el impulso de escribir estas líneas como un homenaje al creador de ese magno monumento: me refiero a la Biblioteca Central de la Ciudad Universitaria la que al abrir sus puertas el 5 de abril de 1956 a la comunidad universitaria, así se convierte también en el centro de consulta más importante de América Latina.
En el año 2001, la Biblioteca Central celebró su 45 aniversario al servicio de la ciencia mexicana y también se cumplieron diecinueve años de aquella terrible ―suicidio― e irreparable tragedia del 18 de enero de 1982, en la que perdió la vida Juan O’Gorman. Con este motivo nos entrevistamos con la Maestra Silvia González Marín (qepd), Directora General de la Biblioteca Central, quien amablemente nos recibió y nos informó sobre la institución, entre otras cosas: que en la planta baja se estaba presentando una pequeña muestra sobre la semblanza de O’Gorman y la construcción de mayor aliento y calidad, ejecutada por un pintor entre (1941-1942). Coincidentemente, el Museo Estudio Diego Rivera realizó con ese motivo un ciclo de conferencias sobre la vida y la obra del arquitecto, pintor y escritor, en el que también se exhibe una pequeña pero importante colección de proyectos y obras pictóricas.
A pesar del olvido o el poco interés de otras instituciones culturales y educativas, debo decir que Juan O´Gorman fue hombre de acción, generoso, sensible y alegre; como pintor fue adicto al paisaje y al arte popular. Como artista se interesó en ciertos procedimientos técnicos, convirtiéndose en un purista del color y del dibujo. Participó no sólo en el desarrollo de la escuela mexicana de pintura, fue también un teórico e innovador de la arquitectura orgánica en México, “sin embargo no se ancla en esta manera de pintar, sino que la rebasa y emerge de ella con singular individualidad”1. Al igual que Frank Lloyd Wright, O´Gorman sostiene que la obligación de todo arquitecto era: “integrar orgánicamente la arquitectura con la geografía ambiente o paisaje que la rodea, hacer de la arquitectura el vehículo directo de la armonía del hombre con la tierra”2.
Por sus conceptos modernos sobre la arquitectura se convirtió en un férreo crítico de la arquitectura de México y de los egresados de las escuelas de arquitectura; él decía que: “Hoy por hoy, cualquier egresado de cualquier instituto o escuela de arquitectura, en cualquier parte de la República proyecta cualquier género de edificios siguiendo los recetarios perfectamente conocidos, que no son otra cosa más que aplicaciones del paralelepípedo y del paralelogramo como base de toda forma arquitectónica, logrando alcanzar como objetivo estético el total aburrimiento”3.
O’Gorman con ese espíritu chocarrero que lo caracterizaba, despreciaba a los críticos nacionales, decía con valentía y sardónica ironía: “Todos son oriundos de la Isla de Creta, es decir son cretinos...”4
Por tal motivo, sus detractores, al referirse a su gran obra —la Biblioteca Central recubierta de cuatro mil metros cuadrados de mosaico de piedras de colores, la tan popular mal llamaban cajita de Olinalá, —amen entre otros calificativos— por ser una construcción de cajón sin ventanas y una concentración de elementos iconográficos de difícil lectura. Pero este calificativo peyorativo sobre la Biblioteca, no fue del todo negativo; en cierta forma, el maestro describe perfectamente la metáfora conceptual de su composición barroca, simulando enormes códices que cubren los cuatro lados del paralelepípedo de bloque cerrado sobre una plataforma con ventanas y altorrelieves de piedra brasa. Las aplicaciones de cada losa decorada sobre un plano general no tienen un nivel de lectura racional; lo mismo se puede leer de arriba abajo, como de izquierda a derecha, o del centro hacia fuera de cualquiera de sus lados. Se lee, en un sentido global o también como iconos aislados independientemente el uno del otro, como se interpreta el arte popular. Y esta forma de escritura icónica es muy común en las artes populares mexicanas, a las que O’Gorman estaba tan íntimamente identificado. Respecto a ese abigarramiento de formas, Francisco de la Maza decía al referirse al barroco, “que los mexicanos tenían horror al vacío”. Sin embargo, no es lo mismo, ni lo más óptimo pretender dirigir una obra al gusto popular, y pensar que las clases populares puedan leer, entender y apreciar una obra tan saturada de mensajes y formas.
Para O’Gorman la arquitectura debía estar proyectada, integrando previamente las obras de arte.
A este respecto él mismo afirmó en uno de sus múltiples escritos sobre la integración plástica al referirse a otras obras de Ciudad Universitaria que la tendencia que niega los valores sobre la integración práctica, realista y objetiva equivale a: “negar a México y además, se conforman con el arte de importación extrajera, hecha para una élite de consagrados, especialistas en arte internacional, —principios— ajenos o contrarios a todo concepto de arte objetivo, que procuren dirigirse al gusto de la masa popular”5.
La temática general se relaciona con la “evolución de la cultura”6, pero para tener un conocimiento más amplio del discurso del maestro O´Gorman podemos aludir a la recopilación hecha por Mercedes Linares en Murales 7.
Al referirnos a esta obra monumental símbolo internacional indiscutible, diremos que nuestro lugar en el mundo está determinado por la forma en que lo vemos. Ver el mundo como seres conscientes y/o racionales significa asimilar, sentir y entender cómo las imágenes fueron construidas y expresadas con un sentido amplio y determinado en el espacio y el tiempo. El artista, al usar imágenes específicas como lenguaje fundamental de su quehacer logra que esas imágenes nos conformen a nosotros mismos. Toda ideología, la de cada cultura se justifica por sus representaciones. En el mundo artístico hay constelaciones de obras, que más allá de las definiciones o ismos con que las agrupemos, éstas configuran las transiciones de la historia.
El primer problema en relación con el método de la historia, es el de averiguar con rigor el objeto de estudio de ésta, pues como toda ciencia debe tener un contenido bien definido frente a las demás disciplinas. La historia es conocimiento y desarrollo de hechos en todos los sectores de la cultura, en el que están implícitos: la política cultural y el arte.
La obra mural del arquitecto y pintor Juan O´Gorman no es ajena a estos principios. Su trabajo plástico implica un proyecto de vida, una entrega al mundo y al propio silencio interior, una gradual expansión de conciencia y una dirección que lo llevó a alcanzar su meta. El artista al crear su obra plástica y a diferencia de cualquier individuo sobre la faz de la tierra, es capaz de producir lo que se llama artificiatum, una obra que es el resultado de ese proceso que logra en la aprehensión de la esencia o del espíritu de las cosas. Él obtiene, de esas ideas internas a las que se refiere Platón, algo nuevo que expresar en sus obras.
Juan O’Gorman fue un protagonista de la historia, de la existencia y las condiciones propicias al cambio de conceptos y formas de la arquitectura, del arte y de la cultura del México moderno.
De igual forma y contemporáneo de O´gorman, fue el ya desaparecido maestro José Chávez Morado, quien falleció el (1-Dic-2002) a las 17:30 hrs. Sus restos fueron cremados y sus cenizas se depositaron junto con las de su esposa Olga Costa, en el museo que lleva su nombre. Chávez Morado fue pintor, escultor y grabador, desde muy joven participó activamente, como todos los de su generación, en los movimientos de la izquierda mexicana. Fue también fundador de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios (LEAR) así como de la Gráfica Popular y el Frente Nacional de Artes Plásticas. Él es también pilar del movimiento muralismo que formó parte de la escuela mexicana de pintura. Desgraciadamente vemos que la poca difusión o importancia sobre su deceso, son el olvido, la apatía o la falta de memoria de las autoridades que manejan la cultura en este país. (Sólo se rindió el 3 del presente un homenaje en el Teatro del Pueblo del que fue fundador).
Chávez Morado nació en Silao, Gto., el 4 de enero de 1909, en su obra se denota la preocupación por las causan nobles, humanistas y populares. Respecto a su realismo debemos entenderlo como un realismo humano, no como un objetivismo naturalista y aunque el uso constante del objeto en su trabajo es obvio, siempre debemos entenderlo como símbolo de su propio lenguaje plástico. Además del amplio conocimiento técnico, hay también un conocimiento reflexivo fantástico; una calidad en el dibujo y una pintura poética. Por otra parte está lo popular; las costumbres populares de nuestro país le han brindado un material temático importante a su obra pictórica. El maestro descubre en ellas la gracia, la belleza y en contra punto aparece la crítica, velada a través de una sutil ironía. Siempre estuvo alerta para el valor justo a los elementos que conforman su vasta obra de caballete y mural. De ello nos hablan las obras que alberga su casa museo en Guanajuato, donde pasó los últimos años de su vida, pintando y luchando contra el tiempo.
Así con una diferencia de 20 años entre los dos fallecimiento, recordó a estos dos grandes maestros del arte, ambos reposan, con respeto, en el lugar que la familia y la nación les han deparado: uno en Guanajuato y el otro en la Ciudad de México.


Altavista, Álvaro Obregón, 2009

1 Rodríguez Prampolini, Ida “Juan O’Gorman, Arquitecto y Pintor”, Investigaciones Estéticas UNAM, 1982.
Presentación.
2 Luna Arroyo, Antonio. “Juan O’Gorman”. Cuadernos Populares de Pintura Mexicana, México, D.F. 1973.
p. 293.
3 Ídem. p 265.
4 Ídem. p.7
5 Ídem. p. 289.
6 “O´Gorman”. Grupo Financiero Vital. México, D.F. 1999, p.237.
7 Linares, Mercedes. Murales, UNAM, México, D.F., 1967.